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Elecciones y presagios de guerra

El fracaso de la cumbre del 28-12-00 entre Israel y la OLP desató una nueva oleada de violencia y acrecentó el temor a la reanudación de una guerra con riesgos de extensión regional. Los escollos para imponer este plan de paz en Medio Oriente -el último intento de William Clinton antes de abandonar la Casa Blanca- muestran la creciente dificultad de Estados Unidos para ejercer el papel de socio inapelable. El foso entre palestinos e israelíes parece ahora más profundo, sobre todo en lo que hace a la suerte de los refugiados palestinos y a la definición práctica de un acuerdo. Tras haber eliminado de la carrera a Shimon Peres y Benjamin Netanyahu, Ehud Barak necesita mostrar una voluntad explícita de negociación, como condición para aspirar al triunfo frente al derechista Ariel Sharon en las elecciones por el cargo de primer ministro, el próximo 6 de febrero. Mientras tanto, el Parlamento israelí aprobó un presupuesto de unos 30 millones de dólares para levantar un muro de 74 kilómetros, primer tramo de una construcción destinada a separar Israel de Cisjordania.

Al anunciar su renuncia el 10 de diciembre de 2000, y convocar a los israelíes a reelegirlo mediante una elección anticipada sólo para primer ministro, a principios de febrero de 2001, Ehud Barak logró apartar de esta competencia a su rival de derecha Benjamin Netanyahu. Como el ex jefe del Likud no es diputado en la actualidad, no pudo presentarse como candidato según los términos de la ley electoral. Pero la maniobra del general también tenía el objetivo de hacer entrar en vereda, elección mediante, a una izquierda cada vez más turbulenta.

Algunos días antes, -según el cotidiano Yedioth Aharonot-, la izquierda había lanzado un ultimátum al primer ministro: "Si no se firma un acuerdo con los Palestinos antes del 20 de enero (fecha del fin del mandato del presidente de Estados Unidos William Clinton), vamos a presentar un candidato enfrentado a Barak en las primarias laboristas, porque sólo una auténtica paloma podría recibir el apoyo de los electores árabes y ganar las elecciones"1.

Tras esta iniciativa, se encontraban los ministros Shimon Peres y Haím Ramon, el ex secretario general del partido Uzi Baram y especialmente el presidente de la Knesset Abraham Burg, quien pensaba presentar su candidatura al cargo de primer ministro. Pero lo que impulsaba a la izquierda laborista, era la presión de los diputados del partido Meretz, quienes advirtieron, incluso antes del anuncio de Barak de elecciones anticipadas, que en el actual estado de situación planeaban presentar la candidatura del presidente de su partido, Yossi Sarid. Luego, con el voto negativo de sus diez diputados, el Meretz frustró la candidatura de Peres.

La cercanía de las elecciones obliga al conjunto de los partidos políticos a precisar su propio perfil político, si quieren conservar, o incluso incrementar su electorado. Para la izquierda, y más particularmente para el partido Meretz, se trata de una urgencia. En efecto, en Camp David, Barak sobrepasó por izquierda al Meretz, al menos de atenerse a la campaña de prensa cuidadosamente orquestada que acompañó las negociaciones, y sobre todo su fracaso2. Devolución del 93% de Cisjordania, soberanía palestina sobre una parte de Jerusalén oriental: Sarid nunca se hubiera atrevido a sugerirlas, dado que por otra parte se había opuesto a la retirada unilateral del Líbano Sud.

Hubiera hecho o no el primer ministro tales propuestas, el conjunto de la izquierda israelita no podía sino aplaudir su coraje y determinación. De igual modo, no podía dejar de responsabilizar a Arafat por el fracaso de Camp David. En efecto, la izquierda comparte, con el centro y la derecha, la concepción de una "negociación-regateo", de la que está excluido el derecho, y donde todo se intercambia sobre la base de una relación de fuerzas. Desde la óptica del derecho, todos los territorios ocupados deben, por definición, ser restituidos a los Palestinos, todas las colonias, ilegales, desmanteladas, todos los refugiados que así lo deseen, repatriados: en cambio, desde la óptica "negociación- regateo", y dada la relación de fuerzas, el 93% es mucho, y la decisión de no anexar "más que" tres sectores de colonias parece generoso en extremo.

Difíciles realineamientos

La izquierda liberal y pacifista se alineó entonces con Barak, y desde las primeras confrontaciones, inculpaba a Arafat. El escritor A.B Yehoshua se indignaba: "Las proposiciones de Barak eran generosas, pero él (Arafat) decidió acabar con todo, convencido de que podría obtener más por la violencia y las presiones internacionales. Cometió un gran error, porque tenía frente a él a Barak, y no a Netanyahu o a Sharon. Por cierto, los Palestinos recibieron uno de los ofrecimientos más generosos, que incluían una partición de Jerusalén, aunque es cierto, sin la colina del templo. Por razones que no alcanzo a comprender, en lugar de continuar las negociaciones eligieron la vía de la violencia"3.

