Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Ascenso y divisiones de los islamistas kuwaitíes

El fortalecimiento de los islamistas en Kuwait fue promovido por el Emir cuando los beduinos, que conforman el sector más tradicional, empezaron a quedar fuera de su control. El Emir utilizó sucesivamente a ambos sectores para oponerlos a los liberales laicos, fuertes entre los comerciantes, y a sus aliados progresistas. Los islamistas responden a interpretaciones rigoristas del Corán, pero toman distancia de los grupos terroristas.

“Estoy a favor del derecho de las mujeres a votar y a ser diputadas. Pero a la vez creo que las chicas y los varones deberían estar separados en la escuela y en la universidad. Y ambas opiniones se basan en la religión”. El doctor Hassan Joha es un chiíta, miembro de la Asamblea Nacional de Kuwait, uno de los pocos países de la región donde el Parlamento es elegido. Hassan Joha se presenta como un islamista moderado e independiente. Los Hermanos Musulmanes también están a favor del voto femenino; sin embargo, los diputados cercanos a dicha organización se opusieron a ese derecho. Estos ejemplos muestran las contradicciones que atraviesan el islamismo, a veces por razones políticas, a veces por razones religiosas1.

En mayo de 1999, en momentos en que el Parlamento estaba en receso, el Emir publicó un decreto que autorizaba a las mujeres a votar y a ser diputadas, y reducía de 21 a 18 años la edad para poder votar. Ese texto fue rechazado por la Asamblea, y un nuevo proyecto propuesto por la oposición liberal también fracasó, por apenas dos votos.

Paradójicamente, ese revés fue el resultado de una evolución democrática iniciada por la familia reinante, los Al Sabah. Por una parte, el gobierno es designado y los Al Sabah controlan varios ministerios; por otra, existe una Constitución, un sistema legal, una prensa vigorosa y abierta, y una Asamblea de cincuenta miembros elegidos (a los cuales hay que agregar los ministros, nombrados de oficio).

A partir de las últimas elecciones, el 3-7-1999, los islamistas, chiítas y sunitas se convirtieron en la primera fuerza del Parlamento, con 18 de las 50 bancas. Seis bancas están en poder de organizaciones chiítas y las doce restantes, sunitas, se reparten de la siguiente manera: cinco para el Movimiento Constitucional Islámico (MCI), fachada política de los Hermanos Musulmanes, tres para los Salafis2 y cuatro para los independientes, en general beduinos.

El Emir concedió la ciudadanía a los beduinos en la década de 1970, viendo en ellos un poder útil para contrabalancear a la poderosa clase de los comerciantes y sus aliados progresistas y liberales, influidos por el nacionalismo árabe y el socialismo. “La sorpresa se produjo cuando esos beduinos comenzaron a recibir educación, y el gobierno ya no fue capaz de controlarlos”, señala el doctor Shamlan Al-Essa, jefe del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Kuwait. “Entonces el poder se volcó hacia los islamistas”, añade. Y en su marcha hacia la supremacía, los islamistas sunitas reclutaron adherentes entre la población beduina, que sigue siendo la más tradicional de la sociedad.

El doctor Yaacoub Hayati, jurista y miembro de la delegación de Kuwait ante el Consejo de Cooperación del Golfo3, un chiíta no islamista, explica: “Kuwait es una sociedad religiosa, conservadora y tradicional, pero no fanática. Antes de que apareciera el petróleo, éramos marineros, y estábamos en las manos de Dios”.

La población de Kuwait no llega a un millón de personas, dos tercios de ellas sunitas y un tercio chiítas. Un número similar de extranjeros viven en el Emirato, pero no participan del debate. El país aún está traumatizado por la invasión iraquí de agosto de 1990 y agradecido a Estados Unidos y a sus aliados por haberlos liberado. Los vínculos con Washington son fuertes, y hasta los islamistas se entrevistan regularmente con el embajador estadounidense.

Los islamistas sunitas formaron un grupo parlamentario –al koutla al-islamiyya– que junto a los otros islamistas condenó a la vez los atentados del 11 de septiembre y la intervención estadounidense en Afganistán. Los ataques contra el World Trade Center y el Pentágono afectaron directamente a los islamistas, sobre todo cuando se supo que el portavoz de Al-Qaeda era Suleiman Abou Ghaithn, un ciudadano kuwaití; que otros kuwaitíes se hallaban en Afganistán y que algunos de ellos están actualmente detenidos en Guantánamo. En enero de 2002, Paul O’Neill, secretario del Tesoro estadounidense, viajó al Emirato para lograr que se cerraran las fuentes de financiamiento de Al-Qaeda4. Las autoridades cerraron cientos de oficinas de colecta de fondos, particularmente los kurshk, kioscos donde se recaudaba dinero en nombre del islam.

