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Harry Potter explicado a los padres

¿Qué poción mágica podría excitar a tal punto la fascinación por Harry Potter? Lo mismo que con Pokémon, es tentador ver en esta pasión el resultado de un marketing diabólico, cuando en realidad en ambos casos la publicidad no hizo más que pisarle los talones a un éxito que nada hacía presagiar. Muchos editores rechazaron el primer manuscrito de J. K. Rowling y ahora se comen las uñas. De manera que es preciso considerar que estas aventuras no son solamente un melting pot de brujos, calderos y hechizos cocinados con salsa Halloween, sino que responden al menos a algunas de las preocupaciones del público al que se dirigen: los chicos de once a catorce años.

Ante todo, las Aventuras de Harry Potter son las de Ron, Hermione y sus amigos. En las tapas de las diferentes obras, un chico aparece rodeado de sus pares. Los padres están lejos. Además, los padres que educan a Harry no son sus verdaderos padres y su estupidez los ha descalificado para siempre a sus ojos y a los del lector. Son pobres humanos cerrados definitivamente al mundo de la brujería. Así que Harry tiene que contar sólo con la solicitud de sus compañeros. Los muchos chicos que en la realidad tienen que afrontar problemas de relación con el único apoyo de sus compañeros, se reconocen en ese chico cuyos interlocutores privilegiados son unos pocos amigos de su edad.

El éxito de la serie televisiva Friends se debe a la misma matriz: una sociedad de pares a la que no se le impone ninguna confrontación con mayores que den lecciones y la reiterada afirmación de que las pruebas sólo pueden ser superadas por la coherencia del grupo y las competencias de cada cual, aun y sobre todo cuando éstas aparezcan en primera instancia como meras manías individuales. Las Aventuras de Harry Potter suman a estos ingredientes la creciente complicidad del héroe con el genio bueno del lugar, el brujo director de la escuela. Pero debe ganar esa complicidad por sus méritos, mientras que el mundo jerárquico de los brujos que descienden de otros brujos evoca a la aristocracia tradicional… y también a ciertos privilegios de los bien nacidos de la República.

La situación familiar de Harry coincide con la novela edípica que todo niño tiende a construir con su propia historia: sus padres biológicos serían diferentes del hombre y la mujer que lo crían y por supuesto mucho más inteligentes, ricos y célebres que ellos. Esta descalificación del padre y la madre permite al hijo manejar mejor los sentimientos extremos que alimenta hacia ellos: si son sólo usurpadores, el difícil trabajo de separación se ve muy facilitado. Y esos ensueños de filiación prestigiosa se enriquecen para Harry Potter con la historia ejemplar de sus progenitores, a los que descubre poco a poco, al tiempo que se le impone el exaltante destino de vengarlos…

Tintín era una especie de héroe de la latencia, sin sexualidad ni rebelión, que correspondía a una época. Como Peter Pan, estaba fijado en el país del nunca-nunca: nunca barba, ni vello, ni fantasías sexuales. Pero actualmente las niñas de 8 años piden vestirse “sexy” y los niños en general están informados sobre los cambios de la pubertad aun antes de que afecten su cuerpo. Indicio de esta evolución, Harry Potter cumple un año más en cada tomo de sus aventuras, pasando de la infancia a la adultez con todo el cortejo de angustias de la adolescencia. Pero el mundo mágico donde evoluciona lo confronta también con otras metamorfosis que nada tienen que ver con el crecimiento y que resultan de las suertes que se echan unos a otros los diferentes brujos de la historia, benévolos o malignos.

Estas transformaciones confrontan inevitablemente al joven lector con las que afectan su cuerpo en el momento de la pubertad, portadoras de una fuerte carga de ansiedad En el tercer tomo, titulado El prisionero de Azkaban, un personaje se metamorfosea a pesar de sí mismo en un semilobo y sus amigos se convierten en perros para protegerlo: animales buenos contra malos… El adolescente se encuentra allí con una puesta en escena apenas desfasada de sus propias angustias: la animalidad que siente a veces hervir dentro de sí, ¿no lo pone en el mismo riesgo?¿Habrá quien lo proteja de ella? Los jóvenes lectores suelen decir que “ven” sus peripecias como en una pantalla cinematográfica.

Para crear esta impresión, la escritura de Rowling privilegia las descripciones de movimientos y desplazamientos. No son ni los lugares ni el aspecto de los personajes los que retienen su atención, sino solamente las actividades. Nunca se describe un cuerpo sino en movimiento, nunca se describe un paisaje sino cuando sirve de escenario de alguna acción, bosquejado a la vez en sus aspectos sonoros, emotivos y kinestésicos.

Esta escritura del movimiento fascina al adolescente en la medida en que entra en sintonía con los trastornos de los que él mismo se siente escenario y que lo llevan por ejemplo a buscar la embriaguez de la velocidad o el vértigo de los bailes tecno, que siguen el ritmo rápido de la iluminación intermitente.