Y Janet Aviad, vocera de La Paz, añade a su vez, con la arrogancia propia de cierta izquierda: "No nos hemos equivocado, quien se equivocó es Arafat, y mucho, y nosotros vamos a pagar su error. Sigue siendo un socio, pero mucho más problemático, porque rompió las reglas del juego. No es el primer error de Arafat, sin duda, tampoco el último"4.

Contrariamente a lo que enuncia el título provocador del diario Haaretz al inicio de las confrontaciones, la izquierda liberal y pacifica no está desorientada, sino furiosa. Furiosa con los palestinos que le arruinaron la fiesta, esa fiesta de la paz que celebraba desde hace siete años, sin haber tenido que pagar todavía el precio de los frutos que devoraba con fruición: seguridad, prosperidad económica, reconocimiento internacional, buena conciencia. Al igual que Barak, creyó poder imponer a los palestinos un acuerdo a mitad de precio, lo que le habría permitido, según creía, evitar un quiebre demasiado profundo con la derecha. Y he aquí que los Palestinos, cada vez más conscientes de que nadie toma en serio sus reivindicaciones, deciden hacerse oír con piedras, y a veces, también con fusiles. Como hace trece años, en tiempos de la primer Intifada.

Y el resultado no se hizo esperar: después de haber apoyado e incluso recurrido a la violencia con el objetivo de castigar la insolencia de los palestinos, y de llevarlos a la vez a una mayor moderación en la mesa de negociaciones, la izquierda vuelve a ubicarse en el mundo real. Comienza a comprender nuevamente que la violencia no conduce a ninguna parte, salvo al riesgo de una guerra generalizada, y que la paz no es posible si no se pone término a la ocupación.

Los mismos intelectuales que hace apenas dos meses aún lloraban lágrimas de sangre por haber confiado en Arafat, publicaron a media página del cotidiano Haaretz, un comunicado donde llaman al "gobierno israelí a que anuncie un congelamiento inmediato de las colonias y reconozca la línea del 4 de junio 1967 como punto de partida para negociaciones sobre nuestra frontera con los palestinos. Intercambios de territorios decididos en común, serán el medio más apropiado para resolver la cuestión de las fronteras. Habrá que desmantelar la gran mayoría de las colonias… "5.

Pero no sólo la izquierda se reubica en la realidad: las "Cuatro Madres" que habían llevado a cabo la campaña para el retiro del ejército israelí del sur del Líbano, acaban de retornar a la tarea, lanzando una nueva campaña en torno a la consigna: "No hicimos regresar a nuestros hijos desde el Líbano para que se hagan inmolar por las colonias".

Todavía más significativa es la flamante toma de posición del Almirante Ami Ayalon, que dirigía hasta hace poco los servicios de seguridad (Shin Beith): "Ellos (los palestinos) tenían la esperanza de conseguir un Estado viable y cierta dosis de justicia, al aceptar- lo que era ya un gran compromiso para ellos - renunciar a los territorios que constituyen Israel en función de sus fronteras de 1948. Una parte de los Palestinos piensa en la actualidad que el compromiso que les proponemos es indigno. A sus ojos, hemos cedido pero bajo amenaza; hemos interrumpido las negociaciones, sólo para retomarlas bajo la presión de la violencia. ¿Acaso la opción de un sistema de apartheid es compatible con la de una democracia judía? A mi entender, no lo es"6.

Y el editorialista de Haaretz concluye: "Ayalon, que hasta hace poco era responsable del sector más importante de la seguridad nacional, la lucha contra el terrorismo, ha mostrado con claridad que la seguridad de Israel no puede asentarse sólo en la actividad de las fuerzas de seguridad, que requiere en cambio una concepción amplia de conjunto, política, económica y social que considere al enemigo como un socio. Aun cuando el concepto de apartheid fuera inapropiado, basta afirmar que democracia y ocupación son incompatibles. Y esta es la concepción que debe guiar a nuestros dirigentes, si son sinceros cuando hablan de un proceso que debe conducir a una paz duradera. Una concepción así no forma parte todavía del discurso político, y sigue sustituida por decisiones técnicas, militares y económicas"7.

Por otra parte, los sondeos confirman que la opinión pública no desespera de lograr la paz: aunque el bloque de centro izquierda perdería una decena de diputados a favor de los partidos de derecha8, cerca del 60% de la población es favorable a un acuerdo de paz con los palestinos, y lo que sin duda es más importante, el 52% piensa que hay que desmantelar la mayoría de las colonias.

