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Autonomía alimentaria para todos

Gran exportador de alimentos producidos a costos muy competitivos en el mercado mundial, Argentina tiene interés en que la Unión Europea y Estados Unidos eliminen los importantes subsidios a sus productores. Pero los autores sostienen que el problema es más complejo y que la eliminación de subsidios no necesariamente favorecería al país, sino sólo a las grandes compañías.

En varios países, incluyendo Argentina, la crítica a los subsidios otorgados por los países centrales a sus agricultores constituye un foco de debate interno. Argentina, Uruguay, Australia, Nueva Zelanda, Uruguay y Estados Unidos, exportadores netos de productos agropecuarios a la economía mundial, forman parte del Grupo Cairns, principal opositor al mantenimiento de los subsidios en las rondas de la OMC. Por supuesto, las principales organizaciones corporativas del sector agropecuario nacional –Sociedad Rural Argentina, Confederaciones Rurales Argentinas e incluso la Federación Agraria Argentina– apoyan esta posición oficial.

En este sentido, tanto el gobierno como las principales organizaciones sectoriales han sostenido la necesidad de reducir los subsidios a escala mundial, suponiendo que con ello se logrará un mayor bienestar local. A esta propuesta también se han sumado algunos sectores progresistas, planteando la cuestión en términos de una dicotomía Norte-Sur.

¿Hasta qué punto es todo esto cierto? ¿En qué medida se favorecería el agro si se liberalizara plenamente el comercio internacional de productos agropecuarios y se redujeran los subsidios otorgados por los gobiernos de los países centrales a sus sectores agropecuarios? ¿Mejorarían los medianos y pequeños productores agropecuarios que ahora desaparecen; los consumidores; la población con carencias alimentarias? ¿Cuánto lograríamos en materia de soberanía alimentaria? ¿Acabarían las muertes de niños por hambre?

Una liberalización plena contribuiría a un superávit comercial, tendiente a aliviar el pago de la deuda externa. También podría contribuir a que los exportadores argentinos de cereales dejaran de pagar los “antipáticos” impuestos que tanto les molestan1.

En términos generales, éstos son los intereses económicos que se mueven tras la posición argentina. Pero es necesario también saber quiénes se favorecen en los países desarrollados con el mantenimiento de los subsidios. El deseo francés de “una agricultura con agricultores”, así como la necesidad de sostener a los campesinos y farmers en las zonas rurales, forman parte de los fundamentos de estas políticas. Asimismo, asegurar la seguridad y soberanía alimentaria nacional o regional es prioritario. Hace mucho que estos Estados aprendieron que los alimentos forman una de las tantas caras del poder. Pero hay más. Las políticas de subsidios permiten a las grandes corporaciones asentadas en el Norte desarrollar todo tipo de prácticas comerciales para inundar países con alimentos muchos más baratos que los producidos internamente y desplazar zonas de producción, sectores campesinos, pequeñas agroindustrias. Por todo ello, debemos formular también la “otra pregunta” en relación con el Norte.

La aceitada maquinaria de algunos países del Norte defiende, básicamente, los intereses de sus firmas agroalimentarias globalizadas escudándose, muchas veces, en discursos sobre los intereses de campesinos y consumidores y la defensa del medio ambiente. Sin embargo, no apoyan la liberalización total.

Para Argentina, el triunfo de la posición del Grupo Cairns no sólo no modificaría el modelo productivista-exportador, basado en las semillas transgénicas, depredador de la diversidad biológica y cultural, sino que lo profundizaría. Seguramente, los cerealeros exportadores dejarían de pagar impuestos a las retenciones, dada su mayor contribución al valor de las exportaciones, por lo que no deberíamos esperar una reducción del hambre y de la pobreza, por lo menos por el lado del gasto social.

Vía Campesina, la organización internacional que nuclea a los intereses de la agricultura familiar y de los consumidores de alimentos, propone luchar contra los subsidios a las exportaciones y a los que estimulan una agricultura intensiva, así como sostener el derecho de cada pueblo a generar políticas tendientes a la soberanía y seguridad alimentaria. Desde esta posición se supera la falsa disyuntiva Norte-Sur y se aporta a la construcción de un nuevo espacio progresista mundial. Para Argentina, que desea una transformación en tal sentido, esta vía permitiría superar la trampa de los grandes grupos económicos transnacionales y de los grandes terratenientes que suelen convencer a muchos de que sus intereses particulares, constituyen “el interés nacional”.

  1. Véase “Un nuevo ataque al agro”, solicitada de grupos agroindustriales, en contra de la media sanción de la Cámara de Diputados a una modificación en el régimen de cálculo de la base tributaria del impuesto a las ganancias, Página/12, Buenos Aires, 21-8-03. También, Susana Díaz, “Todos unidos y mezclados”, Suplemento Cash, Página/12, 24-8-03.
Autor/es Norma Giarracca, Miguel Teubal
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 51 - Septiembre 2003
Páginas:29
Temas Agricultura, Desarrollo, Neoliberalismo, Estado (Política), Políticas Locales