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Globalización y fundamentalismos

La presencia de los movimientos de mujeres y feministas en el II Foro Social Mundial de Porto Alegre fue más visible y multifacética que en el anterior. Se manifestó tanto en las conferencias de la mañana como en distintos paneles organizados en función de los denominados Ejes Temáticos, y asimismo en buena parte de los cientos de talleres. Aun en su diversidad, los feminismos convergen en su convicción de que la transformación liberadora de la condición femenina sólo podrá alcanzarse mediante movimientos y políticas específicas.

“Estamos construyendo una amplia alianza a partir de nuestras luchas y la resistencia contra el sistema basado en el patriarcado, el racismo y la violencia, que privilegia los intereses del capital sobre las necesidades y aspiraciones de los pueblos…”, dice un pasaje de la Declaración de los Movimientos Sociales reunidos en el II Foro Social Mundial, en Porto Alegre. Al menos a nivel declarativo, la condena del patriarcado –sistema global si los hay– parece responder al reclamo del documento de la Marcha Mundial de Mujeres (originada en Canadá, pero que desde el año 2000 reúne 600 grupos de 160 países), de que “los movimientos sociales, las asociaciones contra la globalización neoliberal, las organizaciones sindicales y políticas, deben participar de la denuncia contra las violencias ejercidas contra las mujeres”.

Ese documento, titulado “La violencia contra las mujeres; donde el otro mundo debe actuar”, que fue discutido en uno de los paneles del eje temático “Afirmación de la sociedad civil en los espacios públicos”, presenta a la violencia contra las mujeres como la “primordial y paradigmática” para sustentar una “cultura de la violencia”, esto es, una cultura donde la dominación es socialmente legitimada.

La Marcha organizó asimismo el seminario “Una alternativa feminista para otro mundo”, donde se destacó la importancia de la participación de mujeres de organizaciones de base junto con otros movimientos sociales en el proceso de transformación global.

Es que la relación entre los diferentes movimientos –específicamente, la de los movimientos de mujeres con los demás– no va de suyo. Activistas políticos y sociales, sindicalistas, ecologistas, no asumen necesariamente que “la erradicación de la pobreza no es posible si no cambian las relaciones de poder entre mujeres y varones”, tal como sostiene un documento del proyecto Ruta de Género de Novib, una agencia holandesa de financiamiento de proyectos. Esta agencia, que tiene más de 800 contrapartes en el mundo, financia ONGs haciendo eje en la noción de "equidad de género", en la que entrena a grupos de trabajo mixtos.

Ambigüedades vaticanas e integrismos

El feminismo , que “nació globalizado”, según dijo Silvia Borren, de Novib, en el seminario sobre “Feminismos globales, diversos y plurales”, enfrenta “los problemas surgidos de la interconexión entre globalización y fundamentalismos y sus devastadores efectos en las vidas, derechos y libertades de las mujeres…”. Esto mismo plantea con insuperable precisión el suplemento llevado al Foro por Development Alternatives with Women for a New Era (DAWN), que señala cómo “los resultados sociales y económicos de la globalización movilizan fuerzas regresivas contra las mujeres” y cómo “en nombre de la oposición a la hegemonía occidental los gobiernos fundamentalistas, al frente de las luchas contra la globalización, hacen todo lo posible por atacar a las mujeres en sus derechos, políticos y personales…”

Muy ilustrativa es para DAWN la política del Vaticano, que se posiciona como “campeón de los pobres”, contra el pago de la deuda externa de los países en desarrollo y por la reunificación de la familia migrante, pero lidera la cruzada contra los derechos sexuales y al aborto de las mujeres. Es oportuno recordar que el pasado 22 de enero la Comisión de Relaciones Exteriores del senado de Chile retiró de la tramitación el Protocolo de la Convención sobre Eliminación de todas las formas de Discriminación de la Mujer, aprobado por Diputados en 2001, debido a la presión de la Iglesia Católica a través del cardenal Francisco Javier Errázuriz, quien lo calificó como “muestra de colonialismo cultural” por su mención de la noción de “género” y de “derechos reproductivos”.

En efecto, están por una parte las consecuencias de las políticas neoliberales: “La globalización capitalista neoliberal se apoya en la división sexual del trabajo para generar desigualdades suplementarias…”, dice el documento de la Marcha mundial; y también: “(…) los ajustes estructurales obligan a las mujeres a trabajar aun más de manera no remunerada (…) al deteriorar el tejido social allanan el terreno a mayores violencias de los hombres contra las mujeres (…) favorecen la mercantilización del cuerpo de mujeres y niñas…”, concluye DAWN.

