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Inestable Guinea-Bissau

El golpe de Estado del 14 de septiembre pasado en Guinea-Bissau es el resultado de un lento proceso de descomposición política y económica. Cuando se independizó en 1973 la nación africana parecía prometida a un hermoso futuro, pero hoy está clasificada entre los países menos desarrollados (PMD).

Durante los años ’70 el Partido Africano de la Independencia de Guinea-Bissau y de Cabo Verde (PAIGC) de Amílcar Cabral marcó profundamente la mentalidad de los pueblos de la subregión. Guinea-Bissau desafiaba a las potencias extranjeras y proponía otra visión del desarrollo, centrada en los intereses del pueblo y no en los de las potencias neocoloniales.

Todo se puso en marcha para quebrar este emprendimiento que constituía un ejemplo peligroso para los poderes existentes en los países limítrofes1. João Bernardo “Nino” Vieira –uno de los artesanos de la guerrilla por la independencia, ex Primer Ministro del presidente Luis Cabral– y su equipo fueron los artífices de esta destrucción programada. En 1980, Vieira expulsa a Luis Cabral (hermano de Amílcar) mediante un golpe de Estado y toma el poder bajo la aureola de sus antecedentes guerreros. El descubrimiento de un osario atribuido a los caboverdianos le permite atizar el odio de sus conciudadanos y asentar su autoridad.

Por ese entonces, “Nino” Vieira ya no es el militante armado de antes, sino un militar sublevado que impone su ley por la fuerza de las armas. Nacía un pequeño Bonaparte a la par que un Borgia. En 1998 “Nino” Vieira llegará a desencadenar una guerra civil para escapar de la investigación realizada por el PAIGC, que lo cuestiona por suministrar armas a la rebelión de Casamance (sur de Senegal)2. “‘Nino’ Vieira construyó su poder sobre el miedo –dice Antonio, ex militante del PAIGC–. Por esa razón sólo pocos se atrevieron a actuar… En cuanto eras acusado de algo no sabías si ibas a volver vivo. Si te atrapaban eras torturado y aunque regresaras, no era evidente. Muchos quedaron inválidos o locos para siempre”.

Sin embargo, la independencia había comenzado bajo los mejores auspicios. La diáspora de Guinea-Bissau regresó en forma masiva al país. Hubo gente que lo hizo espontáneamente, cirujanos, profesores universitarios, ingenieros. Dejaron todo para venir a ayudar. Se creó un sistema de acceso escolar para todos. Los libros eran gratuitos. Las escuelas disponían de un número suficiente de profesores. A los veintidós años, Antonio era director de escuela: “Provocamos una mayor participación de mujeres jóvenes en la escuela. Mientras que antes el calendario escolar estaba calcado sobre el portugués, adoptamos uno que beneficiaba al mundo rural. Pero cuando esto se estaba poniendo en marcha, ‘Nino’ Vieira desencadenó el golpe de Estado de 1980 y todo volvió para atrás”.

Desde entonces, el país se orientó hacia una economía liberal, reforzada en 1991 por la derogación del artículo 4 de la Constitución, que sustrae al partido de la dirección de la sociedad. Los recortes presupuestarios se hicieron a costa del sector social y de la educación. Todos los esfuerzos emprendidos para establecer una política coherente e innovaciones pedagógicas, fueron aniquilados. “Desde la óptica del Banco Mundial y del FMI, la educación no podía seguir en esas condiciones. Todo eso para llegar una supuesta estabilidad financiera que nunca se logró”, comentan Antonio y María, ella también ex militante del PAIGC.

Una anécdota resume la desorganización y el amateurismo de las autoridades. En 1987 el Ministerio de Recursos Naturales presentó una curiosa propuesta a los geólogos locales: se trataba de analizar el suelo. En realidad, el Ministerio había firmado un contrato de 260 millones de dólares con una empresa francesa para almacenar desechos en una de las islas de Guinea-Bissau. “Puesto que recibimos productos manufacturados, era normal que aceptáramos un intercambio de este tipo, sostenía ‘Nino’ Vieira”.

Una semana después el mundo entero estaba informado: un voluntario francés había revelado el secreto. En ese entonces Vieira estaba participando en Lagos en una reunión de la Organización de la Unidad Africana (OUA). Puesto contra la pared y ridiculizado, tuvo que renunciar al proyecto.

En mayo de 1999 Vieira fue depuesto por el general Ansumane Mane y se exilió en Gambia. Francia y Portugal protegieron su fuga. En noviembre de 2000 el propio Ansumane Mane fue asesinado por un intento de golpe de Estado. Su sucesor, Coumba Yala, se mostró incapaz de administrar el país, que se hundió en la miseria y la desorganización. Depuesto por un golpe de Estado el 14 de septiembre pasado, cumple arresto domiciliario. Los sublevados informaron a la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO) su intención de organizar elecciones libres en los próximos meses. Establecieron un gobierno provisional dirigido por un civil –Artur Sanha– e intentan asociar a la sociedad civil al proceso de transición.

  1. Itsvan Felkaï, “Tenir la promesse faite aux paysans”, Le Monde diplomatique, París, abril de 1983.
  2. Jean-Claude Marut, “Ligne dure face à la Casamance”, Le Monde diplomatique, París, octubre de 1998.
Autor/es Tobias Engel
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 53 - Noviembre 2003
Páginas:27
Traducción Teresa Garufi
Temas Movimientos de Liberación, Colonialismo, Desarrollo, Mundialización (Economía), Neoliberalismo
Países Guinea