Cabe interpretar las Aventuras de Harry Potter como una especie de cuento de hadas moderno envuelto en el embalaje publicitario, made in USA, de un Halloween convencional. Pero sólo a primera vista. Contrariamente a lo que sucede en muchos cuentos de hadas, aquí al héroe le resulta sistemáticamente imposible decidir la significación precisa, amistosa u hostil, de los gestos y actitudes de los personajes con quienes se encuentra. Dicho de otro modo, los personajes nunca están claramente situados del lado del Bien o del Mal. Esta trama narrativa no es la de un cuento, pero no le falta antecedente: su modelo es el mito del Grial, que atraviesa varias culturas, sobre todo la indoeuropea, la celta y la cristiana. Más allá de sus múltiples variantes, los relatos que en él se inspiran ponen en escena objetos y situaciones características comunes. En las Aventuras de Harry Potter encontramos por lo menos cinco: la utilización de armas particulares, el ciervo como animal emblemático, la prueba del beso, el rol del caldero que da la vida y la importancia del estigma como testimonio de un destino excepcional.

Las espadas y lanzas empleadas en la búsqueda del Grial pueden matar o sanar, según los casos, a aquél a quien apuntan. Es exactamente lo que se encuentra en Harry Potter, salvo que se trata de varitas mágicas que pueden matar o curar según las intenciones de quien las manipula. En el mito del Grial el ciervo cumple una función esencial. En Harry Potter el ciervo es el animal emblemático del padre del héroe: un ciervo que se metamorfoseaba para ocultarse y después de su muerte aparece ante su hijo bajo esta apariencia para salvarlo.

La tercera analogía es la prueba del beso. En el mito esta prueba aparece en el segundo acto de Parsifal, cuando el héroe descubre que el beso de Kundry, un personaje al mismo tiempo maléfico y benéfico, es el arma de la herida. Del mismo modo, en Harry Potter los saboteadores que trabajan para el penal de Azkaban imponen a los brujos criminales un beso mortífero que les aspira literalmente el alma.

El cuarto elemento común es el caldero. El recipiente donde se elabora la receta de la inmortalidad evoca el cáliz eucarístico de la mitología cristiana. En el cuarto tomo de sus Aventuras, Harry, lanzado a la búsqueda de una “copa de fuego”, es desviado hacia un cementerio donde se organiza una ceremonia alrededor de un caldero. Allí se ve obligado a dar un poco de su sangre para permitir la resurrección de su mortal enemigo, el aliado del Dios de las tinieblas, Lord Valdemor. Al participar en la bebida de la inmortalidad, la sangre de Harry se convierte en equivalente de la de Cristo, capaz de garantizar “la vida eterna” mediante el misterio de la comunión, de modo tal que Harry encarna el Santo Grial, el cáliz de la vida eterna, que contiene la sangre de Cristo vertida al pie de la Cruz.

Además, Harry Potter tiene en la frente una cicatriz que es al mismo tiempo huella de la condena a muerte que sufrió siendo bebé y la prueba de su resurrección. Su padre y madre, que se cuentan entre los hechiceros más poderosos, fueron asesinados por Lord Valdemor, y también lo fue Harry Potter, pero salió vivo de la prueba después de atravesar misteriosamente la oscuridad mortal. Esta cicatriz evoca la expresión “marcado en la frente” que se utiliza para designar a un elegido, pero también evoca los estigmas que lleva Cristo en las manos y en los pies. Harry Potter es en este sentido un personaje que se sitúa en la tradición clásica: condenado a muerte, resucitado y por fin portador de una herida visible, que atestigua su destino excepcional.

Una última fórmula para el éxito de estas aventuras podría ser que la moral implícita en las obras de Rowling corresponde exactamente a la filosofía de la existencia que comparte la mayor parte de los muy jóvenes. Puede resumirse así: todo evoluciona tan rápido que de nada sirve fijarse objetivos para querer alcanzarlos, más vale adaptarse a los cambios a medida que se producen. Este modo de pensamiento es familiar a los jóvenes porque no sólo está en juego en la vida social, sino que además prevalece en la mayor parte de los videojuegos. Se opone a la forma tradicional de pensamiento que sigue rigiendo el terreno científico, donde se trata de alcanzar un objetivo a través de un itinerario lógico.

En el mundo de Harry Potter de nada sirve partir de hipótesis para construir estrategias. Lo real, si es que cabe llamarlo así, es a tal punto inimaginable que no deja otra posibilidad que la de conducirse a tientas, perfeccionándose conforme las acciones resultan eficaces. En un mundo donde los puntos de referencia de la generación anterior suelen parecer poco útiles frente a la permanente renovación de los problemas planteados, los jóvenes tientan y construyen en el mismo movimiento su mundo interior y el mundo social de mañana.

Autor/es Serge Tisseron
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 30 - Diciembre 2001
Páginas:40
Traducción Marta Vassallo
Temas Cine, Mundialización (Cultura), Literatura