La escalada en Palestina aflojó momentáneamente la presión. Los islamistas y los liberales laicos pusieron fin a sus divergencias y los islamistas cumplieron una importante función en las reuniones y manifestaciones a favor del pueblo palestino (incluso de Hamas). Sin embargo los kuwaitíes siguen sin perdonarle a Yasser Arafat su apoyo a Saddam Hussein en 1990-1991, apoyo que generó la expulsión del país de la comunidad palestina, formada por unas 400.000 personas.

Las repentinas revelaciones sobre los islamistas alegraron a los liberales, lo mismo que los decretos ministeriales que obligan a que los fondos destinados al exterior sean de ahora en más controlados por comisiones gubernamentales. “Por primera vez –explica el doctor Al-Essa– el gobierno presta atención también a los textos escolares y a lo que los ulemas predican en los sermones de los viernes”. Recuerda complacido su oposición a una ley presentada por un grupo de islamistas en 1996 –que debe entrar en vigor este verano– que instaura la segregación sexual en la universidad. “Es ridículo. Por otra parte no contamos con suficientes salas de clase, laboratorios y profesores”, añade.

El gobierno había aceptado la ley por razones tácticas, sin prever la tormenta que desataría. Las muchachas representan el 70% del alumnado, dado que un gran número de varones estudian en el exterior. “Las muchachas ponen más dedicación, y para ellas estudiar es el único medio de salir de sus casas”, sostiene el doctor Al-Essa. En la universidad, la mayoría de las alumnas llevan vestidos largos y pañuelos, lo que no les impide estar muy maquilladas. Algunas llevan jeans o vestidos a la altura de las rodillas, y no ocultan sus cabellos. Alejada de los grupos de varones, Leila explica tímidamente que está contra la segregación: “No estamos dispuestas”.

Alentar el islam

Los islamistas quieren ampliar el alcance de la ley islámica –la charia– que es la base del estatuto personal. Desde hace tiempo exigen la enmienda del artículo 2º de la Constitución, según el cual la charia es “una fuente principal de la legislación”. Para ellos es “la fuente de la legislación”. Actualmente, según Ahmad Al Baghdadi, profesor universitario y especialista en pensamiento islámico, los islamistas se concentran en el artículo 79: “No se puede promulgar ninguna ley que no haya sido votada por la Asamblea Nacional y ratificada por el Emir”, al que desean agregar: “y si no es conforme a la charia”.

Nasser Al Sane, un diputado del MCI, admite que los islamistas quisieran “extender la aplicación de la charia a otros ámbitos, pero debemos avanzar despacio y preparar el terreno”. Su organización es la que posee mayores recursos económicos y la más desarrollada del movimiento islámico. “No queremos un islam cerrado. Pensamos en varios asuntos, desde la banca hasta la educación, desde la salud a la familia”, afirma. Una institución financiera, la Casa Kuwaití de Finanzas, ya es administrada según la ley islámica, y recibió un préstamo de cerca de 100 millones de dólares de parte del gobierno. Allí es fácil obtener créditos sin interés… Los islamistas tratan de conseguir una legislación sobre los partidos políticos, que siguen sin ser oficialmente reconocidos.

¿Cómo se distribuyen las diferentes fuerzas políticas? Los chiítas continúan luchando contra viejas desigualdades y esperan recibir las disculpas de quienes los acusaron de haber sido la quinta columna iraní durante la guerra entre Teherán y Bagdad (1980-1988). Esas acusaciones se atenuaron luego de la ocupación iraquí de Kuwait, pues entonces los chiítas dieron muestra de una total lealtad. Menos organizados políticamente que los sunitas, representan una mayor diversidad de tendencias islamistas, y sus alianzas políticas fluctúan en función de los temas. Según Abdel Wahhab Al Wazzan, chiíta liberal y ex ministro, “durante mucho tiempo se dejó de lado a los chiítas. Si los islamistas se organizaran mejor, podrían tener más de seis representantes en el Parlamento, aunque no alcanzarían el número de quince, que reflejaría el peso demográfico de su comunidad. Están escasamente representados en el gobierno, en la administración o en los sectores decisivos. Podemos ponernos de acuerdo con ellos sobre temas como Palestina, pero se hace difícil en lo que hace al islam, pues ellos mismos están muy divididos”.

Los Salafis, aunque presentes en la palestra política, concentran su preocupación en problemas éticos. Su principal organización, la Unión Islámica Salafi (al-tajamou’ al-islami al-salafi), posee dos bancas en el Parlamento, incluida la del ministro de Justicia y de los waqfs. La esposa del ministro ejerce como farmacéutica, pero su marido se opone al derecho de voto de las mujeres: “Eso cambiaría nuestro modo de vida. Nosotros no queremos imponer el islam en el país, como ocurrió en Irán con el chador. Simplemente queremos alentarlo”.

