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La espiral

Una nueva espiral de violencia sacude a Medio Oriente, cuando parecía acercarse la posibilidad de un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos. Para que ese acuerdo que restituya la paz sea posible las autoridades israelíes deben asumir la responsabilidad del carácter criminal de la ocupación colonial de Gaza y Cisjordania.

Estaban por conseguirlo. En el mes de junio pasado se hubiera creído que la paz en Medio Oriente entre palestinos e israelíes estaba al alcance de la mano. Parecía a punto de alcanzarse un compromiso histórico sobre las cuestiones centrales en litigio: devolución de los territorios, Jerusalén oriental y refugiados1. Ese compromiso implicaba necesariamente, por parte de los palestinos más que de los israelíes2, concesiones que los extremistas de uno y otro campo calificaron enseguida como "inaceptables" y hasta "sacrílegas". Sin embargo, y a pesar de sus imperfecciones, el proyecto de acuerdo permitía relanzar por fin, siete años después de Oslo, una verdadera dinámica de paz. Al erradicar la violencia de la región después de más de cincuenta años de guerras, esa dinámica garantizaría definitivamente la legitima aspiración de Israel a la seguridad, reconocería el no menos legítimo derecho de los palestinos a vivir en un Estado soberano y permitiría así al conjunto de Medio Oriente consagrarse a lo esencial: el desarrollo económico y social. Desde fines de septiembre, a esa espiral virtuosa sucedió otra, mortífera, de violencias, que actualmente corre el riesgo de extenderse a toda la región.

Después de haber llegado tan cerca de la paz, ¿por qué la región se encuentra de pronto sumida en una atmósfera de guerra? Sabemos que las negociaciones entre Yasser Arafat y Ehud Barak en Camp David, en julio pasado, habían permitido constatar que los palestinos, excedidos por las constantes transgresiones perpetradas por las autoridades israelíes3 y presionados por una población civil exasperada por las humillaciones debidas a la ocupación, no estaban dispuestos a aceptar nuevas concesiones. Especialmente sobre Jerusalén oriental, que en sus intenciones está destinada a ser capital de su futuro Estado. Consideraban que el derecho internacional estaba de su parte, dado que la resolución 242 de las Naciones Unidas obliga a Israel a replegarse sobre sus fronteras anteriores a la guerra de 1967 y por consiguiente a devolver Jerusalén oriental, conquistada en ocasión de aquel conflicto, que comprende el conjunto de la Ciudad vieja, donde se encuentran los lugares santos de las tres religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo e islam. No obstante, consentían en abandonar a la plena soberanía israelí el barrio judío de la Ciudad vieja y el Muro de los Lamentos.

Sintiéndose depositario del deseo de parte de su pueblo de mantener a Jerusalén reunificada como "capital eterna" de Israel, Barak se negó a aceptarlo. Sintiéndose a su vez investido por el conjunto de los fieles y de los Estados musulmanes del deber de mantener los lugares santos del islam bajo salvaguardia árabe, Arafat tampoco podía ceder.

Este doble estancamiento sobre una cuestión política por cierto, pero de fuerte componente religioso, conduciría al fracaso de las negociaciones. Los más extermistas de ambos campos aplaudieron ese fracaso como una victoria. Sabían que se acercaba la hora del enfrentamiento. Las últimas propuestas de Barak, en el sentido de instalar la capital palestina bajo el nombre de Al-Qods (nombre árabe de Jerusalén) a menos de 2 kilómetros de la Explanada de las mezquitas (que permanecería bajo tutela pero no bajo la soberanía palestina), no lograron detener la espiral de violencia a punto de desatarse.

Ya se sabe cómo continuaron las cosas: la provocación del general Ariel Sharon al pasearse rodeado de un millar de policías armados por la Explanada de las mezquitas (Colina del templo), la protesta de los civiles palestinos, la desproprocionada brutalidad de la represión4, los niños y adolescentes palestinos abatidos por las balas, el odioso linchamiento de dos militares israelíes en Ramallah, las violentas incursiones contra los árabes israelíes en Nazaret y otros poblados, etc. La inhumanidad puesta en práctica. La regresión política hacia un conflicto étnico-religioso de tipo balcánico, como en Bosnia o Kosovo. Entre los fanáticos de uno y otro lado, llamamientos a la "limpieza étnica" o a la "división de poblaciones", como en Chipre5. El retorno a la desesperación de los civiles palestinos. Y el retorno del miedo en el seno de la traumatizada sociedad israelí, que en su gran mayoría sigue siendo favorable a un acuerdo de paz.

Este acuerdo es indispensable. Israel, superpotencia militar adosada a la hiperpotencia de Estados Unidos (descalificado como mediador, desde el momento que es extremadamente favorable a Israel), tiene que saber dar pruebas de justicia. Porque el conflicto es asimétrico, y en Cisjordania y Gaza se trata de una situación colonial clásica, con un colonizador y colonizados. La clase política israelí parece incapaz de pensar los desafíos del pos sionismo y parece carecer de imaginación, audacia y corazón. ¿Tendrá el valor de dar los pasos necesarios? Primero, desmantelar las colonias enclavadas en Hebrón, en Gaza, creadas ilegalmente en la mayor parte de los casos por fanáticos de extrema derecha armados hasta los dientes. Abandonar la ilusión de que los palestinos estén siempre dispuestos a aceptar cualquier cosa porque la relación de fuerzas les es desfavorable. Admitir que los palestinos luchan por su libertad e independencia, y que la ocupación colonial de Cisjordania y Gaza, criminal respecto de los civiles, es suicida para el futuro mismo del Estado judío6. La geografía y el futuro condenan al entendimiento a estos dos pueblos.

  1. "Medio Oriente: la esperanza", por I.Ramonet, en Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, junio de 2000.
  2. Desde su punto de vista, los palestinos renunciaban al 78% de su territorio.
  3. Desde la firma de los acuerdos de Oslo en 1993, la cantidad de colonos judíos instalados en territorio palestino ocupado se duplicó de hecho, pasando de alrededor de 100.000 a más de 200.000.
  4. La Comisión de derechos humanos de las Naciones Unidas condenó a Israel el pasado 19 de octubre por "empleo desproporcionado de la fuerza contra civiles inocentes y desarmados", y calificó como "crimen de guerra" la actitud de las fuerzas israelíes
  5. Ver Alain Joxe, "Israel entre en guerre civile", Le Monde, 19-10-00.
  6. Gilles Paris, "La Palestine en miettes", Le Monde,
Autor/es Ignacio Ramonet
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 17 - Noviembre 2000
Páginas:40
Temas Conflictos Armados, Minorías, Ultraderecha, Estado (Política), Geopolítica
Países Estados Unidos, Chipre, Francia, Cisjordania (ver Autoridades Palestinas), Gaza (ver Autonomías Palestinas), Israel