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Recuadros:

¿Quieres ser ALCA?

En la reciente película "¿Quieres ser John Malkovich?", la trama está construida en torno a dos personas que descubren un camino oculto para entrar en la cabeza del actor John Malkovich y manejarlo como si de un títere se tratara. La conciencia del actor queda relegada por los caprichos de los invasores y actúa para los demás con un comportamiento alienado. La situación de Argentina con respecto al ALCA es semejante. Lejos de constituir una opción menor, una panacea o una fatalidad, como suele presentarse, entrar en el ALCA puede costarle al país mucho más de lo que se cree y a sus habitantes un costo sin relación con los beneficios esperados.

Argentina se presentará este mes a la negociación del ALCA con un gobierno a la deriva, un superministro (uno de los principales gestores de sus problemas actuales) con poderes casi sin límites, partidos atomizados en caprichos dirigenciales y el desconcierto, militantes decepcionados y una población desesperada. Merced al menosprecio del esfuerzo industrialista brasileño y a la fascinación por la proyección imperial estadounidense, el sainete puede convertirse en una tragedia griega.

El sector financiero argentino, hegemónico en el establishment local desde 1976, ha dado buena cuenta de la industria nacional, de la sociedad de posguerra y de los valores que sustentaba. No le importa el resto de la sociedad y muestra a las claras sus intenciones de total alineamiento con Estados Unidos y su política económica de repago a cualquier precio de la deuda. El grotesco episodio del ministro de Economía Ricardo López Murphy, que debió renunciar dos días después de presentar un plan de ajuste brutal ante el rechazo de la sociedad, demostró que esa política no funciona ya en un sistema democrático, siquiera formal. Fue demasiado frontal. El plan de Domingo Cavallo (ver recuadro) no difiere en las opciones estratégicas, pero es más sinuoso: promete lo que espera la gente y hará lo que quiere el establishment.

El nuevo equipo económico sabe que el Mercosur es el principal problema latinoamericano de Estados Unidos, que necesita impedir que un grupo de países que reúne el 42% de la población y genera más de la mitad del producto de la región realice su propio proyecto nacional y subregional con eje en industria, mercado interno e independencia de Estados Unidos. Este esquema significaría, a plazo, el fin de la hegemonía del sector financiero en Argentina.

Es en ese contexto que debe analizarse la reunión de ministros de Comercio americanos, que se realiza a principios de este mes de abril en Buenos Aires para elaborar la agenda y el borrador de declaración de política comercial que considerará la cumbre de Quebec a partir del día 20. En esa materia, la posición de Estados Unidos con respecto a América Latina, que contiene una serie de exigencias, es elemental y lógica, puesto que responde a la defensa de su exclusivo interés nacional.

La primera exigencia se refiere a la eliminación de las tarifas comerciales: los productos procedentes de Estados Unidos deberán tener libre acceso y estar a salvo de restricciones arancelarias y no arancelarias, como las que imponen a terceros países los esquemas de integración regional o, por ejemplo, de salvaguarda nacional del medio ambiente (ver S. Paquerot en pág. 8). El segundo requerimiento se refiere al acceso irrestricto a las licitaciones y contratos de abastecimiento del sector público, con lo que abre un importante mercado para las empresas y productos estadounidenses. La tercera restricción apunta al control de la propiedad intelectual, en particular a la vigencia y exclusividad de las patentes de empresas transnacionales. Un ejemplo típico de este punto es la presión constante del gobierno de Estados Unidos para que se otorgue exclusividad a las patentes de sus empresas, sobre todo en la industria farmacéutica. Otra reivindicación es la remoción de cualquier restricción a la entrada de sus empresas al sector de servicios (inclusive financieros).

Este es el tratamiento que exige Estados Unidos; pero su conducta al respecto no se ajusta a su posición teórica y contradice lo que solicita a los demás. En primer lugar, restringe la transferencia de tecnologías de punta. Se trate de emprendimientos militares, del monopolio de las innovaciones o de mantener la rentabilidad de tecnologías ya superadas, Estados Unidos sólo transfiere la tecnología que le interesa desde el punto de vista comercial. De tal modo esas transferencias, fundamentales para el desarrollo económico y tecnológico de los países, están sujetas a las mayores restricciones.

En segundo lugar, Estados Unidos protege su agricultura. Antes el eje eran los pagos para que los agricultores se abstuvieran de producir; ahora son los subsidios. Para advertir su magnitud y progresión basta con señalar que los subsidios agrícolas estadounidenses se triplicaron en 10 años, de 9.300 millones de dólares en 1990 a 32.000 millones en 2000. De tal modo, más de la mitad de la renta líquida de los agricultores estadounidenses tiene origen en subsidios del gobierno1. Esto configura una práctica desleal desde el punto de vista del libre comercio y no sólo afecta la entrada de productos agrícolas al mercado estadounidense, sino que significa una competencia desleal en terceros mercados.

