Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Recuadros:

Un paso atrás en la defensa de los derechos de la niñez

Entre el 8 y el 10 de mayo pasado se celebró en Nueva York la "Sesión Especial a favor de la Infancia" de la Asamblea General de Naciones Unidas (ONU) 1, con la asistencia de varias decenas de jefes de Estado o de Gobierno, de 120 delegaciones gubernamentales de alto nivel, de numerosos organismos multilaterales, agencias y programas de la ONU, de varios centenares de organizaciones de la sociedad civil de casi todos los países del mundo y también, por primera vez, de más de 250 niños, niñas y adolescentes. Pero el resultado final fue un retroceso en la lucha por los derechos de la infancia.

Se trató, ciertamente, del acontecimiento a favor de la infancia más importante desde que en 1990 se celebró la histórica Cumbre Mundial a favor de la Infancia, coincidiendo con la entrada en vigor, ese mismo año, de la Convención de la ONU sobre los Derechos de la Niñez (CDN).

El objetivo de la Sesión Especial era doble: por una parte, hacer balance del progreso realizado por los distintos países en el cumplimiento de las metas planteadas en la Cumbre Mundial de 1990. Por otra, reafirmar el compromiso de cumplir para el año 2010 las metas aún no alcanzadas, estableciendo una nueva agenda a favor de la infancia. La celebración de la reunión de Nueva York fue precedida por numerosas actividades, destacando entre ellas 165 “revisiones nacionales” (en las que cada país, con la colaboración del UNICEF, ha evaluado su progreso o involución en relación con los objetivos establecidos en 1990), importantes reuniones regionales y varios Comités Preparatorios de la propia Sesión Especial.

En paralelo a la actividad gubernamental, desde enero de 2001 el Movimiento Mundial a favor de la Infancia (GMFC, por sus siglas en inglés) ha llevado a cabo la campaña “Decir sí por los niños”2 en más de un centenar de países. El propósito es implicar a toda la sociedad en el respeto de los derechos de la niñez, solicitando el apoyo de millones de personas a los siguientes diez principios y objetivos: poner a los niños y las niñas en primer lugar; erradicar la pobreza invirtiendo en la infancia; eliminar todas las formas de discriminación; cuidar de todos los niños; educar a todos los niños; proteger a los niños de la violencia y la explotación; proteger a la niñez de la guerra; luchar contra el sida; escuchar a los niños y asegurar su participación, y proteger la Tierra para los niños.

Doce años después de la Cumbre Mundial a favor de la Infancia, la situación de la niñez en el mundo continúa siendo inaceptable en muchos aspectos –especialmente en los países en vías de desarrollo– aunque ha registrado progresos innegables en determinadas áreas. Según el reciente informe del Secretario General de la ONU3, la década pasada ha sido “la mejor y la peor para la infancia”, pues cada logro ha venido acompañado de algún fracaso.

En términos cuantitativos, 63 países han alcanzado la meta de reducir en una tercera parte la mortalidad infantil, aunque ésta aumentó en 14 países, nueve de ellos en el África subsahariana. Las campañas masivas de inmunización han conseguido erradicar la polio en 175 países, pero esta enfermedad sigue siendo endémica en 20 países y menos de la mitad de los niños subsaharianos están vacunados contra la difteria, la tos ferina y el tétano. En América del Sur, se ha logrado reducir en un 50% la desnutrición grave y moderada de los menores de cinco años, pero ésta sigue siendo muy elevada en Asia Meridional. Más del 80% de la niñez del mundo acude a la escuela primaria, pero existen grandes disparidades regionales y 120 millones de niños (la mayoría niñas) continúan sin escolarizar. El sida, la guerra, y –sobre todo– la desigualdad, son los fenómenos cuyo impacto en la infancia ha crecido más en los últimos años.

Debemos, por tanto, preguntarnos por qué muchos de los objetivos del Plan de Acción de 1990 están todavía lejos de alcanzarse, cuando su cumplimiento estaba previsto para el año 2000. ¿Por qué 11 millones de niños mueren anualmente antes de su quinto aniversario (la mayoría, por causas fácilmente prevenibles)? ¿Por qué 30 millones de niños no se benefician de las campañas de vacunación? ¿Por qué 150 millones de niños padecen malnutrición? ¿Por qué 120 millones de niños, sobre todo niñas, no están escolarizados? ¿Por qué 250 millones de niños entre 5 y 14 años son explotados laboralmente, casi la mitad de ellos en alguna de las peores formas de trabajo infantil? ¿Por qué 600 millones de niños sobreviven en la pobreza absoluta, con menos de un dólar diario? ¿Por qué 13 millones de niños han quedado huérfanos de madre o de ambos progenitores como consecuencia del sida? ¿Por qué 30 millones de niños son víctimas de las redes de traficantes (la mayoría con fines de explotación sexual)? ¿Por qué las guerras han matado más de 2 millones de niños? ¿Por qué más de 28 millones de refugiados o desplazados internos son mujeres y niños? ¿Por qué…?

