Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Recuadros:

Un obispo crucificado

El 4 de agosto pasado se cumplieron 25 años del todavía impune asesinato, bajo la dictadura militar presidida por el ex general Jorge Rafael Videla, de monseñor Enrique Angelelli, quien fuera obispo de La Rioja desde 1968 a 1976. Las comunidades eclesiales de base de la ciudad de La Rioja, Punta de los Llanos y Chamical, que mantienen viva su acción y su espíritu a través de una práctica comunitaria acorde con la iglesia de la “opción por los pobres”, organizaron dos jornadas de homenajes a su memoria, que convocaron a varios miles de personas, tomando como lema una de las consignas del obispo: “Hay que seguir andando nomás”.

“…Cada vez que se habla de Angelelli simplemente como de un muerto, de un mártir, pero no se dice que fue asesinado por los que hoy son los dueños de La Rioja; cada vez que se omite decir que Angelelli fue asesinado intelectualmente por los Menem y los Yoma, por los que fundieron y vendieron el país, se lo está matando de nuevo. Para poder recordarlo vivo y con alegría hay que decir que fue asesinado y que merece justicia…” El joven que así ponía el dedo en la llaga se presentó como miembro de la asociación Carlos Mugica de Buenos Aires y había subido al estrado donde se levantaba el altar, al final de la misa celebrada en Punta de los Llanos a las 11 de la mañana del domingo 5 de agosto en la ermita levantada ante la ruta, en el lugar donde fue asesinado monseñor Enrique Angelelli. Misa dedicada por el obispo de La Rioja, monseñor Fabriciano Sigampa, a celebrar “los 25 años de su pascua definitiva”. Horas antes, durante la vigilia realizada junto a la ermita durante la noche del sábado al domingo, la misma llaga había sido hurgada por Arturo Pinto, el ex sacerdote que siendo vicario de la parroquia de Aimogasta, acompañaba en la camioneta objeto del atentado a Angelelli, quien llevaba a la ciudad de La Rioja la carpeta donde había reunido el material referido a las torturas y asesinatos el 18 de julio en Chamical de los sacerdotes Gabriel Longueville y Carlos Murias. Pinto lo hizo en términos religiosos: “Como iglesia heredamos un pecado: no haber podido lograr que se haga justicia con el asesinato de monseñor Angelelli”.

El señalamiento de los sectores de la iglesia que siguen diciendo que se trató de un accidente; la convicción de quienes estaban cerca de Angelelli de que se trató de un asesinato; las versiones, los primeros avisos, eran el tema recurrente de esa vigilia en torno de las brasas. Incluso se oyó a una monja recordar que el cardenal Raúl Primatesta les había “prohibido terminantemente” hablar de asesinato.

“Por primera vez el obispo tuvo un poco más de iniciativa y designó esta comisión, porque sabía que con los 25 años iban a suscitarse muchos eventos acá en La Rioja, por la significación de Angelelli, y él no quiso quedarse al margen”, dice el sacerdote Delfor (Pocho) Brizuela, párroco de Fátima y miembro de la Comisión organizadora de los homenajes en memoria de Angelelli, formada por religiosos y laicos de la ciudad de La Rioja, Chamical y Punta de los Llanos.

La ambivalencia que señala Brizuela en el obispo de La Rioja, es apuntada también por Luis Baronetto respecto de la declaración pública del episcopado en ocasión de su asamblea plenaria el 12 de mayo último, titulada “Monseñor Angelelli vivió y murió como pastor”: “Para los memoriosos el elogio del episcopado a su testimonio de entrega y servicio no logra tapar la condena a la soledad que se le hizo en vida (…) El pronunciamiento del episcopado tiene que ver con la fuerte y reciente reivindicación del testimonio de monseñor Angelelli por parte de las comunidades cristianas, estando ya incorporado en libros de catequesis, cancioneros, celebraciones…”1. “Frente a la posibilidad cierta de que otros sectores sociales, políticos y eclesiales reivindicaran a Angelelli al recordar los 25 años de su muerte, el episcopado se vio prácticamente obligado a tomar la iniciativa…” coincide un destacado analista2. En efecto, el documento del Episcopado elude cuidadosamente tanto el término “asesinato” como la calificación de “mártir”.

