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Cabeza fría y corazón caliente

La particularidad de Arturo Jauretche, uno de los más originales analistas de cuño nacionalista, quizá radique en que su pensamiento fue elaborándose al calor de las experiencias más importantes de la política argentina: el ciclo conservador, la experiencia radical y el peronismo. En todas estas experiencias está Jauretche y -cual "río que está juntando los cantos rodados que lleva" 1, como solía decir de sí mismo- cada una de ellas enriqueció su capacidad de análisis. En ese sentido, poco se ha comentado respecto de cómo su corta experiencia conservadora 2 repercutió en la estructuración de su pensamiento, que irá completando al calor de la práctica política pero que -coincidiendo con Horacio Pereyra 3- ya está madura antes de su experiencia peronista.

Uno de los aspectos que caracteriza a la mirada conservadora -primera crítica al racionalismo iluminista hacia fines del siglo XVIII- es una particular disposición ante la realidad, muy evidente en Jauretche. Es una actitud en la que se privilegia el presente y lo que éste nos ofrece, prefiriendo lo conveniente y no lo perfecto. Si lo primero está en lo que nuestro tiempo ofrece como opciones, lo segundo parte de no reconocer sus "bondades" o posibilidades de construcción con los materiales que tenemos; es preferir -en palabras de un reconocido conservador- "la risa presente a la felicidad utópica" 4. Disposición que -ciertamente- "es débil en algunas personas sólo porque ignoran lo que su mundo puede ofrecerles" 5. Privilegiar el presente implica pensar a las personas en "su" tiempo, su contexto, su capacidad de acción, su disponibilidad para el cambio, su esquema de necesidades y expectativas; etc. Es decir, implica pensar en los sujetos reales y en la experiencia histórica que los constituyó, no en los sujetos abstractos o ideales, definidos en algún marco teórico. Aspecto central desde el cual el conservadurismo criticó -desde Edmund Burke en adelante- las miradas progresistas que se traducen en una práctica intelectual bastante extendida aún: pensar desde la teoría hacia la realidad, lo que conduce indefectiblemente a la comprensión libresca de la vida social y, por tanto, -en el plano político- a una falta de sentido de la oportunidad al no comprender los ritmos y el movimiento de lo social. Este es el corazón de la crítica de Jauretche a la intelectualidad argentina a la que -por la similitud con la experiencia rusa- calificó de "intelligentzia".

Este ángulo de mirada se deja ver en todos los debates que Jauretche mantuvo -desde la economía a la cultura- durante su vida, sin respetar autoridades políticas o académicas. De todos los tópicos que recorrió con su pluma, el de la violencia política no fue menor en sus diferencias con hombres destacados de la política de los años '60 -como John William Cooke y Juan Perón- y luego con los jóvenes que se sumaron al peronismo en esa época. Desde su particular perspectiva, las lecturas teóricas de lo real y la práctica política que se desplegaban a partir de ellas -como las políticas liberales sin sentido nacional- tenían siempre un costado despótico y violento, en la medida que -en última instancia- la violencia se imponía como el inevitable recurso frente a una realidad que no se doblegaba ante esas lecturas.

Cooke, Perón, los jóvenes

Jauretche mantuvo con Cooke 6 una relación muy afectuosa, pero tirante. Las diferencias venían de cuando Perón nombró a Cooke delegado personal. Desde ese momento Jauretche le aconsejó no tomar posturas rígidas que le imposibilitaran seguir el movimiento de lo real: "Ten cuidado de no cerrarte en una posición ideológica que no consulte la realidad social del país y las posibilidades de poder que constituyen el objetivo de la política, cosa que he aprendido tarde por hacerme el doctrinario y ésta es una experiencia que te regalo, ya que estás a tiempo" 7. Jauretche recordaba entonces su participación en el levantamiento guerrillero en Paso de los Libres, allá por 1933. Diferencias que se mantuvieron y se profundizaron cuando Cooke -al regreso de Cuba- explicita la posibilidad y necesidad del socialismo mediante el peronismo 8.

El cuestionamiento a Cooke sobre la metodología violenta se extiende a Perón, con quien venía sumando diferencias desde 1946, y sobre todo desde 1952 9. Jauretche considera irresponsable la promoción y el respaldo a la violencia desde Madrid, y ello está claramente documentado en la correspondencia que Jauretche mantiene con Cooke y el sacerdote Hernán Benítez. Para Don Arturo, la estrategia de Perón es un dislate: "En una carrera de jacobinos enfrentados ganarán los que tienen el instrumento del poder en las manos. Es un disparate plantearlo con una fuerza multitudinaria sin disciplina, sin jerarquía y en plena improvisación" 10.

Jauretche indudablemente era un pacifista, en el sentido de que su convicción profunda era que había que "vencer precisamente con la bandera del orden" 11, pero su argumentación no se basaba solamente en lo incontrolable de la espiral violenta, sino en la insuficiencia del análisis político que respaldaba a la violencia: "Las instrucciones que llegan continuamente (desde Madrid) tienen la misma puerilidad de las instrucciones anarquistas y comunistas de la época romántica... macaneo trosko malatestista de quien por otra parte no cree en el planteo social revolucionario y, si ignora su imposibilidad local, no puede ignorar su imposibilidad internacional" 12. Es evidente que el discurso clasista y violento de Perón lo irritaba y que le sobraban argumentos para discutir con Cooke a quien -a su pesar- nunca logró convencer.

