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Las condenas del judío Süss

El canal franco-alemán Arte programó para este 21 de septiembre un debate en torno al cineasta alemán Veit Harlan, director del film El judío Süss, realizado por orden de Joseph Goebbels. Se trata de una falsificación de la historia de Joseph Süss Oppenheimer, asesor financiero del duque de Wurtemberg, Carlos Alejandro, asesinado en 1738. El film fue utilizado para incitar el antisemitismo en los años 1940. El documental minimiza y hasta niega la culpabilidad del cineasta nazi.

El martes 4 de febrero de 1738 es un día de fiesta en Stuttgart. Proveniente de la campiña vecina, la gente de Wurtemberg se vuelca en las calles. Sin embargo no se ve ningún judío: se les ha prohibido el ingreso a la ciudad, porque es un judío el objeto de la ceremonia macabra a la que va asistir la muchedumbre1. Detenido inmediatamente después de la muerte súbita de su soberano a causa de una infección pulmonar, Joseph Süss Oppenheimer está arrestado desde la noche del 13 de marzo de 1737. Dado que el tribunal lo había condenado el 13 de diciembre de ese mismo año a la pena de muerte, ya era hora de verlo colgado.

¿Por qué fue condenado? Los jueces estimaron que Süss había sido el monje negro de Carlos Alejandro; que había hundido al pueblo bajo el peso de los impuestos y fomentado la corrupción. E incluso que alentó un golpe de Estado contra la Asamblea Parlamentaria de las Corporaciones, violando la Constitución fundada en la separación de poderes, de acuerdo con el liberalismo.

Se lo acusó también de haber atentado contra el honor de numerosas muchachas. Al respecto, los jueces pensaron rehabilitar una disposición, caída en desuso, que castigaba las relaciones carnales entre los judíos y las cristianas. Pero el riesgo de generar un escándalo era tal que el tribunal decidió abandonar la idea. La ejecución de Joseph Süss Oppenheimer fue organizada de modo de vilipendiar su vida disoluta: “El pájaro hebraico” que volaba de cama en cama, fue expuesto a la vista de los curiosos dentro de una jaula de hierro. Y entre los gritos de “¡Muerte al judío!”, izado hasta el extremo de la horca, a 10 metros de altura.

En Wurtemberg, el judío Süss representa la figura emblemática de la decena de “judíos de corte” que durante el siglo XVIII accedieron a la cima de los pequeños Estados alemanes. Era hijo del negociante Süsskind-Oppenheimer, que llegó a ser recaudador de impuestos del Palatinado y estaba vinculado a uno de sus correligionarios influyentes, Isaak Landauer. En 1733 el duque Carlos Alejandro confía a Süss el cargo de asesor financiero.

Su drama tiene origen en la política a cuyo servicio se encuentra, orientada por la necesidad de una administración moderna y de una nueva economía capitalista, en beneficio del soberano. A pesar de que éste, convertido al catolicismo, también cuenta con consejeros católicos, sobre el judío se concentran las recriminaciones y la hostilidad de la población protestante de Wurtemberg, incitada por la Asamblea Parlamentaria de las Corporaciones, opuesta a Carlos Alejandro. Se lo acusa de “vampiro”, de “hambrear al pueblo”, de ser un “parásito”. Tanto más cuanto que entregó a la comunidad judía el monopolio del tabaco. Atrapado en medio de una querella de poderes y de oposiciones religiosas, terminó siendo víctima de una maquinación urdida por los dirigentes de la Asamblea de las Corporaciones. Como se negó a convertirse al protestantismo, quedó excluido de todo perdón.

