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Diplomacia de la sumisión

Alterando la política exterior tradicional de su partido, provocando un serio conflicto interno en la Alianza en el gobierno y distanciándose de Brasil, su principal asociado en el Mercosur, el presidente argentino Fernando de la Rua ordenó en abril pasado votar una condena a Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas1.

El sentido de este cambio inopinado sólo puede encontrarse en la política global del gobierno argentino, que hasta ahora no es otra cosa que continuidad de la del anterior con un barniz de anuncios de mayor transparencia y lucha contra la corrupción. El obsesivo deseo de satisfacer las demandas del Fondo Monetario Internacional y los organismos de crédito para pagar los intereses anuales de la deuda externa y bajar el dichoso "riesgo país" de modo de atraer los capitales necesarios al sostén de la convertibilidad2, sólo puede desembocar en una diplomacia de la sumisión. Por la misma causa, en el plano interno la "política" de gobierno sólo puede consistir, cualquiera sea la retórica empleada, en nuevos ajustes económicos y la consiguiente profundización del desempleo, las desigualdades, la pobreza y la decadencia industrial, científica, educativa y sanitaria del país3.

El voto del gobierno del socialista chileno Ricardo Lagos -la excusa esgrimida por la cancillería argentina- es tanto más inexcusable, pero tiene al menos un respaldo hipotético de peso: tal como se ve en estos días en ocasión del juicio de desafuero al ex dictador Augusto Pinochet -ahora senador designado por sí mismo- Chile necesita del apoyo de Estados Unidos para acabar con los restos del pinochetismo y volver a un régimen constitucional digno de ese nombre.

La actitud argentina, en cambio, sólo se explica por el sometimiento incondicional. Incurriendo en la impúdica metáfora de la diplomacia del gobierno anterior, las "relaciones carnales" con Estados Unidos sólo habrían cambiado, a pedido del ahora atildado y discreto partenaire sudamericano, en un mayor cuidado respecto de las enfermedades infecto contagiosas.

Pero chuscadas aparte, el tema es grave. En primer lugar porque se trata de una injusticia hacia el pueblo cubano, que lleva cuatro décadas soportando a noventa millas de sus costas el bloqueo y la agresión permanente de la mayor potencia del planeta. Que el régimen cubano no es una democracia política está fuera de duda, pero su trayectoria en derechos humanos económicos y sociales supera de lejos la de cualquier país latinoamericano. Es más, luego del derrumbe de la Unión Soviética, está demostrando que es de todos el más soberano, si no el único. Que un país de esta región vote contra Cuba siguiendo a Estados Unidos, que -sólo en este siglo- invadió Nicaragua, Santo Domingo, Panamá, Granada y la propia Cuba; que propició guerras civiles, asesinatos, golpes de Estado, bloqueos y todo tipo de tropelías (entre ellas el derrocamiento y suicidio de Salvador Allende) y sostuvo de manera abierta a las peores dictaduras no sólo es injusto, sino inmoral y traicionero. En lugar del timorato pedido de que "cese el bloqueo" posterior al voto, las cosas tendrían que haber ocurrido exactamente al revés: una condena a Estados Unidos por el bloqueo de cuarenta años para acabar con una situación injusta, propiciando al mismo tiempo las condiciones para que Cuba avance hacia la democracia política. ¿No se ha dicho hasta el hartazgo que el bloqueo es la gran excusa del régimen de Fidel Castro? Pero ya que algo así ni siquiera se plantea, lo lógico hubiese sido la abstención, en línea con los principales países de América Latina, sobre todo con Brasil.

El gobierno argentino practica una diplomacia de aislamiento suicida en el Mercosur, tal como si no le importara o tratase de sabotearlo. A la dinámica diplomacia brasileña, que realiza o proyecta acuerdos con casi todos sus vecinos, Argentina opone, en el mejor de los casos, una negligente indiferencia. Es así por ejemplo respecto de la propuesta brasileña de incorporar a Venezuela (país petrolero, economía complementaria y gran mercado potencial), a punto tal que el presidente Fernando Enrique Cardoso advirtió que su política de acuerdos bilaterales -como el que ya realizó con México- seguirá adelante cualquiera sea la actitud de sus socios en el Mercosur4. Coherente con este dinamismo -y ante el sobresalto de Estados Unidos- Cardoso ha convocado para el próximo 31 de agosto, en Brasilia, la primera Conferencia de Presidentes de América del Sur5.

¿Está empezando la diplomacia argentina a ejercer el papel de quintacolumnista en los proyectos de integración regional? En cualquier caso, cabe inquietarse por el resultado de las presiones que ejerce Estados Unidos en temas estratégicos como la ley de patentes de medicamentos a estudio del Congreso6; la política de "cielos abiertos" (eufemismo para hablar de privatización y desregulación total del transporte aéreo, que podría representar el fin de la ya agonizante Aerolíneas Argentinas) y asuntos tales como la ingerencia de la Drug Enforcement Agency (DEA) estadounidense y la participación militar en la lucha contra el narcotráfico y la seguridad interna -tal como ya ocurre en Colombia y Bolivia-, entre otros de similar calado.

Y todo para generar la confianza de acreedores e inversores, la política de los gobiernos democráticos desde 1983. La deuda era entonces de 43.600 millones de dólares; ahora se aproxima a los 150.000 millones y se han enajenado casi todos los bienes del país. La sumisión no parece el mejor camino para frenar esa progresión imparable y la decadencia nacional. Un país del potencial de Argentina no necesita una revolución a la cubana para aspirar a la soberanía y el progreso. Sólo lucidez, coraje político y una perspectiva regional. ¿No fue ésa acaso la visión de San Martín y los héroes de la independencia?

  1. Entre los 10 países latinoamericanos que integran la comisión, Brasil se abstuvo de condenar a Cuba, así como México y Colombia, mientras Venezuela, Perú (y Cuba) votaron contra la sanción. Chile, Guatemala y El Salvador acompañaron a Argentina. Sobre las diferencias económicas en el Mercosur, ver Alfredo Eric Calcagno, Eric Calcagno y otros, dossier "Adónde va el Mercosur", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, abril 2000.
  2. Ver Alfredo Eric Calcagno, Eric Calcagno y otros, dossier "El precio de la convertibilidad", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, febrero 2000.
  3. Daniel Muchnik, "Disparos contra el Fondo", Clarín, Buenos Aires, 23-4-00.
  4. Eleonora Gosman, "Brasil quiere que Venezuela sea integrante del Mercosur", Clarín, Buenos Aires, 7-4-00.
  5. Andrés Oppenheimer, "Brasil: de gigante dormido a líder económico regional", La Nación, Buenos Aires, 4-4-00.
  6. Carlos M. Correa, "Patentes y acceso a medicamentos", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, marzo 2000.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 11 - Mayo 2000
Páginas:3
Temas Conflictos Armados, Desarrollo, Deuda Externa, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Derechos Humanos, Geopolítica, Mercosur y ALCA, Políticas Locales
Países Estados Unidos, México, Argentina, Brasil, Cuba, Granada, Guatemala, Nicaragua, Panamá, Bolivia, Chile, Colombia, Perú, Venezuela