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En la tenaza de las privatizaciones

Lejos de ser un fenómeno argentino, las privatizaciones son una “moda” mundial, impulsada por el interés de grandes grupos multinacionales en apropiarse de la renta social y por los multimedia a su servicio. Desaprensivamente, sin mayor análisis, intelectuales y partidos de izquierda suelen sumarse a estas presiones. Las medidas encaradas en Francia se parecen a las tomadas en Alemania o Italia y se inscriben en la ola liberal preconizada por la Unión Europea. También en otros países, como Nueva Zelanda, se extiende el virus privatizador. ¿Pero cuáles son los resultados? ¿Quién acaba haciéndose cargo de los desaguisados y la desenfrenada especulación del sector privado, como ocurrió con la electricidad en California? Un perverso mecanismo de vaciamiento de empresas estatales, seguido de la compra a precio de remate por el sector privado, con apoyo mediático, se pone en marcha para vaciar los Estados de contenido y objetivos, privarlos de sus herramientas esenciales.

Todos los sistemas públicos van a derrumbarse a la vez. Según un estudio reciente de la agencia de calificación Standard & Poors, antes del año 2050 el endeudamiento alcanzará a más del 200% del Producto Bruto Nacional (PBN) en Alemania, Francia, Portugal, Grecia, Polonia, República Checa (el techo fijado por el Pacto de Estabilidad europeo es del 60%), mientras que superará el 700% en Japón. La explicación que da esta Casandra de la notación es que las jubilaciones serán demasiado generosas, las tasas de reproducción demasiado bajas y las personas de edad demasiado numerosas y demasiado ancianas. Por lo tanto, el futuro se anuncia radiante: "En los próximos veinticinco años casi todos los países registrarán una desintegración fiscal" 1.

Al mismo tiempo, algunos liberales alemanes se deciden a hablar con claridad: "Mostrar lo que podría ocurrir si no se cambia de política no sólo es legítimo, sino también necesario". Según ellos, imaginar ese futuro catastrófico podría incluso ser "el método indicado" para vender reformas dolorosas 2. Casi se podría sospechar que "el método indicado" es el que tenía en mente el ministro de Salud de Francia, Philippe Douste-Blazy, cuando anunció su plan de reforma del sistema de protección médica oficial: "Con 23.000 euros de déficit por minuto no hay solución. (...) Estamos en quiebra. Si no se hace nada el sistema de seguridad social desaparece" 3.

Por supuesto que algo van a hacer. El Instituto Montaigne, que dirige Claude Bebear (presidente del Consejo de Vigilancia de Axa, una de las mayores compañías de seguros privadas del mundo) da algunas pistas. Por ejemplo, una "cobertura sanitaria solidaria" que, "con el objeto de responsabilizar a los pacientes y regular los gastos en caso necesario", excluiría "ciertos accidentes viales y actividades deportivas que requieren una cobertura individual" e incluiría "un sistema de franquicias anuales en el nivel de la familia, las que podrían ser suprimidas cuando se respeten los protocolos de prevención" 4. En Estados Unidos, el paraíso de la medicina que fascina a Bebear, la cobertura sanitaria se reduce sin cesar y está cada vez más a cargo de los trabajadores, pues los empresarios afirman que la protección médica de los mismos les cuesta muy cara y favorece la transferencia de las empresas hacia países más baratos.

En 1944, el economista austríaco Friedrich Hayek manifestaba su temor a una espiral colectivista: "la ruta de la servidumbre" conduciría al sacrificio de la responsabilidad individual en el altar de la seguridad social. Pero la espiral que vemos hoy en día es la del mercado. La caída de las piezas del dominó cambió de dirección.

¿Cuál fue la técnica que permitió imponer la competencia y hasta la privatización de empresas públicas a menudo más apreciadas que las otras, hacer aceptar el cierre definitivo de muchas sucursales de correo y estaciones de ferrocarril, cuestionar la gratuidad de la salud y la educación, transformar la administración pública en un archipiélago de funcionarios que compiten entre sí y se sienten amenazados? Y todo ello, casi sin que mediara un "debate". Para llegar a ese punto alcanzó con fabricar un corredor de "reformas", en el cual, cada puerta se cierra definitivamente una vez traspuesta, dejando el camino libre sólo en dirección de la siguiente, que se va abriendo a medida que se avanza hacia ella. Y así, como decía una vieja canción: "rápidamente vemos que no tenemos suficiente combustible para volver hacia atrás. Por lo tanto hay que seguir adelante".

