Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Recuadros:

Ni guerra ni paz en Abjasia

La llamaban la Perla del Mar Negro. Abjasia, célebre centro de turismo soviético, parecía estar destinada a vivir sin ningún tipo de sobresaltos. Sin embargo, diez años después de la guerra que en 1992-1993 la enfrentó con Georgia, el pequeño paraíso del Cáucaso sobrevive en medio de una paz precaria, defendiendo una independencia de facto, no reconocida por la comunidad internacional.

Los combates dejaron 10.000 muertos y 200.000 refugiados georgianos, aún hoy albergados en Georgia, en centros de alojamiento rudimentarios, sin reales esperanzas de regreso. Del lado abjasio también hay heridas abiertas: las marcas de la guerra se ven en todos lados, la infraestructura aún está destruida. Sobre una población estimada en menos de 180.000 personas, el 10% depende de la ayuda internacional. Diez años después del fin de los combates, Georgia y Abjasia aún no lograron alcanzar un acuerdo negociado sobre el conflicto.

Cuando en 1989 Mijail Gorbachov llamó a los pueblos de los cuatro puntos cardinales de la Unión Soviética a hacerse cargo de su propio destino, Abjasia era apenas una república autónoma dependiente de Georgia. Esa situación databa de 1931, cuando Stalin modificó el estatuto de Abjasia, hasta entonces similar al de Georgia. El 18 de marzo de 1989 el movimiento nacional abjasio Ajdgylara (Unidad) exigió que ese territorio “deje de formar parte de la República de Georgia”.

Tbilissi reaccionó inmediatamente a esa tentativa de “secesión”. Los georgianos forman en efecto el grupo étnico mayoritario de la región1. La violencia de unos y otros, observa Georges Charachidze, profesor en el Instituto Nacional de Lenguas y Civilizaciones Orientales de Francia (INALCO), refleja “esa patología de la conciencia histórica que afecta a todos los pueblos de la URSS. La misma obsesión habita a georgianos y azeríes: reivindicar con energía un vertiginoso pasado, privilegio destinado a legitimar la evicción de las minorías abjasia y armenia, consideradas menos dotadas en ese terreno”2. Rápidamente las manifestaciones se transforman en llamados a la independencia. El 9 de abril de ese año las tropas soviéticas dispersan violentamente a los manifestantes, matando a 21 jóvenes.

Eso consuma la ruptura entre Georgia y su república satélite, cuyos intereses aparecen cada vez más irreconciliables. Abjasia no cesa de reivindicar su soberanía, aun proponiendo el establecimiento de lazos federales con Tbilissi; Georgia sostiene que su emancipación del sistema soviético conlleva la defensa de su integridad territorial.

El 6 de enero de 1992 un golpe de Estado derroca a Zviad Gamsajurdia, primer presidente georgiano electo en mayo de 1991, cuyo discurso nacionalista y autoritario exacerba a la oposición. En marzo, Eduard Chevardnadze, georgiano y ex canciller de Gorbachov, es convocado a Georgia para presidir el Parlamento provisorio. En julio, la República independiente es admitida en las Naciones Unidas y en el Banco Mundial.

Sin embargo, se producen enfrentamientos armados en Osetia del Sur, la otra República autónoma de Georgia, y la agitación zviadista amenaza. Es en ese contexto turbio que el soviet supremo de Abjasia, presidido por Vladislav Ardzinba, reinstaura el 23 de julio, en ausencia de los diputados georgianos, la Constitución abjasia de 1925, formalizando así una vuelta al estatuto de 1931.

El “cerrojo” del Cáucaso

La guerra estalla verdaderamente el 14 de agosto de 1992. Con el pretexto de un operativo de seguridad sobre la línea férrea y de la liberación de rehenes, la Guardia Nacional de Georgia entra en Abjasia. En realidad se trata de neutralizar a los “separatistas”. Los combates durarán hasta el 27 de septiembre de 1993. Con el apoyo de los voluntarios de la Confederación de Pueblos del Cáucaso Norte (entre los que se contaba un batallón del jefe checheno Chamil Bassayev) y sobre todo del ejército ruso, que envió un regimiento de la 104ª división de paracaidistas, las fuerzas de Abjasia retoman Sujumi, su capital. La casi totalidad de la población georgiana de Abjasia huye. No se puede hablar de depuración étnica, pero es evidente que se trata de un “rebalanceo demográfico”.

Georgia está de rodillas3. El 9 de octubre de 1993, sin consultar al Parlamento, el presidente Chevardnadze acepta la adhesión –que siempre había rechazado– de Georgia a la Comunidad de Estados Independientes, para obtener el apoyo militar ruso. Para el Kremlin es una victoria: la turbulenta Georgia se somete a la disciplina y olvida, por un tiempo, sus veleidades pro-occidentales y de toma de distancia respecto de Moscú.