Estanislao Karlic, que en las exequias de Angelelli había dicho “ahora estamos todos, pero cuando nos necesitó lo dejamos solo al Pelado”3, también lo abandonó en el aniversario de su asesinato: en las misas concelebradas por Sigampa con otros diez obispos del país4 se leyó un telegrama de Karlic, quien se disculpaba por no poder asistir y se refería a “la trágica muerte” de Angelelli.

¿Mártir?

El sacerdote Brizuela sabe que no hay unanimidad ni en la iglesia ni en la sociedad ante Angelelli: “Él era un revolucionario en una sociedad autoritaria, era polémico, y una memoria auténtica de él tiene que seguir generando polémica…”

El mismo día del aniversario, en Azul (Buenos Aires), el obispo emérito de Viedma Miguel Hesayne criticó en su sermón dominical a la jerarquía eclesiástica por no hacer “un reconocimiento oficial del martirio” de Angelelli, sobre el cual afirmó que “hay más pruebas que de los mártires de los primeros siglos”5. Hesayne se funda en los datos que contiene la causa judicial abierta en enero de 1984, acabada la dictadura. El juez de instrucción Aldo Fermín Morales concluyó en 1986 que “la muerte de Angelelli no fue un accidente de tránsito sino un homicidio fríamente premeditado y esperado por la víctima”, cuya autoría material atribuyó al capitán José Carlos González, alias “Monseñor”, al suboficial Luis Manzanelli (ambos torturadores en el campo de concentración La Perla, de Córdoba) y al sargento Ramón Oscar Otero. La Corte Suprema de la Nación transfirió el proceso a estos militares a la Cámara Federal de Córdoba, que no consideró posible probar la intencionalidad del accidente. Los acusados se beneficiaron por último de la ley de Punto Final.

Una sólida fundamentación del calificativo de mártir para el caso Angelelli es la que desarrolla el jesuita español José Ignacio González Faus, quien en los días previos al 4 de agosto dio en Buenos Aires una serie de conferencias sobre “Retos y desafíos para el cristianismo del siglo XXI” y participó en Córdoba en el 10º Encuentro de reflexión Monseñor Angelelli, sobre “Martirio, memoria y liberación” organizado por el Centro Tiempo Latinoamericano. Partiendo del principio de su discípulo mexicano J. Jiménez Limón, según el cual “el pecado central de nuestro mundo es la opresión socio-histórica”, González Faus se remite a la noción de martirio habilitada por Tomás de Aquino: “Padece por Cristo no sólo el que padece por la fe de Cristo, sino por cualquier obra de justicia por amor a Cristo”. Con esta noción González Faus refuta el habitual reparo eclesiástico a atribuir condición de mártires a obispos latinoamericanos como monseñor Arnulfo Oscar Romero o Enrique Angelelli, ya que no se trataría de muertes “por odio a la fe”. Esta fórmula, que se remonta al siglo XVIII, sólo permitiría concebir como mártires a los cristianos víctimas de no cristianos. Pero precisamente Angelelli señalaba que lo más aberrante de la persecución de que era objeto y de las torturas y asesinatos de miembros de la iglesia es que eran alimentados en nombre de la fe, no del odio hacia ella: “No podemos entender que desde la fe se pueda hacer esto (…) No entiendo cómo esos hombres pueden tomar a sus semejantes y diciéndose cristianos despedazarlos y triturarlos (…) Rogamos que Dios no permita que los que han maquinado crean que lo han hecho en nombre de la fe; sería una aberración (…) existen en la iglesia personas que han usurpado temerariamente la misión de custodiar la pureza de nuestra religión…”6. También es importante la distinción que establece González Faus entre el mártir y el kamikaze, el suicida o el soldado: estos últimos van a la muerte, mientras que un mártir la recibe pasivamente, por persistir en su camino7.

