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Voces populares que quieren hacerse oír

Agobiados por la persistente crisis económica, la concentración de los medios de comunicación y la falta de apoyo estatal, los medios gráficos vecinales enfrentan serias dificultades para mantener viva la pluralidad de opiniones y dar voz a aquellos que no la tienen. La escasez de recursos impide abocarse por completo a la actividad periodística, así como al desarrollo de una organización que defienda un interés común.

“Estamos bregando para reconstituir el tejido social porque este modelo que nos ha destruido también nos ha incomunicado, a pesar de que estamos en el siglo de las telecomunicaciones. Los vecinos estamos cada vez más aislados y al estar aislados perdemos calidad de vida (…) Cada lector puede ser un colaborador porque se escucha a la gente de base, la gente de pueblo que tiene necesidades, que está sufriendo en forma permanente”, afirma Luis Muñoz, colaborador del periódico mensual interzonal Interacción Urbana, que se distribuye en los partidos de Almirante Brown, Morón y Hurlingham de la provincia de Buenos Aires. Su director, Jorge Alberto Libischoff, cuenta que el periódico nació en el año 1997 como consecuencia de “una necesidad de trabajo y para contrarrestar la desinformación que generan los grandes medios en función de un interés particular”. A diferencia de la mayoría de los medios zonales, Interacción Urbana rechaza la distribución gratuita y se entrega a domicilio al precio de un peso: “Nuestro trabajo vale. Entendemos que la distribución gratuita apunta a acabar con todo este tipo de medios porque la publicidad es una cuestión condicionante. Si hoy el comercio anda mal, se te caen siete u ocho publicidades y ya no podés sacar el periódico”. Pero el peligro de no salir siempre está latente.

La feroz recesión que afecta a la sociedad argentina amenaza seriamente la existencia de muchos medios de comunicación locales que se financian principalmente con la venta de publicidad a comercios de su zona de influencia. En el último año, muchos vieron desaparecer a sus auspiciantes más fieles. Javier Romero, director del periódico mensual El Diario, que surgió en septiembre de 1989 con el nombre de El Yunque, y en la actualidad tira 22.000 ejemplares que se distribuyen de forma mixta, a través de la venta en kioscos, suscripciones y la repartición gratuita en los partidos de Morón, Hurlingham e Ituzaingó, afirma que “el 40% de los anunciantes tradicionales del diario –la mayoría venía auspiciando el periódico hacía diez años– cayeron este año”. Pero la situación no sólo es alarmante debido a la crisis económica. La incursión de grandes multimedios en la publicación de suplementos zonales en el área del conurbano bonaerense –podría extenderse a la Capital Federal de concretarse su división en comunas– significó otro duro golpe.

Competencia feroz

El pasado 4 de septiembre pasado, el diario Clarín lanzó en los partidos de San Martín y Tres de Febrero un suplemento zonal a todo color que incluye clasificados y una guía de servicios, y se distribuye semanalmente de forma gratuita junto a la edición nacional. Esta edición se sumó a las ya existentes en Vicente López, San Isidro, Morón e Ituzaingó, Lomas de Zamora y Almirante Brown, y Avellaneda y Lanús1. Romero denuncia una política de dumping que a la estructura de un multimedio suma la venta de publicidad más barata. Al ofrecer una bonificación del 50% por lanzamiento de publicidad y otro 50% por campaña, los espacios de publicidad se situán en un 25% de su valor real. “Si se suma la situación económica a la aparición de un competidor de la talla del Grupo Clarín, la supervivencia de las voces que se reflejan a través de los medios regionales es muy complicada (…) Están muriendo gran parte de los medios regionales de comunicación. Están muriendo los periodistas independientes que tienen algún espacio”.

Sin embargo, El Diario ha afrontado épocas más dificiles. Por denuncias de enriquecimiento ilícito efectuadas en 1997 contra el entonces intendente de Morón Juan Carlos Rousselot, debió soportar agresiones físicas e intentos de boicot económico por medio de amenazas de clausura a los comercios auspiciantes y estuvo “al borde de desaparecer”. Actualmente, a través de un esfuerzo constante por aumentar los ingresos, el rediseño y las características particulares de la publicación, que contiene notas de investigación en las que tienen “un lugar destacado los vecinos que están peleando contra los abusos de poder”, El Diario mantiene una base que le permite sobrevivir. Para “ver los grandes problemas, pero analizarlos desde una óptica bien local”.

