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Recuadros:

Placer al precio de la esclavitud ajena

Alrededor de 200.000 mujeres de Europa del Este entran anualmente en los circuitos de la prostitución europea, donde un proxeneta consigue un promedio de 100.000 dólares anuales de cada mujer a la que explota. En este continente ese tráfico dibuja un mapa donde Rusia y Ucrania son países proveedores, la ex Yugoslavia y Albania países de paso y Alemania, Francia, Italia, entre otros, son países de destino. Jóvenes procedentes del Este son subastadas como ganado, sometidas por proxenetas mediante violaciones y malos tratos, sujetas a ritmos intolerables de pases, en medio de una impunidad alimentada por los más rancios prejuicios sexuales.

Irina es moldava. A los 18 años deja Chisinau, su ciudad natal, atraída por la promesa de un empleo de mesera en Milán. Toma el tren, escoltada por un hombre que la hace atravesar Moldavia y Rumania. Confiscan su pasaporte, y cruza varias fronteras en forma clandestina o con la complicidad de los empleados de aduana. Finalmente llega… a Albania. Ahí comienza el infierno. Vendida varias veces, cae en manos de un proxeneta albanés que la “acondiciona”, sometiéndola a repetidas violaciones. Como se niega a hacer la calle, es golpeada y revendida a otro tratante albanés, que a su vez la maltrata y la viola. A continuación es enviada a Italia a bordo de un “scafo”, bote de fondo plano que sortea los radares. Su calvario termina cuando la policía italiana la interpela y la transfiere a un centro de refugiados.

Irina es una “Natacha”, como se denomina a las prostitutas que vienen del Este. Su destino trágico es parecido al de millares de mujeres de Europa Oriental, uno de los principales campos de reclutamiento de la prostitución, que compite con Asia, el Caribe y África. Según Bjorn Clarberg, de Interpol, “el negocio de la explotación sexual entre las dos partes de Europa ha hecho eclosión”. Así como se incrementa la criminalidad, se incrementa también el proxenetismo con sus siderales ganancias.

El derrumbe del imperio soviético y la descomposición de Yugoslavia aceleraron un fenómeno entre cuyas causas se cuenta la miseria. Generalmente secuestradas, violadas o seducidas, esas mujeres son a veces voluntarias. Esperan ganar suficiente dinero para volver a su país y mantener a su familia. Las tres cuartas partes de ellas no se habían prostituido nunca hasta ese momento.

En el continente europeo se dibujó una distribución espacial del tráfico, con los países “proveedores” (Rusia, Ucrania o Rumania), los países de tránsito (fundamentalmente los estados de la ex Yugoslavia y Albania), y los países de destino (Italia, Alemania, Francia…). El tráfico se extiende en forma ininterrumpida. La alta rentabilidad de la prostitución explica en parte esta eclosión. Pero sobre todo, como subraya Gerard Stoudmann de la Organización para la Cooperación y la Seguridad en Europa (OSCE), es “un negocio mucho menos peligroso que el tráfico de drogas, dado que todavía no existe ningún marco jurídico internacional para combatirlo”.

Moscú, uno de los principales centros, provee a los mercados alemán1, polaco y asiático. Según Eleonora Loutchnikova, directiva de la municipalidad, 330 “sociedades” rusas practicarían este tipo de “comercio”, y cada año 50.000 mujeres son expedidas al extranjero. En Polonia, la prostitución extranjera se concentra en las rutas que conducen a Alemania. Este es también el caso de la República Checa, lugar de destino de ucranianas y rusas. En Bulgaria, según la asociación Animus, son alrededor de 10.000 las mujeres que cayeron en las redes de los proxenetas. A veces su itinerario resulta fatal, como en el caso de esas dos jóvenes que murieron de frío en enero de 2000, al intentar cruzar la frontera con Grecia, donde debían trabajar como coperas.

