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Recuadros:

Entre la cruz y los piquetes

Por décimosexto año consecutivo se realizó el Encuentro Nacional de Mujeres, esta vez en la ciudad de La Plata, del 18 al 20 de agosto últimos. La grave crisis social y económica pareció funcionar como acicate para la concurrencia de alrededor de 12 mil participantes, con alta proporción de jóvenes por una parte, y por otra de mujeres procedentes de los sectores sociales más afectados por la política económica. Se reiteraron algunas constantes de los encuentros de los últimos años: desde fuera, la ofensiva de la iglesia católica; dentro, las tensiones entre criterios gremiales y políticos convencionales y los del feminismo, el movimiento que estuvo en el origen de la concepción de estos Encuentros.

“El solo hecho de que estemos aquí es un triunfo”, dijo Keiko Namatame, de la comisión organizadora, al inaugurar el XVI Encuentro Nacional de Mujeres, haciéndose eco de una sensación tan colectiva como evidente.

“Qué momento, qué momento/ a pesar de todo les hicimos el encuentro”. El canto que recibió la afirmación de Keiko tiene historia: se remonta al Encuentro celebrado en San Juan en 1997, cuando el entonces arzobispo de esa diócesis Italo Di Stefano opuso un Encuentro paralelo.

El “triunfo” de entonces contra el arzobispado de San Juan se había convertido ahora en el triunfo contra las graves dificultades económicas, la profunda crisis social, y hasta la sudestada que impidió llegar a parte de los contingentes debido a las inundaciones.

Días antes de empezar, ya el XVI Encuentro Nacional de Mujeres era definido desde distintos ángulos con dudosa buena fe: un encuentro para promover el aborto y la homosexualidad y destruir la familia tradicional, según el arzobispo de La Plata monseñor Héctor Aguer1. Un Congreso de Piqueteras, según anunció el diario Clarín, al informar sobre las 72 horas de cortes de ruta del 14 al 16 de agosto,

Nada nuevo en realidad: estos Encuentros, toda una peculiaridad nacional de asombrosa persistencia, que vienen reuniendo un promedio de diez mil mujeres por año desde 1986, rara vez merecen en la prensa algo más que polémicas a priori, y en el mejor de los casos algunas líneas el día que se inauguran.

“Nunca se realizó un Encuentro en el contexto de una crisis tan profunda”, señala la encargada de prensa de la comisión organizadora del Encuentro, Adriana Pizarro, de Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), lo cual no hace sino poner en evidencia “esa capacidad tan femenina de transformar el dolor en lucha”. Tal vez nunca tampoco se había registrado, entre las alrededor de 12.000 personas que se calcula acudieron, una tan alta proporción de mujeres muy jóvenes.

Como en todos los demás Encuentros, llegaron desde todas las regiones del país empleadas, campesinas, docentes, estudiantes de escuela media y superior, profesionales, políticas, sindicalistas, desocupadas, mujeres de organizaciones barriales, amas de casa, indígenas, que se distribuyeron en los 41 talleres previstos, muchos de los cuales se desdoblaron hasta cuatro y cinco veces debido a la cantidad de participantes.

Reflejando la situación nacional, y también la procedencia social de gran parte de las participantes, que viajaron hasta el encuentro llevando a sus hijos, fueron especialmente concurridos los talleres de “Desocupación” y “Trabajo”. Junto a los testimonios y crónicas personales de participación en las diversas formas de resistencia, aparecía reiteradamente la exigencia de “trabajo y vivienda dignos”, en lugar de las cajas de comida o los subsidios de desempleo en que consisten los Planes Trabajar. También, la percepción simultánea de la ausencia y la necesidad de una adecuada herramienta política: “No quiero pasarme la vida durmiendo sobre la ruta con mis hijos, quiero una solución política”, fue una de las frases que condensaron el reclamo de las participantes. Se insinuaron polémicas sobre la metodología pacífica o violenta de las luchas, y sobre el sentido de los actos electorales. Encontró apoyo la propuesta de una consulta popular para establecer un seguro de 380 pesos mensuales para jefas y jefes de familia desocupados, más una asignación de 60 pesos por hija/o. En los talleres de organización barrial surgió también la reivindicación de “la autoorganización colectiva contra el asistencialismo”.

Lástima que las palabras arduamente halladas por las participantes para transmitir sus vivencias hayan resultado en muchos casos subsumidas en consabidas consignas partidarias que no necesariamente dan cuenta de los auténticos procesos de conciencia enmarcados por el Encuentro.

Por otra parte, sólo excepcionalmente se logró alguna articulación entre la crónica de la situación y las formas específicas de opresión sexista a través de las cuales incide en las mujeres. Se exaltaba el protagonismo de las mujeres en los piquetes, las organizaciones barriales y las movilizaciones, pero no se aludía a la práctica de exclusividad de liderazgos masculinos. Se clamaba contra la represión de la policía y la gendarmería, pero se prestaba poco oído cuando algunas piqueteras atacadas por la policía referían ser también hostigadas y aun golpeadas por sus maridos o convivientes cuando vuelven de la ruta. Porque aun en situaciones de extrema pobreza, sin vivienda digna de tal nombre, sigue rigiendo en muchos casos la idea de que el lugar de una mujer es “en casa con los hijos”. Uno de los talleres de “Desocupación” y otro de “Trabajo” incorporaron esta problemática en sus conclusiones.

