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Recuadros:

Ajuste, reestructuración y crisis del agro

Durante la década pasada se aplicó en la economía argentina un fuerte ajuste estructural de raíz neoliberal, que alteró el funcionamiento del sector agropecuario: el Plan de Convertibilidad de 1991 (un peso igual a un dólar); plena liberalización de las transacciones financieras; extenso programa de privatizaciones; sustanciales desregulaciones en todos los órdenes; flexibilización del mercado laboral y una drástica apertura al exterior (no sólo en materia arancelaria y cambiaria, sino también en la creación de un "clima adecuado" para las finanzas y el capital extranjero), fueron los ejes centrales del plan. El conjunto de medidas modificó sustancialmente las reglas del juego y la lógica de funcionamiento de la economía nacional, al tiempo que coadyuvó a consolidar un nuevo poder económico en Argentina 1.

¿Cómo se manifestó este programa en el sector agropecuario? ¿Cuál fue su incidencia, en particular sobre los medianos y pequeños productores agropecuarios, los campesinos y trabajadores rurales, que constituyen en términos generales la gran mayoría del sector?

Al ajuste estructural se agrega el decreto presidencial Nº 2284 de fines de 1991 (denominado “de desregulación económica”) que habría de incidir sobre el sector. Con este decreto se desactivó la red institucional que había regido la actividad agropecuaria durante más de seis décadas. Fueron disueltos mercados de concentración, institutos de investigación (fue reestructurado el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), institutos de fiscalización de la actividad agraria y mercados de hacienda, fundamentalmente la Junta Nacional de Granos, la Junta Nacional de Carnes, la Dirección Nacional del Azúcar y otros organismos de fiscalización y regulación de los productos regionales. En el mismo decreto se establecen medidas tendientes a la desregulación del comercio interior de bienes y servicios, del comercio exterior y el sistema de transporte, y el régimen de gravámenes a las exportaciones. Se eliminó también el sistema de precios sostén, un factor esencial que, como en muchos países del mundo, se utilizaba como regulador de la actividad y de las rentabilidades de los distintos sectores. Todas estas medidas, tendientes a acercar al sector al “mercado”, transformaron de golpe al agro argentino en uno de los más desregulados del mundo2.

Esta política facilitó procesos de concentración económica y extranjerización de la industria alimentaria y de la distribución final de alimentos (con el auge del supermercadismo), los cuales modificaron las articulaciones en el interior de los diversos complejos que integran al conjunto del sistema agroalimentario; esto es la red de relaciones que se establecen en torno a la industria alimentaria, la distribución final de alimentos y los sectores vinculados con la provisión de insumos. El aumento de la integración vertical al interior de los diversos complejos en sus diversas formas es también una consecuencia de estos procesos. Con la mayor integración vertical creció la agricultura de contrato y otras formas de articulación entre el agro y la industria, adquiriendo mayor poder las grandes empresas extra-agrarias en relación con los medianos y pequeños productores agropecuarios, que tendieron a perder significativamente su autonomía de decisión3.

Se produjo una creciente dependencia del productor agropecuario, no sólo respecto de la agroindustria y la provisión de insumos, sino también –más que nunca– de las empresas proveedoras de semilla. Desde que apareció la agricultura, hace unos 10.000 años, el productor agropecuario se proveía a sí mismo de la semilla para el año siguiente, esencial para garantizar la reproducción de su finca agraria y su identidad como productor. Ahora va perdiendo esta capacidad, en la medida en que depende de unas pocas grandes empresas transnacionales para la provisión de semilla y del paquete tecnológico que la acompaña. Este proceso comenzó con las semillas híbridas y continúa en la actualidad con la transgénica. Es el caso por ejemplo de la soja, que el chacarero de la pampa húmeda adoptó masivamente en las últimas temporadas4.

El auge del agrobusiness y la creciente integración del productor a complejos agroindustriales se profundizó con las medidas desregulatorias y el retiro del Estado del sector, que influyó sobre las transformaciones que se dieron en años recientes. La estrecha interrelación económica entre los actores sociales del agro y la industria se produjo en momentos en que la globalización se manifiesta mediante la preeminencia de las grandes empresas transnacionales como actores privilegiados de los procesos agrarios.

Tendencias y modificaciones

La década pasada fue un período de aumento de la producción y de la productividad globales, si se considera al sector agropecuario en su conjunto: el sector aumentó más de un 20% su producción total en volúmenes5. Los rendimientos por hectárea de los principales cultivos pampeanos también registraron ciertos aumentos (maíz, trigo, cebada, aunque no la soja). Asimismo, se incrementaron las exportaciones, aunque no lo suficiente como para equilibrar los saldos negativos de la balanza comercial. Estos aumentos, tanto de la producción como de las exportaciones, se produjeron en el marco de grandes variaciones de precios. En los primeros años de la convertibilidad aumentaron los precios agrícolas internos, alcanzando un pico en 1995/96. Esta tendencia luego se revierte, transformándose en caídas sustanciales para los principales productos del sector (cereales, oleaginosas, y pecuarios) al concluir el milenio. La situación resulta más gravosa en relación con los cultivos regionales, especialmente el té, la lana y en especial el azúcar, cuyos precios caen y se mantienen a niveles muy bajos a lo largo de casi toda la década.

