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La sociedad civil en marcha

La ciudad brasileña de Porto Alegre, tras el éxito del Foro Social Mundial, quedará asociada a la idea de que la sociedad civil se ha puesto en marcha y que es posible cambiar el mundo. En ese sentido también se puede analizar el éxito de los zapatistas en México.

La ciudad brasileña de Porto Alegre, tras el éxito del Foro Social Mundial1, quedará asociada a la idea que la sociedad civil se ha puesto en marcha y que es posible cambiar el mundo. En ese sentido también se puede analizar el éxito del movimiento zapatista en México (ver página 3, artículo de Ignacio Ramonet).

Mientras en Davos, Suiza, se reunían los nuevos amos del universo (multinacionales, banqueros, gobernantes, con algunos invitados) en los mismos momentos en Porto Alegre se juntaron 12.000 personas de 120 países, representantes de todo tipo de asociaciones, unidas tras la idea que otro mundo es posible.

Los que se oponen a la actual globalización, que se basa en el poder del dinero y sólo favorece a las trasnacionales perjudicando a los sectores populares e incluso a las empresas de los países en desarrollo, hasta ahora se habían limitado a protestar en las calles de Seattle, Praga o Davos, pero en Porto Alegre han dado un importante paso adelante, buscando medidas y caminos para efectivamente modificar el rumbo de la mundialización.

Se realizaron más de 400 talleres de reflexión donde se debatió, entre otros puntos, cómo aplicar el impuesto Tobin a las transacciones de divisas, medida que el propio George Soros, en un diálogo televisivo Davos-Porto Alegre, dio su aprobación señalando "aunque me perjudicará en mi interés de especulador, creo que la tasa Tobin es benéfica para la humanidad" . Otros temas debatidos fueron las medidas a adoptar para defender el medio ambiente y obtener un desa-rrollo equilibrado y sustentable; cómo lograr suprimir la deuda externa de los países más pobres y terminar con los paraísos fiscales; erradicar la pobreza, ampliar y respetar los derechos humanos, favorecer la demo-cracia real, avanzar en la defensa de las minorías, en la emancipación de la mujer, (ver artículo de Marta Vassallo en página 36) en la tolerancia y la diversidad, erradicar la censura y aplicar el principio de precaución frente a las manipulaciones genéticas frenando la actual privatización de la vida.

Mientras en la televisión se veía a Davos como una ciudad militarizada, Porto Alegre reflejaba alegría, diversidad y esperanza. De alguna manera se puede decir que la sociedad civil de los distintos países comenzaba a coordinar sus análisis y acciones. Quedó planteado que hay que incorporar la dimensión del impacto humano de las decisiones económicas ya que la economía y la política deben estar al servicio de la gente.

Pensar globalmente y actuar localmente era la divisa que unía a los miles y miles de representantes de las más diversas organizaciones que participaron en el Foro Social Mundial, promovido, entre otros, por Le Monde diplomatique y la Organización ATTAC (Asociación por la Tasación a las Transacciones de divisas y la Acción Ciudadana).

La ciudad de Porto Alegre no fue elegida por azar. La capital del Estado de Rio Grande do Sul, dirigida desde hace más de un década por una coalición de izquierda liderada por el Partido de los Trabajadores (PT), lleva a cabo una experiencia política de la mayor importancia, aplicando lo que se ha llamado el presupuesto participativo.

En cada barrio un comité, elegido democráticamente, decide en que invertir el financiamiento comunal y supervisa todo el proceso de contratación de empresas, realización de las obras y control de los pagos, eliminando la burocracia y la corrupción.

Desde que los ciudadanos intervienen directamente en la elaboración del presupuesto municipal, Porto Alegre, con su millón y medio de habitantes, es reconocida como una de las ciudades mejor admi-nistradas y de mayor calidad de vida de América latina.

Porto Alegre quedará como un sinónimo de que es posible que la sociedad civil, que los ciudadanos de cualquier parte del mundo, no sean meros espectadores o, peor aún, que simplemente deban aceptar y padecer las decisiones que otros toman por ellos, sino que, por el contrario, los ciudadanos pueden y deben ser actores de su propio destino.2)

Las organizaciones no gubernamentales han crecido enormemente en todo el mundo. Muchas de ellas, como Amnesty International o Greenpeace han dado batallas exitosas a nivel internacional movilizando a miles y miles de ciudadanos, logrando doblar la mano a muchos gobiernos y transnacionales.

El descrédito gigantesco que afecta, en todo el mundo, a los partidos políticos, no debe ser motivo para que los ciudadanos se alejen de la política, sino, por el contrario, hay que buscar nuevas formas de hacer política y ellas, forzosamente, pasan por la participación, organización y acción de los ciudadanos, para conquistar un mundo mejor.

  1. Carlos Gabetta, "Porto Alegre: proposiciones para cambiar el mundo" , Edición chilena de Le Monde diplomatique, marzo 2001
  2. Víctor Hugo de la Fuente, "Aún creemos en los sueños, Edición chilena de Le Monde diplomatique, enero-febrero 2001.
Autor/es Víctor Hugo De la Fuente
Publicado en Artículos locales de la edición Chile
Edición Abril 2001
Temas Mundialización (Cultura), Movimientos Sociales
Países México, Suiza