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Darles la palabra a los pueblos

En Brasil un referéndum impulsado y llevado a cabo por organizaciones sociales puso en movimiento a millones de personas para opinar respecto de la deuda externa. Ahora toma cuerpo la propuesta de organizar en todo el continente un referéndum acerca del ALCA, en una fecha tan significativa para América como el 12 de octubre.

El destino de la América Latina del siglo XXI quedará ampliamente determinado por el Plan Colombia y por las negociaciones sobre el ALCA previstas en el orden del día de la cumbre de Quebec. A la vez que no logra contener la extensión de un narcotráfico que provee al primer mercado mundial de consumo de drogas -el propio Estados Unidos- el Plan Colombia puede desembocar en una militarización e internacionalización del conflicto colombiano, en la medida en que el proyecto estadounidense para controlar la región andino-amazónica implica a la mayoría de los países de la zona1.

El ALCA será para Estados Unidos el otro mecanismo esencial para la consolidación de su hegemonía sobre todo el continente. Si se firman los acuerdos sobre la zona de libre comercio continental, ya sea que entren en vigor en 2003 o en 2005 -como estaba previsto inicialmente- estarán reunidos todos los ingredientes para transformar a América Latina en una "reserva de mercado natural" de Estados Unidos: una población total que equivale a la de los países del TLC (Canadá, EE.UU. y México); un gran mercado potencial para las inversiones directas, en particular para la extracción de las materias primas estratégicas; una mano de obra barata; un terreno exclusivo para movimientos de capital especulativo.

Frente a las economías de países fragmentados, Estados Unidos, que posee el 70% de la riqueza del hemisferio, logrará fácilmente consolidar su dominación, necesaria para perpetuar su proceso de acumulación en momentos en que su ciclo de expansión se agota y la recesión lo amenaza. El ALCA sería una versión económica de la doctrina Monroe2.

La total supresión de barreras entre Estados de niveles tecnológicos tan diferentes provocaría además una crisis crónica en la balanza de pagos, obligando a los países latinoamericanos a integrarse aún más al mercado mundial, pero desde una posición subordinada. Al respecto, el ejemplo de México es esclarecedor: con el TLC, y de manera muy rápida, el 90% de su comercio exterior se orientó hacia Estados Unidos, al que abrió su mercado de mano de obra barata en la frontera norte3, permitiendo a las grandes empresas estadounidenses exportar sus productos hacia el resto del continente en condiciones particularmente ventajosas.

Frente a semejante ofensiva, el Mercosur4 logró aumentar en un 60% sus exportaciones hacia el resto del mundo durante la época más favorable (1992-1998), mientras que en el mismo período sus importaciones crecieron en un 146%, dejando un déficit comercial de 25.000 millones de dólares. A pesar de que los intercambios agrícolas son equilibrados, el TLC es por sí solo la causa de la mitad de ese déficit, con un saldo negativo de 12.000 millones de dólares en el intercambio de manufacturas, lo que se explica por la diferencia tecnológica.

Esta integración de América Latina bajo la total hegemonía de Estados Unidos haría inútiles las negociaciones sobre una eventual unión monetaria como las que existieron en Europa. La dolarización, ya en vigor en Ecuador; en discusión en América Central a partir del precedente salvadoreño y amenazando a Argentina dada su insostenible política de paridad fija con el billete verde, se impondría así progresivamente a todo el continente.

Leyes de control parlamentario

Las negociaciones para crear el ALCA fueron confiscadas por los gobiernos. Ante tal situación, el Foro Social Mundial de Porto Alegre de enero de 2001 propuso -entre otras iniciativas- que en los parlamentos latinoamericanos se presenten propuestas o proyectos de ley para obligar a cada gobierno a convocar un referéndum, al menos tres meses antes de la firma de cualquier acuerdo de libre comercio, sea el ALCA o cualquier otro.

En caso de que esas iniciativas legislativas no fueran aprobadas, entonces deberían organizarse referéndums populares en cada país, en el mismo día -por ejemplo el 12 de octubre, o en otra fecha de significado histórico- para que los ciudadanos del continente puedan manifestar si prefieren que sus naciones mantengan su soberanía, o pasen a estar bajo tutela. De esa forma, los pueblos se pronunciarán, por el modelo actual de integración al ALCA o por una integración previa de Latinoamérica, complementada por una estrategia de alianzas diversificadas, con Estados Unidos, la Unión Europea, Asia Oriental, China, India, Irán o Sudáfrica.

Una primera experiencia de este tipo de consultas tuvo lugar en Brasil en septiembre de 2000, sobre el tema de la deuda externa. Convocadas por organizaciones cívicas, religiosas y sindicales, más de seis millones de personas votaron en las escuelas, iglesias, universidades, plazas, campamentos de los Sin Tierra, sindicatos…

  1. Maurice Lemoine, "La muerte que viene del cielo", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, febrero de 2001.
  2. En diciembre de 1823, en su mensaje anual al Congreso, el presidente James Monroe definió el hemisferio oeste como un coto privado de Estados Unidos, que debía quedar al abrigo de cualquier injerencia europea.
  3. Janette Habel, "La primera frontera entre el Norte y el Sur", y Marie-Agnes Combesque, "Como mariposas hacia laluz", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, diciembre de 1999.
  4. Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, a los cuales se asociaron en carácter de observadores Chile y Bolivia.
Autor/es Emir Sader
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 22 - Abril 2001
Páginas:9
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Desarrollo, Mundialización (Economía), Estado (Política), Geopolítica, Mercosur y ALCA
Países Canadá, Estados Unidos, México, Argentina, Brasil, Sudáfrica, Bolivia, Chile, Colombia, Paraguay, Uruguay, China, India, Irán