El fatalista "no hay otra alternativa" cumple su función. La voluntad se halla aun más debilitada pues se la despojó de sus armas, a la vez que se practica la táctica de la tierra arrasada. Sólo al final del camino descubriremos el destino.

Se trata efectivamente de un proyecto revolucionario, de un gran salto hacia atrás, pero cuyo movimiento conjunto se opera por un encadenamiento de etapas intermedias. Abrimos las fronteras porque no somos proteccionistas; privatizamos porque abrimos las fronteras; sacrificamos puestos de trabajo o servicios públicos porque privatizamos. "Librecambio", "tamaño crítico", "alianzas", "competencia", "creación de valor", son algunas de las piezas de un mecano cuyos arquitectos imaginaron por adelantado la fortaleza que permitiría construir.

La hoja de ruta liberal sólo cree en el "pragmatismo" y en "la voz del sentido común". Para compensar el déficit presupuestario hay que privatizar. Para vender las empresas públicas a buen precio hay que atraer a los inversores extranjeros. Para atraer a los inversores extranjeros hay que reducir los salarios y las "cargas sociales". Luego, la cobertura social de los trabajadores resulta demasiado generosa en el nuevo mundo competitivo así creado. El explosivo aumento del desempleo y de la precariedad -y la consecuente desindicalización- permiten acallar las protestas ("corporativas") de quienes disponen de un empleo y de una buena cobertura social. Y dado que al cesar en sus reclamos esos trabajadores demuestran su "sentido de la responsabilidad", no hay por qué seguir aceptando que los desempleados se burlen de ellos cobrando casi lo mismo sin tener que trabajar. Por lo tanto, se endurecen los controles sobre quienes cobran el seguro de desempleo 5. Y de paso, se les reduce el monto del seguro, que incita demasiado a una cultura de la "asistencia" y de la dependencia. El muy afectuoso Ernest-Antoine Seillière, presidente de la central patronal francesa (Medef), lo explicó a su manera: "Es imposible librar las batallas que se imponen hoy en día si seguimos ocupándonos de los heridos" 6.

Todo al sector privado

Sin embargo, como se vio, los liberales no se olvidan de la salud colectiva. En ese terreno, como en materia de educación, la "lógica progresión" de un sistema público y gratuito a una industria mayoritariamente privada y financiada por pólizas de seguro o por préstamos bancarios comienza con la afirmación de que el sistema centralizado no funciona, que es demasiado burocrático, que está en quiebra o que no es igualitario. Resulta aconsejable, pues, descentralizar el edificio (por razones de "proximidad"), dejar a cargo de las regiones la "responsabilidad" de sus presupuestos, crear un mercado de la educación o de la salud para así poder fijar los precios que permitirán controlar y orientar la gestión. Luego habrá que cerrar los hospitales (o las escuelas, o las sucursales de correo) que no resulten rentables, o bien "asociarlos" con empresas locales, o bien suprimir la gratuidad de la atención médica y de la enseñanza, o bien delegar al sector privado -o a la "sociedad civil"- una parte creciente de las tareas de educación o de salud, cada vez más fragmentadas.

En efecto, se argumentó que sólo convenía conservar el núcleo de cada actividad, que no era necesario utilizar funcionarios para las tareas de vigilancia, de limpieza, para atender el comedor, hacer fotocopias, preparar e interpretar cuestionarios, atender el parque automotor, administrar los gastos de personal y la vivienda de los militares, preparar a los pilotos de helicópteros. Luego de analizar largamente esos puntos y al cabo de sucesivas delegaciones -y también de problemas de tesorería- se acaba por abandonar actividades otrora organizadas por el Estado. "Todas las misiones que pueden ser ejercidas por el sector privado deberán ser privatizadas", anunció el primer ministro francés Jean-Pierre Raffarin. Por su parte, su secretario para la Reforma del Estado había precisado: "Nuestra estrategia consiste en recentrar el Estado en sus misiones esenciales, y ceder al sector privado todas las otras, fundamentalmente las logísticas" 7. En Irak, el ejército estadounidense tercerizó tareas vinculadas con la dirección de la guerra y con la obtención (un tanto enérgica) de "informaciones". El ministro de Defensa de Francia prevé "externalizar las viviendas de la Gendarmería", lo que podría darle un beneficio de 500 millones de euros 8.