Remate de mujeres

Para las rumanas y moldavas, el periplo muchas veces comienza en Timisoara, adonde fueron atraídas por intermediarios locales. Continúa en el Arizona Market de Breko, el mayor centro de contrabando de Bosnia-Herzegovina, o bien en Novi-Sad, en Serbia. En estos lugares se ha desarrollado un verdadero “mercado de esclavas”. Traficantes rumanos ofrecen en subasta a ucranianas, moldavas, rumanas, búlgaras, rusas que son exhibidas desnudas y compradas en unos 1.000 marcos (unos 500 dólares) por tratantes serbios que las violan y maltratan antes de ponerlas en ruta hacia Albania. Es el caso de Nicoletta, estudiante moldava de 17 años golpeada y violada por un proxeneta serbio antes de ser subastada en un depósito en desuso de Belgrado. Pasó otros dos meses en un burdel de Podgorica, Montenegro, en manos de otro serbio; a continuación fue revendida en 2500 dólares a un albanés aun más violento. En Sarajevo, el Ministro de Justicia sueco encontró una joven que había sido vendida 18 veces.

La misma situación siniestra se da en Kosovo donde, para retomar la expresión de Pasquale Lupoli, jefe de la sede kosovar de la Organización Mundial de Migraciones (OMM), los burdeles “brotaron como hongos” con la afluencia de los 50.000 soldados de las Fuerzas de la OTAN en Kosovo (KFOR), los empleados de la Misión de las Naciones Unidas en Kosovo (MNUK) y los funcionarios de las organizaciones no gubernamentales. Originarias en su mayor parte de Moldavia, Ucrania, Rumania y Bulgaria, las mujeres son subastadas por 1000 a 2500 dólares a los proxenetas kosovares. “Esas mujeres están reducidas a la esclavitud”, declaró el coronel de carabineros Vincenzo Coppola después de haber salvado en Pristina y Prizren a 23 de ellas. El año pasado, sólo 460 mujeres fueron liberadas de los 350 prostíbulos de Bosnia, mientras que serían cerca de 10.000 las que ingresaron allí en forma clandestina.

Según Stroudmann, la ex Yugoslavia es la plataforma giratoria del crimen organizado, “infiltrado dentro de las estructuras del estado hasta niveles jerárquicos”. Según Julia Harston, representante de la ONU en Sarajevo, Bosnia es al mismo tiempo “un destino, un lugar de paso y un punto de partida del tráfico de mujeres”. Este último está “notoriamente organizado, sin distinción de nacionalidad, etnia ni religión”, constata el jefe de la policía internacional (IPTF), Vincent Coeurderoy. En Macedonia, el poblado de Velezde, donde hay por lo menos siete burdeles, constituye el centro regional de la prostitución en manos de la mafia albanesa2. Aquí, un proxeneta como el temible Bojko Dilaler gana más de 20.000 dólares por mes.

En efecto, Albania ocupa un lugar decisivo en este tráfico. Aunque habituado a ver atrocidades, al jefe de la Oficina Central de Represión de la Trata de Seres Humanos (OCRTEH), Christian Amiard, le costó caer en la cuenta de que “existen verdaderos campos de sometimiento donde las jóvenes son violadas, amaestradas”. Si las mujeres se resisten, los proxenetas albaneses no dudan en torturarlas, quemándolas, electrocutándolas, amputándolas o defenestrándolas.

Tana de Zulueta, miembro de la Comisión Parlamentaria italiana antimafia, estima que “los albaneses establecieron un verdadero cártel de la prostitución”, trabando relaciones de negocios con las otras organizaciones criminales y diversificando sus actividades. Como esa poderosa banda que operaba en los Abruzzes y fue desmantelada por los carabineros: obligaban a las jóvenes de Europa Oriental a prostituirse y se habían lanzado al comercio de la droga. Según el Ministerio de Asuntos Sociales, Italia cuenta con alrededor de 50.000 prostitutas, la mitad de las cuales son extranjeras. Según estimaciones provenientes de la policía, el volumen de negocios asciende, como mínimo, a 90 millones de dólares por mes.