Pero para el establishment argentino, únicamente preocupado por sobrevivir, tecnología de punta y agricultura son asuntos menores. Como toda élite decadente, confunde sus objetivos con los de toda la sociedad y vende el ingreso al ALCA como una decisión soberana, además de predicar ventajas inexistentes.

Veamos los hechos. Un panorama global muestra que el comercio de Argentina con Estados Unidos no es de magnitud (sólo el 19% de las importaciones y el 8% de las exportaciones). Dentro de esas cifras, se exportan productos primarios y se importan manufacturas nuevas de origen industrial (ver cuadro).

¿Qué ventajas tendría en este contexto una apertura a Estados Unidos? En la agricultura la Argentina es competitiva y se ve fuertemente perjudicada por los subsidios estadounidenses. Si se quiere instrumentar una política agrícola común con América Latina, no basta con que Estados Unidos se abra; lo importante es que cesen los subsidios.

En la industria, la enorme productividad de Estados Unidos hace muy dificultosa la entrada a sus mercados, salvo por la maquila y el comercio entre las propias empresas que se ubican en países cercanos de mano de obra barata (para eso ya están México y los países centroamericanos). En cambio, el libre acceso de la producción estadounidense a la Argentina barrería con las pocas industrias locales que subsisten. Las cifras son definitivas: en 1998, la Argentina importó de Estados Unidos manufacturas nuevas de origen industrial por 3.983 millones de dólares y exportó productos análogos por 225 millones de dólares (ver gráfico). Pero no hay que "gobernar para los corralones" (como afirmó el fugaz viceministro Daniel Artana): basta con defender la especulación financiera. Aun a costa del país.

Asumir posiciones de fuerza

América Latina ya está acostumbrada: en cualquier negociación gana el más fuerte: Estados Unidos. Tal es la experiencia histórica. Sin embargo, el caso del ALCA es atípico. Estados Unidos podrá ejercer toda su influencia y alinear a su lado a casi todos los países de la región, pero si Brasil y Venezuela no entran, no hay ALCA: entre los dos totalizan el 42% del producto interno bruto de América Latina. Si se sumase Argentina, se llega al 56%2. ¿Qué área de libre comercio podría hacerse con el resto de los países, que no llegan a sumar la mitad del producto regional? El peso del Mercosur más Venezuela se acerca al 80% de la región si se deja de lado a México, que ya está en el esquema de libre comercio con Estados Unidos y Canadá (TLC). De tal modo, Brasil y Venezuela (y acaso Argentina) tienen un poder implícito de veto. Sin estos tres países no hay ALCA. No se trata entonces de no negociar, sino de unirse para negociar fuerte. Este hecho fue señalado por el canciller de Brasil Celso Lafer, quien afirmó que "el poder en el ámbito del comercio es el tamaño del mercado propio. En ese contexto, tenemos recursos de poder. Una acción conjunta es siempre mejor, pero no le temo al aislamiento, si eso es necesario para defender los intereses nacionales"3.

En toda negociación, lo primero es decidir quiénes y cómo intervienen; lo segundo, qué se discute. Es fundamental que los países de Mercosur participen en bloque. Junto con Venezuela -que coincide con la posición de Brasil- representan casi el 60% del PBI de América Latina y el Caribe. Su poder de negociación es decisivo. Al mismo tiempo que se negocia con Estados Unidos también deberían discutirse temas análogos con la Unión Europea.

En cuanto a la agenda, deben plantearse la difusión de tecnologías de punta y las medidas antidumping, en especial la supresión de los subsidios que otorga Estados Unidos a sus agricultores. Por supuesto, este temario choca con el de Estados Unidos (eliminación de tarifas comerciales, acceso a contratos del sector público, patentes y libre entrada al sector de servicios). Aquí es donde los países del sur deben hacer valer su poder de veto implícito.

Pero en este caso, quien lidera las discusiones es Brasil, que no esta dispuesto a sacrificar su industria nacional sobre el altar de libre comercio de una sola mano. Allí cobra sentido el Mercosur.