Para Eduardo Scirica, director de En San Telmo y sus alrededores, la función del medio barrial es muy importante: “Pueden democratizar la información, llegan a la gente que no compra el diario, pueden estar al lado de un problema concreto del barrio (…) para informar de noticias que no aparecen en los grandes medios porque no son de interés”. Pero Scirica advierte sobre el peligro del vecinalismo que contiene implícito cierto grado de xenofobia, en el que el barrio deviene una fortaleza y todo lo que se encuentra más allá, la “periferia”: “Muchas veces el término vecino se usa para tratar de indirectamente presentar un problema como un problema vecinal cuando en realidad son temas ideológicos de fondo”. Al contrario, el barrio es un punto de apoyo. En ese sentido, Jorge Alberto Libischoff señala que “si bien el contenido toma la problemática local, el barrio, la localidad, no es una isla, y los problemas que existen en un barrio están estrechamente vinculados a lo que pasa en un país, o inclusive en un continente”.

Jerarquizar el contenido

Marcelo Benini, director de El Barrio, que con una tirada de 8.000 ejemplares abarca los barrios de Villa Urquiza, Coghlan y Saavedra, en la Capital Federal, sostiene que para imponerse los periódicos barriales deben intentar diferenciarse, ofrecer lo que nadie da, “un aspecto diferente, más rico y personal que puede tener un periodista que vive en el propio lugar de los hechos”. Benini edita El Barrio desde abril de 1999 para divulgar los acontecimientos de la zona donde vive, porque “esa tarea no era realizada de la mejor forma por otras publicaciones que sí existían (…) No hay profesionales al servicio de estas propuestas, sino más bien emprendedores, comerciantes que creen que pueden hacer un negocio”.

A menudo las publicaciones barriales se confunden con guías comerciales cuyo contenido está principalmente compuesto por publicidad y notas pagadas por comercios para promocionarse. “El límite es que los medios hagan periodismo”, concuerda Scirica. Pero esa tarea no resulta nada fácil cuando la falta de recursos y de una estructura es determinante: “Hago las notas, las cobranzas, el reparto, la distribución, vendo los avisos y mi socia hace el diseño (…) y en momentos como éste entro en crisis porque no tenés mucho tiempo para preparar las notas”.

Asociarse

Para el Dr. Carlos Besanson, director de la Agencia Periodística CID, Diario del Viajero, donde por día se imprimen cincuenta publicaciones de todo tipo, es necesario pensar en función de costos. “Cada editor, por pequeño que sea, es un empresario” y por lo tanto debe alcanzar la solidez. “La gente puede hacer pequeñas publicaciones a tan bajo costo que puede tener independencia económica”. Algunos medios quisieron unirse. Ana Micaela Kamien, editora del diario La Imprenta de Belgrano recuerda que con un pequeño grupo de editores intentaron sin éxito comprar bobinas de papel en conjunto e imprimir todos en el mismo lugar con el objetivo de bajar costos: “Se hace tan díficil, y uno se ve sobrepasado con tanta urgencia que no puede tener tiempo de organizar esas cosas”.

La gran heterogeneidad de propuestas y de objetivos representa una barrera frente a los intentos de organización. En el año 1992, un grupo de medios barriales reunidos en una convocatoria organizada por la Ciudad de Buenos Aires decidió agruparse para constituir una asociación con la finalidad de elaborar un estatuto, alcanzar la personería jurídica y lograr reconocimiento. Santiago Giuri, director de la revista Nuestro tiempo de Villa Urquiza, Parque Chas, Agronomia y Villa Constitución, y ex presidente de la Asociación de Editores Gráficos Vecinales (AEGV) recuerda: “Sostuve la necesidad de agruparnos porque podíamos ser un interesante sector de poder dentro de la comunidad”.