Posmodernidad y esclavitud

En Francia, la prostitución del este europeo tomó estado público en noviembre de 1999 con el asesinato de Ginka, bella búlgara de 19 años asesinada de 23 puñaladas en un bulevar parisino. Las prostitutas originarias de esa región, que llegan masivamente desde hace dos o tres años, representan, según Amiard, más de la mitad de las extranjeras, que ya son tan numerosas como las francesas. En Niza hay sobre todo croatas, rusas y letonas; en Estrasburgo, checas y búlgaras; en Tolosa, albanesas. En Niza, la policía desmanteló una organización búlgara que cosechaba como mínimo 28.000 dólares por mes que eran repatriados mediante giros e invertidos en bienes inmuebles. En París, la mitad de las 7.000 prostitutas serían extranjeras, entre ellas, 300 albanesas. La responsable del Bus de las mujeres, Claude Boucher, señala que una prostituta del Este efectúa entre 15 y 30 pases por día, ya que se espera que lleve a su rufián entre 400 y 800 dólares si no quiere ser golpeada. En total, la prostitución que abarca a 15.000 mujeres produce un volumen de negocios anual evaluado en unos 2.700 millones de dólares.

Las redes albanesas se establecen muchas veces en Bélgica, en particular en Bruselas, donde dan batalla a los kurdos y turcos para apropiarse de los burdeles, y en Anvers, donde hay 450 prostitutas del Este. Administran a las jóvenes albanesas, kosovares o moldavas que trabajan en París y otras grandes ciudades francesas. Las organizaciones que explotan a ucranianas, checas, eslovacas y búlgaras pasan principalmente por Alemania; rufianes y prostitutas se alojan en un hotel de Kehl, donde la policía alemana no puede hacer nada puesto que no cometen ningún delito. Las mujeres cruzan cada día el Puente de Europa para hacer la calle en Estrasburgo, donde son dos veces más numerosas que hace cinco años.

En un intento de frenar esta progresión, la capital alsaciana emitió en agosto de 2000 un decreto que prohibía el estacionamiento de vehículos sobre ciertas avenidas costeras. En Londres, las autoridades mejoraron el alumbrado público y reorganizaron la circulación de los barrios calientes de Tooting y King’s Cross, para desalentar a los clientes. Pero estas medidas no hacen sino desplazar el problema. Más bien ponen de manifiesto el malestar de los países occidentales confrontados a un nuevo fenómeno cuya dimensión los supera, teniendo en cuenta que prospera en el marco del espacio Schengen3 y que saca partido de la disparidad entre las legislaciones nacionales y de la compartimentación de los procedimientos judiciales.

Europa occidental está efectivamente mal preparada y sigue profundamente dividida entre reglamentaristas y abolicionistas (ver recuadro). Los primeros consideran a la prostitución como un mal necesario que conviene controlar por razones sociales, sanitarias y morales. Los últimos la juzgan incompatible con la dignidad de la persona humana inscrita en la Convención Internacional contra la prostitución de 1949. Los países europeos, que divergen en todo lo demás, están de acuerdo en un punto: la prostitución individual no constituye una infracción.

Si bien la prostitución refleja las desigualdades fundamentales entre hombres y mujeres, entre ricos y pobres, entre norte y sur, entre oeste y este, los franceses parecen compartir la indiferencia de los poderes públicos. Como lo denunció Martine Costes, de la organización Metanoya, los conmueve menos el comercio sexual del cuerpo que la extracción de órganos con fines lucrativos o el alquiler de vientres de las madres portadoras. Según un sondeo SOFRES de mayo de 2000, el 52% considera a la prostitución como una fatalidad inmodificable. El así llamado “oficio más viejo del mundo” serviría de “barrera de contención contra la violación”. Este argumento apunta a disimular una trágica realidad: el 80% de las prostitutas habrían sido víctimas de abuso sexual en su infancia. La prostitución no es una actividad profesional; es la explotación de la mujer por el hombre.

En lugar de encerrarse en el debate acalorado entre abolicionismo y reglamentarismo, sería mejor ocuparse de esas víctimas que son las prostitutas, salvarlas de ese “suicidio de cada día” evocado por Jacques Millard, de la Asociación del Nido. Habría que erradicar la idea de que la prostitución es ineluctable. Francia y sus socios europeos deben definir una política global que conjugue represión, prevención y reinserción.