Esa distancia que toma Jauretche respecto de Cooke y de Perón en los primeros años de la resistencia se actualiza con su crítica a la violencia de las llamadas "organizaciones especiales" del peronismo que Perón alentará desde Madrid. Pero la crítica a esta juventud es -en definitiva- la misma que Jauretche ha desplegado hacia la "intelligentzia" en la medida en que tratar de imponer un esquema ideológico a la realidad contiene, en sí mismo, no sólo una enorme dificultad para desvelarla y poner en evidencia las posibilidades de construcción, sino también -y fundamentalmente- una aproximación violenta al proceso político. Pero para Jauretche lo peor de las argumentaciones y de la misma dinámica política violenta es que sus beneficiarios están bien claros: "La fuga de la realidad es útil a los extremos reaccionarios que los pícaros liberales administran para la represión de que ellos son los únicos beneficiarios. Convertir al país en Vietnam es el ideal de muchos izquierdistas, pero más lo es de los liberales a la brasileña y, desde luego, de algunos ‘nacionalistas'(...) que detrás de la palabra ‘nacionalismo' han encontrado una cómoda careta para satisfacer sus tendencias parapoliciales" 13.

Con esta mirada, Jauretche preanuncia de alguna manera lo que sucedería tres o cuatro años mas tarde. Don Arturo mismo se habría lamentado de su capacidad profética, si la muerte no lo hubiese sorprendido. Lamentablemente sus palabras no fueron suficientemente escuchadas cuando señalaba que "el día en que la represión pase de la policía a la milicia, el ejército no procederá indagando justicia y razón. Si hay tiroteo en una manzana, fusila a toda la manzana. Es decir, esa minoría reducida de chiquilines combatientes ¿va a sobrevivir si liquidan a cinco o seis mil de entrada y meten en un campo de concentración a otros diez mil?" 14.

Es preciso reconocer que esa frase de Jauretche -como otras- provoca un particular escozor. No obstante, a pesar de su capacidad, no podía él imaginarse los "vuelos de la muerte", la burocratización del terror de cada uno de los 350 campos de concentración, el robo de niños, etc. Ni -sobre todo- que después de veinte años de democracia, haya que volver a sembrar -y regar pacientemente- con las claves del pensamiento nacional, volver a trabajar -como él mismo lo decía- sobre los estados de conciencia.

  1. Declaraciones a Gladys Croxatto. Norberto Galasso, Biografía de un argentino, Homo Sapiens, Rosario, 2000.
  2. Jauretche llegó al conservadurismo por sus lecturas de adolescente y fue secretario del Partido Conservador de Lincoln, provincia de Buenos Aires. En este sentido, no son casuales las reiteradas citas de Chesterton en varios de sus textos clave.
  3. Horacio Pereyra, Arturo Jauretche y el bloque de poder, CEAL, Biblioteca Política N° 247, Buenos Aires, 1989.
  4. Michael Oakeshott, El racionalismo en la política y otros ensayos, Cap. I "¿Qué es ser conservador?", FCE, México, 1989.
  5. Michael Oakeshott, op. cit.
  6. John William Cooke había sido diputado nacional del peronismo y luego -en la primera etapa de la resistencia peronista- delegado personal de Perón en Argentina. Fue la expresión del peronismo más cercana a la Revolución Cubana en los años '60, y un exponente destacado del ala izquierda de ese movimiento.
  7. Arturo Jauretche en carta a J. W. Cooke, 9 de agosto de 1957. Citado por Marta Cichero, Cartas peligrosas, Planeta, Buenos Aires, 1992.
  8. Es interesante, en ese sentido, la discusión pública entre Jauretche y Cooke, en el Café Tortoni, en 1964.
  9. Perón -a dedo- lo había sacado de una lista de senadores nacionales en las elecciones de 1946; luego, con el cambio de política económica en el segundo gobierno, Jauretche renuncia a la dirección del Banco Provincia de Buenos Aires y ese peronismo no lo trata bien. Su mirada crítica de Perón nunca fue pública, evitando así ser instrumento de políticas antiperonistas, pero resistía fuertemente el estilo de conducción personalista.
  10. Arturo Jauretche en carta a J. W. Cooke, 15-10-1956. Marta Cichero, op. cit.
  11. Arturo Jauretche en carta a H. Benítez, Buenos Aires, 1956. Marta Cichero, op. cit.
  12. Arturo Jauretche en carta a J. W. Cooke. 15-10-1956. Marta Cichero, op. cit.
  13. Arturo Jauretche, Revista Dinamis, enero de 1972. Norberto Galasso, op. cit.
  14. Arturo Jauretche, Declaraciones a Miguel Scenna. Norberto Galasso, op. cit.

 

Autor/es Juan Quintar
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 59 - Mayo 2004
Páginas:37
Temas Ciencias Políticas, Sociología
Países Argentina