Estas realidades estadísticas reflejan tanto la ausencia de auténtica voluntad política por parte de los Estados como la creciente insolidaridad de los países ricos, así como la imposición de modelos de desarrollo ultraliberales y “estaticidas” que no sólo no han conseguido reducir la pobreza, sino que, además, han contribuido en muchos casos a aumentar las desigualdades.

Los objetivos planteados en 1990, sin embargo, eran realistas y podrían haberse logrado en el plazo previsto. Se ha comprobado que las fallas en el cumplimiento de las metas no se han debido a que éstas fueran demasiado ambiguas o difícilmente alcanzables, sino a la conjunción de tres factores: la infancia no es considerada un sector prioritario; las inversiones precisas no se realizan y los gobiernos carecen de la voluntad política necesaria. A pesar de la obligación contenida en el Artículo 4º de la CDN (ver recuadro), muchos Estados no han asignado los recursos necesarios para garantizar los derechos de la niñez, aduciendo casi siempre problemas presupuestarios.

Críticas al documento oficial

Aunque en la declaración del documento “Un mundo apropiado para los niños”, adoptado por la Asamblea General en la Sesión Especial, se menciona el decálogo de la campaña del GMFC “Decir sí por los niños”, la nueva agenda para la infancia propuesta en dicho documento es mucho menos ambiciosa, articulándose exclusivamente en torno a cuatro áreas prioritarias: promoción de una vida sana, acceso a una educación de calidad, protección contra los malos tratos, la explotación y la violencia, y lucha contra el sida.

Sin embargo, las críticas al documento oficial de la Sesión no se centran exclusivamente en sus limitadas prioridades. Varias redes de ONG, entre las que cabe destacar el Caucus sobre los Derechos de la Infancia4 y el Comité de ONG para UNICEF5, así como algunos gobiernos, denuncian tanto el modo poco transparente en que se ha negociado como su carácter claramente “regresivo” con respecto a consensos anteriores, especialmente en lo que se refiere a la defensa de los derechos de la infancia, el acceso a la educación sexual y la salud reproductiva de los adolescentes, y la pena de muerte a menores.

Las posturas más conservadoras, sobre todo en lo relativo a la educación sexual y la salud reproductiva, fueron defendidas por Estados Unidos y la Santa Sede, curiosamente aliados para la ocasión con algunos de los países islámicos más conservadores. La delegación estadounidense no tuvo ningún reparo en comenzar planteando la “abstinencia sexual” como mejor método para prevenir enfermedades de transmisión sexual entre los adolescentes. Una ingenuidad particularmente irresponsable si se tiene en cuenta que sólo la pandemia del sida mata o deja huérfanos cada año a centenares de miles de niños en África y otros continentes.

La palabra “servicios” en el ámbito de la salud reproductiva fue finalmente suprimida del texto oficial ante la intransigencia de Estados Unidos, temeroso de que se incluyera el aborto entre dichos servicios; un derecho del que, hipócritamente, sí gozan las adolescentes estadounidenses que desean interrumpir su embarazo, pero que ese mismo país niega a los dos millones de niñas que cada año son sexualmente explotadas en el mundo, o a los miles de muchachas que resultan embarazadas en los múltiples conflictos armados donde la violación se utiliza como arma de guerra.

La Iglesia católica, en una actitud mucho más reaccionaria que en las pasadas conferencias sobre Población y Desarrollo (El Cairo, 1994) y sobre la Mujer (Pekín, 1995), también mostró su rechazo a la educación sexual y a los servicios de salud reproductiva, haciendo presión sobre varios países del Grupo de Río para que cambiaran su actitud. Llama la atención que este rechazo de la Iglesia se produzca cuando aún resuenan los ecos de los múltiples escándalos de pederastia en los que se han visto envueltos casi dos centenares de sus ministros en Estados Unidos. Probablemente muchos de esos niños no hubieran padecido semejantes abusos si los sacerdotes que los vejaron hubieran recibido educación sexual.