Muy concurridos se vieron también los talleres de “Salud sexual y reproductiva”, cuyo solo nombre ya había sido objeto de polémica antes de que empezara el Encuentro: en efecto, desde que existen, en los Encuentros Nacionales siempre hubo talleres sobre “Anticoncepción y aborto”. El cambio de nombre fue interpretado, y con fundamento, como una concesión por parte de la comisión organizadora a las presiones de la iglesia católica y del gobierno de la provincia, presidido por Carlos Ruckauf. Tanto estos talleres como los de “Adolescencia y juventud”, “Salud”, “Sexualidad”, entre otros, iniciaron sus conclusiones con un repudio explícito del cambio de nombre y la exigencia de que a partir del próximo año el taller vuelva a llamarse “Anticoncepción y aborto”.

Conclusiones aún más unánimes fueron la exigencia de liberar a los 58 integrantes del Movimiento de Desocupados Teresa Rodríguez (entre los que hay 19 mujeres en la cárcel de Los Hornos), detenidos el último 3 de agosto cuando reclamaban al Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires la devolución de 200 Planes Trabajar y la incorporación de otros 1802; así como la liberación y desprocesamiento de todos los detenidos y presos por participar en protestas sociales, cuya cantidad se calcula en 2.800 en todo el país. Otra reivindicación unánime fue el No al ajuste. No por azar la consigna más unificante tanto en el acto inaugural como en la marcha final fue la de “Pan, trabajo/ajuste al carajo”.

Las catequistas enviadas por monseñor Aguer se hicieron escuchar en talleres estratégicos: identidad, familia, salud sexual y reproductiva, sexualidad, religión, con su defensa del carácter “natural” del rol de la mujer en la familia tradicional, su noción de que la identidad femenina está dada por la maternidad, y sobre todo con “la defensa de la vida desde la concepción” y el repudio a la homosexualidad. En consonancia con monseñor Aguer, que había sostenido que las posiciones sobre estas cuestiones en los Encuentros coinciden con las de Henry Kissinger y el “capitalismo salvaje”; esto es, solucionar los problemas matando pobres, hubo una catequista que sostuvo que homosexuales y lesbianas le convienen a la ONU, que los promovería “porque no procrean”… Las posiciones de estos grupos minoritarios fueron ampliamente abucheadas durante la lectura de las conclusiones en el acto de cierre.

Si por una parte las catequistas ensalzaban el rol tradicional de las mujeres como expresión de su naturaleza misma, por otra cierto reduccionismo militante habilitaba la salida de ese rol exclusivamente en función de determinada participación social y política. “Ser piquetera” (lo de “Somos todas piqueteras” se escuchó durante todo el transcurso del Encuentro) aparecía como la emancipación femenina si se trataba de “Mujer y desocupación”, como la cura si se trataba de “Mujer y salud mental”, como expresión de cultura en “Mujer, arte y cultura”, etc.

En cambio, hubo talleres que se atuvieron con exactitud a la temática correspondiente. Las conclusiones de uno de los varios talleres de violencia reflejaron una precisa y cuidadosa evaluación de la atención o desamparo que merecen las distintas formas de violencia conyugal en diferentes localidades del país, deduciendo que las diferencias no se debían a más o menos recursos económicos sino a la concepción ideológica de la cuestión y la voluntad política de encararla. Las conclusiones del taller de lesbianismo no rehuyeron algo sustancial en la dinámica de los Encuentros: la integración entre procesos subjetivos y propuestas públicas, en este caso sobre la visibilidad de las lesbianas. Uno de los talleres de Adolescencia concluyó “la reivindicación de contramodelos a la mujer-objeto difundida en los medios: nosotras mismas en este Encuentro…”

La tensión externa creada por la iglesia no era la única; el Encuentro se vio atravesado por una tensión interna menos explícita pero no menos significativa: mucho antes de que se iniciara, las organizaciones ansiosas de capitalizar el evento para sus respectivos frentes políticos y gremiales instalaron la falaz oposición entre “feminismo” y “cuestión social”.

¿Pero qué otra cosa que cuestiones sociales son las que plantea el feminismo desde que existe: discriminación sexual en la familia, la educación y el trabajo, derecho de la mujer a decidir sobre su maternidad, carácter histórico y cultural de los roles masculino y femenino? O en otras palabras: ¿qué estrecha concepción de las cuestiones sociales excluye de ellas, o vuelve subalternas, las planteadas por el feminismo?

