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Hambre en Israel

Desde comienzos del verano boreal, en Jerusalén, a lo largo de la avenida donde se encuentran los principales ministerios, ministros, funcionarios y peatones deben atravesar cada día una impresionante hilera de carpas. Mujeres, hombres y niños viven allí día y noche: madres solteras, personas sin techo y desocupados, las principales víctimas de las medidas antisociales del gobierno de Ariel Sharon.

Vicky Knafo, divorciada de 43 años, iniciadora de este movimiento, mantiene sola a tres chicos con los 1.200 shekels (268 dólares) mensuales que gana como cocinera a tiempo parcial en una guardería. Hasta julio pasado, percibía mensualmente de la Seguridad Social una asignación de 2.700 shekels (604 dólares) para alcanzar el ingreso mínimo oficial. Desde entonces, austeridad gubernamental obliga, recibe 1.200 shekels menos.

Por esa razón, a principios de julio dejó su casa de Mitseph Ramon, en Neguev, y le llevó una semana hacer 200 kilómetros, hasta llegar a Jerusalén. Otros hicieron lo mismo, acompañados a veces por sus hijos. Ben Abraham, de 59 años, no tiene vivienda, pero sí un perro: en su camiseta escribió “El perro tiene su cucha. ¿Y yo, qué tengo?”. No lejos de allí, unos beduinos de Neguev instalaron también su carpa: protestan contra la destrucción sistemática de sus viviendas, que tiene por objetivo echarlos de sus tierras ancestrales y obligarlos a vivir en villas miseria (hay quienes hablan de “reservas”). Pero cuando los manifestantes quieren ir a hablar con los ministros, las fuerzas del orden se lo impiden violentamente.

El campamento de desocupados y sin techo de Tel-Aviv, por su parte, festejó su primer aniversario el 18 de agosto pasado. Está instalado en uno de los barrios más ricos de la metrópolis: en Kikar Medina (Plaza del Estado), rebautizada Kikar Halehem (Plaza del Pan). Allí también protestan decenas de personas, con sus hijos, en carpas y ómnibus viejos. Hasta ahora, todas las tentativas de la municipalidad y de los propietarios para evacuarlos fracasaron. “La elección de este lugar no tiene nada de azaroso: el contraste entre nuestro lastimoso campamento, los negocios de lujo y los suntuosos departamentos de la zona simboliza el abismo social entre pobres y ricos, que sigue profundizándose”, explica Israel Twito, 38 años, divorciado, quien mantiene solo a sus tres hijas.

Estos activistas son emblemáticos ya que Israel atraviesa una grave crisis económica. Entre 1992 y 1995 el crecimiento superó el 7% anual gracias a los acuerdos de Oslo y la llegada de los judíos de la ex URSS. Pero en lo sucesivo cayó ininterrumpidamente. Y la segunda Intifada provocó una “profunda recesión”, para retomar la expresión de Moti Bassok1: durante el primer semestre de 2003, el Producto Bruto Interno (PBI) por habitante disminuyó un 0,7%, después de bajar de forma consecutiva un 1,3% durante los seis últimos meses de 2002, un 2,1% en la primera mitad de 2002, y un 6,7% durante los seis últimos meses de 20012.

Asimismo, en el primer semestre de 2003 la producción industrial retrocedió un 1,1%. Incluso la de las industrias high-tech bajó un 8% en mayo y junio. En cuanto al consumo privado por habitante para los seis primeros meses de 2003, cayó un 2,1% (después de un derrumbe del 2,8% durante la segunda mitad de 2002 y del 2,1% durante la primera mitad).

Necesario viraje político

A fines de agosto, en el marco de los debates preparatorios del presupuesto para el año 2004, el Ministerio de Economía, dirigido por Benjamin Netanyahu, previó un crecimiento del 2,5%, una disminución del consumo público del 2,9%, un alza récord del desempleo del 11,2%, y una baja del salario real del 4% en el sector público y del 2,3% en el sector privado, así como una inflación del 1,1 al 1,2%. Comentario del diputado laborista Avraham Shohat, ex ministro de Economía: “Hablar de un viraje de la economía es un sinsentido. No habrá nuevas inversiones, ni extranjeras ni israelíes, sin un viraje político en Medio Oriente. Lo único que puede asegurar una tasa de crecimiento del 2,5% en 2004 es un proceso que baje el nivel de los enfrentamientos con los palestinos”3.