También bajo presión estadounidense y en contra de la opinión del Grupo de Río, de la Unión Europea y de otros países desarrollados (Canadá, Australia, Japón, Nueva Zelandia y países europeo-occidentales no miembros de la UE), el documento apenas menciona la CDN, texto fundamental que introduce el enfoque de los derechos y la doctrina de la protección integral en todos los temas relacionados con la infancia. El hecho de que Estados Unidos sea el único país del mundo que aún no ha ratificado la CDN6 explica, al menos en parte, esta postura, que considera que el enfoque de la protección de los derechos del niño va en detrimento de los derechos de los padres, ¡como si de una “propiedad” de éstos se tratase! Pero en muchas ocasiones es precisamente de padres abusadores, explotadores, maltratadores, etc. de quienes hay que proteger a los hijos. Reconocer los derechos intrínsecos de los niños y las niñas disminuye su tradicional vulnerabilidad frente a la ley y en ningún modo cuestiona la autoridad de padres y madres responsables.

La CDN también prohíbe expresamente la aplicación de la pena de muerte tanto a menores como a adultos cuyos delitos punibles con la pena capital fueran cometidos durante su minoría de edad. Ambos supuestos aberrantes son, sin embargo, legales en 21 de los 50 Estados que conforman Estados Unidos, donde también es frecuente la práctica –más perversa aun si cabe– de esperar a que el menor alcance la mayoría de edad para matarlo legalmente. Por este motivo, Estados Unidos también se opuso a que en el documento se condenara la aplicación de la pena de muerte a menores, aduciendo “injerencia en sus asuntos internos”.

Las ONG y los gobiernos más progresistas denuncian asimismo que el lenguaje empleado en la redacción reintroduce el argumento de la relatividad cultural, social y religiosa, abriendo la puerta a la justificación de determinadas prácticas que atentan contra los derechos de la niñez, como el trabajo infantil, el matrimonio temprano e incluso la mutilación genital femenina.

De la versión final del documento oficial también desapareció, como por arte de magia, el recordatorio del compromiso (acordado hace ya tres décadas) de que los países desarrollados aumenten hasta el 0,7% de su renta el volumen de recursos que dedican a la cooperación internacional7. Desde el fin de la Guerra Fría, la ayuda oficial de los países miembros del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la OCDE no sólo no ha aumentado, sino que –al contrario– ha disminuido dramáticamente, pasando de una media del 0,32% del PIB en 1990 a tan solo 0,22% en 20008. A fin de justificar su tacañería e insolidaridad, y con el pretexto casi racista de que el subdesarrollo es un problema principalmente de corrupción y de mercados poco liberalizados, los países ricos, especialmente Estados Unidos9 e Italia, han recortado sus presupuestos de ayuda hasta los niveles más bajos de la historia10. Curiosamente, este recorte de los presupuestos de cooperación ha coincidido con una década de crecimiento económico sostenido para los países ricos.

Si bien los flujos de inversión extranjera directa de los países ricos hacia los países en vías de desarrollo han aumentado considerablemente durante los últimos años, se han concentrado en media docena de países de renta media-alta11 y su impacto sobre el desarrollo ha sido muy débil, dada la volatilidad de dichos flujos y su carácter a menudo especulativo.

Paradójicamente, los países en vías de desarrollo pagan más a los países ricos en concepto de servicio y amortización de la deuda de lo que reciben de éstos en forma de ayuda al desarrollo e inversiones. Muchos de los países pobres altamente endeudados (HIPC, por sus siglas en inglés) dedican así más dinero al servicio de la deuda que a políticas sociales en el ámbito de la salud o la educación, cuyo impacto sobre el bienestar de la infancia es fundamental.

Otra política es posible

Sin embargo, estudios recientes en los que se relaciona la influencia de la macroeconomía en el bienestar de la infancia12, han puesto de manifiesto que incluso en los países más pobres se puede plantear una serie de estrategias que permitan movilizar los recursos necesarios. Dichas estrategias pasan por políticas fiscales eficientes y progresivas, por la lucha contra la evasión de capitales, la corrupción y la impunidad, y por la reorientación de los presupuestos nacionales hacia los servicios sociales básicos (salud, educación primaria, agua y saneamiento, vivienda, etc.) y a favor de los sectores de la población más vulnerables (mujeres y niños, población rural, población urbano-marginal, etc.).

