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Recuadros:

La otra cara de Santiago del Estero

La provincia de Santiago del Estero evoca un territorio mágico donde pueden ocurrir los más increíbles sucesos. Tierra de leyendas y noticias inverosímiles, esconde no obstante una satrapía, la dilapidación de recursos a través del uso prebendario del Estado, la censura sobre la prensa y el arte, asesinatos impunes y la participación de personas cercanas al poder provincial en todo tipo de delitos. Hoy, a causa de un horrendo crimen en el que estarían implicados personajes del poder, por fin está tomando estado público la cara real de Santiago.

Mucho antes del eterno reinado de Carlos Juárez1 y de las migraciones masivas, Santiago tuvo un pasado de hidalgos y pioneros. Fundada en 1553, fue el primer asentamiento permanente de lo que luego sería la República Argentina. Se la llama “Madre de Ciudades”, por haber sido el centro de irradiación de la colonización española hacia Córdoba, Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca y La Rioja.

Estas ciudades conformaron un espacio socioeconómico ligado al complejo minero de Potosí en el Alto Perú, por ese entonces –siglos XVI y XVII– una de las áreas más pobladas y dinámicas del mundo. En este espacio, Santiago tuvo el papel de proteger la frontera oriental frente a los indios del Chaco, y de cultivar algodón y elaborar tejidos conocidos como “ropa del Tucumán”, primer antecedente de exportación manufacturada nacional. La fecha de salida inaugural de estos productos hacia Brasil, un 2 de septiembre de 1587, conmemora hoy el Día de la Industria Argentina.

Doscientos años después, cuando Potosí había perdido buena parte de su dinámica, Santiago ingresó en una prolongada decadencia, a partir de dos hechos: a) fue escenario, junto a lo que hoy se conoce como NOA (Noroeste argentino), de las campañas militares de la independencia y de los periódicos alzamientos de la posterior guerra civil, que preludió la organización institucional de la República y; b) sufrió la desvinculación de sus mercados tradicionales luego de la independencia de Bolivia, sin poder ingresar en los mercados del Plata, inundados de mercancías europeas a partir de las políticas librecambistas de Buenos Aires.

Con el triunfo de Buenos Aires en la guerra civil termina de imponerse un modelo de acumulación con base en la integración al mercado mundial alrededor de la renta agraria pampeana, escenario en el que las provincias de lo que había sido el área más poblada del Virreinato pasan a tener un papel subordinado.

Queda constituido así un sistema caracterizado por la existencia de dos tipos de territorios. Por un lado, un ámbito de veloz modernización, crecimiento y progreso socioeconómico, con epicentro en Buenos Aires. Por otro, un territorio periférico, que va quedando rezagado, donde se fortalecen elementos tradicionales y semifeudales desde lo económico, social y político.

Condenado a la miseria

Pero no todas las áreas rezagadas tuvieron igual suerte; el de Santiago del Estero fue, tal vez, uno de los peores destinos, debido a que su especialización económica estuvo relacionada con la depredación forestal: desde fines del siglo XIX hasta mediados del XX, más de nueve millones de hectáreas y ciento cincuenta millones de quebrachos colorados fueron destruidos. Esta enorme riqueza natural, de cuyo producto sólo quedaban en la provincia los miserables salarios del obraje, quedó transformada en campos improductivos.

La ecuación primaria (explotación forestal/latifundio/trazado ferroviario/obraje) tuvo como punto de partida la mayor venta en bloque de tierras fiscales que se haya hecho en Argentina. Entre 1898 y 1903 cuatro millones de hectáreas de monte chaqueño fueron vendidos a 48 compradores, al precio vil de 0,23 pesos la hectárea, cuando un durmiente de quebracho costaba 1,65 pesos. Tornquinst es el símbolo de un gran latifundio forestal, dueño de más de 800.000 hectáreas en las que trabajaban 5.000 hacheros y donde en un solo día de 1913 se cargaron 400.000 durmientes de quebracho colorado2.