En julio el número de desocupados inscriptos superó los 220.000, o sea 14.000 más que en junio. En 34 aglomeraciones (29 árabes y 5 judías) la tasa de desempleo supera el 10%. Y no hay perspectivas de que esto se arregle: en vísperas del reinicio de clases miles de docentes fueron despedidos y en los próximos meses miles de funcionarios perderán su empleo o serán obligados a jubilarse anticipadamente.

Según el Ministerio de Economía, el año próximo Israel contará con 300.000 desocupados inscriptos. Sin contar a aquellos que no lo están: el gobierno anunció medidas para reducir aun más el número de desempleados con derecho a un seguro social. Los menores de 25 años, por ejemplo, serán obligados a presentarse diariamente en las agencias de empleo. El objetivo es forzarlos a ocupar el lugar de los 200.000 a 250.000 trabajadores inmigrantes. Más de 50.000 de estos últimos fueron expulsados por la policía. Sobreexplotados, trabajan frecuentemente hasta 14 horas por día y siete días a la semana con un salario mensual de 500 a 600 dólares, una forma de esclavitud moderna que los israelíes rechazan.

Desconocer la realidad

Demagógicamente presentado como destinado a “sanear la economía de Israel”, el plan que entró en vigencia este año comporta importantes recortes en el presupuesto de los servicios sociales, nacionales y municipales. Estos nuevos ataques al Estado de bienestar, sumados a las medidas antisociales de los años precedentes, afectaron particularmente a las capas más pobres. Pero las clases medias no están a salvo.

El monto del seguro de desempleo, por ejemplo, cuyas condiciones de atribución se hacen más estrictas, fue reducido. Lo mismo sucede con las asignaciones por maternidad y familiares, y con la ayuda a los que ganan menos del ingreso mínimo y a los mutilados en accidentes de trabajo. La nueva disminución de las asignaciones familiares precipitó a 11.000 familias más por debajo del umbral de pobreza. En esa situación se encuentra ya uno de cada cinco israelíes, es decir, 1.170.000 personas.

Los portavoces del Ministerio de Economía sostienen cínicamente que la reducción de las distintas asignaciones va a obligar a sus beneficiarios a no vivir a costa del Estado y a salir por fin a trabajar. Al hacerlo, desconocen la realidad de un desempleo que no deja de extenderse: gran número de fábricas cierran sus puertas y el gobierno no consigue crear empleos (incluso los suprime).

La pensión a la vejez fue congelada en el nivel de enero de 2001 y la asignación a los enfermos hasta 2006. El Estado redujo los presupuestos de salud y educación al tiempo que aumentó las cargas que pesan sobre los usuarios. Asimismo, redujo los préstamos para vivienda a fin de obligar a las jóvenes parejas, los nuevos olim (inmigrantes) y los sin techo a dirigirse a los bancos privados. En cuanto a la reforma jubilatoria, implica un aumento de los aportes de los asalariados y una baja de las pensiones de los jubilados a partir de octubre de 2003. A partir de enero de 2004, la edad para jubilarse pasará progresivamente de 65 a 67 años para los hombres, de 60 a 67 años para las mujeres.

Yitzhak Kadman, director ejecutivo del Consejo para el Bienestar del Niño, compara el “plan de saneamiento” con las diez plagas que, según el Antiguo Testamento, asolaron Egipto antes de la partida de Moisés y los hebreos: “Provoca en los niños y las familias con hijos al menos veinte plagas dolorosas”4.

“Un millón de israelíes tiene hambre”: tal era, el 28 de agosto último, el titular de Yediot Aharonot. Ya a principios de 2003, investigadores del Instituto Brookdale, que trabajan en colaboración con el Ministerio de Salud, habían revelado que 400.000 familias israelíes, es decir el 22% del total, padecían “inseguridad nutricional”. Evidentemente no padecen una hambruna, pero no tienen capacidad para comprar permanentemente el alimento que los niños necesitan para desarrollarse adecuadamente. Algunos comen porciones más chicas, otros saltean comidas, e incluso, en casos extremos, no comen en todo el día. La composición de sus comidas es uniforme y pobre en carne, productos lácteos, verduras y frutas…

Cuatro de cada cinco familias afectadas afirman que su situación se agravó en los últimos dos años a causa de la precarización de la situación económica. Un 5% reconoce incluso que recurre a una ayuda alimentaria, ya sea de comedores populares o de asociaciones de caridad. Según otra encuesta, difundida por la organización de beneficencia Latet (Dar), el número de israelíes que solicitaron una ayuda alimentaria aumentó un 46% en un año. Los principales demandantes son las familias monoparentales y las familias numerosas.