En Francia, urge aumentar las capacidades operativas de la OCRTEH, que dispone tan sólo de 14 oficiales de policía. En Europa, podría crearse un Observatorio Europeo de la prostitución, a semejanza del que existe sobre drogas. Serviría para evaluar este fenómeno multiforme, complejo y mal conocido, para percibir las necesidades y promover acciones.

Como lo subrayó el ex ministro británico del interior Jack Straw, en la medida en que “los únicos que tienen algo que temer de una cooperación creciente en Europa son los criminales que explotan las diferencias entre las legislaciones”, es prioritario acercar las legislaciones nacionales y los procedimientos penales, dando una “definición común” de los crímenes y armonizando los “umbrales de sanción”. Actualmente los proxenetas pueden ser condenados a un mínimo de 6 meses de prisión en Alemania, 2 años en Irlanda, 4 años en Dinamarca, 5 años en Francia.

Además de los programas específicos contra la explotación de las mujeres y los menores (STOP; Daphné), la Unión Europea tiende a reforzar, en el marco del “tercer pilar” (asuntos internos y justicia), la lucha contra las organizaciones criminales, tanto con Eurojust como con Europol, favoreciendo la formación de equipos comunes de investigación. Ya la operación conjunta de las policías alemana, ucraniana y austríaca permitió desmantelar en abril de 2001 una organización que explotaba a bielorrusas, que eran encerradas primero en prostíbulos de Saxe y de Turín, y luego vendidas a establecimientos de Austria.

Pese a las fuertes presiones ejercidas por los países reglamentaristas, en diciembre de 2000 se franqueó una etapa importante en la cooperación internacional, cuando 124 países firmaron en Palermo la Convención de la ONU contra el crimen transnacional organizado. Aunque sólo fue aprobado por 80 Estados, entre ellos Francia, el protocolo adicional sobre la trata humana constituye un “instrumento renovador”, según de Zulueta, ya que recomienda acordar un permiso de residencia a las víctimas de la prostitución.

Debate jurídico

La Comisión Europea estudia la puesta en marcha de esta disposición, ya aplicada en Bélgica (desde 1995) y en Italia (desde 1998). De este modo, los centros Payoke de Anvers, Pag-asa de Bruselas y Surya de Lieja dieron, en cinco años, formación y alojamiento a 700 prostitutas que colaboraron en investigaciones. En cuanto al permiso de estadía emitido por las autoridades italianas, permite que estas mujeres gocen de los beneficios de los servicios sociales, que estudien o trabajen. Y Livia Turco, ex ministra italiana de la solidaridad, señala que “en el año 2000 se entregaron 600 permisos”.

La policía francesa, por su parte, prefiere lanzar una investigación sin que la prostituta obligatoriamente denuncie al proxeneta. Este procedimiento evita las represalias. Pero las prostitutas extranjeras siguen siendo vulnerables, en la medida en que son consideradas clandestinas, susceptibles de expulsión. De ahí la necesidad de otorgarles un verdadero estatuto de víctima que pueda a la vez protegerlas y les permita reinsertarse. Por cierto que esto no es nada fácil. Por una Nicole Castioni, que ocupa un escaño en el Parlamento de Ginebra después de haber hecho la calle Saint-Denis durante cinco años, por una Yolande Grenson, que dirige la asociación Pandora después de haberse prostituido durante 17 años en Bélgica, cuántas otras no consiguen salir porque las leyes son inadecuadas, las estructuras deficientes, el personal insuficiente. Hay que poner en marcha una política de reinserción, que conjugue la escucha, el alojamiento y la ayuda, que asocie a los poderes públicos y las asociaciones. Esta sociedad es indispensable ya que muchas veces las prostitutas son reacias a confiarse a las autoridades, como lo evidencia el fracaso patente de los servicios departamentales de prevención y readaptación social instituidos en 1960; sólo quedan cinco.

El medio asociativo es una instancia intermedia cuya utilidad reconoce Mireille Ballestrazzi, de la Dirección Central de la policía judicial. Conviene pues reflotar las comisiones departamentales creadas en 1970 y que quedaron obsoletas; permitirían llevar adelante una acción coherente de campo puesto que reúnen a representantes de los diferentes servicios públicos y de las asociaciones involucradas.