Si hacía falta explicitarlo, allí estaban las actividades propuestas por Feministas en el encuentro, agrupación ad hoc conformada por feministas de La Plata, Buenos Aires y Mar del Plata, por iniciativa de la Casa de la Mujer Azucena Villaflor3, entidad feminista de la ciudad de La Plata: el panel denominado ABC del feminismo convocó a más de 150 personas, muchas jóvenes, que debatieron largamente sobre las vivencias y concepciones expuestas por feministas de diferentes generaciones y pertenencias. También se vio desbordado de público el video-debate organizado por la Coordinadora por el derecho al aborto. Un panel que contó con la participación de integrantes del Centro de Apoyo a la Mujer Maltratada (CAMM) de Mar del Plata, retomó a propósito de la serie de asesinatos de mujeres en la costa atlántica las cuestiones planteadas en el taller sobre “Mujer en situación de prostitución”.

La marcha que culminó el Encuentro manifestó la diversidad a través del mismo ritmo de cumbia: “La cumbia del piquetero/la baila el pueblo entero…” “La cumbia del patriarcado/la bailan los clericales…”. “Me encanta, todo mezclado”, comentaba una adolescente riéndose. Al pasar frente a la Catedral iluminada arreció el canto: “Si el papa fuera mujer/ el aborto sería ley…” (a la que respondían pintadas en las calles de La Plata: “Si el aborto fuera ley/el diablo sería rey”) y apareció por primera vez en el desarrollo del Encuentro el antiguo: “Ustedes se callaron/cuando se los llevaron”, lapidaria acusación a la iglesia cómplice de los secuestros y desapariciones en la última dictadura militar, bien representada entonces por el arzobispo de La Plata monseñor Antonio Plaza, y respuesta al mote de “asesinas” con que más de una catequista calificó a quienes defendían el derecho al aborto.

Aun con sus conflictos, los Encuentros no dejan de renovar la facultad fortalecedora de los contactos, la comunicación, la solidaridad, el espíritu de lucha, la negativa al aislamiento y la resignación. Los testimonios de las participantes en los talleres, la expectativa que crean y la energía que los anima, hablan del invalorable rol que cumplen en muchos procesos personales de autoafianzamiento y de concientización.

Para participar en un proceso de liberación ya hay que ser en alguna medida libre. No lucha por la libertad sino quien la anticipa. Las encontradas vivencias del XVI Encuentro lo corroboraban: en medio de las manifestaciones más extremas de la opresión y la injusticia en los testimonios de vida de las mujeres más pobres y violentadas, destelló por momentos, desde el profundo infierno de la necesidad, algo del aura del reino de la libertad.

  1. Vinculado con el gobierno provincial de Carlos Ruckauf, y con quien fue embajador del gobierno del ex presidente Carlos Menem ante el Vaticano y actual secretario de gobernación de Carlos Ruckauf Esteban Caselli. Ver 3 puntos, Año 5, nº 216, 16-8-01; también el artículo de M. L. Lenci en esta edición.
  2. Al cierre de esta edición continuaban detenidos.
  3. En homenaje a una de las fundadoras de la asociación Madres de Plaza de Mayo, secuestrada en la iglesia de Santa Cruz en Buenos Aires, el 8 de diciembre de 1977, junto con las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, y otras personas, entregadas todas por el ex capitán Alfredo Astiz. Sigue desaparecida.

Los Encuentros

Vassallo, Marta

Los Encuentros Nacionales de Mujeres son un invento argentino. El primero de ellos tuvo lugar en Buenos Aires en 1986, por iniciativa de mujeres que en el curso del año 1985 habían participado del Foro de ONGs en Nairobi, Kenia, y del 3º Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe en Bertioga, Brasil. La comisión organizadora de ese Primer Encuentro estuvo integrada por mujeres feministas y del movimiento de mujeres.

Los Encuentros son por principio autoconvocados y autofinanciados, autónomos, sin subordinación a aparatos políticos y sindicales. Con el correr de los años inevitablemente se convirtieron en objeto de disputas por su control y capitalización. Pero mantienen su funcionamiento horizontal, con una comisión organizadora que se forma ad hoc con mujeres pertenecientes a asociaciones de la ciudad donde se celebra, una diferente cada año, y operando fundamentalmente mediante talleres, donde se debaten una amplia gama de cuestiones.En los talleres no se fuerza un consenso, sino que se registran las diferentes posiciones y se vuelcan en las conclusiones finales.

Entrada la década de 1990, los Encuentros empezaron a sufrir la explícita embestida de la iglesia católica, debido a su voluntad de imponer sus propias concepciones de femineidad, familia, maternidad, reproducción, reñidas con las posiciones mayoritarias deducidas de los Encuentros. En efecto, estos incorporaron la noción de género, esto es, el carácter de construcción social de las identidades masculina y femenina, el cuestionamiento de la subordinación de la mujer y de su identificación con el rol maternal, la visibilidad de las lesbianas, la prostitución como explotación organizada y no como cuestión de moral personal.


Autor/es Marta Vassallo
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 27 - Septiembre 2001
Páginas:30,31
Temas Sexismo, Desarrollo, Estado (Justicia)
Países Argentina