Desde 1737 a 1739 abundan los libelos y panfletos contra el judío Süss. En 1827 el suabo Wilhelm Hauff2, célebre autor de los cuentos orientales de La Caravana, le dedica un relato, como una forma de rendir homenaje a su antepasado, el secretario del Consejo Parlamentario, Johann Wolfgang Hauff, defensor de los derechos de la Asamblea de las Corporaciones. La tradición familiar predisponía al autor a una visión protestante de los acontecimientos y a trazar un perfil poco simpático del asesor de Carlos Alejandro, al que presenta como un extranjero de costumbres disolutas, instigador de una ruptura en el funcionamiento de las instituciones. El orden sólo podía ser restablecido mediante la muerte de Süss, asimilado a Satanás. No es de extrañar que nacionalistas y racistas alemanes hayan sacado posteriormente del relato de Hauff la imagen “verdadera” del judío Süss.

Falsificación

El personaje estaba lejos de haber caído en el olvido en 1916, cuando Lion Feuchtwanger, miembro de una familia de la burguesía judía asimilada de Baviera, comenzó a interesarse en él. Primero escribe un drama en tres actos, publicado en 1917. Aunque sensible al antisemitismo, Feuchtwanger había roto con el judaísmo y, en principio, su intención era construir una parábola que expresara su reacción ante la guerra. Luego transformó su pieza en una novela, con una reconstrucción de época. Cuando se publicó en 1925, esa primera novela histórica resultó un éxito: en cinco años vendió más de 100.000 ejemplares. Luego sería traducida a unos veinte idiomas. En 1958, a la muerte del autor, que había emigrado a Estados Unidos, el libro ya había vendido más de dos millones de ejemplares en todo el mundo.

Lothar Mendes realizó una película a partir de un guión extremadamente fiel a la novela, que se estrenó en Londres el 4 de octubre de 1934. El film cumplió una honrosa carrera internacional, salvo en la Alemania nazi, donde fue prohibido, pues contenía una importante reconstrucción del decorado histórico, con representación del gueto y los rituales judíos, a la vez que sugería claramente una relación con la actualidad del antisemitismo. Se dice que esa película desató la ira de Goebbels, quien decidió que Alemania debía retomar el tema y propuso la fabricación del antídoto a un director ya por entonces muy conocido, Veit Harlan. Contrariamente a lo que creyó Feuchtwanger cuando protestó por considerar que habían pervertido su novela, no fue su obra la que sirvió de base al guión adoptado. Este fue realizado por un autor nazi, Eberhard Wolgang Möller, a partir del relato de Wilhelm Hauff, tal como anunciaba el primer folleto informativo, encabezado por una frase sensacionalista: “¡No te atrevas, judío, a tocar a una mujer alemana!”.

La concepción del film se remonta a noviembre de 1938, momento en que el ministerio de propaganda daba directivas a las firmas cinematográficas para fomentar la producción de guiones antisemitas. Hitler profirió en público su amenaza de exterminio de “la raza judía” el 30 de enero de 1939. Por lo tanto, todos los protagonistas convocados para la elaboración de la película sabían bien de qué se trataba. El rodaje comenzó el 15 de marzo de 1940 en los estudios de Babelsberg. Con el objeto de alcanzar una mayor eficacia ante el público, los servicios nazis de propaganda recomendaron que no se designara al film como “antisemita”. Su estreno mundial se realizó el 5 de septiembre de 1940, en la Bienal de Venecia. Veit Harlan, su esposa, la actriz Kristina Söderbaum, y Ferdinand Marian, intérprete del personaje central, estaban presentes.

Sólo en Alemania, donde las proyecciones eran a menudo acompañadas del alarido “¡Muerte a los judíos!”, el número de espectadores superó rápidamente los 20 millones3. El film fue difundido en todos los países europeos ocupados. A Heinrich Himmler le parecía tan convincente que el 30 de septiembre de 1940 firmó una orden obligando a todos los miembros de las SS y de la policía a ver la película “este invierno”. Los guardianes de los campos de concentración también debieron cumplir esa obligación.

¿Responsabilidad o coacción?

