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La segunda muerte de Amílcar Cabral

A 30 años del asesinato de Amílcar Cabral, líder del Partido Africano de la Independencia de Guinea-Bissau y de Cabo Verde (PAIGC) y uno de los hombres clave del desmoronamiento del colonialismo portugués en África, sus antiguos compañeros de lucha, devenidos reformistas en el poder, barrieron con sus antiguos lemas y justifican las reformas liberales, mientras la población continúa inmersa en la pobreza.

Antiguo compañero de Amílcar Cabral, Pedro Pires, presidente de la República de Cabo Verde, se convirtió en un gobernante socialdemócrata convencido1. “Somos un pequeño país frágil y pobre, con muy poca influencia. Como dice el proverbio, cuando dos elefantes se pelean es muy difícil ser hierba bajo sus patas. Pero participaremos de todos los esfuerzos que conduzcan a la paz en Irak…”. Evidentemente, Pires prefiere eludir los urgentes interrogantes sobre la situación económica de su país y responder acerca de su modesto papel en la crisis de Medio Oriente. Este comandante era muy escuchado por la guerrilla y no tenía rivales para arengar a los campesinos. Hoy dirige un Estado que durante el período que va de 1980 a 1990 negoció sin inmutarse el viraje hacia la economía de mercado. Su Primer Ministro, José María Neves, dirige como un hombre de negocios el archipiélago de 10 islas y 8 islotes, situado 450 kilómetros mar adentro, frente a las costas de Dakar.

En 1981 el PAIGC caboverdiano pasó a llamarse Partido Africano para la Independencia de Cabo Verde (PAICV). Hasta 1990 fue el único partido autorizado en el archipiélago. El derrumbe del bloque comunista y la democratización de África Occidental provocaron la instauración del multipartidismo. Las primeras elecciones libres, exigidas en 1991 por los acreedores, fueron fatales para el PAICV, que debió ceder su lugar al Movimiento por la Democracia (MPD). Este último convirtió al país a la economía de mercado y lanzó un programa de privatizaciones del que sacaron provecho, en particular, los inversores portugueses (bancos, centrales eléctricas, estaciones de servicio…). Portugal recuperaba así lo que había perdido con la descolonización. Derrotado en las elecciones legislativas y presidenciales de 2001, el MPD le devolvió el poder a un PAICV devenido reformista, a pesar de las cortinas de humo verbales.

Éxodo interno y externo

En pocos años Praia, la capital, triplicó su volumen y pasó de 30.000 a 100.000 habitantes: el éxodo rural atrae hacia la ciudad a una juventud en busca de trabajo y de medios de subsistencia (65% de la población tiene menos de veinte años). En la parte baja de Plato, barrio residencial que concentraba a la mayoría de los ministerios construidos por los colonos (Asuntos Exteriores, Justicia, etc.) y a los bancos, ahora se extiende el gran mercado de Succupira. Allí se venden mercancías de todo tipo (ropa, calzado, bebidas, etc.) que las mujeres comerciantes van a buscar en general a Brasil o a China. A veces las redes de la droga abusan de ellas y las utilizan como “mulas” que abastecen a Europa desde Cabo Verde. En el subsuelo se estableció un supermercado con precios inaccesibles para los bolsillos locales; la mayoría de los productos alimenticios provienen de Portugal o de Brasil (latas de atún y sardinas, harina de maíz, aceite de oliva, productos domésticos).

Es que Cabo Verde produce poco: sus recursos mineros son casi inexistentes, sufre de una sequía crónica y la producción agrícola apenas cubre un 10% de las necesidades. Las exportaciones (pescado, plátanos y sal) sólo representan el 11% de las importaciones. La economía local se basa esencialmente en el sector terciario –en particular el turismo– y en los fondos enviados por una impresionante diáspora. El país cuenta con alrededor de 460.000 habitantes y se estima en 700.000 a los emigrados, la mayoría establecidos en Portugal, Estados Unidos y Francia. Las restricciones a la inmigración adoptadas por los países occidentales ponen en peligro la supervivencia de una población para la que la emigración siempre fue el medio para escapar de la pobreza y las persecuciones.

La importante emigración tiene consecuencias sociales directas: debido a la deserción de los hombres, un 90% de las mujeres son jefas de familia y el 60% madres solteras. Son ellas las que hacen “rodar” la economía, sin apoyo especial del gobierno. “A las seis de la mañana ya estoy en camino al puerto para comprar pescado –dice Dina, esposa de un pescador–. A veces encuentro, a veces no; a veces me quedo allí hasta que el pescador decida vender a un precio que esté a mi alcance. Después lo revendo casa por casa. Si escasea puedo pasar días, a veces semanas sin nada. Cuando quieres darle algo a tus hijos, no puedes, no hay dinero”.

A menudo también los niños deben asumir el papel de jefe de familia. Entre los 10 y 14 años venden diarios o lavan autos. Así pues, desde Pracinha da Escola Grande hasta la explanada que domina la playa de Gamboa delante de la Presidencia hay toda una banda que subsiste lustrando carrocerías. “A los ricos y a las autoridades administrativas les gusta que brillen”, comenta el joven Boxer, a quien no le agradan los políticos. Al amanecer, en las playas de la capital, los niños de la calle salen de abajo de las barcas que por la noche se guardan invertidas; allí durmieron.