Por su parte, la mexicana Laura Frade, de la Red Latinoamericana de Mujeres Transformando la Economía, afirmó en un taller sobre “Mujer y trabajo: realidades y propuestas de cambio” organizado por esa red, CLACSO y la Marcha Mundial, que “en la economía informal participa el 58% de la población latinoamericana; de esta cifra el 75% son mujeres”. En el curso de la década de 1990, la reestructuración de los Estados no solamente afectó a las mujeres mediante la precarización laboral y el empobrecimiento, sino también con la “re-reprivatización”de muchas funciones que habían asumido los Estados de bienestar y que ahora recaen sobre los hombros de las mujeres dentro de la familia, como la atención a enfermos, discapacitados y ancianos, que se suman a las tareas domésticas gratuitas de las que nunca se vieron en realidad aligeradas, según sostuvieron feministas en diferentes instancias del Foro.

Nadia du Mond, de Italia, aludió a las consecuencias de lo que denominó el “turbocapitalismo”, esto es, la instalación rápida de fuentes de trabajo que emplean un alto porcentaje de mano de obra femenina en condiciones precarias y que cierran en breve tiempo, dejando a las trabajadoras desempleadas y con daños en su salud. Se señaló también la conexión profunda entre los procesos de producción y reproducción, que el capitalismo patriarcal insiste en presentar como independientes.

Pero además están los “regímenes de integrismo religioso, que representan formas extremas de institucionalización de la violencia contra las mujeres”, según el documento de la Marcha Mundial. La alusión podría evocar en primera instancia a regímenes como los de Afganistán, Pakistán o Arabia Saudita, pero la cruzada antiabortista que campea desde hace más de 20 años en América Latina, con su secuela de maternidades forzadas, de invalideces y muertes evitables, no constituye un ejemplo menor. En este sentido circuló por el Foro, recibiendo firmas, la denominada “Carta de Guanabara”, documento oficial de la reunión “Aborto en América Latina y el Caribe. Derechos de las mujeres frente a la coyuntura mundial”, realizada en Río de Janeiro el 5 de diciembre de 2001, a la que acudieron 98 representantes de 27 países y 7 redes regionales de mujeres. “El derecho al aborto es parte de los derechos humanos. Penalizarlo constituye una discriminación y es un acto de violencia contra las mujeres (…) Para que se consolide una vida social democrática es preciso que las mujeres de todas las clases, etnias, de todas las edades, de distintas culturas, con distintas religiones y diversas orientaciones sexuales puedan controlar sus cuerpos y tomar decisiones que deben ser respaldadas por un Estado laico (…) Exigimos el respeto a la capacidad intelectual y ética de las mujeres de decidir autónomamente y de forma responsable sobre su sexualidad y reproducción (…) Exigimos el derecho a interrumpir una gestación no deseada sin ser acusadas ni señaladas como delincuentes o pecadoras (…)”, afirma la Carta.

“En América Latina y el Caribe (…) en la medida en que empeoran las condiciones económicas se culpa a las mujeres de todos los males sociales, desde el mal rendimiento de los varones en la escuela y el trabajo hasta la desintegración familiar (…)” apunta por su parte el mencionado documento de DAWN, en referencia a la reacción que tuvo lugar en la última década del siglo XX contra los avances del movimiento de mujeres registrados en América Latina en el curso de la década del ’80.

Críticas a la izquierda

Las organizaciones políticas, sindicales y sociales de izquierda tienen “una asignatura pendiente” con la lucha feminista, como señala un documento del movimiento feminista vasco LABemakuneak. “La feminización de la pobreza –de cada 100 personas pobres, 80 son mujeres– debería ser para la izquierda un escándalo de la misma dimensión al menos que el contraste Norte-Sur”, dijo en su conferencia la española Celia Amorós. El sexismo impregna sus prácticas, y suelen considerar la liberación de las mujeres como una aspiración “burguesa”, como hecho secundario, o como resultante natural del logro de determinados objetivos políticos y económicos. En realidad tampoco el tránsito de un régimen capitalista a otro socialista ha demostrado generar automáticamente la igualdad entre mujeres y varones ni la erradicación de la violencia contra las mujeres. “Los regímenes socialistas coexisten con el patriarcado”, constata la Marcha mundial.

