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El algodón africano, víctima de la dominación Norte-Sur

Los precios del algodón, sobre los que reposan las economías de una decena de países africanos, están en caída libre. Además, el sector –hasta ahora beneficiario– se encuentra desorganizado por las privatizaciones impuestas por los financistas. Éstos últimos prohiben todo apoyo a esta economía quebrada, mientras que los agricultores del Norte, subvencionados, contribuyen a la sobreproducción mundial.

Esta vez está decidido: la Compañía Textil de Malí (CMDT) será privatizada antes de que termine el año 2003. Esta sociedad administra el 95% del algodón cosechado en Malí1, segundo productor africano después de Egipto. Se trata entonces de una etapa importante de un proceso emprendido en toda África Occidental bajo la presión del Banco Mundial. Sin embargo, el ejemplo de Benín, presentado como un laboratorio de las reformas en la cadena productiva del algodón del África francófona, no parece alentador. Desde 1994 se fueron admitiendo progresivamente ocho plantas privadas al lado de las diez plantas de la sociedad algodonera, la Sociedad Nacional para la Promoción Agrícola (Sonapra). Pero el crecimiento de la producción previsto tardó en llegar: en 2002-2003 los productores de Benín sólo cultivaron 320.000 ha. de algodón en lugar de las 400.000 previstas al inicio de la campaña. Así, la producción cayó un 23%: de 415.000 toneladas en 2001-2002 a 320.000 toneladas.

El algodón constituye un recurso vital para la mayoría de los países de la región: en Benín representa el 75% de los ingresos por exportaciones; en Mali “sólo” la mitad de los recursos en divisas; en Burkina Faso, otro gran productor, representa el 60% de los ingresos por exportaciones y más de un tercio del Producto Interno Bruto (PIB). En Chad es el primer producto de exportación. Pero además de las divisas que suministra, el algodón ofrece múltiples beneficios. El aceite que se obtiene a partir de las semillas es una parte esencial del consumo de aceite alimenticio en Malí, Chad, Burkina Faso y Togo, y una proporción importante en Costa de Marfil y Camerún. Para no hablar de los subproductos del algodón para la alimentación del ganado.

Antes de su privatización, las sociedades algodoneras nacionales entregaban la totalidad de su producción (con excepción de las semillas) a las plantas locales. La cadena productiva le garantizaba a los agricultores la colocación de su cosecha –a cambio de comprarle los insumos a esas sociedades cuasi monopólicas– y alimentaba fábricas de transformación primaria, especialmente fábricas de aceite2. Pero con la privatización, especialmente la del desgrane desde mediados de los años 1990, las plantas privadas de desgranado ya no se sienten obligadas a entregar su producción de semillas a las aceiteras locales, que disminuyen su producción.

Así es como la crisis de la vaca loca tuvo consecuencias indirectas en África. En efecto, la prohibición de utilizar harinas animales para la alimentación de los bovinos provocó en Europa una fuerte demanda de tortas o pellets, productos sustitutos de las harinas cárnicas. Como la semilla de algodón se utiliza en esta producción, los fabricantes se dirigieron a África, ofreciendo precios superiores a los del mercado local. Como resultado, la exportación priva a las aceiteras locales de semillas de algodón.

“La mayoría de las plantas africanas de fabricación de aceite de algodón funcionan al 25% o al 30% de su capacidad porque no disponen de semillas para moler”, se quejaba, hace un año, Saliou Alimi Ichola, secretario general de la Asociación de Industriales del Bloque Oleaginoso de la Unión Económica y Monetaria de África Occidental (AIFO-Uemoa). Yves Lambelin, presidente del grupo marfileño Sifca, lo confirma: “Los molinos de semillas de algodón en Malí, Burkina Faso, Togo y Benín han tenido que reducir sus precios de venta en un 25%, aunque sus costos siguen siendo idénticos”. Los países costeros son los más directamente expuestos a la salida masiva de las semillas de algodón, que se exportan a Europa sin derechos aduaneros.

