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Cavallo al timón de un país a la deriva

Es como si los argentinos hiciesen su historia de manera tal que cada final de siglo se jugase su destino. A finales del XVIII comenzaron las convulsiones que acabaran en la Independencia de la Corona de España. Al concluir el XIX la crisis económica y el aluvión inmigratorio pusieron en cuestión el orden oligárquico-conservador; hubo la revolución del 90 y aquello acabó en el sufragio universal, el servicio militar obligatorio y la Reforma Universitaria de 1918, las bases de un proyecto de República burguesa moderna.

Cada uno de estos saltos progresivos de la historia argentina estuvo enmarcado en una crisis material -asfixia ante la Corona; riesgo de quiebra por la deuda externa- y precedido por debates de alto nivel: si, por citar un ejemplo, Mariano Moreno tradujo en 1804 El Contrato Social de Jean-Jacques Rousseau, después del rosismo una plyade de intelectuales de primera categora intentó definir desde distintos puntos de vista las causas y soluciones a los problemas nacionales1.

A su vez, cada uno de estos saltos cualitativos fue seguido de graves enfrentamientos a lo largo del siglo: guerras civiles en el XIX; golpes de Estado en el XX. La joven Argentina no escapó de los avatares del choque de intereses e ideologas, de la lucha de clases y la influencia de esos fenómenos a escala mundial; en definitiva, a las convulsiones que inevitablemente jalonan la construcción de un país moderno.

En cualquier caso, al ingresar en el último cuarto del siglo XX Argentina era, por una parte, lo que siempre había sido: un territorio enorme, cuasi despoblado y pletrico de recursos naturales de todo tipo. Por otra haba conseguido, a tropezones y con no poca sangre derramada, devenir un país alfabetizado, educado y con una actividad cultural a nivel de los principales; con abundancia de técnicos y científicos, una mano de obra muy calificada y una clase media amplia y dinámica; una industria liviana muy desarrollada y una industria pesada a medio camino del desarrollo -al punto que manejaba de manera autónoma la energía nuclear, las industrias siderúrgica y extractiva; fabricaba aviones y barcos y hasta incursionaba en la cohetera espacial- todo ello regulado y enmarcado en instituciones de Estado eficientes: Comisión Nacional de Energa Atómica, Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, Fabricaciones Militares, etc. El nivel asociativo y participativo era altsimo: vecinal, gremial, político, corporativo, cooperativo… Si a lo largo del siglo pasado la democracia fue una luz débil e intermitente desde las instituciones de la República, en la base social era un fuego poderoso y activo.

No es aconsejable idealizar aquello, puesto que exhiba carencias graves en términos de país realmente desarrollado -régimen desigual de reparto y explotación básicamente especulativa de la tierra; falta de competitividad y excesiva dependencia del Estado en la industria; corrupción política, gremial y estatal; feroz enfrentamiento antes que debate de ideas en el plano intelectual- pero allí estaba, a punto tal que a principios de 1984, apenas acabada la última dictadura y en plena primera crisis mundial de la deuda externa, una revista estadounidense de negocios -ya citada en esta columna2 - adverta: A diferencia de México y Brasil, Argentina tiene capacidad económica como para amurallarse. Incluso después de años de recesión, el país es fundamentalmente opulento. Es autosuficiente en energía, tiene excedentes alimentarios y una balanza comercial positiva. Despus de años de políticas de sustitución de importaciones, puede vivir confortablemente con un bajo nivel de compras al extranjero (…) Atemorizado, un banquero estadounidense exclamó: Podran (los argentinos) poner una barrera alrededor de sí mismos y mandarnos al infierno.

Precipitada decadencia

Y qué ha sido de aquel país, de sus posibilidades, al acabar el siglo? El panorama es desolador, puesto que ha sufrido un desguace monstruoso e inútil, está virtualmente en quiebra y no encuentra salida. Una dictadura torpe, la que encabezó el general Juan Carlos Onganía en 1966, descuartizó la universidad e inició la decadencia del sistema educativo; redujo el sistema cooperativo a una angustiosa y mínima sobrevivencia y provocó con su absurdo golpe de Estado (no había razones -las hay alguna vez?- para derrocar al honesto y eficaz presidente Arturo Illia), las terribles conmociones armadas y sociales subsiguientes. Otra, salvaje y corrupta, echó las bases del sistema especulativo que ha suplantado a la producción3, multiplicó la deuda externa (7.600 millones de dlares en 1976; 43.600 en 1983), desmanteló a sangre y fuego el sistema asociativo, perdió una guerra y dejó una herida abierta que aún supura.