Durante su gestión como ministro de Finanzas de Francia, Francis Mer recurrió a gabinetes de consejeros privados (Mercer Delta; Cap Gemini) para reflexionar sobre cuál era el mejor momento para suprimir 30.000 puestos de funcionarios. Los que escapan de la guillotina ponen sus barbas en remojo: en cuanto sea posible se cuestionará su estatuto y su estabilidad laboral, reemplazados por un contrato de derecho público primero y de derecho privado luego, y con duración fija. El diputado de la UDF Christian Blanc ya se manifestó favorable a suprimir en Francia el estatuto de funcionario público, que data de la Liberación. La revista L'Expansion escribió: "Estamos ante una oportunidad histórica para reducir los efectivos y sería una lástima dejarla pasar. La consigna transmitida por Jean-Pierre Raffarin a todos sus ministros es estricta: sólo hay que remplazar a la mitad de los funcionarios que se jubilan. Se trata de un objetivo ambicioso, que de ser alcanzado teóricamente permitirá en ocho años eliminar 300.000 funcionarios y economizar en 2012 -según el senador de UMP Philippe Marini- 12.000 millones de euros" 9. En este caso, ni siquiera se sugiere la idea de que el funcionario puede representar otra cosa que una carga para el contribuyente, sino por ejemplo una enfermera que lo atiende, un bombero que lo auxilia, un docente que instruye a sus hijos, o un inspector de trabajo que lo protege de las arbitrariedades de la patronal. El funcionario es apenas un gasto, nada más.

En Suiza, "para ser más competitivos y cambiar de costumbres", la oficina federal de personal se "apropió de las herramientas del sector privado", según sus propios términos: en noviembre de 2000 fue abolida la garantía del empleo para los funcionarios. En Italia fue una coalición de izquierdas la que generalizó una práctica idéntica: autonomía de gestión de los responsables administrativos, individualización de las tareas, retribución en función del rendimiento. Actualmente "sólo el 15% de los empleos públicos siguen estando en la órbita del Estado (magistrados, abogados y fiscales de Estado, militares, policías, diplomáticos, profesores universitarios), mientras que todos los demás pasan, en menos de dos años, a regirse por contratos privados, aunque sigan siendo pagados por el Estado. Los cuadros superiores se ven particularmente afectados" 10. En Nueva Zelanda el número de funcionarios pasó de 71.000 en 1988 a 32.900 en 1996. Trabajan cada vez más con menos recursos; aumentaron sus obligaciones y se suprimió su estabilidad laboral.

Una vez raquítico y totalmente modificado, el Estado es cada vez menos capaz de limitar la expansión de la ley del mercado. La administración no deja de fragmentarse, su especificidad de desdibuja. La precarización del empleo público puede incluso dar nuevas ideas a la patronal. Cuando Seillière se sorprende de la oposición que encuentra la idea de crear un "Contrato de Duración Determinada de misión" de larga duración, se pregunta: "¿El sector privado no tiene derecho a algo que la administración pública utiliza a diario? En el ejército existen contratos de cuatro o seis años; los ‘empleos juveniles' duraban cinco años; en el núcleo del Estado se contratan funcionarios para empleos de duración fija. Pero cuando se trata del sector privado, aparecen todos los conservatismos, todos los inmovilismos" 11. Hace veinte años la derecha francesa y los ricos más bien refunfuñaban ante el papel de "vitrina social" que encarnaba el sector público, por entonces menos ávido de suplentes y de reducción de las cargas sociales. El antiguo director de la petrolera ELF, Albin Chalandon, explicaba que "la impunidad financiera (de ese sector) crea un sentimiento de seguridad que el personal aprovecha para trabajar menos, proliferar (sic) y obtener gracias al poder de los sindicatos ventajas que se convierten en privilegios" 12.