Hasta el momento, el Estado delegó ampliamente su misión de reinserción en las asociaciones. Activas, generosas, en contacto con la realidad, éstas disponen (como Altair en Niza, Cabiria en Lyon, Penélope en Estrasburgo, Le Pas en Dijon) de medios limitados cuando sus tareas van en aumento, a causa de la llegada masiva de poblaciones cuya lengua y cultura ignoran. Fue así que ALC, en los Alpes Marítimos, se vio obligada a contratar los servicios de una mediadora rusa. Los trabajadores sociales y los voluntarios deben estar formados en cuestiones de prostitución, siguiendo el ejemplo del emprendimiento de la DDASS de Loira-Atlántico.

Es pues urgente acrecentar y perpetuar mediante convenciones las subvenciones vertidas a las asociaciones, como lo aconseja la senadora socialista Dinah Derycke. Esta última sugiere también multiplicar el número de hogares y de operativos de campo, prever una ayuda financiera (o incluso una moratoria de las gestiones fiscales); ofrecer programas de formación; imaginar salidas laborales…

¿Quiénes son los responsables?

Las experiencias intentadas en el extranjero, particularmente en Italia, muy bien podrían inspirar la acción francesa. Por ejemplo la de la Casa Regina Pacis, en San Foca, pequeña estación balnearia de la región de Pulla donde el cura, don Cesare Lodeserto, alberga a unas sesenta mujeres del Este salvadas de las garras de los proxenetas. O también la de don Oreste Benzi, sacerdote de Rímini, que consiguió reinsertar a más de 1.000 prostitutas. El anterior gobierno italiano también se había comprometido intensamente, cuando lanzó en otoño de 2000 una campaña televisada de sensibilización. Para Livia Turco, se trata de una “experiencia única en Europa”, que consta de dos partes: una consiste en advertir claramente a los potenciales clientes las violencias que padecen las prostitutas, la otra consiste en ofrecer a éstas “una puerta de salida” gracias a un número verde accesible en forma permanente, que en menos de dos meses recibió 47.000 llamados. En total, cerca de 1.000 extranjeras ya se vieron beneficiadas por este programa de reinserción. Al mismo tiempo, Italia se comprometió a apoyar la formación profesional de las nigerianas repatriadas, en el seno, por ejemplo, del Centro de Benin City, donde aprenden informática o restauración.

Este ejemplo ilustra la importancia de los operativos dirigidos hacia y con los países de origen de las prostitutas. Esto es todavía más cierto en lo referente a la prevención. Así, la OIM organizó en Hungría una campaña de sensibilización, bajo la forma de folletos y audiovisuales. Para contrarrestar los avisos clasificados que atraen a las búlgaras con promesas de contrato mentirosas, Sofía publicó la lista de las empresas autorizadas a reclutar mano de obra para el extranjero.

Advertir a las mujeres acerca de los riesgos que corren no dispensa de dar información a los hombres. Ya se trate de traficantes, proxenetas o clientes, todos explotan a las mujeres en distintos grados. Hay que castigar a los rufianes, pero a los clientes ¿hay que penalizarlos, como en Suecia? ¿Curarlos, como en Canadá? ¿Educarlos, como en California? El debate es amplio.

En todo caso, hay que hacer evolucionar las mentalidades. Empezando desde la escuela, que debiera enseñar a los adolescentes, en el marco de los cursos sobre sexualidad, las crueles realidades de la prostitución. Hacerles tomar conciencia de que constituye una grave violación de los derechos de la persona, de que el cuerpo humano es inalienable y de que no existen prostitutas felices.

  1. La mayor parte de las 7.000 prostitutas de Berlín viene del Este.
  2. Las acciones internacionales siguen siendo esporádicas: policías en los bares, repatriación de dos daneses acusados de ser clientes de prostitutas, renuncia obligada de militares estadounidenses, apertura de una investigación sobre la presencia de soldados alemanes de la KFOR en burdeles donde se explota a adolescentes…
  3. Base legal para una forma de cooperación europea intergubernamental, por fuera de la Unión Europea, destinada a la abolición del control fronterizo entre los Estados cooperantes.