Esta forma de “producción” condenó al campo santiagueño a la miseria, destruyendo poblaciones tradicionales y dando pie a un fenómeno migratorio de proporciones, que hizo que Santiago del Estero pasara de tener el 10% de la población del país en ocasión del primer censo nacional en el año 1869 (3ª jurisdicción, después de Buenos Aires y Córdoba), a tener en el año 2001 sólo poco más del 2% de los habitantes del país y ser la 12ª jurisdicción en términos de población.

La lógica de dos áreas en un país también tuvo su correlato en el ámbito político. El peronismo, por ejemplo: mientras que en las zonas más desarrolladas del país tuvo una composición principalmente obrera que se correspondía con la imagen de un partido laborista en cualquier sociedad industrial, en las zonas periféricas asumió un carácter movilizador y policlasista, propio de los partidos populistas de las sociedades tradicionales y poco industrializadas. Una muestra emblemática de este hecho es que durante el primer gobierno peronista (1945-55), en Santiago no varió un ápice la política forestal, sobre todo en lo referido a la entrega de los bosques. En virtud de los desencuentros entre el general Perón y Orestes Di Lullo –jefe del naciente peronismo provincial, que torpemente pretende ponerle límites al líder del partido– surge la figura de un joven que llegaría a gobernador en 1949: Carlos Juárez3.

Apoyado por las generosas partidas que el gobierno nacional envió a la provincia, Juárez realizó un vasto plan de obras públicas. Es en esa etapa que establece un fuerte lazo con los sectores humildes (un fenómeno que el peronismo repite en casi todo el país), particularmente sólido en el caso de los habitantes rurales y periurbanos, que aun hoy siguen siendo su principal base de sustentación.

En el corto interregno constitucional de 1973 y en la recuperación democrática de 1983, Juárez reafirma su liderazgo al ser electo gobernador. En 1987, puesto que la Constitución provincial no permitía la reelección, bendice a César Iturre como su sucesor. El principal atributo del delfín, según cuenta la picaresca local, era ser el favorito de Nina, esposa del caudillo y actual gobernadora provincial.

Como suele ocurrir en estos casos, los cuatros años de la gobernación de Iturre fueron un largo intento de mandar a retiro definitivo al viejo caudillo, y aunque logró evitar su regreso e imponer como sucesor en 1991 a Carlos Mujica, la crisis fiscal del Estado provincial en el marco de una serie de situaciones que empalidecen a Macondo, detonaron el recordado “santiagazo”4. La inyección de cuantiosos fondos nacionales –la pueblada había estremecido a todo el país– permite superar la crisis; el atajo más directo que encuentra la intervención federal para reconstruir la gobernabilidad y mantener la provincia bajo el signo justicialista, es permitir el regreso de Juárez a la gobernación.

Para demostrar que su estilo no había cambiado un ápice, Juárez produce, uno tras otro, una serie de hechos asombrosos. El más espectacular: hacia mediados del 2002, luego de la pueblada que había provocado la caída del gobierno de Fernando de la Rúa y en medio de una crisis que amenazaba con hacer estallar el país, declara la “emergencia política” dando por concluidos todos los mandatos provinciales y llamando a una Asamblea Constituyente. De esta manera, en pleno apogeo del “que se vayan todos”, desplaza a todos los funcionarios provinciales… y hace reelegir a 32 de los 35 diputados; pone a su esposa como candidata a vicegobernadora y reforma en tiempo récord la Constitución provincial (la Constituyente dio por terminadas sus sesiones ¡en dos horas!), aprobando una nueva Carta Magna que recorta el poder tanto de los municipios como de los otros poderes del Estado. Por esa época, la Legislatura Provincial distinguió al “Tata” y a “Nina” (apodos de Juárez y su esposa) como “Protectores Ilustres del Pueblo” y “Ciudadanos Beneméritos”. García Márquez, como él mismo dice, no inventó nada…

¿Qué condiciones estructurales permiten el interminable liderazgo de Juárez, paralelo al continuo empobrecimiento provincial? En términos generales, los de toda periferia: bajo desarrollo económico, situación de enclave de los emprendimientos más dinámicos, pobreza e indigencia de amplias porciones de la población. Para buena parte de los santiagueños el Estado provincial (empleo público, vivienda, alimentación, planes Jefas y Jefes de Hogar, etc.) es la única posibilidad de acceso a bienes básicos.

