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Bolivia

Liderada por el Movimiento al Socialismo y el Movimiento Indígena Pachacuti, una insurrección popular obligó el pasado 17 de octubre a renunciar al presidente boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada, representante del neoliberalismo en el país. La denominada “guerra del gas” culmina así una lucha cuyos últimos hitos fueron el levantamiento de los cocaleros contra la campaña de erradicación de la coca y la “guerra del agua” en Cochabamba. El trasfondo es una experiencia de 500 años de saqueo de riquezas naturales a favor del imperio español primero, hoy de las multinacionales, que nunca modernizó el país, ni sacó de su miseria secular a la mayoritaria nación amerindia.

Era una democracia perfecta. ¿No respetaba acaso los dos derechos humanos fundamentales: la libertad de prensa y las libertades políticas? Al parecer, el hecho de que el derecho al trabajo, a la vivienda, a la salud, a la educación, a la alimentación y tantos otros derechos igualmente fundamentales hayan sido sistemáticamete pisoteados no disminuía la “perfección democrática” de este Estado.

En Bolivia, un país con apenas 8.500.000 habitantes que dispone de uno de los subsuelos más generosos del planeta, un puñado de opulentos acapara desde hace 200 años las riquezas y el poder político, mientras el 60% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. Los amerindios, mayoritarios, siguen siendo discriminados, la mortalidad infantil alcanza tasas indecentes, el desempleo es endémico, el analfabetismo prevalece y el 51% de los habitantes carece de electricidad. Pero eso no modifica lo esencial: se trata de una democracia.

De modo que cuando el 11 y 12 de octubre últimos por orden del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada el ejército apunta las ametralladoras contra los manifestantes provocando alrededor de 60 muertos y cientos de heridos1, Condolezza Rice, asesora del Presidente de Estados Unidos, refiriéndose a esa revuelta al dirigirse a los miembros de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) reunidos en Chicago, declara que Washington advierte a los manifestantes (¡) contra “todo intento de derribar por la fuerza a un gobierno democráticamente elegido”2.

Recordemos que el 11 de abril de 2002, cuando Hugo Chávez, presidente de Venezuela democráticamente elegido, fue derrocado momentáneamente por militares que apoyaban a la patronal y a los grandes medios, Washington se apresuró a reconocer a los golpistas con el pretexto mentiroso de que Chávez “había ordenado disparar contra su pueblo”.

“El carnicero”, como apodan ahora los bolivianos a Sánchez de Lozada, buscó naturalmente refugio en Miami el 17 de ocubre, sin que Estados Unidos se proponga llevarlo ante la justicia por crímenes contra la humanidad.

¿Por qué lo haría? Ministro de Planeamiento de 1986 a 1989, Sánchez de Lozada, aconsejado por el economista Jeffrey Sachs, había sometido a su país a una “terapia de shock”, de acuerdo con los deseos de Washington: una política que tuvo como consecuencia el despido de decenas de miles de asalariados del Estado. En ocasión de su primer mandato (1993-1997), este presidente ultraliberal, uno de los hombres más ricos de su país, aceptó, siempre bajo la presión de Estados Unidos, aplicar un programa de erradicación de la coca responsable de la ruina de cientos de miles de agricultores, sin otra solución de supervivencia, quienes desde entonces se encuentran en estado de revuelta permanente. Además inició la privatización de todo el patrimonio del Estado: ferrocarriles, minas, petróleo, electricidad, teléfonos, empresas aéreas, agua, a favor de empresas mayormente estadounidenses.

La privatización de la distribución del agua en la ciudad de Cochabamba a favor de la estadounidense Bechtel (una de las grandes beneficiarias del programa de privatización integral de Irak que llevan a cabo actualmente las autoridades de ocupación), había dado lugar en abril de 2000 a una insurrección que se saldó con la partida de Bechtel, la marcha atrás del gobierno y la renacionalización del agua.

Estos dos conflictos, el de los cocaleros y el de Cochabamba, dieron lugar a la emergencia de un dirigente popular fuera de norma: Evo Morales. Indio aymara de 42 años, autodidacta, dirigente sindical, conduce desde hace alrededor de veinte años al sector más reivindicativo, el de los campesinos arruinados por la erradicación de la coca.

A escala latinoamericana y entre los altermundialistas, Evo Morales, figura prominente de un movimiento indigenista que se manifiesta con fuerza en Ecuador, Perú, Chile y Paraguay, se ha convertido en un personaje muy popular. Él y su organización, el Movimiento al Socialismo (MAS), junto con otro dirigente indígena, Felipe Quispe, del Movimiento Indígena Pachacuti (MIP), lideraron la ofensiva contra la política neoliberal de Sánchez de Lozada y su aliado socialdemócrata Jaime Paz Zamora. Una política que a través de un grupo de multinacionales se proponía privar al país de sus reservas de gas vendiéndolas a bajo precio a Estados Unidos, y que en última instancia es lo que provocó la explosión.

El hartazgo de los indígenas bolivianos se funda en siglos de experiencia histórica. La exportación de las riquezas naturales (plata, estaño, petróleo) nunca mejoró la situación de los pobres ni permitió la modernización del país. Lo mismo que en Ecuador en enero de 2000 contra el presidente Jamil Mahuad; en Perú en noviembre de 2000 contra el presidente Alberto Fujimori; en Argentina en diciembre de 2001 contra Fernando de la Rúa, la población boliviana, al destituir a Sánchez de Lozada, rechaza un modelo económico que en toda América Latina agravó la corrupción, arruinó a las poblaciones e incrementó la exclusión social.

  1. The International Herald Tribune, París, 15-10-03. En total, la cantidad de víctimas de la represión se elevaría a 78 muertos y varios cientos de heridos. Corresponde añadir los 34 muertos y 205 heridos de febrero, en ocasión de un levantamiento de los trabajadores y… de la policía, contra la aplicación de un impuesto sobre los bajos salarios. Ni un solo diario francés se dignó poner en tapa estas informaciones.
  2. Cables de AP y EFE, 13-10-03.
Autor/es Ignacio Ramonet
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 53 - Noviembre 2003
Traducción Marta Vassallo
Temas Desarrollo, Deuda Externa, Movimientos Sociales, Políticas Locales
Países Bolivia