Sin embargo, la gran mayoría de los insumos agropecuarios aumentan o mantienen su nivel de precios en el período, incidiendo sobre los costos de producción. En la segunda mitad de la década caen sustancialmente los precios relativos producto/insumo, principales sostenes del nivel de rentabilidad.

A la caída de precios relativos se agrega el aumento del endeudamiento del sector y de las tasas de interés, que se hacen expropiatorias hacia finales de la década. El financiamiento bancario hacia el sector agropecuario aumentó significativamente a partir de la estabilidad que genera el Plan de Convertibilidad en 1991. Pero a partir de 1995 el financiamiento comienza a caer, debido a la crisis financiera. Se produce un retiro considerable de depósitos, reticencia de los bancos y un aumento en las tasas de interés.

El endeudamiento del sector agropecuario se debe, por un lado, a la mayor disponibilidad de crédito de principios de los ’90 para el conjunto de la economía. Pero, por otro, a la existencia de mayores costos fijos y a la necesidad, siguiendo el discurso oficial, de encarar procesos de reconversión, lo que obligó a los productores agropecuarios a tomar créditos para producir. Los mayores costos fijos están asociados al cambio productivo: el mayor uso de fertilizantes y otros insumos obligó a destinar mayor cantidad de recursos económicos a la producción6.

La caída de rentabilidad por unidad producida obligó a muchos productores a aumentar su escala de producción para mantener cierta competitividad, situación que los empujó a endeudarse mucho más. Estos créditos pronto se convertirían en pesadas cargas, ya que las tasas de interés cobran relevancia e inciden significativamente sobre la rentabilidad de la explotación. Comparadas con la década anterior, las tasas de interés reales de los ’90 fueron considerablemente altas y no cayeron de la manera que sostenía el gobierno. En muchos casos las tasas, ya muy altas, adquirieron valores exorbitantes al incorporarse punitorios y/o gastos financieros. En efecto, gran parte de los créditos otorgados a los pequeños y medianos productores fueron realizados mediante modalidades o líneas de crédito sumamente caras. Por ejemplo, el descubierto en cuenta corriente, que osciló entre el 2 y el 3,5% mensual.

Concentración

En definitiva, en los ’90 las nuevas políticas hacia el sector y los aumentos de producción y productividad logrados no alcanzaron a todos por igual. Tendieron más bien a favorecer la concentración de la producción en unidades de mayor tamaño, capaces de obtener financiamiento en mejores condiciones e incorporar tecnologías y marginando a todos los demás.

El problema, no siempre destacado por los especialistas, es que esos sectores que resultaron marginados constituyen la vasta mayoría de los productores agropecuarios. El Estado contribuyó al deterioro sufrido por los sectores mayoritarios: desaparecieron o quebraron numerosas explotaciones, cooperativas, comercios e industrias vinculadas al sector; se deterioraron las condiciones de vida de la familia rural, incluyendo la de los trabajadores, así como las condiciones ambientales. Este fenómeno se manifestó muy especialmente en las economías regionales, donde la crisis agraria ejerce un impacto mucho más acentuado.

  1. Miguel Teubal, "Crecimiento y pobreza: el caso argentino", Enoikos, Revista de la Facultad de Ciencias Económicas (UBA), año VII, Nº 15, Buenos Aires, 1999; y "Structural Adjustment and Social Disarticulation: The Case of Argentina", Science & Society, Vol. 64, Nº 4, Nueva York, invierno 2000/2001.
  2. Miguel Teubal y Javier Rodríguez, “Neoliberalismo y crisis agraria”, en Norma Giarracca y colaboradores, La protesta social en la Argentina. Transformaciones económicas y crisis social en el interior del país, Alianza Editorial, Buenos Aires, 2001.
  3. Miguel Teubal y Javier Rodríguez, “Globalización y sistemas agroalimentarios en la Argentina”, ponencia presentada en el X Congreso Mundial de Sociología Rural, Río de Janeiro, Brasil, agosto 2000.
  4. Walter Pengue, “Peligra la soberanía alimentaria argentina”, Le Monde diplomatique, edición, Cono Sur Buenos Aires, septiembre 2000.
  5. Paradojalmente, entre 1993 y 1999 el PBI agropecuario en valores constantes se incrementó en un 19,8%, mientras que en valores corrientes sólo aumentó el 0,9%. Como consecuencia, los precios implícitos en el PBI agropecuario cayeron 18,9%. Muchas de las referencias que se hacen referidas al “auge” que tuvo el sector en la década del 1990 se refieren únicamente a los volúmenes globales y a los de determinados cultivos.
  6. Horacio Giberti, “Sector agropecuario. Oscuro panorama. ¿Y el futuro?”, Realidad Económica, Nº 177, Buenos Aires, enero-febrero 2001.

