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Cabilia

Las constantes y tumultuosas protestas sociales que sacuden a Argelia hace más de dos meses, cuya magnitud ha eclipsado a la insurgencia islámica, mayormente confinada a las montañas, se iniciaron como una reivindicación de los derechos culturales del pueblo bereber. Sin embargo, enseguida se extendieron a la capital del país y a otras regiones, convirtiéndose en exigencias de bienes de necesidad básica como el agua y el alojamiento, pero también de mayor democracia, libertades civiles y el final del represivo e impotente gobierno del presidente Abdelaziz Buteflika, respaldado por el ejército.

A pesar de la violencia de una represión que ya causó 60 muertos, la rebelión de los ciudadanos enfurecidos en Argelia no deja de extenderse. Empezó el 18 de abril en Cabilia, después de que los gendarmes asesinaran en Beni Duala a un estudiante del secundario, Massinissa Guermah, cuyo nombre es realmente simbólico1. ¿Es de extrañar que esta nueva revuelta se haya desatado en esta región culturalmente diferenciada y tradicionalmente combativa? No. Aquí tuvo lugar en 1871 el gran levantamiento cabileño ahogado en sangre por los mismos generales franceses que aplastaron a la Comuna de París… Aquí se desarrollaron también entre 1954 y 1962 los principales combates de la guerra de la independencia y es donde la represión colonial se ejerció con más ferocidad. También aquí, el 20 de abril de 1980, en el curso de la “primavera bereber”, estallaron los tumultos estudiantiles que reclamaban el reconocimiento de la cultura amazigh (bereber), tan severamente reprimidos…

Invadidos reiteradamente, los cabileños2 fueron gradualmente rechazados, concentrados y aislados en las montañas, lo mismo que los otros grupos surgidos del pueblo amazigh de África del Norte. La civilización romana asimiló solamente a un sector reducido de los bereberes. La cristianización tampoco pasó de ser marginal3. Y la islamización se impuso definitivamente sólo en el siglo XII, es decir, más de 400 años después de la conquista árabe…

El universo hostil que rodea a los cabileños contribuyó a endurecer su resistencia y a forjarles una personalidad original. Ella se expresa a través de una lengua específica, el tamazight, pero también a través de un apasionado amor a la tierra, una constante negativa al sometimiento, un modo propio de vida, una literatura singular. Y el apego a un principio de gobierno de cada aldea anclado en las costumbres: el control directo y riguroso de un poder central electivo.

Esta forma de democracia participativa, bajo el nombre de Comités de coordinación aldeana o arch, hizo su reaparición en oportunidad de la actual insurrección y le otorga un carácter de protesta popular espontánea. También se puede constatar la desconfianza de los ciudadanos respecto de los partidos tradicionales, incluidas las formaciones políticas arraigadas en el país amazigh.

La aspiración a un mayor reconocimiento de las peculiaridades culturales locales y del tamazight como lengua de carácter nacional sigue siendo una constante entre las reivindicaciones de los cabileños, lo mismo que de otros grupos amazigh del Magreb, tanto en Argelia4 como en Marruecos (Rif, Atlas, Sous). Si pudieron funcionar como detonante local, esas reivindicaciones identitarias no son de ningún modo el objetivo principal de los insurrectos. Quienes los acusan de querer “la división de Argelia” o de “perseguir objetivos étnicos” simplemente mienten. Las movilizaciones masivas de las últimas semanas, entre ellas la gigantesca manifestación en Alger el 14 de junio, se realizaron bajo consignas nacionales y contra una política general que afecta al conjunto de la sociedad. Los manifestantes cabileños se negaron explícitamente a caer en la trampa étnica: se rebelan en nombre de todos los argelinos contra un sistema al que consideran podrido.

La prueba está en que la insurrección se extendió a regiones no bereberes igualmente afectadas por la falta de vivienda, de agua potable, rutas, electricidad, como asimismo por la violencia de las fuerzas del orden, la arbitrariedad, las malas condiciones de vida, la falta de democracia, la corrupción, el desempleo y la miseria. El mismo presidente Buteflika lo reconoció en su alocución del 22 de junio, al afirmar que los jóvenes enfurecidos en Cabilia “no habían caído en la trampa de la conjura contra Argelia”.

La mitad de la población tiene menos de 25 años y alrededor del 40% de la población activa está desempleada. El país sale de un enfrentamiento de diez años entre las fuerzas gubernamentales y los islamistas insurrectos, “una de las guerras más sangrientas del mundo”5, que proporcionó un pretexto para conservar un sistema político arcaico, represivo y opaco. En su seno una camarilla militar detenta lo esencial del poder y lo aprovecha para enriquecerse controlando los principales engranajes económicos.

Entre 1998 y 2000, los ingresos de exportación de hidrocarburos, la principal riqueza, casi se duplicaron… De este filón, que se eleva a más de 20.000 millones de dólares, la gente común no ve prácticamente nada. Salvo las desigualdades que se profundizan, la falta de voluntad de cambio por parte del poder y su persistente autismo, aun cuando la situación parece haber llegado a un punto de no retorno. ¿Cómo no comprender a quienes, perdidas las esperanzas, se lanzaron a la calle al grito de “No hay perdón”, y reclaman una suerte de venganza social?

  1. Massinissa fue en el siglo II a.C. el más poderoso de los reyes de Numidia, antiguo reino bereber cuyo territorio era casi idéntico al del actual norte de Argelia.
  2. término procede del árabe kbail, que significa tribu, y que el francés convirtió en kabyl. Aparece en el siglo XVIII en textos de viajeros ingleses.
  3. A pesar de la enorme figura de San Agustín, nacido en el año 354 en Souk-Ahras y muerto en 430 cerca de Annaba, a quien Argelia acaba de rendir homenaje organizando el último 1º de abril, con la presencia del presidente Buteflika, que pronunció el discurso inaugural, un coloquio de título revelador: “Primer coloquio internacional sobre el filósofo argelino Agustín. Africanidad y universalidad”.
  4. El preámbulo de la Constitución de 1996 reconoce que la identidad argelina se funda en los componentes árabe, islámico y amazigh. En mayo de 1995 se creó un Alto Comisionado de la amaziguidad, y tiende a desarrollarse la enseñanza del tamazight. Véase el dossier “Que veulent les Berberes?”, Jeune Afrique-L´Intelligent, París, 24-4-01.
  5. International Herald Tribune, 16-6-01.
Autor/es Ignacio Ramonet
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 25 - Julio 2001
Páginas:40
Traducción Marta Vassallo
Temas Minorías, Derechos Humanos
Países Argelia