Administrar la pobreza

La dependencia del archipiélago respecto del exterior produjo un modelo de desarrollo en el que los dirigentes se limitan a administrar la ayuda a la pobreza. Se convirtieron incluso en gestores profesionales de expedientes destinados a obtener subvenciones ante instituciones financieras internacionales. Esta actitud no está exenta de contradicciones: si bien a partir de la independencia la salud y la educación se vieron favorecidas (75% de la población está alfabetizada, las grandes epidemias desaparecieron, así como la hambruna, aunque un 14% de los niños sufre de desnutrición), la economía local se caracteriza por la ausencia de oportunidades, lo que alimenta la frustración y el resentimiento.

Con respecto a la pesca, la debilidad de los dirigentes en la defensa del interés local es flagrante: no se capacita a los marineros, no se moderniza la estructura (industrias, frigoríficos, barcos de altamar…). Sin embargo, este sector mantiene al 15% de la población activa y a sus familias. En las negociaciones internacionales, las aguas territoriales y las zonas de pesca están mal defendidas por falta de medios suficientes.

El laxismo de las autoridades se traduce también en el urbanismo anárquico del archipiélago. La vivienda social construida después de la independencia está en un estado lamentable. En las colinas de Praia, pequeñas construcciones ilegales hechas de cualquier modo se amontonan, grises, algunas veces coloridas. Desbordaron las previsiones más pesimistas, dado que en la ciudad escasean las viviendas y los alquileres son caros. Esas construcciones al borde de los arroyos hacen temer desmoronamientos fatales en caso de fuertes precipitaciones. Sin contar el recrudecimiento de enfermedades respiratorias y de la piel provocadas por la argamasa.

Las autoridades organizan suntuosos simposios internacionales sobre derechos humanos o pobreza, de dudosa eficacia. Cabo Verde recibe regularmente testimonios de satisfacción de instituciones financieras internacionales. Cuando se interroga a los funcionarios del gobierno, ex militantes de la lucha por la independencia, acerca de la difícil situación social del país (44% de pobres, 47% de desocupados y subempleados), se escudan detrás de los alentadores informes del Banco Mundial: “¿No vieron los índices económicos?”.

Suprema esquizofrenia: cerca de la Biblioteca Nacional, en una gran plaza todavía en obras, se levanta una inmensa estatua en bronce de veinte toneladas de Amílcar Cabral… con los ojos rasgados. Se trata de un regalo de China, que lo representa vestido con una capa invernal, ¡como si fuera un comandante que atraviesa la estepa o la tundra!

“¡Basta de palabrería y de mesas redondas!”, exclamó en tono reprobatorio Paolino Livramento Evora, arzobispo de Praia. “¡Que las subvenciones vayan a los pobres y no al bolsillo de los que ya lo tienen todo! Se necesita una acción cierta y concreta a favor de los pobres y no de los amiguinhos (amigotes y pícaros )”. ¡Es curioso que una Iglesia más bien reaccionaria (que lucha contra las leyes que autorizan la contracepción y el aborto) pueda llamar al orden a un “partido de izquierda”!

Los libros de Amílcar Cabral desaparecieron de los estantes de las librerías, la melancolía y el resentimiento se hacen perceptibles. Lejos quedó el mensaje del revolucionario asesinado: “En primer lugar todo para el pueblo, en segundo lugar todo para el pueblo, en tercer lugar todo para el pueblo”. Para “el jefe” del movimiento cristiano de los Rabelados es un lema totalmente diferente el que anima a la clase dirigente: “todo para mí”. Se desarrolla una especie de espíritu de casta que atañe a todas las formaciones políticas: en el PAICV los camaradas no son más que amigos. Según Joselino Viera, abogado, “la idea de masa popular o de clase, cuyos intereses son defendidos por un partido, desapareció hace tiempo. Los partidos políticos están conformados por grupos privilegiados que comparten idénticos intereses económicos. En el poder, su orientación política es la misma”.

La trayectoria personal de algunos militantes es edificante. Desconcierta la de Antonio Lima, que en los años 1970 dirigía el “Kaoguiamo”, primer grupo de intervención cultural en Europa: cantaba la lucha de los pueblos de Guinea-Bissau y de Cabo Verde. Después de una brillante carrera diplomática, pasó a ser asesor del presidente Pires y parece estar satisfecho con los índices económicos oficiales. Asumiendo una total inversión de valores, Georges, también del “Kaoguiamo”, recordado por su boina “Cabral”, peinado afro, black panther, delgado y esbelto, baterista inveterado, divertido, se convirtió en una especie de Taras Bulba. Cadena al cuello, pulsera y anillo, negocia y circula en Toyota.

