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La servidumbre monetaria africana

Diez de los catorce países africanos de la zona del franco CFA 1 figuran en la categoría de los países menos avanzados (PMA) y cerca del 90% de su población vive con menos de dos dólares diarios 2. Sin embargo, hace diez años, el 11 de enero de 1994, se les prometió que su situación mejoraría con la devaluación del franco CFA. En realidad, el poder de compra se redujo brutalmente como consecuencia de la devaluación y, también, por las medidas de las instituciones financieras internacionales que la acompañaron.

En efecto, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) aprovecharon el cambio de paridad monetaria para imponer políticas radicales de liberalización y privatización. Así, a partir de la mitad de los años 1990, los países de la zona del franco CFA aceleraron el desmantelamiento sistemático de las empresas públicas en todos los sectores (minas, telecomunicaciones, bancos y seguros, agua, electricidad, transporte, etc.). Estas medidas se tradujeron en pérdidas masivas de empleos y en el derrumbe del poder de compra de la población. La devaluación del 50% del franco CFA con relación al franco francés, impuesta por el entonces primer ministro de Francia Edouard Balladur -y, sobre todo, por las instituciones financieras internacionales- debía hacer posible el "éxito", siempre diferido, de los Planes de Ajuste Estructural (PAE) infligidos a las economías africanas después de la explosión de su deuda a comienzos de los años 1980 3.

El cambio de paridad monetaria debía restaurar la competitividad de los países del África subsahariana, disminuyendo sus precios, expresados en divisas, en los mercados externos. De todo esto debía resultar un círculo virtuoso: reactivación de las industrias sustitutivas de las importaciones gracias al encarecimiento de los productos importados; reanudación de las inversiones extranjeras a causa de la rentabilidad que volvían a tener las empresas, especialmente las orientadas hacia la exportación y, por último, saneamiento de las finanzas públicas por la combinación del aumento esperado en los ingresos fiscales y un control creciente de los gastos. Recomendada desde 1988, la devaluación había chocado con la resistencia de varios dirigentes africanos -sostenidos entonces por el presidente francés François Mitterrand 4- que temían sus consecuencias políticas y sociales. La victoria de la derecha en las elecciones legislativas francesas de 1993 cambió la situación. A partir de ese momento, los gobiernos de la zona del franco CFA ya no tuvieron opción 5.

Dependencia externa

La sobrevaluación del franco CFA tenía muy escasa responsabilidad en el fracaso económico de los países de la zona, ya que el deterioro de sus cuentas con el exterior, entre 1985 y 1993, se debió principalmente a la caída de los precios de las materias primas y de los productos básicos (café, cacao y algodón...), principales exportaciones de muchos de los Estados involucrados 6. Esas exportaciones constituían su principal fuente de ingresos de divisas, indispensables para pagar el servicio de la deuda y las importaciones provenientes de los países desarrollados. Al mismo tiempo, las importaciones de los países africanos se encarecieron, ya que las restrictivas políticas monetarias y fiscales de los principales países desarrollados aumentaron los costos de producción de sus bienes manufacturados.

La combinación de esos dos fenómenos explica que los términos del intercambio de los países del África subsahariana con los países del Norte se hayan degradado en un 35% entre 1981 y 1997, y por encima del 50% en los países de la zona del franco CFA entre 1985 y 1993 7. A esto se agregó la depreciación del dólar, que implicó una apreciación del franco francés de más del 70% respecto de la moneda estadounidense 8.

La fuga masiva de capitales, especialmente en 1992 y 1993, agravó la situación. Fuga que fue provocada por los rumores de devaluación y por la acumulación de deudas impagas consecutivas al empeoramiento de los déficits presupuestarios. Las necesidades de financiamiento de los países africanos se habían incrementado hasta alcanzar los 50.000 millones de francos franceses en 1994, aumentando todavía más su dependencia externa.

Es cierto que durante los tres primeros años que siguieron a la devaluación el ritmo de crecimiento se aceleró. Pero esto se debió, en realidad, a la recuperación de la economía mundial y, sobre todo, al restablecimiento coyuntural de los precios de algunos productos (té, tabaco, café, cacao, algodón, etc.). Esa coyuntura favoreció también a otros países del continente, especialmente del este de África, que registraron tasas de crecimiento más elevadas que las de los países de la zona del franco CFA 9. La devaluación pudo tener un efecto amplificador pero, desde el mejoramiento internacional anterior, las tasas de crecimiento se redujeron, especialmente a partir de 1998.

