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Cincuenta voces de la ResistenciaTodas las ediciones internacionales de Le Monde diplomatique se reunieron en mayo pasado en París para festejar el 50º Aniversario de la aparición de la “casa materna”, la edición francesa fundada en 1954 por Hubert Beuve-Méry. Al cabo de un seminario donde se pasó revista a la situación política internacional y se definieron las grandes líneas de acción futuras, y de una reunión en el Instituto del Mundo Árabe con amigos y colaboradores de todo el mundo, la conmemoración se cerró con una gran fiesta en el Palacio de los Deportes.Resulta curioso el silencio observado por la mayoría de los grandes medios sobre la gran fiesta organizada el 8 de mayo de 2004 en el Palacio de los Deportes de París por Le Monde diplomatique, en ocasión de su 50º aniversario 1. Como si la abstención de los canales de televisión, las radios y los diarios pudiera hacer desaparecer el acontecimiento. No obstante, los hechos están a la vista: más de 5.000 personas se reunieron durante diez horas en torno a cincuenta "voces de la resistencia": las de personalidades procedentes de Francia y del mundo entero, pero también las de cantantes y músicos franceses y extranjeros, que actuaron gratuitamente. Filósofos, escritores, ensayistas, sindicalistas, militantes: este reencuentro de intelectuales comprometidos fue como un eco de los grandes movimientos por la paz de la posguerra, o incluso de los congresos antifascistas de los años '30. Hubo, ese día, muchos discursos, tan diversos como quienes los dieron. Pero todos tenían un punto común: no eran declaraciones de circunstancia, sino reflexiones, agudas y profundas, sobre el mundo surgido de la Guerra Fría y la mejor manera de transformarlo. Como un diálogo entre integrantes -europeos, americanos del Norte y del Sur, africanos, israelíes y palestinos, asiáticos- de un mismo círculo, con sus convergencias y sus divergencias. "Nuevo internacionalismo"Tras una videoconferencia ofrecida por Noam Chomsky, quien analizó desde Estados Unidos los fundamentos del hiperpoder estadounidense, Ignacio Ramonet dedicó a Pierre Bourdieu su reflexión sobre la generalización de las mentiras de Estado, que ponen a nuestras sociedades "en estado de inseguridad informacional". Raymond Aubrac, compañero de Jean Moulin 2, construyó de entrada un puente entre los Resistentes de hoy y los de ayer, cuyo llamado concluye: "Crear, es resistir. Resistir, es crear". Como por ejemplo el sudafricano Zackie Achmat, quien con su Treatment Action Compaign (TAC) hizo de la lucha contra el sida y por el acceso igualitario a la asistencia médica el núcleo de las nuevas luchas sociales. Para el filósofo Etienne Balibar, el "fin de las utopías" llama a un "nuevo internacionalismo"; razón por la que incitó a Le Monde diplomatique a trabajar en ese camino abriendo más espacio a la "contradicción" y rechazando el "lenguaje panfletario". Gracias al video vimos el rostro demacrado, pero los ojos chispeantes y la voz elegante de Edward W. Said, prematuramente desaparecido a fines de septiembre de 2003: "Tal vez yo no sea un buen profeta, pero no creo que el proceso de Oslo nos lleve lejos" 3, afirmaba. Lo siguió Eduardo Galeano: "Si no podemos adivinar cómo será la época, tenemos al menos el derecho de imaginar lo que queremos que sea". El escritor uruguayo se apropió de ese derecho y su poesía entusiasmó al público, que lo escuchó en un impresionante silencio. Hubo luego un retorno a los combates cotidianos con José Bové, para quien los campesinos constituyen, a escala planetaria, una fuerza determinante. Después de la canadiense Naomi Klein, quien denunció la guerra estadounidense en Irak, el sindicalista Claude Debons subrayó el nuevo impulso de las luchas sociales, con sus fracasos y sus éxitos: el realismo debe rimar con voluntarismo... "Anteayer me trataban de comunista, ayer de narcotraficante y hoy soy terrorista", relató el boliviano Evo Morales, líder de los campesinos productores de coca y diputado por el Movimiento al Socialismo: lo que Washington y sus aliados no soportan son sencillamente las reivindicaciones populares, empezando por la moratoria sobre la deuda. Antes de dar una estocada al Imperio, el ex dirigente izquierdista y filósofo italiano Toni Negri rindió un bello homenaje al Dipló: "Cuando llegaba a la cárcel, su lectura colectiva era un medio de lucha eficaz contra la