Debilitamiento de los sindicatos

Es que para los liberales, la privatización -en bloque o por etapas- presenta también la ventaja de reducir el poder de resistencia de los sindicatos, lo que facilita la tarea en las siguientes "reformas". En Francia la parte de las empresas públicas en el empleo asalariado total ya se redujo a la mitad entre 1985 y 2000, y actualmente sólo representa el 5,3% del total 13. Y en ese terreno, como en los demás, se avanza en la misma dirección. Pero las reivindicaciones sociales a menudo tuvieron que ver con empresas públicas con un mayor porcentaje de personal sindicalizado y cuyas grandes huelgas marcaron la historia del país (el carbón en 1963; Renault en 1968; los ferrocarriles y los transportes parisinos en 1995). En el otoño pasado, cuando la Asamblea Nacional aceptó que la mayoría del capital de France Télécom pasara a manos privadas, el diputado de la UDF Jean Dionis du Séjour, miembro de la Comisión Superior del Servicio Público de Correos y Telecomunicaciones, indicó: "El texto prevé la normalización de las instancias representativas del personal. O sea, que los sindicatos que formaban parte del Consejo Administrativo de France Télécom quedarán ahora excluidos" 14. Más de la mitad de los 110.000 empleados de la empresa Electricidad de Francia (EDF) están agremiados; en Estados Unidos, un 12,9% de los empleados están organizados en la AFL-CIO, proporción que se reduce al 8,2% en el sector privado. En efecto, causas y consecuencias están a menudo ligadas en el proceso del proyecto liberal: la debilidad de las organizaciones obreras favorece la imposición de la flexibilidad laboral, la que a su vez perjudica la afiliación sindical. También el desánimo y la derrota se generan. "Si pretendemos mantener una mínima esperanza de volver a una economía libre, la restricción del poder sindical es uno de los temas más importantes", prevenía Friedrich Hayek 15.

Una empresa privada se ocupa de la limpieza, otra de la informática, una tercera de las comunicaciones de la empresa: al multiplicar los empleadores y los regímenes laborales se afectó la solidaridad entre el personal y entre los oficios. Cada vez más se extiende el sistema de primas al mérito, es decir, la personalización de las remuneraciones. Lo que ha sido privatizado seguirá siéndolo, mientras que lo que todavía es público se privatizará la próxima vez, en medio de una enloquecedora campaña político-mediática sobre el "déficit enorme de la seguridad social" o la "quiebra" de alguna empresa nacional.

Progresivamente, la lógica lucrativa invade el sector público, cuya misión principal era satisfacer necesidades colectivas 16. Evaluación, reestructuración, delegación de misión: las compañías subcontratistas a las que se recurre resultan muy competitivas dado que su personal no goza de las condiciones "privilegiadas" de los funcionarios ni se ven condicionadas por los sindicatos. Al final del proceso, una vez que las empresas públicas fueron despojadas de su especificidad (tarea y personal) y que se las insta antes que nada a generar ganancias, las puertas para su liquidación están abiertas de par en par. Y suponiendo que algún día el nombre de la empresa sonara demasiado francés -Air France, EDF, France Télécom- y ello indispusiera a los inversores extranjeros, nada impedirá cambiarlo, como cuando se borran de la biografía las huellas de una juventud disoluta.

Hasta hace poco, el correo, la electricidad, la educación, la salud, no eran unidades de producción obligadas a obtener cada vez más ganancias que sus competidores. No tenían competidores. Administrados por el Estado o considerados servicios públicos, su misión consistía en distribuir el correo o la electricidad, garantizar la educación o la salud de la población. Y ello, sin dejar de lado a los más aislados, a los menos rentables: no se calculaban tanto esas cosas. El mercado ocupaba un perímetro limitado dentro de una economía mixta. Se sabía que no era la solución de todo, que no se preocupaba de la igualdad de acceso a la educación o a la atención médica; ni de crear infraestructuras en zonas rurales; ni de invertir en actividades vitales cuyas posibilidades de rentabilidad superaran los plazos de los mercados financieros; ni de evaluar el costo para la sociedad de decisiones individuales, únicamente provechosas desde el punto de vista de las empresas que las adoptan. Así, por ejemplo, cuando se añade al precio del flete por camión el riesgo de accidente y la certidumbre de la contaminación ambiental consecuente, el transporte por carretera deja de ser más barato que el flete por tren, y el déficit del sector ferroviario (429 millones de euros según la compañía francesa de ferrocarriles) parece menos temible. En efecto, si existe "competencia" entre el tren y el transporte por carretera, la sociedad tiene interés en subvencionar a los ferrocarriles y en imputar a los camiones -máquinas productoras de gases de efecto invernadero- parte de la responsabilidad por los grandes calores que causaron tantas víctimas el verano pasado en Francia 17.