El Centro Tiempo latinoamericano asume esta noción de martirio y la amplía. Partiendo del concepto de Angelelli: “La tierra es para todos, el agua es para todos, el pan es para todos. Sé que esto puede afectar algunos intereses”, consideran que “mientras haya conflictos por intereses afectados habrá situaciones de martirio”. Y Baronetto menciona entre ellas en la actualidad la de los desocupados, los chicos de la calle, los luchadores sociales perseguidos y asesinados.

Pero hay opiniones divergentes sobre esto. La teóloga brasileña ecofeminista Ivone de Gebara, que en los últimos días de julio participó en Buenos Aires del curso de Pastoral y Relaciones de Género organizado por Católicas por el Derecho a Decidir de Argentina y el Centro Ecuménico de Servicios para la Evangelización y Educación Popular (CESEP) de Brasil, sostiene una concepción profundamente crítica de la noción de mártir. Para ella, el mecanismo de consagración de mártires es asimilable al que consagra santos, héroes y salvadores de la patria, un mecanismo que supervalora y jerarquiza determinadaas muertes, desconociendo o subordinando las de muchos otros hombres y mujeres comunes. En cuanto al caso de Angelelli, “cuyo compromiso admiro (…), un asesinato político aparece encubierto parcialmente en su dimensión histórica, política, crítica, por la noción de martirio”, sostiene.

El movimiento que reivindica a monseñor Angelelli identifica Teología de la Liberación con opción por los pobres, pero parece no haber rastros en él del cuestionamiento a la moral sexual católica (desde la discusión sobre el celibato sacerdotal a la discriminación de las mujeres, dentro y fuera de la iglesia) tan desarrollado en las comunidades católicas críticas de Europa y Estados Unidos, y en América Latina en el movimiento de Católicas por el Derecho a Decidir.

La llamarada

Tanto en la misa celebrada en la basílica de San Nicolás de Bari como en la de la ermita, monseñor Sigampa destacó en su sermón la adhesión de Angelelli a los documentos del Concilio Vaticano II, especialmente al documento Gozo y esperanza, según el cual “nada humano deja de tener resonancia en el corazón del obispo, donde tienen cabida los dolores y alegrías de los pueblos”. Sigampa leyó además fragmentos de textos de Angelelli dedicados a su definición de obispo como “hombre crucificado” entre la misión de transmitir el Evangelio y “la capacidad para entender la historia, descifrar el signo de los tiempos, interpretar desde la fe las situaciones concretas de los hombres…”

Pero escuchando a los religiosos y laicos que organizan estas celebraciones y mantienen viva la memoria de Angelelli con su práctica cotidiana, resulta evidente que el obispo de La Rioja no experimenta esa condición de crucificado. A nuestra pregunta sobre la simpatía de Sigampa por Angelelli, la respuesta fueron elocuentes carcajadas. “Sigampa es un conservador; considera que el obispo no debe ocuparse de la realidad”, dice Susana Goyochea, quien integra la Comisión junto a Brizuela y es uno de los puntales de la prolongación de la prédica y la acción de Angelelli con su trabajo comunitario cotidiano y su culto de la solidaridad.

Muerto tantas veces, Angelelli perdura sin embargo en estas comunidades a través de su concepción de que la lucha por la justicia y por el derecho a la dignidad es una forma de la fe cristiana, condensada en su consigna: “No puedo predicar la resignación”.

“La sombra no pudo con tu llamarada”, cantaron alrededor de 2.000 riojanos reunidos en la Escuela de Comercio Nº 1, donde culminó la caminata de la esperanza iniciada el viernes 3 de agosto por la noche en la Catedral: desde los más pequeños a los más viejos, todos levantaron en la oscuridad sus antorchas y velas para cantar, en uno de los momentos más conmovedores de las celebraciones, previo al Fogón de la hermandad. “¿Qué clase de muerto es éste, que convoca a toda esta gente después de 25 años?” lanzó alguien desde el escenario.