De esa forma, el caso de Abjasia sirve a la voluntad rusa de controlar su “periferia”. A pesar de que “no existe verdaderamente una estrategia rusa en el Cáucaso”, como señala Silvia Serrano, del Observatorio de los Estados post-soviéticos del INALCO, la coexistencia de intereses tanto racionales como imaginarios, surgidos ya sea de la geopolítica como de motivos triviales, concurren a mantener la región bajo tutela.

Al apoyar a los separatistas de Abjasia, Moscú buscaba obtener un medio de presión sobre Georgia, considerada el “cerrojo” del Cáucaso. Para algunos políticos y militares rusos, ese corredor es de un interés “vital” para la seguridad del país, una muralla de protección frente a Turquía e Irán, una puerta abierta hacia el Mar Negro.

Sin embargo, desde que Abjasia fue puesta bajo su protectorado, en 1810, Rusia mostró en numerosas ocasiones lo poco que le interesaba ese pequeño pueblo. Eso no ha sido olvidado en Abjasia, pero la necesidad de protegerse de Georgia –“país con el cual la vida es de ahora en más imposible”, según la opinión de la inmensa mayoría de la población, traumatizada por la guerra– obliga a la autoproclamada República a contar con Rusia. Únicamente las fuerzas rusas pueden garantizar la seguridad militar de la República, como se vio durante los combates de mayo de 1998 y de septiembre-octubre de 2001.

Actualmente, Rusia afirma su influencia en Abjasia. Desde el más alto nivel de la jerarquía política se alientan las crecientes inversiones rusas en el país: instalación de una red de telefonía móvil, compra o alquiler a largo plazo de infraestructuras turísticas, plantación de 10.000 hectáreas de avellanos por parte de un gran fabricante de chocolates… En la primavera de 2002 se llevó a cabo una campaña de atribución de pasaportes rusos a los abjasios indocumentados, una manera de vincular aun más estrechamente el destino de la población de Abjasia al del pueblo ruso. En diciembre de 2002, y a pesar de las enérgicas protestas de Tbilissi, fue reabierta la línea férrea Sotchi-Sujumi.

Esto muestra hasta qué punto Rusia es un elemento indispensable para una eventual solución del problema. “Sin lugar a dudas, la llave del conflicto se encuentra en Moscú. El día que el Kremlin decida solucionarlo lo logrará en pocas semanas, a pesar de las fuertes resistencias de Abjasia”, estima Cyrille Gloaguen, ex observador militar de Naciones Unidas en ese país.

El peso de la historia

Sin embargo, no hay que subestimar la realidad de esas dos sociedades antagonistas, que se radicalizaron en los últimos diez años. A ambos lados del río Inguri los clichés siguen vigentes. Los abjasios aún consideran que fueron víctimas de una agresión de parte de Georgia. De su lado, la sociedad georgiana se niega a reconocer las reivindicaciones de identidad de los abjasios, y por lo tanto niega la existencia de un problema estrictamente abjasio-georgiano: el discurso dominante en Tbilissi sigue siendo el de la “pérdida” territorial y del necesario “regreso”.

Como señala Paata Zacharieshvili, filósofo georgiano y actor fundamental del diálogo informal iniciado por los representantes de las sociedades civiles de ambos pueblos, “debemos admitir que el conflicto con Abjasia no se limita a la guerra de 1992-1993, sino que tiene raíces mucho más profundas. Ninguna solución será posible mientras no aceptemos entender las aspiraciones de los abjasios y admitir nuestra responsabilidad en el inicio de la guerra”.

La historia tiene un peso considerable. Los abjasios conservaron la actitud de minoría amenazada heredada del período soviético. La absorción de su República por parte de Georgia en 1931, unida a la prohibición de su lengua, a la represión de su cultura y a la masiva implantación de georgianos y rusos en su territorio, quedó grabada en las mentes como la era de la “georgianización”. A pesar de que la desestalinización logró reequilibrar en algo la situación, los abjasios nunca dejaron de manifestar su temor a que no se les reconozca su propia identidad.

Del otro lado aún es frecuente definir a los abjasios como “los invitados” de Georgia, es decir, como un pueblo de montañeses llegado del norte del Cáucaso hace varios siglos para ocupar las costas del Mar Negro. ¿Quién ocupó primero esas tierras? Invocar el pasado evita plantearse la verdadera cuestión de la constitución de Estados estables e implica renunciar a una real solución del conflicto.

Estados débiles

Nadie sabe qué ocurrirá con Abjasia, teniendo en cuenta que el país constituye uno de los medios de presión de Rusia sobre la Georgia independiente. Esto se ve en la reanudación del suministro de energía en Georgia por parte de compañías rusas este verano boreal, y fundamentalmente con el acuerdo sobre el gas firmado el 21 de julio por un plazo de veinticinco años, según el cual Tbilissi depende ahora en un 100% de Moscú4. Pero incluso si un presidente pro ruso sucediera a Chevardnadze en 2005, eso no implicará cambios en las características del conflicto. “Puede que no se solucione durante mucho tiempo, precisamente porque Moscú no dispone de todas las cartas”, sugiere Silvia Serrano.

