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Chechenia, tres años de caos

Islamistas y secuestros, tal es la imagen que se tiene de Chechenia en el período de entre guerras (1996-1999). Sin embargo, ésta es una parte, y sólo una parte, de una realidad mucho más compleja, de la que Rusia ha permanecido bastante más ausente de lo que sostiene.

El 31 de agosto de 1996, cuando el entonces Jefe del Consejo de Seguridad ruso, Alexandre Lebed, y Aslan Maskhadov, Comandante en Jefe de las fuerzas independentistas chechenas, firman la "paz" en Khassaviurt, ambos saben que no hay arreglo. El texto establece un plazo de cinco años para definir el estatuto de Chechenia, pero a priori las posiciones son inconciliables: Moscú no reconocerá la independencia chechena, y los independentistas, embriagados por su victoria en Grozny, no tienen intenciones de ceder.

Rápidamente, las tropas rusas se hacen invisibles en la pequeña República, pero siguen estando presentes durante cuatro meses, establecidas en una base militar. Allí, en pocos días, el gran ejército ruso olvida la muy real derrota que acaba de experimentar y se persuade de no haber perdido esa guerra: los políticos le "robaron su victoria". Bastaría retomar el combate para dar cuenta de esos "rufianes". Durante meses, las prórrogas rusas para el retiro de sus tropas y las provocaciones in situ mantendrán a Chechenia en una situación que no es ni de guerra ni de paz.

Los cinco meses que distan entre Khassaviurt y la elección de Maskhadov como presidente checheno serán cruciales. Ya no hay un poder real: el presidente Zelimkhan Iandarbiev, sucesor de Djokhar Dudaiev1, es considerado un mero suplente. Cada facción saca provecho para fortalecerse. El ejército independentista se convierte en una multitud de pequeños bandos, que obedecen exclusivamente a su propio jefe y cuya lealtad va unida a lazos de clanes.

Entre esos jefes, hay independentistas "sinceros", que en su mayor parte tomaron las armas recién en 1994, con la entrada de las tropas rusas en Chechenia. Rápidamente, la fractura se acentúa: a un lado los moderados, reunidos en torno al presidente Maskhadov, partidarios de negociaciones reales con Moscú y de un estado laico en Chechenia, y del otro los intransigentes, que temen asistir a la subasta, por parte del recién elegido presidente, de la flamante y tan preciada independencia. Muchos están convencidos de la intención de Moscú de reiniciar la guerra y estiman que la prioridad número uno consiste en armarse.

Los objetivos de los demás "jefes de guerra" son menos confesables. Algunos, que ocasionalmente parecieron actuar a favor de Moscú, son rápidamente acusados de vendidos. Otros son simplemente mafiosos, de los pocos que se quedaron cuando empezó la guerra, por patriotismo, para defender un régimen independentista (que por corrupción o debilidad los dejó prosperar), cuando no sencillamente para proseguir sus actividades criminales con total libertad, al amparo de los combates. Así, desde los últimos meses de la guerra comenzaron los secuestros extorsivos de chechenos ricos, operaciones netamente crapulosas cuyos autores toman el recaudo de camuflar tras una fachada política: sólo secuestran a chechenos prorusos2.

Al terminar la guerra reaparecen también los jefes mafiosos que se habían ido, así como decenas de delincuentes comunes, ladrones, asesinos de origen checheno llegados de todas partes de Rusia, muchas veces liberados de las cárceles rusas a condición de que regresaran a Chechenia.

Los islamistas son la otra fuerza importante que impedirá toda forma de estabilización. Su llegada a Chechenia se inició discretamente durante los últimos años de la URSS. Si bien consiguen reconstruir las mezquitas destruidas por los soviéticos, no obtienen ningún éxito bajo el régimen de Dudaiev, el ex general soviético. Más aún porque esta forma de islam importada del Cercano Oriente está en los antípodas del de los chechenos: éste es un islam sufí, fundado ante todo en la pertenencia a las hermandades y en la relación personal con Dios y extremadamente tolerante en materia de signos exteriores, como la vestimenta o la prohibición del alcohol.

Los islamistas

La segunda ola llega durante la guerra, con "voluntarios" formados en el Cercano Oriente o en Afganistán y principalmente, a partir del verano de 1995, con el dinero que posibilita el rearme y el equipamiento en comunicaciones de los independentistas. Poco a poco se empieza a hablar de ese comandante saudita o jordano venido de Afganistán, de sobrenombre Khattav, que dirige su propio grupo de combatientes y cuyas victorias se atribuyen, por otra parte, a Chamil Bassaiev, con quién se alió.

Al paso de los meses, su popularidad aumenta entre los combatientes, que admiran su desenvoltura de guerrillero profesional. En los últimos meses de la guerra y en el período inmediato a ésta, los islamistas -Khattab es el más conocido pero no el más importante de ellos- empiezan a reclutar en todos los "frentes". Ofrecen dinero, armas y una doctrina que no desagrada forzosamente a los jóvenes, que ven en ella la liberación del aro de hierro de la tradición chechena y en particular de su piedra angular: el respeto por los mayores. Respeto que desde hace un año y medio estos jóvenes vienen perdiendo ampliamente, al ver cómo los "ancianos" de las ciudades y los poblados negociaban la rendición con los rusos para acabar con los bombardeos, mientras ellos arriesgaban sus vidas y morían en los combates. Rápidamente, los islamistas suman al menos uno o dos hombres en cada pequeño grupo armado.