Así como desde la mirada patriarcal prácticas como el infanticidio femenino, la mutilación genital femenina, los matrimonios precoces, los asesinatos por honor, forman parte de peculiaridades a conservar para preservar identidades culturales, o en el mejor de los casos son percibidas como rasgos de “atraso” que se superarían por sí solos con el “desarrollo”, el proxenetismo con sus aledaños en la pornografía y el tráfico de personas difícilmente sean vistos como violencia. Estas cuestiones fueron tema de varios talleres, entre otros los organizados por la Subcomisión de los derechos de niños, adolescentes y familia en situación de vulnerabilidad social de Rio Grande do Sul, cuya relatora, la diputada por el Partido da Causa Operaria Maria Do Rosario, aportó datos sobre la impunidad de las organizaciones criminales que trafican mujeres y niñas. La socióloga Maria Lucia Pinto Leal reclamó que las diversas formas de explotación sexual comercial deben ser incluidas entre los objetivos de la lucha por los derechos humanos, y la profesora de la Universidad de Paraiba Maria Lourdes Sarmiento se refirió a una investigación reciente sobre la magnitud y modalidades de esas actividades en Brasil. La Marcha Mundial afirma que el tráfico de mujeres y niñas constituye en la actualidad un negocio más lucrativo que el tráfico de drogas. En el taller “Feminismo global, diverso y plural” la filipina Sylvia Estrada Claudio definió el tráfico como “un punto de conexión entre el sistema actual y la apropiación depredatoria masculina de los cuerpos de las mujeres”.

Si la agencia Novib hace eje en la “equidad de género” y la Marcha Mundial en la dominación patriarcal, el Planeta Femea lo hizo en la diversidad, una bandera reivindicada en la lucha contra el racismo, la homofobia y cualquier forma de intolerancia, que constituye por cierto un área significativa de las luchas feministas. Planeta Femea fue la denominación de una enorme carpa blanca levantada en el predio universitario, una de las sedes del Foro. Con antecedente en la carpa instalada por una coalición de grupos feministas y de mujeres durante la Eco ’92 en Rio de Janeiro, donde se discutió la Agenda 21 de las mujeres como plataforma política, esta carpa pudo leerse como una reivindicación de la diferencia o como una dificultad para la integración. Organizaciones feministas, ecologistas y de mujeres, correspondientes a espacios institucionales, académicos, estatales y a ONG mixtas, mayormente de Brasil, organizaron allí un espacio de encuentro, debate, creatividad, trabajo corporal y circulación de información sobre salud, desarrollo, sexualidad, medio ambiente, teología y violencia. Hubo además música, teatro, y se confeccionó una colcha de retazos que simbolizaba la diversidad. El concepto de diversidad y sus usos políticos fue objeto de polémica en una de las conferencias matinales, como “concepto tramposo que enmascara desigualdades”. Fue en su nombre que la Campaña contra los fundamentalismos, impulsada por la Articulación Feminista Marcosur, irrumpió en el foro desde el primer día, con un inmenso globo que flameaba en el acto inaugural y jóvenes en zancos que distribuían sus folletos. Esta campaña incluyó los testimonios de mujeres de Israel, Afganistán, Argelia, Brasil, Estados Unidos, Colombia, Palestina, Nigeria. “Hay un punto de convergencia entre todos los fundamentalismos. Todos quieren dominar, controlar, sujetar violentamente los cuerpos, las sexualidades, las subjetividades, las vidas de las mujeres”, y lo hacen “en el nombre de Dios o en el nombre del mercado”, dice el folleto.

“Si se tiene en cuenta que las mujeres hemos sido, y en alguna medida continuamos siendo, el objeto transnacional de los pactos entre los varones, la práctica de tejer redes y pactos entre mujeres aparecerá necesariamente como revolucionaria”, dijo la ya mencionada Amorós. El Foro Social Mundial volvió a ser un espacio inapreciable donde esas “redes y pactos” pudieran poner a prueba su capacidad para impregnar las prácticas de los múltiples movimientos sociales, enfrentados con un terrorífico dispositivo financiero y bélico, depredador de vidas y medio ambiente.

Autor/es Silvia Chejter
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 33 - Marzo 2002
Páginas:30,31,32
Temas Mundialización (Cultura), Sexismo, Discriminación, Política, Trabajo, Movimientos Sociales