Contra la opinión mayoritaria

La "sociedad", era un concepto que disgustaba a Margaret Thatcher. Los liberales prefieren hablar únicamente de individuos. De allí deriva su visión de la propiedad pública. "Cuando todo el mundo posee algo, nadie lo posee y nadie se ocupa de mantenerlo en buen estado o de mejorarlo. Es por eso que los edificios soviéticos -y los monobloques colectivos en Estados Unidos- tienen un aspecto abandonado apenas uno o dos años después de construidos" 18, decía Milton Friedman en 1990. Esa lógica le hubiera parecido mucho mas discutible a Friedman si hubiera viajado en los trenes británicos luego de que fueron privatizados.

"El sistema público sólo retrocederá cuando se vea acorralado entre déficits insoportables y recursos en vías de retracción" 19. La confesión y la receta, enunciadas por Alain Minc hace veinte años eran un plagio. En efecto, en Estados Unidos Ronald Reagan ya había reducido los impuestos directos creando así enormes déficits, los que luego le servirían de pretexto para desmantelar el Estado social. Simultáneamente se ocupó ("nuevo federalismo") de delegar a las autoridades locales los servicios y las administraciones públicas, pero sin darles los medios para hacerlas funcionar. Es decir que quienes los heredaban debían arreglárselas solos. Bush y Raffarin no inventaron nada. Sin embargo, los liberales decidieron alzar la voz para acelerar el ritmo. Sus fábricas de propaganda (medios y "especialistas" en conjunto) se encargan de difundir sus proyectos.

La enseñanza superior gratuita fue llevada a la fuerza al corredor de las reformas por insuficiencia de inversión pública. Ésta pasó, en el Reino Unido, de unas 8.000 libras (12.000 euros) anuales por estudiante en 1990 a unas 5.000 libras (7.500 euros) diez años más tarde 20. Blair prefirió hacer pagar a los usuarios, con lo cual los derechos de inscripción acaban de triplicarse y podrán alcanzar las 3.000 libras (4.500 euros) anuales. "En todo el mundo la enseñanza superior es objeto de presiones en favor de un cambio; (...) ya no es oportuno que los poderes públicos manejen directamente ese sector, los mecanismos del mercado son a menudo más eficaces que la administración para regular la oferta y la demanda de diversos tipos de formación destinados a una variedad de clientes" 21, afirma satisfecha la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Cabía otra respuesta. Si en Francia, por ejemplo, los gobiernos de Jospin y Raffarin no hubieran reducido el impuesto a las ganancias, el país hubiera podido duplicar el presupuesto de la educación superior 22.

A pesar de que el engranaje de la liberalización resulta de una serie de medidas políticas y no de una acumulación de adversidades, las decisiones más importantes casi nunca son avaladas por el voto popular. Prácticamente todas las grandes privatizaciones británicas generaron la hostilidad previa de la mayoría de la población. Interrogados sobre la venta de los bosques del Estado, el 79% de los neocelandeses se declaró en contra y sólo el 4% a favor. El programa ultraliberal defendido en Francia por Alain Madelin en las presidenciales de 2002, sólo alcanzó el 3,91% de los votos. A pesar de todo ello, la mayoría de las industrias y de los servicios públicos del Reino Unido fueron privatizados, y también los bosques de Nueva Zelanda. Y una vez que concluya el segundo mandato de Jacques Chirac, el programa aplicado habrá sido el de Alain Madelin, y no lo prometido por Chirac sobre el combate contra la "inseguridad" o la reparación de la llamada "fractura social".

