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Morir trabajando

Los movimientos de huelga y las movilizaciones que han sacudido a Francia a finales de mayo pasado tienen razón de ser. Un Informe de la Organización Internacional del Trabajo de abril de 2003 sobre seguridad revela que anualmente 270 millones de asalariados son víctimas de accidentes de trabajo, y que más de 2 millones de personas mueren anualmente en su puesto laboral. Cifras que permiten dimensionar la gravedad de las reformas al sistema de jubilaciones, realizadas sistemáticamente en detrimento de los intereses de los asalariados.

Los grandes medios de comunicación hicieron pasar casi desapercibido un importante documento: el informe publicado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que denuncia que cada año 270 millones de asalariados son víctimas de accidentes de trabajo y 160 millones contraen enfermedades profesionales en el mundo1. El estudio revela que la cantidad de trabajadores muertos ejerciendo su oficio supera los dos millones por año… De manera que el trabajo mata a 5.000 personas por día. “Y estas cifras, señala el informe, están por debajo de la realidad”2.

Según la Caja Nacional de Seguro Médico (CNAM), el trabajo mata anualmente en Francia a 780 asalariados (más de dos por día). También en este caso “las cifras están subestimadas”. Y hay alrededor de 1.350 millones de accidentes de trabajo3, lo que corresponde a 3.700 víctimas diarias, es decir, por jornada de ocho horas, a 8 heridos por minuto…

Los defensores del pueblo llamaban antes “el impuesto de sangre”4 a este sufrimiento silencioso, a este canon destinado al crecimiento y la competitividad. A la hora de ocuparse de las jubilaciones, conviene recordar este tributo. Y pensar en los cientos de miles de asalariados que llegan al final de su vida desgastados, extenuados, arruinados. Sin poder disfrutar de su tercera edad. Porque la esperanza de vida aumentó, pero eso se traduce también en un estallido de enfermedades del jubilado: cánceres, afecciones cardio-vasculares, depresiones, ataques cerebrales, artrosis, deficiencias sensoriales, demencias seniles, Alzheimer, etcétera, debido a las secuelas de la actividad profesional.

Esto vuelve especialmente repugnante el ataque contra el sistema de jubilaciones. Un ataque coordinado, impulsado por los motores de la mundialización liberal5 –el G8, el Banco Mundial6, la OCDE7– que desde los años ’70 lideran una ofensiva contra la seguridad social8 y el Estado de bienestar. Esta ofensiva fue asumida por la Unión Europea (UE), cuyos jefes de Estado y gobierno, de derecha e izquierda, decidieron en ocasión de la cumbre de Barcelona, en marzo de 2002, aumentar en cinco años la edad de jubilación9. Lo cual implica una grave regresión social y el abandono del proyecto de construir sociedades más equilibradas e igualitarias.

Mientras las clases medias se empobrecen y reducen en número, la riqueza sigue concentrándose en la cúspide: hace 30 años un patrón recibía cuarenta veces el salario promedio de un trabajador; hoy gana mil veces más10, lo que le permite acercarse sin inquietud al momento de cesar su actividad. Pero eso está lejos de ser el caso de los asalariados corrientes, especialmente los docentes.

En Italia, España, Alemania, Grecia, Austria, Francia, centenares de miles de trabajadores pararon para protestar contra el desmantelamiento del sistema de jubilaciones; que por otra parte necesita reformas, ya que la cantidad de activos disminuye al tiempo que se incrementa la de los jubilados y el peso de las pensiones, que hoy representa el 11,5% del PIB en Francia, representará en 2020 el 13,5%, en 2040 el 15,5%, y acabará por convertirse en una carga insoportable para el Estado.

A pesar de la crisis bursátil, que hizo perder más del 20% de su valor a los fondos de pensión11, la opción de una jubilación por capitalización no se descarta, en la medida en que la reforma del sistema de reparto sólo se encara a costa de los asalariados. Como si sólo se tratara de un problema técnico, sin consecuencias para el conjunto de la sociedad. Todas las variables –monto y extensión de las cotizaciones, edad de jubilación, monto de las pensiones– se modifican sistemáticamente en detrimento del asalariado y de los ingresos laborales. No se ha buscado ninguna solución alternativa, que recurra al aporte de las empresas o que grave las ganancias financieras.

Se considera normal que cada día dos asalariados pierdan la vida en su trabajo y que otros ocho sean sacrificados por minuto a la conveniencia de las empresas. Pero no que éstas y el capital participen en mayor medida en las pensiones del personal. ¿Cómo no comprender la furia de los trabajadores?

  1. www.ilo.org/public/french/bureau/inf/pr/2002/23.htm
  2. Ver el texto completo del informe: La sécurité en chiffres. Indications pour une culture mondiale de la sécurité au travail, Organización Internacional del Trabajo, Ginebra, 28-4-03.
  3. Les Échos, París, 7-11-02.
  4. “Les accidents du travail. L’impôt du sang, 19-12-1906” en La Guerre sociale. Un journal “contre”, Les Nuits Rouges, París, 1999.
  5. La relación entre la cuestión de las jubilaciones y la mundialización liberal es muy estrecha: las jubilaciones por capitalización alimentan en Estados Unidos, Canadá, Australia, Japón, Reino Unido y Holanda fondos de pensión gigantescos que se convirtieron en actores centrales del nuevo capitalismo financiero.
  6. Véase el informe del Banco Mundial, Réforme des retraites en Europe: progrès et processus, cable de AFP, Paris, 8-5-03. Sobre la ofensiva del Banco Mundial contra la seguridad social consultar http://forums.transnationale.org/viewtopic.php?t=11
  7. El País, Madrid, 20-5-03.
  8. El informe Chadelat, hecho público en el último mes de abril, promete un cuestionamiento frontal del seguro de enfermedad; se propone desmantelar y privatizar la seguridad social. Véase el texto integral del informe: www.medito.com/article341.html
  9. Bernard Cassen, “La mecánica europea confisca la soberanía popular”, Informe-Dipló, 10-5-02.
  10. Libération, París, 21-5-03.
  11. Martine Bulard, “Les retraités trahis par les fonds de pension”, Le Monde diplomatique, París, mayo de 2003.
Autor/es Ignacio Ramonet
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 48 - Junio 2003
Páginas:40
Traducción Marta Vassallo
Temas Estado (Política), Políticas Locales, Salud, Seguridad, Clase obrera
Países Francia