En efecto, la mayoría de los israelíes está harta del conflicto y luego de siete años de paz relativa, con todos los beneficios consiguientes, están menos dispuestos que nunca a pagar el precio de su reanudación.

Tan es así, que cada vez con mayor frecuencia los comentaristas israelíes explican que la prolongación del conflicto israelí-palestino conlleva un grave riesgo de degenerar en un enfrentamiento generalizado con los países árabes, o por lo menos, en un cuestionamiento de la normalización de las relaciones con ellos.

La retirada del embajador egipcio y los atentados contra los diplomáticos israelíes en Amman, no pasaron desapercibidos para la opinión pública. Y detrás de ese discurso a veces extremista, punza una angustia real sobre qué puede esperarse del porvenir.

Barak es consciente de esto. Luego de haber vacilado ante las presiones contradictorias del ejército, que pugnaba por más represalias, y las de los servicios de seguridad (Shin Beith) que, a instancias de su antiguo jefe, le advirtieron sobre una ruptura definitiva con la Autoridad Palestina y sus servicios de seguridad, el primer ministro optó por detener la escalada. Parece perseguir también una reanudación de las negociaciones, para que las elecciones sean una especie de referendum sobre la paz. Falta saber si el general Barak es capaz de operar el viraje político que le permita encontrar un terreno de entendimiento con Yasser Arafat, como supo encontrarlo Itzhak Rabin hace cinco años.

El corrimiento del electorado a favor del candidato de derecha, se explica por el reintegro de una parte de las élites de derecha y del centro, que la política irresponsable de Netanyahu había llevado a votar por Barak. Se apoya también en la abstención masiva del electorado árabe, poco dispuesto a olvidar la responsabilidad del primer ministro y de su ministro de policía, Shlomo Ben Ami, en la represión sangrienta de las manifestaciones árabes en Israel9.

Barak parece decidido a centrar su campaña electoral en torno al tema de la paz, y si Arafat le da los medios, espera presentar un acuerdo con los palestinos como única solución alternativa a una nueva guerra árabe-israelí. ¿Pero esta vez los asuntos de paz y seguridad estarán en el centro de la confrontación electoral? ¿O una vez más los problemas internos serán los que determinen la elección de los votantes?

Para Zahava Galon, diputada del Meretz, "no cabe duda alguna de que la campaña electoral girará sobre la cuestión de los territorios ocupados, y no en torno a los temas que fueron centrales en la elección anterior, como el laicismo, la situación económica y la polarización comunitaria. Y por eso, es imperioso que Barak llegue a un acuerdo en las semanas entrantes".

El análisis del profesor Yehuda Shenhav, sociólogo en la Universidad de Tel Aviv y uno de los principales voceros de los intelectuales judíos de cultura árabe, es más matizada: "Esta campaña arriesga ser la menos política de todas las campañas de los últimos quince años, precisamente porque todos hablarán sólo de seguridad y de línea verde. Ahora bien, no se puede desvincular la cuestión de los territorios ocupados de las cuestiones internas propias de la sociedad israelí. ¿La rebeldía de los Palestinos de Galilea, es un problema de la sociedad o una cuestión íntimamente ligada al conflicto israelí-palestino? La línea verde ha dejado de ser significativa, y las reglas del debate político deben cambiar radicalmente. Pero dudo de que ésa sea la apuesta en las próximas elecciones".

  1. Yediot Aharonot, Tel-Aviv, 1-12-2000.
  2. Ammon Kapeliuk, "Medio Oriente, entre la crisis y la paz", y Fayçal Husseini, "Camp David, compromiso inumplido", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, septiembre y diciembre de 2000.
  3. Haaretz, Tel Aviv, 20 -10-2000.
  4. Haaretz, 20 -10-2000.
  5. Haaretz, 17 -11-2000.
  6. Yediot Aharonot, 5-12-2000.
  7. Haaretz, 6-12-2000.
  8. Maariv, Tel-Aviv, 7-12-2000 e Indice de la Paz publicado mensualmente por el Centro Tami Steinmetz, Universidad de Tel-Aviv.
  9. Joseph Algazy, "Mi Estado mata mi pueblo", Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur, noviembre de 2000.
Autor/es Michel Warschawski
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 19 - Enero 2001
Páginas:18, 19
Traducción Yanina Guthmann
Temas Conflictos Armados, Minorías, Ultraderecha, Estado (Política), Geopolítica, Políticas Locales, Migraciones
Países Estados Unidos, Cisjordania (ver Autoridades Palestinas), Israel, Líbano, Palestina