El primer gobierno democrático del radical Raúl Alfonsín (1983-89) fue, más por omisión y pusilanimidad que intenciones, una sucesión de oportunidades perdidas: de recuperar la industria, de renegociar favorablemente la deuda externa, de cicatrizar las heridas de la represión, de poner al país sobre sus pies. Habíamos -con perdón- quienes advertíamos entonces: El gobierno no aprovecha ni la coyuntura internacional ni las particulares ventajas de Argentina para imponer condiciones al FMI. No se encarama en el amplio consenso nacional para yugular a la Patria Financiera. En el plano económico parece seguir la misma política que en el terreno de los derechos humanos y la corrupción: ganar tiempo montado en el desgano o la burocracia de la justicia, para acabar dictando dos o tres condenas "ejemplares (a derecha e izquierda) pronto enjuagadas por una amnistía "pacificadora". En el afán de conformar a todo el mundo -en lugar de ponerse decididamente del lado de los trabajadores y productores nacionales- acabar no conformando a nadie y dejando abiertas las llagas de la sociedad argentina4. Las dejó, y acabó como acabó: sufriendo un golpe de mercado y viéndose obligado a entregar por anticipado el gobierno a su electo sucesor.

Se había recuperado la democracia, pero lo peor en materia de desguace nacional, corrupción y endeudamiento estaba por llegar. El gobierno del peronista Carlos Menem (1989-99) llevó al paroxismo todas esas lacras. No vale la pena insistir en esto ante los lectores de esta publicación5. Sólo reiterar que se invirtió la balanza comercial positiva; que la deuda pblica y privada país de 62.000 a casi 170.000 millones de dólares6, a pesar de haber ingresado (ver pg. 8) unos 40.000 millones por la privatización de empresas nacionales; que el desempleo efectivo ronda el 15% de la población activa y la pobreza absoluta afecta a más de 7 millones de argentinos; que panes enteros de la industria nacional han desaparecido a causa de la sobrevaluación del peso, la competencia de artículos importados, el contrabando, las altas tasas de interés (ver pg. 6) y el costo de los servicios; que el campo soporta graves dificultades7 ; que las privatizaciones han sido en su mayor parte espreas y ruinosas -el caso más flagrante es el de Aerolíneas Argentinas, vendida con superávit y ahora virtualmente vaciada y en quiebra8 - y que el país lleva 34 meses de recesión.

Semejante cuadro, colofn de más de un cuarto de siglo de desatinos no podía sino desembocar en una grave crisis política; más que eso: de régimen9. Ante el vaco de poder consiguiente se apeló a un hombre providencial con la virtual suma de poderes otorgada por el Congreso: el economista Domingo Cavallo, curiosamente el mismo que en 1982, a finales de la dictadura, nacionalizó la deuda privada desde la jefatura del Banco Central; el mismo que durante su gestión desde 1991 como ministro de Economa de Carlos Menem implantó el régimen de convertibilidad que hoy asfixia al sistema, privatizó del modo que se privatizó y dejó en 1996 el Palacio de Hacienda con recesión (…), un desempleo récord, un fuerte aumento de la pobreza, un déficit fiscal de 6.000 millones de pesos y un endeudamiento pblico un 70% superior al que exista al inicio de su gestión. Gran parte de los problemas de estos días tienen su origen en la estrategia económica implantada en 199110.

Paradojas de una crisis sin alternativas políticas visibles -al menos en lo inmediato- pero con fuertes síntomas de un malestar social amenazante. Con escaso apoyo en las urnas (fue estrepitosamente derrotado cuando se presentó como candidato al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires), Cavallo se precipitó a ocupar con toda su humanidad y energía, que no es poca, el enorme hueco político dejado por una dirigencia impotente y en descomposición.

Es quizá por todo esto que al escribirse estas líneas (27 de abril), en el lapso de un mes Cavallo hubiese desconcertado a propios y extraños, viajado a Brasil, Europa y Estados Unidos, anunciado reactivación y estricto cumplimiento de la deuda, al mismo tiempo que criticaba a los banqueros, a los mercados y al FMI; prometa acabar con las mafias y a los supuestos mafiosos del Senado restituirles el honor mancillado; a la burocracia sindical que no se tocaran las obras sociales, fuente de sus ingresos. En concreto, se agitaba ante los medios y la opinión pública nacional e internacional mezclando promesas y amenazas para todos, en medio de fuertes sospechas y rumores de refinanciación o reestructuración de la deuda -e incluso de devaluación- y ante el temor generalizado de una corrida bancaria y/o un default internacional. Convertido a la heterodoxia y el populismo por manes de la ambición política, Cavallo intentaba ganar tiempo evitando una catástrofe, mientras elaboraba un plan que, en palabras de su viceministro Armando Caro Figueroa, le permitiese pasar por el desfiladero de la reactivación pagando la deuda, sin devaluar y sin recortes en los gastos sociales11.