represión y la depresión". De Régis Debray nació una propuesta original y simbólica: el traslado de la sede de Naciones Unidas a Jerusalén. Al cabo de una crítica severa de la democracia occidental, a su juicio vaciada de contenido, el premio Nobel portugués José Saramago llamó a la "impaciencia": "Ha llegado el momento de preguntarnos si la salvación de la democracia no reside justamente en la impaciencia de los ciudadanos. Impaciencia contra la resignación y el conformismo. Impaciencia contra todos aquellos que nos hicieron perder la paciencia". Llegaron entonces, como una ráfaga, varias mujeres. Christine Delphy estableció, desde una óptica de lo mixto, un balance poco complaciente de los logros del movimiento de mujeres y concluyó con esta "idea simple": "La auto-emancipación es la lucha llevada adelante por los oprimidos para los oprimidos". Por su parte, Aminata Dramane Traoré, ex ministra de Cultura de Malí, no esquivó los interrogantes planteados por los errores cometidos en los países africanos luego de la independencia, pero insistió: "Si África es ingobernable, es porque está gobernada desde el exterior por actores anónimos que no tienen cuentas que rendir a nuestros pueblos". La bangladesí Irene Khan, secretaria general de Amnesty International, evocó los crímenes cometidos tanto en Guantánamo como en Abu Ghraib, en los que ve "la consecuencia de la despiadada ‘guerra contra el terrorismo' conducida por los gobiernos, sin importar su precio en materia de valores y principios". Jacques Derrida, uno de los mayores intelectuales franceses, cuyo lenguaje es calificado a veces de "difícil", fue sin embargo seguido en un impresionante silencio por miles de rostros atentos. Su llamado a movilizarse contra el antisemitismo y contra todos los racismos fue vigorosamente aplaudido. Luego, João Pedro Stedile, portavoz de los campesinos sin tierra de Brasil, llamó a Europa a resistir la hegemonía estadounidense, y el intendente de Caracas, Freddy Bernal, librito azul en mano (la nueva Constitución de Venezuela), defendió la obra de la revolución bolivariana. La multitud lo despidió con la consigna de los venezolanos cuando "recuperaron" a su Presidente luego del fallido golpe de Estado de abril de 2001: "¡Y Chávez no se va!..." La fiesta de Le Monde diplomatique en el Palacio de los Deportes concluiría con una causa cara al corazón de todas y todos: Israel y Palestina. El historiador israelí Gadi Algazi, uno de los coordinadores de la asociación judeo-árabe Taayoush, y Leila Shahid, delegada general de Palestina en Francia, no se contentaron con llamar a la solidaridad: reflexionaron en voz alta con la sala, todavía llena a las 11 de la noche. El primero mostró cómo el movimiento pacifista israelí, en otro tiempo gran amante de imágenes y símbolos, busca ahora en el terreno, a tientas, formas de acción más concretas y por ende más duraderas. Luego de haber llamado a Gadi a su lado, Leila Shahid explicó que en estos tiempos de "choque de las civilizaciones", "israelíes y palestinos ganarán juntos coexistiendo al fin, cada uno en su Estado -o perderán juntos, y el mundo entero junto a ellos-". Tomados de la mano, recibieron un aplauso interminable... También los artistas supieron reunir a un público muy diverso en edades, orígenes y horizontes. Los más jóvenes -los mismos que escucharon atentamente los discursos de los invitados- se concentraron frente al escenario para bailar al ritmo de las canciones de Gnawa Diffusion, Tyken Ja Fakoly y Bonga. Los más viejos vibraron con Paco Ibáñez (cerró con la conmovedora "Le Temps des cérises", entonada por 5.000 voces), como también, video mediante, con Juliette Gréco y Jean Ferrat. Todos los géneros se expresaron para que cada quien se encontrase representado: la canción (Sapho, Kent, Gilles Non, Tryo), el rap (La Rumeur), el jazz (Manu Dibango, Bernard Lubat, Akosh S), el humor (Plagiat), en un programa abierto por las melodías revolucionarias de la compañía Jolie Môme y cerrado por Marcel Khalifé, acompañado de sus hijos... Casi a medianoche, con el equipo del Dipló sobre el escenario, se fijó una cita... para el 100º aniversario. ¿Y si otra ocasión permitiera que los amigos de Le Monde diplomatique se encontraran antes, para otra fiesta? La visión del Palacio de los Deportes de París, ocupado de bote en bote por miles de personas -en su mayoría jóvenes- estimulaba...
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