Asimismo, Abusa, la militante, la “perla negra” de la que hablaba Cabral, cambió mucho. Ante las preguntas su rostro se descompone, pequeños pliegues de amargura curvan la comisura de sus labios. Ofrece respuestas esquivas, temiendo perder su status “de ex combatiente” y la pensión que pronto se le otorgará. Mientras, se muestra encantada por las invitaciones a las ceremonias de la embajada de Portugal, donde se lamenta por “comer demasiado”. “Se dejó de lado a los ex combatientes y a Cabral se lo barrió debajo de la alfombra”, comenta con tristeza una empleada doméstica.

Después de la independencia, el PAICV se vació progresivamente de su savia. Militante ejemplar de la revolución, Pedro Martins, un joven valiente detenido por la policía política portuguesa en el campo de concentración de Tarrafal, reside hoy en Praia, donde abrió un estudio de arquitectura después de emigrar un tiempo a Estados Unidos. Cabellos negro azabache, frente despejada, ojos oscuros, cejas desgreñadas, habla en voz baja y grave. Mediante sutiles pinceladas, en pocas palabras, evoca sus “entusiasmos de joven revolucionario, las locas esperanzas de independencia”. Pero ya estaba programada “la separación de los resistentes caboverdianos del interior, a favor de los guerrilleros del PAIGC” venidos de Guinea, que lo ignoraban todo de la realidad de Cabo Verde. “Las fracturas internas abrieron el partido a todos los oportunistas, a todos los ambiciosos. Las persecuciones sectarias, el encarcelamiento de jóvenes y viejos militantes, las torturas sofocan el ímpetu revolucionario. Así también se destruye la dinámica”.

Desarrollo ficticio

Para todos los militantes de la primera hora la amargura es aun mayor si se considera que Cabo Verde es la ex colonia portuguesa que obtuvo los mejores resultados, comparándola por ejemplo con Guinea-Bissau, que integra el grupo de los países menos desarrollados (PMD). Pero las cifras oficiales ocultan escandalosas desigualdades sociales. Los esfuerzos de los primeros tiempos de la independencia fueron devastados por el cambio de dirección liberal de los años ’90 y por la corrupción. Cuenta “el jefe” rabelado: “Ya no vamos a la consulta médica porque carecemos del dinero necesario para pagar el viaje de ida y vuelta a Praia y, cuando vemos al médico, nos da una receta que no sirve para nada puesto que no podemos comprar los medicamentos. A menudo la gente no se cura ya que la receta queda en casa. Además, con frecuencia, los hospitales no tienen medicamentos”.

Cabo Verde se convirtió en una especie de teatro del desarrollo ficticio. El Producto Nacional Bruto (PNB) del país y la ayuda internacional pasan primero por las manos de una elite arrogante y segura de sí misma, mientras que el pueblo es acunado por proyectos quiméricos mal definidos que nunca se concretan. Por ejemplo, la construcción de un hospital en la parte alta de la capital carece de todo plan de financiamiento preciso y siempre se posterga. Para María Luisa, dentista, las autoridades “ni siquiera están al corriente de la situación sanitaria; en particular ignoran los riesgos vinculados al sida y dejan al personal médico sin recursos”. El colmo de la imprevisión es saber que nada está previsto para recibir y pagar a los 80 médicos que, en 2004, deben regresar de Cuba, donde fueron a capacitarse. “Pero no son los indicadores sociales los que preocupan al Banco Mundial”.

La elite sigue bajo la influencia de Portugal y de Estados Unidos, donde la diáspora es importante e influyente (enseñanza y televisión, asociaciones económicas dominantes, etc.). Los expertos estadounidenses sondean las aguas territoriales –que serían ricas en petróleo, pero oculto en lo profundo del subsuelo marítimo–2. “Un nuevo Golfo Pérsico para Estados Unidos, un corredor para el petróleo”, considera Manuel Delgado, asesor “de imagen” del presidente Pires y jefe de redacción del diario electrónico Paralelo 14. El sujeto se abstiene de mencionar las presiones de Washington, que redujo su ayuda alimentaria y devolvió a algunos presos de derecho común a las ya colmadas prisiones de Praia. Se limita a comentar plácidamente: “No se puede ir contra la corriente ‘de la política del Golfo’. Hay que saber nadar en la dirección correcta”, afirma.

  1. Junto con Guinea-Bissau, situada en el continente, Cabo Verde formaba parte de la Guinea portuguesa. Ambos territorios se independizaron separadamente (el 24 de septiembre de 1973 el primero y el 5 de julio de 1975 el segundo). El PAIGC, partido único, gobernaba los dos países. La ruptura se consumó cuando en 1980 “Nino” Vieira, prestigioso comandante de la resistencia, nombrado Primer Ministro, derrocó a Luis Cabral mediante un golpe de Estado.
  2. Jean-Christophe Servant, “Ofensiva sobre el oro negro africano”, Informe-Dipló, 10-1-03 (www.eldiplo.org).
Autor/es Tobias Engel
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 53 - Noviembre 2003
Páginas:26,27
Traducción Teresa Garufi
Temas Movimientos de Liberación, Colonialismo, Desarrollo, Neoliberalismo
Países Guinea