Reglamentaristas y abolicionistas

Loncle, François

En un gesto de pragmatismo, Holanda legalizó la prostitución a partir de octubre de 2000: la apertura de una “sexhuizen” depende de una autorización de la municipalidad; las 10.000 prostitutas adultas y originarias de la Unión Europea son reconocidas como empleadas. Para Wijnand Stevens, del Ministerio de Justicia, “uno de los principales objetivos de la legalización es normalizar la prostitución voluntaria combatiendo mejor, al mismo tiempo, la prostitución forzada”. Motivación irrisoria, cuando es sabido que la mitad de las prostitutas holandesas admiten haber sido obligadas a entregarse a esta actividad. Además, las extranjeras en situación ilegal se dedican a la prostitución callejera, lo que acentúa su vulnerabilidad.

En cambio, Suecia penaliza desde enero de 1999 a los clientes, que se ven expuestos a una multa y una pena de prisión de 6 meses. Pero las 2.500 prostitutas del país se adaptaron, abandonando la calle para reclutar clientes por teléfono o por internet. La prostitución está enmarcada del mismo modo en Dinamarca y Grecia. En Alemania, el gobierno sometió al Bundestag, en mayo de 2001, un proyecto de ley que convierte a las prostitutas en “prestatarias de servicios sexuales”, que gozan de cobertura médica y derechos sociales. Esta es, por lo demás, una reivindicación de algunas prostitutas francesas, desde su primera manifestación en 1975 en Lyon. Reclaman el reconocimiento de su actividad en nombre del “derecho fundamental de disponer del propio cuerpo”.

De hecho, esta exigencia sirve objetivamente más a los intereses de los proxenetas que a las prostitutas para emanciparse del medio criminal. Su cuerpo no les pertenece; está sometido a la voluntad del rufián y al deseo del cliente. Jean-Marie Rouart lo recuerda: “la puta no es libre1”. La legalización de la prostitución es claramente, para la socióloga Marie-Victoire Louis, “la victoria de la lógica del mercado”. La legalización es una forma de evacuar el problema.

Entre los 72 Estados abolicionistas, citemos a Italia, Luxemburgo, Portugal, mientras que Bélgica, el Reino Unido y España adoptaron un régimen intermedio. A partir de la ley Marthe Richard de 1946 y su adhesión a la Convención de la ONU contra la prostitución en 1960, Francia es resueltamente abolicionista. Por eso su legislación resulta hipócrita: condena al proxeneta, pero ignora al cliente; cobra impuestos a la prostituta, pero le niega derechos sociales. La prevención y la reinserción siguen siendo ampliamente insuficientes, aun cuando la represión del oficio de proxeneta se acentuó desde 1994 con la creación de dos nuevas infracciones severamente castigadas: 20 años de reclusión para el proxenetismo ejercido mediante bandas organizadas y cadena perpetua para el proxeneta torturador.

  1. In Pascale Kremer, “Les travailleurs du sexe continuent leur combat”, Le Monde, 3-7-2000.


Algunas cifras

-4 millones de mujeres y jovencitas son compradas y vendidas cada año en el mundo,según la ONU. Entre ellas, 7.000 nepalesas forzadas a trabajar como sex workers en las casas de Nueva Delhi o Bombay y dos tercios de las 55.000 prostitutas de Camboya, reclutadas por la fuerza.

-1.000 millones de dólares produce el turismo sexual en Tailandia,

evalúa la asociación Empower.

-200.000 mujeres provenientes de países del Este, se calcula que caen en manos de los proxenetas europeos cada año.

Según Larysa Kobelyanska, responsable de la Liga femenina de Kiev, “100.000 ucranianas fueron víctimas en unos pocos años de las organizaciones criminales de la industria del sexo”.

-Entre 5.000 y 7.000 millones de dólares oscila el total de volumen de negocios anual que representaría la prostitución mundial.

Según Interpol, una prostituta procuraría un promedio de 100.000 dólares por año a su proxeneta.


Autor/es François Loncle
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 29 - Noviembre 2001
Páginas:35,36
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Sexismo, Trabajo, Derechos Humanos
Países Albania, Rusia, Ucrania, Yugoslavia