El film es una falsificación histórica4. Ignora el conflicto confesional entre las corporaciones y el duque Carlos Alejandro. Las relaciones de Süss con las damas de la aristocracia son silenciadas para estigmatizar mejor “el acoplamiento del judío con una cristiana”, evocando la prohibición promulgada por las leyes de Nuremberg en 1935. Las características atribuidas a Süss retoman los estereotipos antisemitas de los nazis: codicia, astucia, cobardía, hipocresía. En cuanto a la lengua que hablan los judíos es ridiculizada por medio de una parodia del yiddish y toda una gestualidad.

El decorado mismo es simbólico: los judíos actúan siempre en la penumbra o de noche. Y cuando Süss es ahorcado, el film se ilumina para el final feliz: la nieve cae, limpiando todo lo que estaba sucio. La “limpieza” acompañará en adelante al pueblo de Wurtemberg. Y es por eso que Süss no es el único condenado: todos los judíos son expulsados de Wurtemberg y una música religiosa de redención acompaña su destierro.

Poco después de terminada la guerra, Veit Harlan trató de disculparse argumentando haber actuado bajo coacción. El Judío Süss se habría transformado en una obra antisemita únicamente debido a los cambios decisivos impuestos por Goebbels en persona. Lamentablemente, ningún documento acredita esa versión de los hechos. El jerarca nazi, que consignaba atentamente en su diario las medidas y las decisiones que adoptaba, sólo evoca las conversaciones que mantuvo con Harlan.

En 1948, una comisión de desnazificación exime al director de El Judío Süss de toda culpabilidad. Sorpresa y protestas de cuatro juristas alemanes, que exigen que se lo procese, invocando la existencia de un “crimen contra la humanidad”, no como participante activo, sino en calidad de cómplice. El 15 de julio de 1948 presentan una demanda ante el tribunal de Hamburgo, por entonces en la zona de ocupación británica. El proceso dura tres semanas, y concluye el 23 de abril con una absolución. El fiscal del tribunal, Gerhard Kramer, apela el fallo y la Corte de Casación de Colonia pronuncia su veredicto el 12-12-1949: el film debe ser considerado “criminal”.

Nuevamente el caso pasa al Tribunal de Hamburgo. Tras otras seis semanas de juicio, el fallo definitivo se produce el 29-4-1950: se reconoce “el cargo de crimen contra la humanidad” respecto de las actividades de Veit Harlan. Sin embargo, el cineasta resulta absuelto por circunstancias atenuantes. Se confirma, en cambio, la condena del film como “criminal”. Ese proceso le permitió a Veit Harlan reanudar inmediatamente su carrera de director de cine, y rodar aun diez películas antes de morir. Su Judío Süss, no obstante, quedó marcado con el sello de la infamia. A partir de 1955 se autorizó su proyección en la República Federal de Alemania (salvo en Berlín Oeste, a causa del estatuto de ocupación de la ciudad). El 3-10-1990 la prohibición fue levantada en todo el territorio alemán. Sin embargo, la película se proyecta muy rara vez, exclusivamente en el marco de coloquios o seminarios sobre la historia del nacional-socialismo. Y aun en esos casos suelen generarse polémicas.

Tal fue el caso en febrero de 2001 en Furth, cerca de Nuremberg, cuando el comité directivo del Museo Judío decidió proyectar el film en el marco de una exposición sobre Joseph Oppenheimer5. El escritor Ralph Giordano, sobreviviente de la persecución nazi, se opuso de inmediato enérgicamente6. Había visto la película en Hamburgo a fines de febrero de 1940 y la recuerda como “un llamado al odio racial contra los judíos”. ¿Se trata de una obra de arte? Para Giordano, de ninguna manera. El escritor estima que no existe absolutamente ningún motivo para proyectar ese film “vergonzoso” en Furth, sobre todo cuando las encuestas señalan que el 13% de los alemanes tiene una visión del mundo que corresponde a la de la extrema derecha y que más de un 30% es favorable al antisemitismo.