El mismo día 27 por la noche, Cavallo dio una muestra de cómo piensa atravesar el desfiladero, al anunciar la generalización del IVA a todos los sectores exentos -con excepción de los servicios educativos y los libros- y un aumento del impuesto a las transacciones financieras (del 2,5 al 4 por mil), dos medidas claramente recesivas que, en el caso del IVA al transporte, diarios, revistas, televisión y espectáculos artísticos y deportivos, acabar con muchas de las ya maltrechas empresas de esos sectores y no dejar de provocar reacciones sociales. Cavallo alegó que esos impuestos existen en otros países, pero en la actual situación económica se trata de un verdadero atentado a la libertad de prensa, a la actividad artística y cultural y de otra exacción al bolsillo de los ciudadanos.

La alternativa posible

Cavallo insinuaba así que, como el escorpión del cuento, no puede con su naturaleza. Sin embargo, debe insistirse en que hay otros caminos. La reestructuración de la deuda es posible, teniendo en cuenta la imposibilidad argentina de pagar y la frágil situación financiera internacional, agregada a la de Estados Unidos (ver pág. 10), que en teoría no puede permitirse dejar caer a un país como Argentina, cuya deuda representa el 25% del total de la de los países emergentes12. El apoyo explícito de George Bush Jr. a Fernando de la Rúa en Quebec confirma esta presunción. Cinco pases han reestructurado su deuda en los últimos dos años: Corea, Indonesia, Pakistán, Ucrania y Ecuador. En cuanto a la devaluación, si no la hace el gobierno, tarde o temprano la hará el mercado, con consecuencias catastróficas. Algo ha empezado a insinuar Cavallo en este sentido, con su desconcertante proyecto de integrar el euro a una canasta con el peso y el dólar (hoy representara una devaluación de alrededor el 10%)… pero cuando el euro empareje al dólar. Respecto a la reactivación, ésta requiere una serie de medidas que reviertan por completo la actual estrategia económica; pasar de una economía de oferta a una de demanda. En otras palabras, reactivar el mercado interno mediante obras públicas, redistribución del ingreso, baja de tasas de interés y costo de los servicios, protección del mercado interno, freno al contrabando y una fuerte diversificación de los mercados externos, con eje en el Mercosur. Dicho aún de otro modo: enfrentando al conjunto de intereses especulativos que hoy dominan la economía argentina y haciendo, por ejemplo, que la devaluación no la sufran los ciudadanos13 y reestructurando el régimen tributario de manera progresiva14. No faltan propuestas concretas en este sentido, provenientes incluso de hasta hace poco altos miembros de este gobierno15.

El desfiladero que parece buscar Cavallo, el escenario que esboza con sus hasta ahora erráticos gestos, supone patear la deuda hacia delante y buscar apoyos externos para un maquillaje reactivador que le permita llegar primero en las elecciones de 2003, a cambio de entregar el país de pies y manos a una crisis más grave aún en el mediano y largo plazo, de convertirlo definitivamente en una factora caótica y empobrecida, arriesgando a término la democracia. Es en esas condiciones que se ha reestructurado la deuda de otros países.

Pero existiría una alternativa, porque otra de las paradojas de la crisis actual es que, aun sin votos, Cavallo dispone (hasta ahora, porque todo puede ocurrir, desde su fracaso en breve a su salida estruendosa) de bazas políticas importantes y apoyo social, aunque este último es ahora más expectante que entusiasta y está concentrado en los sectores altos y las clases medias aún no pauperizadas.

La situación es muchísimo más grave, pero existen las condiciones para conformar una masa crítica política detrás de un verdadero proyecto de recuperación, reconstrucción y moralización nacional. El desfiladero supone en política, por ejemplo, yugular a la oposición peronista agilizando la justicia ante los casos de corrupción (venta de armas, lavado de dinero, IBM, etc.) con el sigiloso apoyo de Estados Unidos, para acabar negociando y olvidando todo. La alternativa, en cambio, sera aplicar la justicia en serio y hasta sus últimas consecuencias, apoyándose en la ciudadanía y en la opinión pública y las instancias jurídicas internacionales con un objetivo patriótico. La masa crítica para un proyecto así está expectante en sectores del peronismo y el radicalismo, en la izquierda, en las organizaciones sociales y culturales, en la ciudadanía.