La vigilia en la ermita estuvo sostenida por la exhibición de videos de los años ’70, dramatizaciones, cantos y la evocación de los hitos de la vida de Angellelli durante su obispado en La Rioja. El Cántico al Sol de Francisco de Asís coexistía con toda naturalidad con el Triunfo de Alfredo Zitarrosa: “Éste es un triunfo madre/pero sin triunfo/ nos duele hasta los huesos/ el latifundio”.

La defensa de los campesinos ante los terratenientes, del carácter sagrado de la tierra opuesto a su evaluación mercantil, la solidaridad con poblaciones condenadas por “inviables” en que se empeñó coherentemente Angelelli, la suspicacia ante la modernidad en sus diferentes manifestaciones, se inscriben hoy naturalmente en la lógica de la antimundialización, tal como refleja el documento de 80 sacerdotes y religiosos de diferentes regiones del país, elaborado durante un encuentro en Córdoba, que leyó el padre Brizuela al final de la misa del domingo, y que encierra una enérgica condena al poderío de los mercados: “Como cristianos queremos trabajar con todo para que los pobres tengan ‘vida y vida en abundancia’ frente a este modelo que excluye y descarta…” Una de las razones por las cuales esa misa celebrada bajo un tiempo inclemente en medio de un viento helado que levantaba polvaredas, fue vivida como más propia por la comunidad que la de la víspera en la Catedral. Se habían sumado miembros de organizaciones venidas desde fuera de La Rioja, entre ellas el Centro Tiempo latinoamericano de Córdoba, la asociación Carlos Mugica de Buenos Aires y el Centro Nueva Tierra, que desde hace 16 años organiza seminarios de formación teológica en diferentes zonas del país.

A las 3 de la tarde, hora del asesinato, el párroco de Chamical Miguel La Civita condujo un último homenaje sobre la ruta, en el lugar exacto donde el obispo Angelelli quedó tendido “con los brazos abiertos, como crucificado”. A la multitud apretada en círculo en torno de la cruz que ocupaba el lugar del cuerpo del obispo le costó separarse, romper el particular clima emotivo de reencuentro que había sellado las dos jornadas de celebraciones. Eran los rostros graves, el paraje parduzco y polvoriento en los que Angelelli buscaba a Dios. Por un momento, se había vuelto transparente la enigmática sentencia bíblica: “Quien halla su vida la perderá; y quien perdiere su vida por amor mío, la hallará” (Mateo, 10, 39).

  1. Tiempo latinoamericano, Córdoba, julio 2001, Año XIV, nº 68.
  2. Washington Uranga, Página 12, Buenos Aires, 13-5-01.
  3. Roberto Rojo, Angelelli, la vida por los pobres, Nexo Comunicación, julio de 2001, pág 25. Este libro fue presentado por el padre Brizuela en la Biblioteca Mariano Moreno de la ciudad de La Rioja el sábado 4 de agosto, casi simultáneamente con la misa que celebró el obispo de La Rioja en la basílica de San Nicolás de Bari.
  4. El 4 de agosto por la noche en la misa de la catedral estuvieron presentes los obispos Gustavo Help de Venado Tuerto, José Conejero de Formosa, Carmelo Giacquinta de Resistencia, Marcelo Palentini de Jujuy, Pedro Olmedo de Humahuaca, Joaquín Piña de Iguazú, José Colomé de Cruz del Eje, Carlos Malfa de Chascomús, Marcelo Melani de Viedma y José María Rossi de Concepción de Tucumán. El domingo 5 por la mañana en Punta de los Llanos estuvo además el arzobispo de San Juan y miembro del Opus Dei Alfonso Delgado.
  5. Página 12, Buenos Aires, 6-8-01.
  6. Pastor y profeta, Editorial Claretiana, Buenos Aires, 1986.
  7. José Ignacio González Faus, “El mártir testigo del amor”, charla en Sant Cugat de Vallès, Barcelona.