“Darwinismo social”

Lo que golpeó a la opinión pública, fue el anuncio simultáneo de las ganancias de ciertos bancos. Hapoalim, el número uno del país, declara para el último trimestre una ganancia neta de 335 millones de shekels 75 millones de dólares), con un alza del 59%. La del banco Discount, para el mismo período, alcanza los 116 millones de shekels (26 millones de dólares), es decir un 36,5% más que en 2002. Y la de los cinco grandes bancos (Hapoalim, Leumi, Discount, Hamizrahi y Ben Leoumi) alcanza para los primeros seis meses de 2003 los 1.400 millones de shekels (313 millones de dólares), con un alza del 130% respecto de los seis primeros meses de 2002.

“La crisis económica y social –resume la ex diputada comunista Tamar Gujansky– es el resultado de dos factores principales: de un lado la guerra, la ocupación y la colonización, del otro la política neoliberal del gobierno”. La combinación de estos dos elementos, prosigue, “es catastrófica. Mientras el gasto militar y el costo de la colonización son enormes y prácticamente intocables, los presupuestos sociales, por su parte, no dejan de retroceder. En contrapartida, las ganancias de los bancos, así como las de la Bolsa, no paran de trepar. Este gobierno intensifica la política de los precedentes: hace ‘más de lo mismo’”.

Más, sobre todo, en materia de desigualdades sociales, como subrayan los sociólogos Barbara y Shlomo Swirsky, quienes dirigen el Centro Adva: “Los golpes al sistema de ayuda social bajo pretexto de rigor presupuestario reflejan un cambio de la escala de valores. Los israelíes acomodados que pueblan las trastiendas del poder se inspiran en el ‘darwinismo social’: los fuertes son gente digna, porque son fuertes; el que se debilita, sean cuales sean los motivos, no va a poder sostenerse por sí mismo y entonces no hay razón alguna para invertir en él. En una palabra, los débiles son inútiles”. Por eso, “durante estos años de pretendida pobreza del Estado, nuestros gobiernos gastaron mucho dinero para dispensar a los capitalistas de pagar impuestos y para financiar las colonias y excesivos gastos militares, así como para asegurar cuantiosos salarios a los altos funcionarios”.

Durante una visita al mercado Ha-Carmel, en Tel-Aviv, Knafo declaró: “Si hay dinero para los mitnahlim (los colonos judíos en los territorios palestinos ocupados), no hay ninguna razón para que no lo haya para las asignaciones sociales”. A pesar de la fuerza de esta lógica, las mujeres solteras no consiguieron –al igual que los otros grupos de protesta– poner en marcha un movimiento masivo.

¿Por qué? Según Gujanski, “aunque el movimiento de Knafo sea auténtico, le será difícil despegar mientras no tenga el apoyo activo de los partidos de oposición, incluido el Partido Laborista y el Shass, y de la central sindical Histadrut. Por cierto, el movimiento goza de una cierta solidaridad femenina y de cierta colaboración judeo-árabe, pero eso no basta”. Pero, ¿una gran parte de la población se opone a las medidas antisociales del gobierno? “Sí, pero las mismas personas apoyan al gobierno a causa de la gravedad de la situación política”. El sociólogo Shlomo Swirsky comparte esta opinión: “la guerra continua de Tsahal en los territorios ocupados y los atentados terroristas palestinos impiden el desarrollo de un movimiento social de importancia”.

En el fondo, el diputado Abraham Shohat dice lo mismo: “El pueblo de Israel debe saber que la continuación del conflicto con los palestinos va a transformar a su país en un Estado pobre que provee cada vez menos servicios sociales a sus ciudadanos. (…) Quien piense que este país puede mantenerse al margen del derrumbe económico y social al mismo tiempo que se enreda en un conflicto que afecta a su seguridad no sabe de qué está hablando”5.

  1. Haaretz, Tel-Aviv, 28-8-03.
  2. Estas estadísticas, y las siguientes, fueron publicadas en su totalidad por Haaretz, Yediot Aharonot o Maariv en la segunda quincena de agosto de 2003.
  3. Haaretz, versión inglesa, Tel Aviv, 28-8-03.
  4. Folleto publicado en Jerusalén, abril de 2003.
  5. Haaretz, op. cit.
Autor/es Joseph Algazy
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 52 - Octubre 2003
Páginas:16,17
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Militares, Neoliberalismo
Países Israel