La crisis del algodón en África Occidental –que afecta dramáticamente a dos millones de pequeños productores en los once países involucrados en la zona del franco3, a los cuales se agregan varios millones de otras personas cuyos ingresos están vinculados a esta actividad– proviene también de la caída en la cotización del algodón en el mercado internacional. Iniciado en 1997, con un paréntesis hacia fines de 2000, este decrecimiento se transformó en 2001 en caída libre. El índice Cotlook A, barómetro de las cotizaciones internacionales, ha pasado de 64,95 centavos la libra a 36,65 centavos hacia mediados de octubre último, un piso nunca alcanzado desde la campaña de 1973-1974. Ahora bien, una fuerte baja de las cotizaciones mundiales puede traer consigo un lucro cesante importante para los países muy dependientes: por ejemplo, 28.600 millones de francos CFA (Comunidad Financiera Africana) (49.150 millones de dólares) para Benín; y 40.000 millones de francos CFA (68.760 millones de dólares) en 2002 para Burkina Faso.

Desde octubre de 2002, el índice oscila alrededor de 55 centavos la libra. Pero los países productores no deben alegrarse pronto. Esa suba es provocada por la fuerte disminución de la cosecha china, debida, a su vez, según el Comité Consultivo Internacional sobre el Algodón (CCIC), a factores reversibles: reducción de las superficies sembradas a causa del precio demasiado bajo y de condiciones climáticas desfavorables (sequía, especialmente). “China –agrega William Dunavant, principal intermediario algodonero del mundo– ha producido menos y comprado más que los años anteriores, lo que explica en parte el alza”4.

“Paradojas” del mercado

Sin embargo, no es tanto el precio lo que molesta a los productores de algodón en África, porque al tener costos de producción más bajos deberían verse favorecidos. En efecto, según la lógica del mercado, son los exportadores de la Unión Europea (Grecia sobre todo) y Estados Unidos los que deberían reducir su oferta, ya que sus costos son más elevados. Pero el mercado del algodón vive una paradoja: la oferta no disminuye a pesar del precio bajo, y los stocks mundiales de fibra de algodón son muy abundantes.

A contrapelo de cualquier lógica económica y de las previsiones de los expertos, la caída de las cotizaciones no ha logrado por el momento reactivar la demanda ni frenar la producción mundial. Los principales exportadores son Estados Unidos, la zona francófona africana, Egipto, Uzbekistán y Australia; los importadores son, en primer lugar, los países del Sudeste Asiático. China, que produce y consume por sí sola el 25% de la producción mundial, es a veces comprador y a veces vendedor, según la suerte de sus cosechas.

La explicación reside para muchos en los subsidios que otorgan la Unión Europea y Estados Unidos a sus productores, que les permiten producir a un costo muy inferior al real. Esta es, en todo caso, la opinión de los países que constituyeron el 19 de setiembre de 2002 la Asociación Algodonera Africana (ACA, en francés), cuyo propósito es la defensa de toda la cadena productiva del algodón por medio de la solidaridad entre los países productores de la región. Para éstos, el mercado mundial de algodón sufre hoy “disfunciones” y “prácticas desleales”; una alusión a los subsidios acordados por Estados Unidos y Europa a sus propios plantadores de algodón. Según Ibrahim Maloum, presidente del ACA, “la producción algodonera africana goza de numerosas ventajas comparativas. África no pide un tratamiento excepcional, sino, por el contrario, que todos respeten las reglas de la Organización Mundial del Comercio”.

Ya en noviembre de 2001, las organizaciones campesinas de los tres principales países productores de algodón del África Occidental (Malí, Benín y Burkina Faso), a los que se sumó una organización regional malgache, habían lanzado una alarma explícita: “Estos subsidios tienen efectos perversos en las economías de nuestros países, pues estimulan artificialmente la producción mundial, provocando una superproducción y, por lo tanto, la caída de las cotizaciones. Los subsidios de que gozan los agricultores de la Unión Europea y Estados Unidos les permiten resistir mejor esas caídas de los precios”.