En un principio, las reuniones aglutinaban entre 50 y 60 medios, pero rápidamente fueron vaciándose: “Lamentablemente llegamos al agotamiento sin haber hecho nada”. Con el apoyo de los entonces concejales Abel Fatala y Eduardo Jozami, la AEGV logró que el Concejo Deliberante de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sancionara el 27-12-1996 la ordenanza N° 51.439. Allí se establecía, entre otras cosas, la creación de un Registro de Medios Vecinales de Comunicación de la ciudad de Buenos Aires en el ámbito de la Subsecretaría de Comunicación Social, con el fin de hacerlos destinatarios del 4% del presupuesto asignado a la difusión de la gestión del Gobierno de la Ciudad (la mitad correspondía a medios radioeléctricos).

Para ingresar en ese registro los medios vecinales gráficos debían acreditar un mínimo de un año continuo de publicación con una frecuencia no menor a nueve números al año; contar con la inscripción al registro de la Propiedad intelectual; tirar un mínimo de 2.000 ejemplares; contener por lo menos un 50% de temas inherentes a la Ciudad de Buenos Aires y vecinales relacionados con la cultura, educación, salud, medio ambiente, calidad de vida, historia de Buenos Aires y sociedad; tener un máximo de 50% de publicidad; ser de distribución gratuita; y contar con un mínimo de ocho páginas tamaño tabloide. La ordenanza también otorgaba acreditaciones ante las dependencias del gobierno a los medios para que puedieran desarrollar sus tareas periodísticas y creaba una hemeroteca de acceso público para la exhibición de medios vecinales. Pero fue vetada por el entonces jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Fernando De la Rúa, por “contradecir la política de contención del gasto público”, lo que significó un golpe definitivo para la asociación, que de ahí en más permaneció prácticamente inactiva. Hoy, sus ex integrantes se debaten en acusaciones estériles sobre las distintas responsabilidades. Sin embargo, el Concejo Deliberante promulgó nuevamente una ordenanza similar el 26-12-1997 con el número 52.360. La principal diferencia consistía en que el presupuesto otorgado a los medios vecinales era de “hasta” el 4%. La nueva ordenanza quedó en el olvido hasta octubre pasado, cuando por iniciativa de la diputada del Frepaso Sandra Dosch, la Legislatura de la Ciudad elevó un pedido de informe al poder ejecutivo “considerando que lo interesante del funcionamiento de un Registro de Medios Vecinales de Comunicación radica en el pleno ejercicio del derecho a la información que todo ciudadano debe ejercitar”2.

Pero la ordenanza sigue sin ser reglamentada. Al mismo tiempo, un grupo de 20 medios decidió reagruparse en una red ‘horizontal’ y con el apoyo de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) está gestionando un encuentro con el actual jefe de gobierno, Aníbal Ibarra. Por el momento existe un registro que lleva adelante la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, en el que figuran aproximadamente 60 medios barriales.

Falta de apoyo

Pero a pesar de sus diferencias, todos coinciden en un punto: en Argentina no existen políticas de promoción y de fomento. Para Marcelo Benini resulta paradójico que los medios barriales son los que “comunican la mayor cantidad de noticias vinculadas a la participación del Gobierno de la Ciudad en determinados proyectos y emprendimientos vinculados a los barrios, y sin embargo no son contemplados a la hora de pautar propaganda oficial”. Para Scirica, el problema es que se ve a los medios barriales como periodismo de museo y “no desde su rol social” como “un medio comunitario que puede intervenir en la acción pública”. El problema, según Javier Romero, es que el Estado “debería preocuparse más por la pluralidad de opiniones que reflejan los medios regionales. No es una preocupación del Estado. No es una preocupación del poder político. El poder político está como rehén de los grandes multimedios”.

La defensa de la libertad de prensa, de la pluralidad de opiniones, es un deber insoslayable del Estado, que no puede quedar en el mero discurso. La promoción de todas las voces, por pequeñas que sean, constituye una herramienta fundamental para el crecimiento de la ciudadanía, para la construcción de una democracia participativa en la que el respeto por el otro y la protección de los más débiles se conviertan en prioridades. Los medios barriales cumplen un rol esencial en esa construcción.

  1. Clarín, Buenos Aires, 30-9-01.
  2. Resolución 226/2001, 25-10-01. En Internet: http://despacho.legislatura.gov.ar/2001/octubre/25-10-01/resolu/res226-0...
Autor/es Pablo Stancanelli
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 30 - Diciembre 2001
Páginas:34,35
Temas Periodismo
Países Argentina