Financiar el desarrollo real

En la discusión del ALCA está en juego el futuro del Mercosur. Esta opción no sólo tiene un ingrediente geopolítico (adscripción a Estados Unidos o creación de Sudamérica), sino que implica una elección de sistema productivo, donde el sector financiero tiene su lugar, pero subordinado a financiar el desarrollo real y no dedicado a la timba o al narcolavado. La única forma que los países sudamericanos -y Argentina en especial- tienen de exportar manufacturas en escala significativa es la integración sudamericana. El 85% de las manufacturas complejas que exporta la Argentina va hacia otros países de la región; Estados Unidos sólo compra a la Argentina el 4,7% de esas manufacturas4. Además, las importaciones estadounidenses sin restricciones arrasarían con lo que queda de la industria nacional, que es el sueño dorado del establishment financiero. Por ello, es esencial que exista el Mercosur como horizonte de desarrollo económico. Sin unión aduanera, Argentina se disuelve en el ALCA. De allí la importancia fundamental de mantener una preferencia recíproca arancelaria para los miembros del Mercosur y no aceptar un arancel cero con Estados Unidos.

La distancia que va entre el atraso colonial y el desarrollo independiente es la misma que separa al sector financiero y la captación de renta, del desarrollo industrial y el mercado interno, nacional o regional. Es por eso que la mejor respuesta a la amenaza del ALCA es la ampliación del Mercosur en territorio, industria y eficiencia.

En primer lugar es necesario que se incorporen Venezuela y Bolivia (Chile ya optó por TLC y ALCA, ver pág. 12). En el diseño de Sudamérica que surgió de la reunión de Brasilia de agosto de 2000, emerge un grupo del Pacífico y otro del Atlántico. El primero (Colombia, Ecuador, Perú y Chile) parece proclive a una integración con Estados Unidos. En cambio el del Atlántico (Brasil, Argentina, Venezuela, Uruguay, Paraguay y Bolivia) podría estructurar un Mercosur ampliado. Incluso en el caso de que Uruguay "se abriese" (ver pág. 13), dado su escaso comercio.

La segunda expansión es la de la industria. Con el mercado subregional extendido, existe la posibilidad de lanzarse a varios tipos de industrialización: de alta tecnología, pesada y sustitutiva de importaciones. Sólo la industria puede llevar a los países a altos grados de desarrollo. Es cierto que los países desarrollados tienen un sector importantísimo de servicios; pero antes tuvieron industria, la conservan, defienden y amplían. Además, son servicios de alta productividad, mientras que los nuestros suelen ser desocupación disfrazada.

La tercera ampliación es la de las políticas comunes. Existe un extenso campo de acción, en todos los ámbitos5. No sólo el comercial, sino también los posibles acuerdos sobre infraestructura, comunicaciones, tecnología, cultura, educación, complejo militar-industrial.

La cuarta acción común -urgente- debe ser la coordinación de la defensa sudamericana. El Plan Colombia pone de manifiesto la necesidad de preservar la independencia nacional de los países. De hecho, es coherente la defensa de industrias y mercados junto con los territorios: la viabiliza y le otorga una dinámica eficiente.

Subordinación incondicional

Para el sector financiero, la opción de entrar al ALCA es fundamental, por varias razones. La primera, acumulación de poder. Cuando los economistas del establishment financiero afirman que el problema de la Argentina reside en la "competitividad", significa que el perfil productivo, la distribución del ingreso y el reparto del poder están en excelente situación… para sus intereses. La segunda hace a su esencia, que es la subordinación incondicional a los intereses de Estados Unidos, aunque sus manejos sean motivo de investigaciones judiciales, como el paradigmático de lavado de dinero, investigado por el Senado estadounidense y en Argentina por los diputados Carrió y Gutiérrez. La tercera hace a su existencia. El sector financiero destruyó Argentina al liquidar su estructura industrial. El modelo rentístico-financiero que se impuso con golpes de Estado o de mercado a partir de 1976 y con renovados bríos desde 1991, vuelve al centro de la escena con similares protagonistas. Está en agonía, en una desesperada lucha por sobrevivir a cualquier precio. La búsqueda de fondos en el Tesoro de Estados Unidos puede ser moneda de cambio para entrar al ALCA y desarticular al Mercosur.

Por estas razones, las negociaciones del ALCA no son un episodio menor, sino que representan la oportunidad de alcanzar un mayor afianzamiento regional, en donde el sector hegemónico en Brasil, que es el industrial, "contagie" a la Argentina, o donde el sector financiero argentino rompa la integración y "exporte" el previsible default (ver pág. 4).