Si los países europeos ratifican el proyecto de Constitución que proclama como uno de los objetivos de la Unión Europea "ofrecer a sus ciudadanas y ciudadanos un mercado único donde la competencia sea libre y real", y luego aceptan el Acuerdo General sobre el Comercio de los Servicios (AGCS) que liberaliza los sectores de salud, educación y cultura, el resto será relativamente secundario: que Fulano derrote ampliamente a Mengano en las próximas elecciones no cambiará nada. En todo caso, algo indica que el cambio de dirección no vendrá del Comisionado General del Plan (organismo dependiente del Primer Ministro francés). Su titular Alain Etchegoyen, acaba de elegir como consejero científico al Senior Vice President Strategy de Manpower Inc. Un comunicado de prensa fechado el 3-5-04 explica: "Esta designación de un hombre del medio empresarial permitirá al Plan diversificar y enriquecer sus análisis del mercado del empleo y del trabajo, eje prioritario definido por el Primer Ministro". Como Manpower es una de las más grandes compañías de trabajo temporario del mundo, es de imaginar cual será el "análisis del mercado del trabajo" que hará el nuevo consejero científico, encargado de defender el bien público.

  1. Päivi Munter y Norma Cohen, "Debt crisis threatens ‘fiscal Armageddon'", Financial Times, Londres, 1-4-04.
  2. Bertrand Benoit, "Politician tells it like it is to convince German state's public of need for reform", Financial Times, Londres, 6-4-04.
  3. Informativo de las 20 horas del canal francés de televisión TF1, 2-5-04.
  4. Correspondance économique, París, 14-4-04.
  5. En el Reino Unido, los "clientes" de la agencia oficial para el empleo deben dar cuenta cada semana a su "consejero" de los trámites que han realizado para conseguir trabajo. "Si un desempleado británico no acepta el trabajo que se le propone en su rama de actividad, suspendemos inmediatamente el pago de su seguro", indica la directiva de un job center. Lo mismo ocurre en Dinamarca.
  6. Ernest-Antoine Seillière, en el Canal 2 de la televisión francesa, 22-1-98.
  7. "Fonctionnaires: ce qui les attend", L'Expansion, París, abril de 2004.
  8. Le Figaro, París, 4-5-04.
  9. L'Expansion, París, abril de 2004.
  10. Cécile Cornudet, "Réforme de l'Etat: les ‘recettes' étrangères", Les Echos, París, 24-9-03.
  11. Entrevista: "Ernest-Antoine Seillière: La société est enfin prête à se réformer", Les Echos, París, 20-1-04.
  12. Albin Chalandon, "Dénationaliser: pourquoi?", Le Monde, París, 11-7-1984.
  13. Les Echos, París, 21-11-00.
  14. Le Figaro, París, 20-10-03.
  15. Le Grand bond en arrière, Fayard, París, 2004.
  16. Gilles Balbastre, "A La Poste aussi, les agents doivent penser en termes de marché", Le Monde diplomatique, París, octubre de 2002.
  17. Serge Latouche, "Moins loin, moins vite", La Décroissance, París, mayo de 2004.
  18. Milton y Rose Friedman, Free to Choose, Harcourt, Orlando (Florida), 1990. En nombre del mismo razonamiento algunos liberales, como Pascal Salin en Francia, aconsejan la privatización de las manadas de elefantes africanos para protegerlos mejor de los cazadores ilegales.
  19. L'Expansion, 2-11-1984.
  20. "Drowning spires", The Economist, Londres, 29-11-03.
  21. OCDE, Analyse des politiques d'éducation, 2003.
  22. Louis Maurin, "La grande misère des facs", Alternatives Economiques, París, enero de 2004