Cuando Maskhadov asume la presidencia a fines de enero de 1997, todo está prácticamente jugado. Mafiosos e islamistas ya se instalaron y tienen diversas vinculaciones con uno y otro de los jefes de guerra. En particular, Bassaiev se convertirá en el protector oficial de los islamistas, justificando abiertamente esta alianza por la necesidad de conseguir armas a la espera de un regreso de los rusos. Obnubilado por el miedo a una guerra civil al estilo afgano, el presidente checheno no se atreverá a enfrentar a todos esos grupos por la fuerza: en efecto, cada uno de ellos puede reunir, junto a sus aliados, casi tantos hombres como las fuerzas gubernamentales, atomizadas además por esos diferentes grupos.

Por otra parte, Maskhadov carece de todo tipo de medios. El país quedó completamente devastado: los rusos bombardearon todas las fábricas dejando tropas diezmadas y centenas de minas en los campos, pasturas y bosques de un país esencialmente agrícola y montañés. Aunque los chechenos la consideren una conquista, ningún gobierno reconoce la independencia, y todo ofrecimiento de ayuda extranjera pasa obligatoriamente por Moscú. No obstante, el Kremlin rechaza la ayuda, asegurando asumir la reconstrucción de ese territorio ruso.

El secuestro de dos periodistas de la primera cadena de televisión del estado ruso, ORT, en marzo de 1997, será un acontecimiento crucial. Toda la información disponible en ese momento en la pequeña república atribuye esta acción al mismo hombre: un checheno que opera bajo las órdenes del Servicio Federal de Seguridad ruso, el FSB, sucesor de la KGB en el área de contraespionaje y seguridad en Rusia. Luego de su liberación, el presidente de ORT explica en el informativo de televisión que pagó un rescate de un millón de dólares. "Un millón de dólares, es lo que vale hoy un periodista en Chechenia", repite, mostrando un maletín repleto de atados de billetes verdes. La escena se difundirá durante tres días en cadena por todas las televisoras rusas y se verá en Chechenia.

Se trata tan sólo del primer secuestro de una serie que afectará a extranjeros, periodistas, hombres de negocios o trabajadores humanitarios. Hasta que todos ellos abandonan Chechenia, que vuelve a quedar completamente aislada. Dentro de poco, los secuestradores tendrán que buscar a sus víctimas en las repúblicas vecinas, donde operan con la complicidad del FSB, cosa que han demostrado varias encuestas, aunque no se ha podido determinar si esta complicidad procede de las autoridades o de funcionarios corruptos. En lo sustancial, quienes comandan los secuestros son algunos jefes de guerra y, sobre todo, islamistas.

Porque el poder de estos últimos ha crecido. Tienen muchísimo dinero. Oficialmente, proceden de organizaciones islamistas del Cercano Oriente, de Pakistán o de Afganistán; algunos llegan clandestinamente por el sur, pero la mayor parte pasa abiertamente por Rusia, con la complicidad, una vez más, voluntaria o comprada, de las autoridades rusas. El presidente Maskhadov acusará en reiteradas ocasiones a Moscú de financiar a los islamistas con vistas a acentuar el aislamiento y la desestabilización de Chechenia. Si bien no hay pruebas de un tal financiamiento, algunos de esos "islamistas" eran conocidos antes y durante la guerra por sus posiciones prorusas. Y la propaganda "wahabbita" que circula en Chechenia, en lengua rusa, se imprime en Moscú.

Sin embargo, los islamistas siguen siendo impopulares. En su apogeo, a principios de 1998, y mientras se pavonean por todas partes en sus voluminosos jeeps estadounidenses pretendiendo imponer su ley por la fuerza -cosa que jamás conseguirán-, cuentan sólo con 4000 hombres. No haber logrado engrosar sus filas en un país en ruinas de 700.000 habitantes, donde el 80% de los hombres está desocupado, da la medida de su impopularidad.

Para enfrentar la influencia de estos grupos muy minoritarios en número, aunque ricos y armados, el presidente ensayará múltiples y discretas acciones de fuerza, sin arriesgarse nunca a desencadenar una guerra abierta en su contra, persuadido -quizás con razón- de que la perdería. Moscú dice aportarle su ayuda para "luchar contra la criminalidad", pero no hace nada. Así y todo, durante el verano de 1998, el ejército oficial y los islamistas se enfrentan en una verdadera batalla. Resulta en derrota para los segundos, y aunque no se atreve a liquidarla por la fuerza, el presidente Maskhadov anuncia importantes restricciones a su actividad. Pocos días después, es herido en un atentado con bomba en el que mueren sus guardaespaldas.

El número uno checheno pasará entonces a ser blanco de múltiples ataques políticos. Los moderados le reprochan no haber liquidado a los islamistas, los intransigentes haber abandonado la idea misma de independencia, y la gente, dejar que los criminales prosperen mientras ellos mismos apenas consiguen sobrevivir. En forma paralela, crece la tensión con Moscú, al que Maskhadov solicita constantemente, aunque en vano, la reapertura de las interrumpidas negociaciones. Las incursiones de "combatientes" islamistas o independentistas en Daguestán se multiplican. En Rusia, ya en julio de 1999, circulan abiertamente las versiones sobre una nueva guerra con Chechenia, así sea para sostener que no tendrá lugar3… Y aquí estamos ahora.

  1. El ex general soviético Djokhar Dudaiev, quien declaró la independencia de Chechenia en el otoño de 1991, fue muerto en abril de 1996 en un ataque aéreo ruso.
  2. Los chechenos están divididos, hace mucho tiempo, en partes casi iguales, entre pro-rusos, generalmente chechenos de los valles, más rusificados e integrados al sistema, e independentistas, cuyo número es mayor entre los montañeses, más pobres y con dificultades en el uso del idioma ruso.
  3. Declaración -entre otras- de Sergueî Stepachine, entonces primer ministro, 23-7-99.
Autor/es Isabelle Astigarraga
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 9 - Marzo 2000
Páginas:12, 13
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Conflictos Armados, Islamismo
Países Afganistán, Pakistán, Rusia