Lecturas adicionales

-Eduardo Azcuy Ameghino, “Pasado y presente de la cadena agroalimentaria de la carne vacuna argentina”, Realidad Económica, N° 179, Buenos Aires, abril-mayo de 2001.

-Horacio Giberti, “Sector agropecuario. Oscuro panorama. ¿Y el futuro?”, Realidad Económica, Nº 177, Buenos Aires, enero-febrero de 2001.

-Graciela Gutman, “Innovaciones tecnológicas y organizativas en complejos agroalimentarios. El complejo oleaginoso en el Mercosur”, Cuadernos del PIEA, Nº 11, Buenos Aires, agosto de 2000.

-Miguel Teubal, Globalización y expansión agroindustrial. ¿Superación de la pobreza en América Latina?, Corregidor, Buenos Aires, 1995.

-Miguel Teubal, “Complejos y sistemas agroalimentarios: aspectos teórico-metodológicos”, en Norma Giarracca (Coordinadora), Estudios Rurales. Teorías, problemas y estrategias metodológicas, La Colmena, Buenos Aires, 1999.

-Miguel Teubal y Rodolfo Pastore, “Acceso a la alimentación y regímenes de acumulación: el papel de los precios relativos” en

-Miguel Teubal (Comp.), Teoría, estructura y procesos económicos. Ensayos en honor al Dr. Julio H.G. Olivera, Eudeba-Centro de Estudios Avanzados de la UBA, Buenos Aires, 1998.

-Miguel Teubal y Javier Rodríguez, “Neoliberalismo y crisis agraria”, en Norma Giarracca y colaboradores, La protesta social en la Argentina. Transformaciones económicas y crisis social en el interior del país, Alianza Editorial, Buenos Aires, 2001.

-E. Basualdo y M. Khavisse, El nuevo poder terrateniente. Investigaciones sobre los viejos y nuevos propietarios de la tierra en la provincia de Buenos Aires, Planeta, Bs. As., 1993.

-E. Basualdo y J. Bang, Los grupos de sociedades en el sector agrario pampeano, Flacso-INTA, Buenos Aires, 1997.

-M. Bendini y G. Pescio, Trabajo y cambio técnico. El caso de la agroindustria frutícola del Alto Valle,La Colmena, Buenos Aires, 1996.

-Roberto Benencia, Área hortícola bonaerense. Cambios en la producción y su incidencia en los sectores sociales, La Colmena, Buenos Aires, 1997.

-R. Cittadini et al, “Diversidad de sistemas ganaderos y su articulación con el sistema familiar”, Revista Argentina de Producción Animal, Vol 21, Nº 2, INTA Balcarce, 2001.

-S. Cloquell y M. De Nicola, “La sustentabilidad agropecuaria como una estrategia de reproducción en la producción familiar”, Cuadernos de Desarrollo Rural, Nº44, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 1er. semestre de 2000.

-Norma Giarracca y colaboradores, La protesta social en la Argentina. Transformaciones económicas y crisis social en el interior del país, Alianza Editorial, Buenos Aires, 2001

-Horacio Giberti, “Tipos de cambios fundiarios”, Cuadernos del PIEA, Nº 6, Buenos Aires, 1998.

-M Gónzalez et al, “Productores empresariales con pluralidad de ingresos en el partido de Azul”, Revista Argentina de Economía agraria, AAEA, Buenos Aires, 1997.

-Gabriela Martínez Dougnac, “Trabajo asalariado y familiar en la zona agrícola del norte”, Cuadernos del PIEA, Nº 4, Buenos Aires, 1998.

-Miguel Murmis, “El agro argentino, algunos problemas para su análisis”, en Norma Giarracca y Silvia Cloquell (Comp.), Las agriculturas del Mercosur. El papel de los actores sociales, La Colmena-CLACSO, Buenos Aires, 1998.

-Miguel Murmis, “Pobreza rural y ocupación: algunos datos inéditos”, Estudios del Trabajo, Nº 12, Buenos Aires, 1996.


Autor/es Javier Rodríguez, Miguel Teubal
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 30 - Diciembre 2001
Páginas:6,7
Temas Agricultura, Corrupción, Desarrollo, Políticas Locales
Países Argentina