Los brasileños observan el histrionismo argentino con preocupación. Por cierto, la cancillería argentina ha mantenido la política de avanzar hacia el ALCA a través del Mercosur, al que otorga "no sólo una dimensión económica sino también estratégica"6. Pero a Brasil le preocupa cuál es la verdadera naturaleza de la lealtad del gobierno, o si Argentina está dispuesta a suicidarse. Al aceptar algunas de las primeras medidas del "superministro" de Economía Domingo Cavallo, Brasil ha abierto un crédito que bien puede ser el último. Esta flexibilidad salva a Brasil de la antojadiza acusación de ser la causa del desastre argentino. Los decisores y analistas brasileños plantean, con incuestionable razón, que la principal dificultad de la Argentina reside en la política de convertibilidad. Ahora que el autor de esta política es el líder del nuevo equipo de gobierno, se ve claramente cómo trata de reducir el Mercosur a un simple tratado de libre comercio que, casualmente, es lo que el ALCA precisa. La virtual suspensión del Mercosur sin plazo, que Cavallo acaba de hacer, indica el sentido de su estrategia. A la Argentina le puede costar muy caro.

  1. Marcos Sawaya Jank, "EUA ampliam subsídio a agricultura", Gazeta Mercantil, Rio de Janeiro, 5-3-01.
  2. Las participaciones en el PIB regional están calculadas sobre la base de dólares constantes de 1995. Fuente: CEPAL, División de Estadísticas y Proyecciones Económicas.
  3. Entrevista al canciller de Brasil Celso Lafer, en Valor Económico, San Pablo, 20-1-01.
  4. Alfredo Eric Calcagno y Eric Calcagno, Le Monde diplomatique, Ed. Cono Sur, septiembre de 2000
  5. Ibid.
  6. La Nación, Buenos Aires, 14.03.01

El Ministro de Economía y las alianzas continentales

Hay un "mito Cavallo", que él mismo se encarga de fomentar: "yo o el caos". Severo pero justo, candidato natural a Padre de la Patria. Dinamismo, decisiones fuertes, soluciones milagro. Sus exabruptos van por cuenta de su espontaneidad. Pero la realidad es otra: hay pasados y presentes difíciles de justificar. En 1982, cuando era presidente del Banco Central con Reynaldo Bignone como último presidente de la dictadura militar, licuó la deuda en pesos privada con una inflación del 28% mensual. Como si eso fuera poco, con la circular A-137 del 5-6-1982, estableció un seguro de cambio, que junto con las circulares A-31 del 5-6-1981 de Egidio Ianella y la comunicación A-251 del 17-11-1982 de Julio González del Solar sirvieron para estatizar la deuda externa privada, aun cuando muchas de las empresas que habían contratado esas deudas tuvieran importantes saldos en dólares en el exterior. Una pequeña ayuda para los amigos.

En su vuelta al poder con Carlos Menem, en 1991, abrió sin restricciones el sector productivo industrial a las importaciones, con lo que provocó la quiebra de una multitud de empresas. En 1996 la tasa de desempleo abierto fue de 17,3% y la de subempleo de 13,6%. Fue el conductor del proceso de privatizaciones que terminó con las empresas públicas argentinas entre 1991 y 1996. Su trayectoria explicita sus preferencias (o sus mandantes): en 1982, actuó a favor de los deudores privados; entre 1991 y 1996 sirvió a las empresas transnacionales que compraron los servicios públicos estatales. En ambos casos pagó el Estado argentino. La estatización de la deuda privada costó 14.500 millones de dólares entre 1981 y 19831. Las privatizaciones dejaron al Estado argentino sin empresas y la apertura irrestricta a las importaciones desarticuló su sistema productivo. Por otra parte, siempre estuvo cerca de los círculos financieros de Estados Unidos; ante ellos, precisamente, gestionó el cierre de préstamos que contribuyó en 1989 a la caída del presidente Raúl Alfonsín por un golpe de mercado.

Ahora le toca otra tarea, de largo plazo y de difícil reversión. Cavallo ha declarado que "lo que nosotros necesitamos es un tratado de libre comercio y no una unión aduanera"2. Piensa que "unificar aranceles externos en todos los países del bloque nos va a llevar a discusiones interminables y a una quimera"3. Acaso estas expresiones sean apenas el emergente de motivaciones más profundas, que explicita su más íntimo colaborador: "La Argentina tiene que dejar de perder inútilmente el tiempo con ese proyecto absurdo del Mercosur. Tiene que ir a buscar inmediatamente una negociación bilateral con Estados Unidos, que reforzaría el tema de confianza en una forma excepcional" Ic.4

  1. FIEL, El gasto público en la Argentina, 1960-1983, Buenos Aires, 1985
  2. Domingo Cavallo, Ámbito Financiero, Buenos Aires, 22-3-01.
  3. Ibid.
  4. Adolfo Struzenegger, La Nació, Buenos Aires, 4-3-01


Autor/es Alfredo Eric Calcagno, Eric Calcagno
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 22 - Abril 2001
Páginas:10, 11
Temas Deuda Externa, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Estado (Política), Geopolítica, Mercosur y ALCA, Políticas Locales
Países Canadá, Estados Unidos, México, Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela, Francia