Divergencias internas

El Movimiento Salafi (al-haraka al-salafiyya), escisión del precedente, es más conocido con el nombre de los Salafis Científicos. Su único representante en la Asamblea Nacional, Walid Tebtaba’i, evoca las diferencias “actualmente atenuadas” con el MCI, que habían dado lugar a duras acusaciones recíprocas en la prensa. En cambio, el secretario general del MCI sigue denunciando las vinculaciones de los Salafis con los talibanes, y los describe como “el equivalente de los wahabitas”5. Ismail Shati, dirigente y miembro fundador del MCI, explica: “Los Salafis están tan mal organizados que cualquiera puede unirse a ellos o abandonarlos. Cada cuatro o cinco año sufren una división. Los que están presos en Guantánamo pueden venir de alguna de esas divisiones. En sus filas hay extremistas, y eso es peligroso”.

Los Hermanos Musulmanes, que mantienen un perfil bajo, crearon el MCI en 1991, luego de una profunda crisis. En Kuwait los Hermanos fueron creados por miembros egipcios de la organización fundada en Ismailiya en 1928 por Hassan Al Banna. Ese movimiento, que se extendió por todo el mundo árabe y aun fuera de él, continúa reivindicando su preeminencia sobre las secciones nacionales6. La invasión iraquí a Kuwait resultó desastrosa para los Hermanos Musulmanes del Emirato, provocando tensiones con la organización internacional que tentaba una mediación con el presidente Saddam Hussein.

Ismail Shati estuvo en el centro de esa disputa: “Durante la ocupación yo no abandoné el país. Rebautizamos a los Hermanos Musulmanes como Murabitun, los que tenían un ala militar para luchar contra el ejército iraquí. Las divergencias aparecieron con la llegada de las tropas estadounidenses. Miembros importantes de la organización internacional viajaron a Bagdad, desde donde condenaron la presencia estadounidense en términos que aparecían como un apoyo a Saddam. Entonces suspendimos nuestra adhesión al movimiento internacional”. Según Shati, ese enfriamiento persiste, a pesar de que, afirma, “de nuevo participamos en las reuniones”.

Aun cuando el enfrentamiento entre Shati y la organización internacional es indudable, tanto aquí como en Egipto muchas personas no creen que los Hermanos Musulmanes kuwaitíes hayan mantenido sus distancias con la organización internacional. Según algunas fuentes, los kuwaitíes incluso la estarían financiando. Como muchos miembros del MCI serían también miembros de los Hermanos, la transparencia de los primeros y la opacidad de los segundos resulta aun más extraña.

¿Cómo se posiciona el gobierno respecto de los islamistas? ¿Investigó realmente las estructuras islamistas luego del 11 de septiembre? Es difícil saber si las medidas contra las instituciones financieras afectaron realmente al movimiento islamista. Pero lo más importante es saber si la familia reinante, más preocupada por la sucesión del Emir Jabir Al Ahmad Al Sabah –que tiene más de 70 años y está enfermo– que por la gestión del país, desea realmente cambiar la relación de fuerza, que ella misma creó en virtud del antiguo principio: dividir para reinar. Después de todo, los islamistas posiblemente sean más fáciles de manejar que los liberales laicos.

  1. Yahia Sadowski, “Poussée conservatrice au Koweït”, Le Monde diplomatique, París, enero de 1997.
  2. “Salaf” significa “antepasado”, y hace alusión a los primeros musulmanes. Esos movimientos fundamentalistas se desarrollaron sobre la base de las enseñanzas del célebre pensador egipcio Rashid Rida (1865-1935). Los Salafis están presentes en Kuwait desde la década de 1960, pero sólo en la década de 1980 se comprometieron en actividades sociales y políticas.
  3. En esta organización participan, además de Kuwait, Qatar, Omán, Arabia Saudita, Bahrein y Emiratos Árabes Unidos.
  4. Entre esas fuentes figuraban el Comité de Apoyo a Afganistán y las oficinas afganas y paquistaníes de la Asociación para el Renacimiento de la Herencia Islámica. Departamento de Estado de Estados Unidos, Programa Internacional de Información, Washington, 9-1-02.
  5. El movimiento wahabita debe su nombre a su fundador, Mohamed Ibn Abdel Wahab, que en 1730 firmó un pacto con la familia Al Saud. Se trata de una forma de islam muy riguroso, vigente en Arabia Saudita. En Kuwait el término es peyorativo.
  6. Wendy Kristianasen, “Une internationale en trompe-l’?il”, Le Monde diplomatique, París, abril de 2000.
Autor/es Wendy Kristianasen
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 36 - Junio 2002
Páginas:25,26
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Terrorismo, Islamismo
Países Emiratos Arabes Unidos, Kuwait