Las dificultades para la exportación de los productos africanos se deben a las iniquidades que estructuran el sistema comercial internacional. Así, los subsidios agrícolas masivos otorgados por los países industrializados provocan un dumping desfavorable para los productos del continente negro. Entre 1997 y 2001, por ejemplo, el poder de compra de las exportaciones africanas cayó un 53% con relación a los bienes manufacturados importados 10. El Banco Mundial y el FMI, cegados por el dogma del "librecambio", "olvidaron" que las partes de mercado logradas en la mundialización neoliberal estaban basadas menos en la ventaja comparativa que en el "acceso comparativo" a los subsidios. Esta es la razón por la cual la opinión provisoria del Órgano de Solución de Diferendos de la Organización Mundial del Comercio (OMC) condenando el apoyo financiero de Washington a sus productores de algodón, expresada el 27 de abril de 2004 a pedido de Brasil, constituirá una victoria para el Sur si resulta confirmada.

Contrariamente a las promesas, la competitividad de las empresas locales no mejoró, a causa de la competencia de los productos importados que fluían gracias a la mayor apertura de las fronteras; un fenómeno que se vio agravado por el abandono de las políticas de protección y apoyo a las empresas nacionales. La mayoría de las pequeñas y medianas empresas fueron empujadas a la quiebra o hacia el sector informal.

Como podía esperarse, los capitales extranjeros faltaron a la cita. En efecto, los países menos avanzados (PMA) son los parientes pobres de las inversiones extranjeras directas (IED), ya que atraen menos del 1% de los capitales destinados al conjunto de los países en vías de desarrollo. Y los países africanos de la zona del franco CFA están a la cola del pelotón. Así, por ejemplo, Costa de Marfil, que atrajo la mayor cantidad de IED en la zona CFA durante las privatizaciones, está lejos detrás de sus vecinos no-miembros de la zona del franco, ya que entre 1990 y 1997 recibió un monto acumulado de alrededor de 500 millones de dólares de IED, contra los 897 millones que recibió Ghana y los 730 millones que recibió Nigeria 11.

La apuesta por las inversiones extranjeras formaba parte del objetivo de hacer del sector privado el "motor del crecimiento". Pero semejante estrategia se basa en una mistificación: que los países africanos, como los demás países en vías de desarrollo, tienen necesidad de capitales privados extranjeros para "luchar contra la pobreza" y acelerar su desarrollo. Por eso se crearon bolsas de valores en los países de la zona del franco CFA, destinadas más a alentar las privatizaciones de empresas públicas que a movilizar el ahorro interno y el de la diáspora en beneficio de nuevas empresas locales 12.

Además, la devaluación tuvo como consecuencia inmediata la duplicación del monto de la deuda expresada en francos CFA. A pesar de las postergaciones logradas en los plazos -que no hicieron más que diferir la carga sin eliminarla- desde la devaluación el fardo se hizo más pesado. El Banco Mundial llegó a ser el principal acreedor de la mayoría de los países de la zona del franco CFA, superando incluso a Francia, la antigua potencia colonial. Esto explica la arrogancia y la considerable influencia de esta institución en la definición de las políticas económicas y sociales de los países involucrados.

A partir de 1995, la capacidad de acción de los Estados se fue debilitando progresivamente, lo mismo que la credibilidad, e incluso la legitimidad de las instituciones públicas. La desconfianza de amplios sectores de la población fue creciendo en la medida en que el gobierno se mostró con frecuencia incapaz de hacer frente a sus obligaciones elementales (salud, educación, etc.). Esto explica que varios países de la zona del franco CFA hayan sido sacudidos, y continúen siéndolo, por golpes de Estado o por revueltas sociales y políticas graves 13. Es evidente, por ejemplo, que el impacto negativo de la devaluación, combinado con la liberalización del bloque productivo café/cacao, consecutivo al desmantelamiento de la Caja de Estabilización de Precios (Caistab), tuvo un papel nada despreciable en la desestabilización de Costa de Marfil a partir de 1999.

Freno para la integración regional

En resumen, la devaluación del franco CFA hizo más frágiles a las economías africanas y las volvió todavía más dependientes del exterior. Acentuó notablemente la especialización de estos países en las exportaciones de productos primarios, dominadas por los cultivos de renta y los productos mineros sin transformación. En el año 2000 más del 70% de las exportaciones de la Unión Económica y Monetaria del África Occidental (UEMOA) 14 eran productos primarios. La devaluación también dificultó el desarrollo del sector manufacturero, que fue víctima tanto del derrumbe de la demanda interna como de una competencia extranjera desleal. Esto precipitó a muchas industrias todavía débiles hacia el sector informal, donde es grande la precariedad de los empleos y de los ingresos, contribuyendo así a hacer aun más frágil la sociedad. El cambio de paridad monetaria fue un traumatismo tan importante que los rumores de una nueva devaluación, suscitados por el anuncio de la puesta en circulación del euro en 2000, provocaron tal pánico popular que los funcionarios africanos y europeos tuvieron que multiplicar las declaraciones tranquilizadoras 15.