Estados Unidos ha otorgado a sus productores 3.700 millones de dólares el último año. Los otros subsidios en la mira son los que otorgan Europa (700 millones de dólares), China (1.200 millones de dólares en 2001-2002), España, Grecia, Turquía, Brasil, México y Egipto. Ningún Estado africano tiene los medios para sostener a sus propios productores como lo hacen Estados Unidos y Europa. Por otro lado, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial se lo prohiben.

Es también el análisis que hace Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía: “Con tales subsidios (4.000 millones de dólares anuales), los granjeros estadounidenses se ven tentados a producir cantidades enormes de algodón, provocando una caída considerable de los precios. (…) Las ventajas para nuestros granjeros se logran pagando el precio de un agravamiento de la pobreza”5. Un estudio del Banco Mundial6 le da parcialmente la razón; pero, por cierto, recomienda como respuesta una liberalización creciente. La OMC deberá ocuparse de la cuestión durante la conferencia de Cancún de este mes (véase, págs. 24-25). En efecto, aunque sólo Benín se ha unido a la queja formal planteada por Brasil contra esos subsidios, otros tres países africanos (Burkina Faso, Malí y Chad) van a exigir oficialmente su desmantelamiento.

En el banquillo de los acusados, Europa respondió a través del comisario para el Comercio, Pascal Lamy7, quien señala que el viejo continente no produce más que el 2% del algodón mundial, lo que lo torna muy poco influyente sobre las cotizaciones; el Comité Consultivo Internacional sobre el Algodón (CCIC) argumenta sobre este punto en el mismo sentido. El comisario recuerda, por otro lado, que el algodón de los países africanos que participan en el Programa Mundial Alimentario (PMA) entra a la Unión Europea sin pagar derechos aduaneros, y que Europa importa una gran cantidad de productos textiles. Lamy no precisa, sin embargo, cuál es la posición que la Unión Europea va a defender en las negociaciones de la OMC.

Por su lado Franz Fischler, el comisario europeo encargado de la agricultura, se dirigió a los agricultores griegos hacia fines de septiembre de 2002 para tranquilizarlos: “El nivel de los gastos agrícolas a nivel europeo se mantendrá sin cambios”. En una declaración titulada “Algunas ideas simples para la agricultura europea” (23-9-02), siete de los quince ministros europeos de Agricultura, entre los cuales estaba el francés Hervé Gaymard, afirmaron sin ver allí ninguna contradicción que “los agricultores de muchos países (del tercer mundo), en particular de África, tienen la intención de garantizar, antes que ninguna otra cosa, la autosuficiencia alimentaria. Autosuficiencia gravemente perjudicada por la destrucción de los cultivos tradicionales, que provoca un aumento importante de las importaciones, incrementando así el endeudamiento de esos Estados”. Según estos ministros, los subsidios europeos no tendrían entonces ninguna relación con las dificultades de los agricultores africanos, olvidando que, de facto, la agricultura de los países del Sur se ha orientado hacia la exportación, con frecuencia bajo la presión de los países industrializados.

  1. En sus zonas de influencia, la CMDT tiene el monopolio de compra de la semilla de algodón, de la venta de los principales insumos y del desgranado.
  2. Edmond Jouve: “Une filière qui a fait ses preuves” y Sami Naïr, “Sortir le continent de la marginalisation”, Le Monde diplomatique, París, suplemento “Le coton, atout de l’Afrique rurale”, mayo de 1999.
  3. Senegal, Guinea-Bissau, Costa de Marfil, Burkina Faso, Malí, Níger, Benín, Togo, Chad, República Centroafricana y Camerún.
  4. www.deltafarmpress.com, 7-1-03.
  5. Joseph Stiglitz, discurso de aceptación del doctorado honoris causa en la Universidad de Louvain-la-Neuve, 3-2-03.
  6. 6 Ousmane Badiane et. al.: “Evolution des filières cotonnières en Afrique de l’Ouest et du Centre ”, julio 2002 (véase http://www.banquemondiale.org).
  7. Carta del 31-5-02: http://europa.eu.int/comm/trade/goods/textile/cotton_lamy.htm
Autor/es André Linard
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 51 - Septiembre 2003
Páginas:28
Traducción Lucía Vera
Temas Agricultura, Desarrollo, Estado (Política), Políticas Locales, Medioambiente