Esa situación en realidad conviene a los abjasios. Entre la espada rusa y la pared georgiana, Sujumi prefiere la independencia. En 2004, el sucesor del presidente Vladislav Ardzinba, enfermo, no podrá adoptar otra posición.

No hay que olvidar que en la región las estructuras del Estado son débiles. No conviene subestimar la importancia de los clanes ni de las redes de influencia heredadas de la ex URSS. Los intereses mafiosos son un obstáculo fundamental en la resolución del conflicto. La línea de alto el fuego a lo largo del río Inguri constituye una zona sin ley donde los traficantes abjasios y georgianos prosperan libremente y sin fricciones, comerciando autos robados, combustible y cigarrillos.

En ese contexto, ¿qué pueden hacer la Misión de Observación Militar de la ONU en Georgia (Monug) y el denominado Grupo de Amigos del Secretario General de Naciones Unidas?5 Para la representante especial de este último en Georgia, Heidi Tagliavini, “es cierto que diez años después del fin del conflicto armado la cuestión de Abjasia aún no se solucionó, pero actualmente la situación es estable, aunque frágil, y eso se debe en parte a la Monug”.

Apoyándose sobre el documento Boden, que propone un reparto de prerrogativas entre Abjasia y Georgia sobre la base de un Estado federal, la comunidad internacional sigue defendiendo la integridad territorial georgiana, lo que resulta inaceptable para Sujumi. “Lo más importante es iniciar una negociación; ese documento es sólo un punto de partida”, insiste Heidi Tagliavini.

El 6 y 7 de marzo de 2003 en Sotchi, los presidentes Putin y Chevardnadze se entrevistaron para discutir sobre el tema de Abjasia. El acuerdo firmado incluye el regreso de los refugiados georgianos a la región de Gali, la reapertura de la línea férrea Sotchi-Tbilissi vía Sujumi y la modernización de la estación hidroeléctrica del Inguri. Presentado como un avance, ese acuerdo se limita a ratificar una situación de hecho, en particular en lo que hace a los refugiados de Gali. En realidad, ese documento confirma sobre todo el papel jugado por Moscú en detrimento de Naciones Unidas. Y seguramente, en detrimento de una solución global y política del conflicto.

  1. Según el censo de 1989 la población alcanza a 525.000 personas, 46% de las cuales son georgianas, 18% abjasias, 15% armenias, 15% rusas y 3% griegas.
  2. “L’Empire et Babel: les minorités dans la perestroïka”, Le genre humain, Nº 20; Face aux drapeaux, Gallimard-Seuil, París, 1989.
  3. Jean Radvanyi, “La Géorgie minée par les régionalismes”, Le Monde diplomatique, París, noviembre de 1993.
  4. Para colmo, el 6 de agosto la compañía rusa Unified Energy System (UES) compró las partes de AES Corp., la sociedad estadounidense accionaria en un 75% de AES Telasi, a cargo de la distribución de la electricidad en la capital de Georgia.
  5. Compuesto por Francia, Rusia, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos.

Cronología

-9-4-1991.

Independencia de Georgia.

-23-7-1992.

Abjasia proclama su soberanía. Tres semanas después intervienen las tropas de Georgia.

-27-7-1993.

Acuerdo de alto el fuego en Sotchi, Rusia. Naciones Unidas envía una misión de observación a Georgia (Monug).

-27-9-1993.

Luego de la reanudación de los combates, Sukhumi cae en poder de las fuerzas de Abjasia.

-14-5-1994.

Acuerdo en Moscú que establece la creación de una zona tapón en la línea de demarcación, el río Inguri, donde se desplegarán las fuerzas de mantenimiento de la paz de la Confederación de Estados Independientes (CEI), y el retorno de los refugiados georgianos (unos 200.000).

-25-5-1998.

Firma de un alto el fuego, después de la reanudación de los combates en el distrito de Gali.

3-10-1999. Por medio de un referéndum Abjasia adopta una Constitución propia y proclama oficialmente su independencia.

-6 y 7-3-2003.

Entrevista en Sotchi de los presidentes Eduard Chevardnadze y Vladimir Putin sobre el tema de Abjasia.

-18-3-2003.

El Parlamento de Abjasia vota una moción a favor de una “asociación” de ese país con la Federación Rusa.

-21-7-2003.

Reanudación del proceso de Ginebra.


Autor/es Mathilde Damoisel, Régis Genté
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 52 - Octubre 2003
Páginas:24, 25
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Conflictos Armados, Movimientos de Liberación, Justicia Internacional
Países Georgia