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Neoliberalismo o Democracia

El reguero de crisis sociales y políticas que hace tambalear la democracia en casi todos los países de América Latina ha encendido finalmente su mecha en Argentina. Fraude en Perú; suspensión electoral en Venezuela; represión política en Guatemala; amenaza de intervención extranjera directa en el proceso de paz colombiano (ver pág. 10); golpe de Estado en Ecuador en enero pasado y ahora convulsiones sociales por los efectos de la dolarización; intento de golpe de Estado en Paraguay; graves enfrentamientos en Brasil entre los "Sin Tierra" y fuerzas policiales y parapoliciales…1. La situación tiende a agravarse tanto que el subsecretario de Estado de Estados Unidos para Asuntos Hemisféricos propone crear un "fondo especial" destinado a la Organización de Estados Americanos (OEA) para "tratar de impedir crisis democráticas". El habitual lenguaje eufemístico llama ya a estas iniciativas "diplomacia preventiva"2.

Pura cosmética. Tanto la OEA como EE.UU. han declarado forfait ante el escandaloso fraude perpetrado por Alberto Fujimori en Perú, donde los partidos políticos tradicionales han dejado prácticamente de existir -igual que en Venezuela- y se enfrentaron dos populistas: uno salido de la nada hace diez años; otro de nadie sabe dónde hace diez meses. Desesperadas, desorientadas, las sociedades se aferran a las propuestas de cualquier recién venido.

Ningún fondo especial, ninguna "diplomacia preventiva" podrá detener el proceso de descomposición institucional iniciado en América Latina al cabo de dos décadas de endeudamiento, desnacionalización y pavoroso aumento de las desigualdades sociales. Se han callado los angélicos analistas políticos que saludaban el fin de las dictaduras y auguraban que "la democracia ha llegado para quedarse", al mismo tiempo que fundamentaban el "posibilismo" de dirigentes políticos que estatizaban la deuda externa privada, inclinaban la testuz ante la menor exigencia del FMI, mantenían regímenes tributarios injustos y regresivos, remataban el patrimonio nacional y cerraban los ojos o participaban abiertamente en la fuga de capitales o la corrupción más escandalosa. Algunos de ellos, como el francés Alain Touraine, empiezan a descubrir que la desigualdad extrema y la mafistización política comprometen la estabilidad democrática. Otros han tomado definitivamente partido y postulan la fuga hacia adelante: la dolarización y el Area de Libre Comercio Americana (ALCA) propuesta por EE.UU., salvarán a la democracia.

Pero la protesta social por sí misma no es el remedio, sino sólo el desencadenante de una desagregación institucional de ominoso desenlace, a menos que los sectores democráticos y progresistas no contaminados tomen las cosas en mano y movilicen a sus sociedades para dar un giro copernicano a las políticas neoliberales. Una prueba de esto ha sido la protesta contra el FMI realizada en Argentina el pasado 31 de mayo. Convocada por dirigentes sindicales peronistas que durante diez años toleraron y participaron de la política de desnacionalización y la corrupción del gobierno de Carlos Menem y por un sector de la iglesia católica que apoyó a la dictadura militar y al menemismo, contó por supuesto con la desconcertada participación de la izquierda y los sectores más sanos del sindicalismo, de todos los partidos políticos -incluido el oficialismo- de organizaciones solidarias, de derechos humanos, etc., pero también con representantes de la extrema derecha, del Opus Dei, antiguos represores y golpistas, miembros de los equipos económicos responsables de la situación actual… "La biblia y el calefón", como dice un tango; el esperpento absoluto, pero mucho más que eso: asistimos a una descarada y demagógica pesca en el río revuelto de la desesperación social por grupos económicos, políticos, sindicales y religiosos de derecha y extrema derecha a la espera de la debacle institucional, tal como ha ocurrido en Perú, Venezuela y Ecuador y sin duda ocurrirá, con matices locales, en otros países.

El gobierno de Fernando de la Rúa, mientras tanto, continúa aplicando el mismo parche del ajuste, que no dio resultado en condiciones más propicias, a una situación de agonía. ¿Es consciente de que le cabe una enorme responsabilidad en esta evolución? Ante la próxima crisis, que no tardará en llegar, le quedarán dos cartas por jugar: la dolarización (ver págs. 4 a 8), o un cambio democrático y radical, mediante una convocatoria nacional, política y social, para enfrentar los intereses del neoliberalismo y sus personeros nativos. En cualquiera de los dos casos habrá lucha: la alternativa es elegir el campo de la democracia y el interés nacional o el de la descomposición institucional y social del país. La dolarización conduce a un nuevo Virreynato.

Pero la sociedad, tal como están las cosas, no debe esperar mucho de la clase política, ni de sus dirigentes en general. La corrupción desenfrenada es funcional al neoliberalismo3 y el enemigo de sus intereses no viene sólo de afuera4. Actos como la manifestación contra el FMI no expresan solo el oportunismo de la peor derecha local, sino también la persistencia en el campo progresista de hábitos corporativos y de un folclore político que hace el juego a los primeros. Un ejemplo: ante la decisión gubernamental de cerrar la imprenta del Congreso Nacional, sus empleados y los sindicatos cerraron filas, pero se cuidaron muy bien de reconocer que los escandalosos 821 "puestos de trabajo" en ese sitio no son más que el resultado de años de clientelismo y corrupción política. Los sectores del gobierno contrarios a las medidas de ajuste, por su parte, ni pensaron en esgrimir la alternativa posible de despedir a los miles de puestos políticos de la administración (los famosos "ñoquis") en lugar de rebajar los magros salarios de quienes de verdad trabajan.

Los países latinoamericanos tienen potencial para salir de la crisis y enfrentar al neoliberalismo en democracia. La necesidad es evidente y existen la voluntad social y numerosos resquicios políticos, legales y económicos. Pero la tarea es mucho más compleja que manifestar en rebaño contra el FMI portando carteles que no dejan ver las caras de quienes participan y atronando con bombos que no permiten escuchar las propuestas de los dirigentes.

Ha llegado el momento de ponerse serios e identificar al enemigo esté donde esté, y de lanzar una Convocatoria Democrática, Nacional, Latinoamericana y Progresista que incluya a todos los sectores y personas decididas a dividir aguas con neoliberales, corruptos y afines a las dictaduras para recuperar el país. La democracia está en peligro.

  1. Javier Navia, "Mal momento para América Latina", La Nación, Buenos Aires, 21-5-00. Sobre Guatemala, Paco Gómez Nadal, "El regreso de la tierra arrasada", El País, Madrid, 30-5-00.
  2. Ana Barón, "EE.UU. busca la creación…", Clarín, Buenos Aires, 24-5-00 y Andrés Oppenheimer, "Llegó la hora de la diplomacia preventiva", La Nación, Buenos Aires, 23-5-00
  3. Carlos Gabetta, "República o país mafioso", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, 10-99.
  4. Horacio Verbitsky, "Crisis y oportunidad, los piqueteros enmascarados de la dolarización", Página 12, Buenos Aires, 21-5-00.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 12 - Junio 2000
Páginas:3
Temas Desarrollo, Deuda Externa, Neoliberalismo, Estado (Política), Mercosur y ALCA, Políticas Locales
Países Estados Unidos, Argentina, Brasil, Guatemala, Ecuador, Perú, Venezuela