Y una peculiaridad: el porcentaje de población rural en la provincia (35% del total) es el mayor del país. Este no es un dato trivial, ya que Juárez nunca pudo poner un intendente de su color político en la capital provincial, y en la segunda ciudad (La Banda) triunfaron en muchas oportunidades fuerzas opositoras. Un último dato que agrega complejidad al tema: en las últimas elecciones presidenciales Juárez apoyó al actual presidente Kirchner, quien obtuvo el segundo lugar detrás de Menem en la primera vuelta. El referente del ex presidente en la provincia es José “Pepe” Figueroa5, quien fuera Secretario de Desarrollo Social de la Nación y cuyos antecedentes no difieren demasiado de los del caudillo.

Las posibilidades de cambio

Pero de pronto los ciudadanos santiagueños parecen haber dicho basta. Los cuerpos de Leyla Nazar y Patricia Villalba, brutalmente asesinadas al cabo de lo que –según los datos reunidos hasta ahora– habría sido una orgía con participación de miembros del poder provincial, detonaron una protesta cada vez más masiva, que hizo estériles los intentos por dejar en la nada las investigaciones del caso. A partir de allí, la movilización popular fue destrabando una a una las estratagemas del oficialismo para mostrarse ajeno al crimen, forzando la caída de muchos intocables provinciales en un proceso que aún no termina6.

Santiago del Estero enfrenta el desafío de acabar con su agobiante retraso socioeconómico, el manejo clientelar de la política y la personalización de la justicia, factores que abren la puerta al atropello y al poder sin límite.

Más allá de las cualidades morales de los implicados, este sistema se reproduce porque es funcional a muchos sectores. A los poderosos de las provincias, porque pueden seguir quedándose con la parte del león del gasto provincial, principal renta de las jurisdicciones pobres, y a los políticos nacionales, porque crecen políticamente aliándose con personajes como Juárez.

La solución sólo será posible si se supera el esquema juarista, caracterizado por: a) su capacidad de negociación en el nivel nacional basada en su férreo manejo de los atributos provinciales (senadores, diputados, interna política) a favor o en contra de los gobiernos centrales y; b) su habilidad para asignar los recursos de origen nacional a una base política muy permeable a la dádiva clientelar: la población pauperizada del campo y de los pequeños pueblos de Santiago.

Esta forma de asignar los fondos del Estado asfixia el desarrollo de la economía local, ya que implica realizar de manera deficiente las tareas básicas a su cargo, a la vez que impulsa a los sectores económicos más dinámicos a funcionar como enclave, desbaratando la posibilidad de transferir su impacto virtuoso sobre el conjunto del aparato productivo provincial.

En el plano económico, se presenta ahora un problema cuya resolución es urgente si no se quiere repetir experiencias históricas negativas y consolidar, si cabe, el atraso de la provincia. Los datos del último censo agropecuario muestran la incorporación del Este santiagueño al área sembrada con soja. La intervención provincial es imprescindible para evitar que, como ocurrió con el quebracho, se construya un patrón productivo basado en enclaves latifundistas que presionen sobre la tenencia de la tierra, profundizando los problemas que ya denuncian los movimientos campesinos7.