Los países ricos, por su parte, deberían aumentar significativamente sus flujos de ayuda e inversión, abrir sus mercados a los productos del Sur y abordar con mayor generosidad el problema de la deuda. La imposición por el Fondo Monetario Internacional de planes de ajuste estructural cuyo coste social suele ser dramático, especialmente para la infancia y otros sectores vulnerables, tendría que ser revisada en la línea de las propuestas de Joseph Stiglitz13 y de otros expertos críticos contra un modelo de desarrollo que ya ha demostrado suficientemente su ineptitud.

Esta Sesión Especial, en suma, ha supuesto un claro paso atrás en la defensa de los derechos de la niñez en el mundo y una decepción para todos los sectores, organizaciones y personas que abogamos por la inclusión de la infancia en la agenda política y por lograr un auténtico compromiso por parte de los Estados en el cumplimiento de los objetivos previstos en 1990, aún no alcanzados. La falta de transparencia en la negociación, la monopolización de la discusión entre Estados Unidos y la Unión Europea (esta última ha dejado clara, una vez más, su patética debilidad política) y el talante arrogante con el que estas dos delegaciones se han comportado con los demás grupos, especialmente con el Grupo de Río, reflejan fielmente el unilateralismo sobre el que se articula el “nuevo orden mundial”.

  1. Prevista inicialmente del 19 al 21 de septiembre de 2001, la cita tuvo que ser aplazada tras los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York.
  2. Liderado por Nelson Mandela y Graça Machel, el GMFC está integrado por UNICEF y cinco grandes ONG.
  3. Kofi Annan: “We the Children: End-decade Review of the Follow-up to the World Summit on Children”, ONU, septiembre de 2001.
  4. Incluye centenares de ONG nacionales e internacionales comprometidas en la ejecución y cumplimiento de las obligaciones y compromisos contenidos en la CDN.
  5. Red de 125 ONG que trabajan en estrecha colaboración con el UNICEF, aunque manteniendo su carácter independiente.
  6. Somalia firmó la CDN durante la Sesión y se comprometió a ratificarla en breve plazo; Timor Oriental también ha anunciado su intención de hacerlo en cuanto se formalice su adhesión a la ONU.
  7. Sólo Dinamarca, Países Bajos, Noruega, Suecia y Luxemburgo han alcanzado dicho objetivo.
  8. OECD. Development Cooperation Report 2001.
  9. La Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) otorgada por Estados Unidos ha caído del 0,20% en 1990 al 0,10% del PIB en 2000.
  10. No obstante, en la reciente Conferencia sobre Financiación del Desarrollo, celebrada en Monterrey el pasado mes de marzo, los países ricos se han comprometido a aumentar significativamente sus flujos de ayuda al desarrollo, aunque los niveles anunciados para los próximos años siguen muy por debajo del 0,7% del PIB necesario.
  11. Los 40 países menos avanzados (PMA) sólo han atraído el 1% de los flujos de inversión.
  12. Véase, por ejemplo, el “International Child-focused Budget Study Project” de la ONG Save the Children (Suecia).
  13. Véase, por ejemplo, su libro El malestar en la globalización, Taurus, Madrid, 2002.

Convención sobre los Derechos de la Niñez (1989)

Artículo 4º: “Los Estados Partes adoptarán todas las medidas administrativas, legislativas y de otra índole para dar efectividad a los derechos reconocidos en la presente Convención. En lo que respecta a los derechos económicos, sociales y culturales, los Estados Partes adoptarán esas medidas hasta el máximo de los recursos de que dispongan y, cuando sea necesario, dentro del marco de la cooperación internacional”.


Enlaces de interés

-UNICEF – Sesión Especial: http://www.unicef.org/specialsession

-Documento Final “Un mundo apropiado para los niños” (borrador en inglés):

http://www.unicef.org/media/outcomedocument.htm

-Child Rights Information Network (CRIN): http://www.crin.org/specialsession

-Movimiento Mundial en favor de la Infancia: http://www.gmfc.org

-Caucus sobre los Derechos de los Niños: http://www.crin.org/child-rights-caucus

-Comité de ONG para el UNICEF: http://www.ngosatunicef.org


Autor/es Ana Moreno
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 36 - Junio 2002
Páginas:30,31
Temas Desarrollo, Derechos Humanos, Salud