De persistir en su desfiladero, Cavallo deber tener en cuenta su propio pasado y que cuando la crisis económica, política, social y moral coinciden en un punto de no retorno, todo se desmorona definitivamente. Que en países de reciente historia similar hay numerosos altos funcionarios y dos ex presidentes fugados y perseguidos por la justicia, el mexicano Carlos Salinas de Gortari y el peruano-japons Alberto Fujimori; dos destituidos, el venezolano Carlos Andrs Prez y el brasileño Fernando Collor de Melo y otros tres presos: el filipino Joseph Estrada y los coreanos Chun Doo Hwan y Roh Tae-Woo (Chun fue condenado a muerte), y que en semejantes situaciones el poder imperial abandona y/o entrega a sus aliados.

Pero para los ciudadanos argentinos lo esencial es que otra vez este fin-comienzo de siglo los encuentra en una situación decisiva, en la que se juega el destino nacional. Si en otros momentos se trató de la independencia de España o de integrar a las masas inmigrantes conformando instituciones modernas, en éste la historia parece indicar que es necesario tomar de la mundialización lo que convenga al país y resistir con uñas y dientes aquello que afecte sus intereses y su cultura. Que ha llegado la hora de dejar de confiar en hombres providenciales para construir una República con instituciones sólidas, libre, justa y soberanía; acorde con sus posibilidades y digna de ese nombre.

  1. Oscar Tern, Vida intelectual en el Buenos Aires fin-de-siglo, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2000 (ver comentario en pg. 39). Hay por supuesto numerossimos trabajos sobre ambos períodos. Citamos éste por ser el último conocido sobre el debate de ideas entre el XIX y XX.
  2. Carlos Gabetta, República o país mafioso, Le Monde diplomatique edicin Cono Sur, octubre 1999. La cita es de International Business Week del 14-2-84: en portada, la revista se preguntaba: La esperanza argentina: el presidente Alfonsín restaura la democracia, pero pagar la deuda externa?.
  3. Alfredo Eric y Eric Calcagno, Un gran país devenido un casino: continuidad económica desde 1976, Le Monde diplomatique edicin Cono Sur, marzo 2001. Ver en el mismo número el dossier Argentina es el país forjado por la dictadura.
  4. Carlos Gabetta, De Wall Street a Crdoba, El Periodista, Buenos Aires, 18-1-1985.
  5. Ibid, República o país mafioso; ver también Jorge Beinstein, Crisis de régimen en Argentina y Artículos publicados en Le Monde diplomatique edición Cono Sur, abril 2001. Asimismo, nuestro portal Internet: (http://www.eldiplo.org)
  6. Anthony Faiola, Argentina pins hope on tough CEO, International Herald Tribune, Pars, 21-4-01. Tambin Cavallo's crisis, en The Economist Internet, 25-4-01.
  7. 7 Walter A. Pengue, Los granos a los barcos… los chacareros, adónde?, Le Monde diplomatique edición Cono Sur, diciembre 2000. (ver tambin pg. 28 en esta edición).
  8. Comodoro (R) Juan Jos Giraldes, La crisis de Aerolíneas, La Nación, Buenos Aires, 24-1-01. Giraldes fue presidente de la compañía en 1959/60. Entonces Aerolíneas era, junto a British y Panamerican, la única en el mundo que ya disponía de aviones retropropulsados Comet.
  9. Jorge Beinstein y Carlos Gabetta, dossier Jaque a la República, Le Monde diplomatique edición Cono Sur, abril 2001.
  10. Daniel Muchnik, Un viejo conocido, Clarín, Buenos Aires, 25-4-01.
  11. Entrevista con el autor.
  12. Anthony Faiola, Ibid.
  13. Alfredo Eric y Eric Calcagno, Alternativas al neoliberalismo, Le Monde diplomatique edición Cono Sur, julio 2000.
  14. Cavallo ha impuesto una nueva tasa a las transacciones bancarias, que genera 15 millones de ingresos diarios, en un país, donde el 40% de los ricos no pagan impuestos, Anthony Faiola, Ibid.
  15. Rodolfo Terragno (ex jefe de Gabinete de Fernando de la Rua), Por qué llegamos a esto (y qué hacer), Noticias, Buenos Aires, marzo 2001.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 23 - Mayo 2001
Páginas:1, 3, 4, 5
Temas Historia, Mundialización (Cultura), Desarrollo, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Privatizaciones, Estado (Política), Geopolítica, Mercosur y ALCA, Políticas Locales
Países Estados Unidos, México, Argentina, Brasil, Ecuador, Indonesia, Pakistán, España, Ucrania