Al contribuir a la dependencia de las economías locales respecto del exterior, la devaluación tampoco ayudó a promover la integración africana. En efecto, a pesar de la creación de la UEMOA y de la Comunidad Económica y Monetaria del África Central (CEMAC) 16, los intercambios intra-africanos siguieron siendo poco elevados y todos los países de la zona del franco CFA, salvo una o dos excepciones, realizan más del 50% de su intercambio con Francia o con otros países de la Unión Europea.

La experiencia de la devaluación -y también la de más de 60 años de dependencia monetaria de Francia y Europa- muestran que el franco CFA no es una moneda controlada por los africanos. Actualmente administrado por el Banco Central de los Estados de África Occidental (BCEAO) y el Banco Central de los Estados del África Central (BCEAC), el franco CFA tiene una paridad fija con el euro, porque el Banco de Francia y el Tesoro francés garantizan su convertibilidad. En realidad, esto impide cualquier definición de políticas económicas y sociales autónomas para los países involucrados y también para todo África. Constituye un freno para su desarrollo y para la integración regional.

Es tiempo de que los países africanos asuman sus responsabilidades y emprendan el camino de la emancipación, con la creación de una vasta zona monetaria en el África Occidental con una moneda única (que supere la zona CFA e implique la muerte de su franco). La Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO) podría constituir el marco para hacerlo 17. Cualquier otra opción no hará más que perpetuar la servidumbre.

  1. La zona de la Comunidad Financiera Africana (CFA), donde se utiliza el franco CFA, comprende a Benin, Burkina-Faso, Costa de Marfil, Malí, Niger, Senegal, Togo, Camerún, República Centroafricana, Congo, Gabón, Guinea-Bissau, Guinea Ecuatorial y Chad.
  2. Conferencia de Naciones Unidas para el Comercio
    y Desarrollo (UNCTAD), "Les pays les moins avancés. Echapper au piège de la pauvreté", Ginebra, informe 2002.
  3. Eric Toussaint, "Quebrar el círculo infernal de la deuda", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, septiembre de 1999.
  4. Le Journal de l'économie, Dakar, 12-1-04.
  5. Philippe Leymarie, "Monnaie dévaluée, peuples oubliés", Le Monde diplomatique, París, marzo de 1994.
  6. UNCTAD, Rapport sur le commerce et le développement 1998. Publicado en forma separada: Le developpement de l'Afrique dans une perspective comparative.
  7. UNCTAD, Les flux de capitaux et la croissance en Afrique, Ginebra, julio de 2000.
  8. Comisión Económica para África (CEA), Exchange Policy of African Countries in the Franc Zone Area: Recent Developments and Future Outlook, marzo de 1998.
  9. Makhtar Diouf, Bilan de la dévaluation du franc CFA, Symposium du Codesria (Dakar), 4 al 6-11-1998.
  10. UNCTAD, Economic Development in Africa. Trade Performance and Commodity Dependence, Naciones Unidas, Ginebra, febrero de 2004.
  11. Demba Moussa Dembélé, "Investissements et commerce en Afrique de l'Ouest", Passerelles, Nº 2, Enda Tiers-Monde, Dakar, junio a agosto de 2000.
  12. Afrique Relance, Naciones Unidas, Vol. 14, Nº 3, octubre de 2000.
  13. Pierre Franklin Tavares, "Por qué tantos golpes de
    Estado en África", Informe-Dipló, 9-1-04 (www.eldiplo.org).
  14. Benin, Burkina-Faso, Costa de Marfil, Malí, Niger, Senegal, Togo y Guinea-Bissau.
  15. Charles Konan-Banny, gobernador del Banco Central de los Estados de África Occidental, "Les thèses dévaluationnistes aux orties", Le Soleil, Dakar, 17-4-1998.
  16. Creada el 16 de marzo de 1994, la CEMAC sucedió a la Unión Aduanera y Económica del África Central (UDEAC), y reúne a la República Centroafricana, Congo, Gabón, Chad, Camerún y Guinea Ecuatorial.
  17. La CEDEAO (ECOWAS en inglés) agrupa a los ocho países del oeste de África de la zona del franco CFA, así como también a Cabo Verde, Gambia, Ghana, Guinea, Liberia, Nigeria y Sierra Leona.
Autor/es Demba Moussa Dembélé
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 60 - Junio 2004
Páginas:16,17
Traducción Lucía Vera
Temas Desarrollo, Consumo