Quién era Enrique Angelelli

Vassallo, Marta

Enrique Angelelli nació en 1923 en Córdoba, el primero de los tres hijos de un matrimonio de inmigrantes italianos agricultores. A los 15 años entró en el Seminario. Licenciado en Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, se ordenó sacerdote en 1949. En 1952 fundó la Juventud Obrera Católica en Córdoba y en 1961 fue nombrado obispo auxiliar de esa diócesis. Su habitual relación con gremialistas y su adhesión expresa a los principios del Concilio Vaticano II determinaron fricciones con la jerarquía eclesiástica conservadora. En 1968 fue enviado como obispo a La Rioja, una provincia empobrecida y mayormente rural, en oposición a la dinámica e industrializada Córdoba. A su nueva diócesis Angelelli llevó los principios del Concilio Vaticano II, junto con su estilo llano, poco jerárquico, de estrecha relación con sus fieles. Además de apoyar la formación del sindicato de empleadas domésticas y el de mineros en Olta, estimuló también la formación de cooperativas campesinas, entre ellas Codetral (Cooperativa de Trabajo de Aminga Limitada, cuyo presidente, el laico Wenceslao Pedernera, de Sañogasta, miembro del Movimiento rural, fue también asesinado el 25-7-76), en el latifundio de Azzalini, lo cual lo enfrentó con Amado y Eduardo Menem, hermanos del futuro gobernador de La Rioja y luego presidente de la Nación Carlos Saúl Menem. En 1973 Angelelli fue en una ocasión prácticamente expulsado de Anillaco, el feudo de los Menem. Meses después llegó a La Rioja para avalarlo monseñor Vicente Zaspe, arzobispo de Santa Fe, como enviado del papa Paulo VI. Angelelli figuró en la primera lista de condenados a muerte elaborada por la Triple A en enero de 1974. No formaba parte del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, y marcó su distancia con el procedimiento de la guerra de guerrillas, aunque no con su idea de la imperiosa necesidad de un profundo cambio social. A partir de 1976 la vida del obispo se convirtió definitivamente en un calvario: servicios de inteligencia militares empezaron a hostigar e interrogar a sacerdotes, religiosas y laicos vinculados con él. Fue en la base aérea de Chamical donde el provicario castrense monseñor Victorio Bonamin dijo que el pueblo argentino había cometido pecados que sólo se podían redimir “bañando la espada en el Jordán de la sangre”. Una vez producido el golpe del 24 de marzo, se prohibió la emisión de las misas radiales del obispo, quien buscaba desesperadamente salvaguardar a los clérigos y laicos de su diócesis. Con este fin ofreció su renuncia y trató infructuosamente de recibir garantías de otros obispos y del jefe del III Cuerpo del Ejército Luciano Benjamín Menéndez. En el mes de julio se perpetraron los asesinatos de los sacerdotes Longueville y Murías y del laico Pedernera. Angelelli fue muerto a las 3 de la tarde del 4 de agosto de 1976, a bordo de una camioneta donde viajaba acompañado del vicario Arturo Pinto. Un coche surgido de la vera de la ruta lo encerró, haciéndolo volcar. El cuerpo de Angelelli fue hallado tendido en la ruta herido en la nuca. Presentado durante la dictadura militar como un accidente de tránsito, el episodio fue calificado como “homicidio fríamente premeditado” en la causa judicial iniciada en 1984. El asesinato de Angelelli sigue impune. u

Bibliografía

-Pastor y profeta. Mensajes de monseñor Angelelli, Editorial Claretiana, Buenos Aires, 1996.

-Armando Amiratti y Miguel La Civita, El corazón de un mártir. El perfil de un obispo del Concilio, Ediciones Tiempo latinoamericano, Córdoba, 1996.

-Luis Miguel Baronetto, Vida y martirio de monseñor Angelelli, Ediciones Tiempo latinoamericano, Córdoba, 1996.

-Ricardo Mercado Luna, Enrique Angelelli, obispo de La Rioja, Editorial Canguro, La Rioja, 1996.

-Pedro Siwak, Víctimas y mártires de la década del setenta en la Argentina, Editorial Guadalupe, Buenos Aires, 2000.

-Roberto Rojo, Angelelli, la vida por los pobres, Nexo Comunicación,

La Rioja, 2001.


Autor/es Marta Vassallo
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 27 - Septiembre 2001
Páginas:14,15
Temas Militares, Iglesia Católica
Países Argentina