Desterrar el juarismo implica un cambio sustancial en la sociedad santiagueña a partir de construir una modalidad democrática de relación entre la base social y la conducción política. Esto supone una mayor participación de los actores sociales, políticos, sindicales, productivos, etc., en la reformulación del Estado como mediador social, redistribuidor de excedentes y motor del desarrollo. La crisis tiene un carácter social y político; en su base se encuentra la reacción popular al alojamiento crónico de un sector político que ha usado al Estado como medio de enriquecimiento y acumulación de poder sin límites.

En el marco de un continuo deterioro de la calidad de las instituciones de la democracia, que tiene dentro de sus indicadores más terribles la existencia de denuncias sobre asesinatos, torturas y violaciones a los derechos civiles y políticos, dos símbolos opuestos representan este reto: Mussa Azar, hombre fuerte de la seguridad provincial denunciado como parte del sistema represor de la dictadura8 y las Madres del Dolor, que desde hace más de un lustro son expresión de la lucha por los derechos humanos y la dignidad de todo un pueblo.

  1. Carlos Juárez fue electo gobernador por primera vez en 1949 y volvió a serlo en 1973, 1983, 1995 y 1999. El juarismo tiene supremacía electoral… ¡desde hace más de medio siglo!
  2. Eduardo Bitlloch y Horacio A. Sormani (1997) “Los enclaves forestales de la región Chaqueño-Misionera”, Revista Ciencia Hoy, Vol. 7, Nº 37, Buenos Aires; y Raeul Dargoltz, El Santigueñazo. Gestación y crónica de una pueblada Argentina, Despertador Ediciones, Buenos Aires.
  3. Pablo Tasso, “Todos somos el Santiago de Juárez”, Acibulper, Santiago del Estero, 2003.
  4. Hacia fines del año 1993, el retraso en el pago de los sueldos de la Administración Pública habían llevado a una parálisis total a la economía provincial y a una situación de continuas movilizaciones. El 16 de diciembre de ese año se desencadena el llamado “santiagazo”, cuando la Casa de Gobierno, Tribunales y Legislatura fueron quemados y saqueados por los manifestantes ante la pasividad de la policía local. Al día siguiente, el gobierno nacional dispuso la intervención federal de la provincia. Una descripción completa del “santiagazo” o “santiagueñazo” puede verse en Dargoltz, op. cit.
  5. Durante la campaña electoral, una patota que bajó de un camión de Vialidad Provincial incendió la casa de Figueroa. Ver “Destrozan la casa de un diputado menemista”, Clarín, Buenos Aires, 18-07-02.
  6. Mientras se escribía este artículo, a finales de agosto, se produjo la renuncia del presidente del Superior Tribunal de Justicia, Ernesto Kozameh.
  7. Camilo Ratti y Guillermo Posada, “La tierra es nuestra. Movimiento campesino de Santiago del Estero (MOCASE)”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2000.
  8. CONADEP (1984), Nunca Más, Eudeba, Buenos Aires (página 34, Torturas a Teresita Hazurun - Legajo Nº 1127).

Artículos anteriores

-La tierra es nuestra: Movimiento campesino de Santiago del Estero (Mocase), por Camilo Ratti y Guillermo Posada (julio de 2000).

Dossier La crisis del interior argentino (agosto de 2000).

Destrucción de las economías provinciales, por Alejandro B. Rofman.

Las satrapías de siempre, por Roxana Rubins y Horacio Cao.

Corrientes, después del Aguante en la plaza, por Marta Vassallo.

-El nuevo Senado, igual al viejo, por Josefina Vaca y Horacio Cao (noviembre de 2001).

-¿Peligra la identidad territorial?, por Josefina Vaca y Horacio Cao (marzo de 2002).

-El ilusorio federalismo argentino, por Daniel Muchnik (abril de 2003).

-El poder de los gobernadores, por Josefina Vaca y Horacio Cao (abril de 2003).


Autor/es Horacio Cao, Josefina Vaca
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 51 - Septiembre 2003
Temas Corrupción, Desarrollo, Estado (Política), Políticas Locales
Países Argentina