Una petición firmada por periodistas, docentes y escritores, exigió que se prohíba toda “proyección pública” del film. El presidente de la comunidad judía de esa pequeña ciudad de Franconia, Haim Rubinzstein, se mostró finalmente más flexible: “Me resulta indiferente que se proyecte esa película. Pero hacerlo en un establecimiento donde se guardan los rollos de la Tora y que es calificado de ‘judío’, creo que es una infamia”. De manera que la proyección, que debía realizarse en el Museo judío, fue finalmente transferida a un local de la Universidad Popular.

El debate organizado en Furth fue aun más apasionado, dado que acaba de aparecer una biografía de Veit Harlan que pretende rehabilitarlo invocando su talento7. Las películas del director de El Judío Süss, estima Frank Noack, autor de esa biografía, fueron simplificadas por sus adversarios, que dieron una imagen “unidimensional” de las mismas con el fin de reducir al director al rol de cómplice de Goebbels.

Ahora se anuncia para fines de septiembre la proyección de un documental en la televisión8. Se trata de un intento de reconstrucción de los juicios de 1949 y 1950 contra Veit Harlan, con extractos de su demasiado famoso Judío Süss. Presentar así una dosificación de “pros” y de “contra” sin dar la versión integral del film y sin hacer un análisis riguroso de los elementos que lo rodean, a más de medio siglo de distancia y en otro contexto, puede llevar al grueso de los espectadores a interrogarse sobre la culpabilidad del cineasta nazi.

En definitiva, el pase de magia será el mismo que el de la biografía de Noack, cuyo título es suficientemente sugestivo: Veit Harlan, el director de cine del Diablo. Evidentemente, siempre es el diablo quien gobierna el mundo cuando las cosas andan mal. Entonces, ¿cómo podría su director de cine ser algo más que un lamentable instrumento?

  1. Achim Wörner, “Die unendliche Geschichte des ‘Jud Süss’”, Die Zeit, Bonn, 1-5-1992.
  2. Este relato acaba de ser publicado por la editorial Arte/Le Félin, con prefacio y traducción de Nicole Casanova, bajo el título fantasioso e infelizmente falsificador de La véritable histoire du Juif Süss (La verdadera historia del judío Süss).
  3. Los servicios nazis de propaganda publicaron una novela escrita a partir del film: J. R. George, Jud Süss. Roman, Mit 16 Bildern aus dem gleichnamigen Terra-Filme, Berlín 1941.
  4. Régine Mihal Friedman, L’image et son juif: le juif dans le cinéma nazi, París, Payot, 1983.
  5. Hasta el mismo funcionamiento del Museo Judío despertó polémicas en Furth. El presidente de la comunidad judía, Haim Rubinzstein, rechaza la orientación impuesta por el director de ese establecimiento, Bernhard Purin, un no-judío que cuenta con el apoyo del consejo científico. El museo, inaugurado en julio de 1999, no emana de la comunidad judía sino de una fundación creada por el gobierno regional de Baviera. El enfrentamiento tiene que ver con el problema de saber quién debe proponer la imagen, histórica o actual, del judaísmo y de los judíos.
  6. Ralph Giordano, “Die Zelluloid-Ouvertüre für den Holocaust”, Nürnberger Nachrichten, Munich, 17 y 18-2-2001.
  7. 7 Frank Noack, Veit Harlan, “Des Teufels Regisseur”, Belleville Verlag Michaël Farin, Munich, 2000.
  8. Jud Süss–Ein Filme als Verbrechen?, producción: Reiner Milker, realización: Horst Königstein, con extractos del film nazi Jud Süss, entrevistas y la reconstrucción dramática de una parte de los juicios intentados contra Veit Harlan. Es decir que, como la biografía de Frank Noack, el documental lleva a preguntarse si el film de Veit Harlan es “criminal” o no. Los espectadores son invitados a preguntarse: “¿Quién es el responsable?”. Con reserva de un eventual cambio de último momento, se difundirá por el canal franco-alemán Arte el 21-9-2001 a las 22.15 (hora de Francia).
Autor/es Lionel Richard
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 27 - Septiembre 2001
Páginas:32,33
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Historia, Cine, Genocidio