En los países en desarrollo

Halimi, Serge

La Conferencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (CNUCED) publicó una estimación más que reservada sobre la privatización de los monopolios públicos de electricidad en los países del Sur 1. Sin embargo, el autor del estudio, Alberto Gabriele, se muestra más bien dispuesto a aceptar el postulado neoliberal: “las empresas públicas son intrínsecamente ineficaces y condenadas a estar mal administradas. (...) En tales condiciones, un cambio de régimen de propiedad mejora los resultados”.
Pero añade inmediatamente una precisión para quienes aún equiparan el liberalismo con un Edén sin coacciones: “Cuando ciertas normas son abolidas, deben ser en alguna medida reemplazadas por otras, cuyo objeto sería garantizar el buen funcionamiento del mercado. Es por ello que algunos expertos prefieren emplear el término más neutro (que “privatización”) de ‘re-reglamentación’”.
El autor del estudio casi no se plantea la cuestión de la utilidad social o de la igualdad de acceso a los servicios públicos. Sin embargo, estima que la comparación entre empresas de energía públicas y privadas no es “concluyente”, incluso en un terreno prioritario para los liberales: “El régimen de propiedad tiene poca incidencia en el rendimiento”. Por un lado, resulta difícil saber si la mediocridad de ciertas empresas nacionalizadas de los países en vías de desarrollo no se debe antes que nada a la falta de medios. Por otro lado, en Jordania, en Tailandia y en ciertos Estados de la Unión India, los sistemas públicos funcionan en general bien.
El estudio de la CNUCED analiza luego las privatizaciones en América Latina. El balance parece más que mediocre: grave crisis de aprovisionamiento en Chile en 1998; llamado al racionamiento de los consumidores en Brasil en 2001; repetidos cortes de corriente y catastrófico servicio de trenes en Argentina. En total, allí donde se produjeron avances de productividad, no fueron “repartidos entre los accionistas y los consumidores”. Y allí donde la privatización fue más a fondo, “el deseo de fomentar la competencia chocó con la realidad de un sector oligopólico en el cual poderosas empresas transnacionales se hallaban frente a Estados débiles y a consumidores poco organizados”. En términos más directos: quienes se beneficiaron con las privatizaciones fueron los accionistas y no los usuarios; mientras que monopolios privados, a menudo controlados por multinacionales, reemplazaron a los precedentes monopolios públicos.
Sin embargo los liberales no tienen nada que temer. Esas conclusiones poco favorables casi no tienen incidencia, pues la posibilidad de optar entre varias opciones es más que remota. “Resulta importante –concluye Gabriele– recordar que la posibilidad que tienen los Estados de elegir entre diversos tipos de acuerdos con empresas multinacionales está supeditada a los compromisos limitativos en materia de liberalización que se desprenderán de las negociaciones presentes y futuras, en el marco de la OMC.”
En realidad, con el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS) las privatizaciones no estarán obligadas a ser “eficaces” para ser obligatorias.

  1. Alberto Gabriele, Policy Alternatives in Reforming Power Utilities in Developing Countries: A Critical Survey, United Nations Conference on Trade and Development, Nº 168, Nueva York, febrero de 2004.


El Ferrocidio

Herrero, Félix

Juan Carlos Cena
Editorial La Rosa Blindada; Buenos Aires, 2003
288 páginas, 25 pesos.

El “ferrocidio” se refiere a la privatización de los ferrocarriles argentinos y a la subordinación de los trabajadores del riel en la década del ’90, e incluye los sucesivos intentos de achicamiento a partir del plan Larkin en 1961. El autor lo dice así: “Con el ferrocarril desintegrado, más los ferroviarios expulsados, el sistema comete... un gigantesco ferrocidio”.
Cena afirma que, en general, “casi nada se ha debatido”. El libro tiene ese mérito: provoca el debate y aporta muchos datos para quienes comparten su posición. Pero no se reduce a una presentación de cifras: “De lo poco (...) escrito sobre ferrocarriles, hay para todos los gustos: con números, estadísticas, cuadros, planillas, tendencias, prolijos diagramas, matrices, en fin... pero en casi todos ellos hay un gran ausente: el ser humano”. El autor aporta información sobre cuatro países de América Latina (de los cuales sólo Chile no sufrió privatizaciones), Canadá y Estados Unidos, donde corren ferrocarriles estatales cuya condición suele ser disimulada.
El autor enriquece la obra con poemas ferroviarios de V. Parra, P. Neruda, C. Vallejo, M. Hernández, V. Huidobro y R. Schanabel, este último recordando el reciente asesinato de dos jóvenes (Santillán y Kostecki) en la estación Avellaneda; y con cuentos e historias escritos por Rodolfo Walsh sobre el trencito litoraleño, por el mexicano Juan J. Arreola, y de su propia autoría sobre un acto original de resistencia ferroviaria. Un aporte indispensable para todos aquellos interesados en la historia del ferrocarril y la fracasada política privatizadora ferroviaria.


Autor/es Serge Halimi
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 60 - Junio 2004
Páginas:10,11,12,13
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Privatizaciones, Estado (Política), Políticas Locales, Medios de comunicación
Países Estados Unidos, Alemania (ex RDA y RFA), Francia, Italia, Nueva Zelanda