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El suicidio a través del ALCA

Los políticos, al menos la mayoría de los latinoamericanos, no hacen previsiones ni tienen memoria; como ciertos animales, viven en el presente absoluto. Este artículo se escribe una semana antes de la visita del presidente mexicano Vicente Fox a Argentina para reunirse con sus pares sudamericanos y es razonable imaginar –aunque con ellos nunca se sabe– que la gravedad de la crisis que golpea a sus países debería impulsarlos a quebrar esa regla de supervivencia para evocar los resultados concretos obtenidos hasta ahora por México en el Tratado de Libre Comercio (TLC), acordado el 12-8-1992 con Canadá y Estados Unidos.

Sería pertinente, porque el TLC es el puntapié inicial, el modelo, del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) propiciada por Estados Unidos: un simple pacto de desregulación comercial entre la mayor potencia económica, financiera, cultural, mediática, científica, tecnológica y militar mundial y un conjunto de países que, con variantes y a excepción de Canadá, hacen a su lado figura de desharrapados. Baste decir que el PBI de Estados Unidos es superior al del conjunto de sus eventuales socios americanos.

Los defensores del TLC dicen que las exportaciones y las inversiones aumentaron espectacularmente, al tiempo que minimizan los datos negativos con el argumento, tan clásico como carente de demostración, de que es preciso “profundizar las reformas estructurales”. Se trata del tipo de conclusión situada precisamente en la relatividad del presente absoluto en que se mueven los políticos y sus economistas. Porque ¿cuál es la experiencia concreta de México en el TLC? Del mismo modo que la Argentina de Carlos Menem y otros países que, aún sin TLC, liberalizaron y privatizaron a tontas y a locas y corrupción mediante sus economías, las balanzas comercial y de cuentas corrientes de México arrojan saldos negativos serios; en 1995 el país sufrió una grave crisis financiera (el “saneamiento” bancario costó 75.000 millones de dólares y se ha convertido en deuda pública)1 y la brecha entre ricos y pobres ha aumentado2. “La economía nacional, excesivamente dependiente de la norteamericana, a cuyos mercados exporta el 90% de sus mercancías, apenas crecerá este año 1,5%; la pobreza todavía castiga al 50% de los 100 millones de mexicanos; los delincuentes operan con una impunidad alarmante; la corrupción, muy antigua, parece imbatible”3. Las dificultades de México son tan grandes que su ministro de Hacienda, Francisco Gil Díaz, advirtió que su país podría afrontar una crisis similar a la de Argentina. Vale la pena reproducir lo que dijo después de reseñar los problemas presupuestarios y financieros y todo lo privatizado en estos años: “en algún momento no vamos a tener qué vender y ese momento está muy cercano”4.

“Los verdaderos problemas de México, la salud, la educación, la vivienda y la inseguridad, continúan imbatibles, pese al triunfalismo de algunos anuncios”5. ¿Se solucionarán dentro del TLC? ¿Será verdad que profundizando las reformas neoliberales caerán las prometidas brevas? Cuando el Congreso estadounidense aprobó el TLC en 1993, los sindicatos advirtieron que costaría miles de empleos en Estados Unidos (sin contar los efectos ambientales y la disminución de controles de calidad), ya que muchas empresas se trasladarían a México atraídas por las enormes diferencias salariales. Y así fue: el TLC legalizó y aceleró un proceso comenzado en 1970. De 120 empresas instaladas en la frontera, se pasó a más de 3.700 en 2000 y en ese período el salario creció de 100 dólares semanales a 200. Pero desde hace dos años más de 500 empresas se han trasladado abruptamente a China y Vietnam, donde el salario es de 0,25 dólares la hora, contra 3 en México. Más de 250.000 trabajadores se han quedado sin trabajo y, a falta de leyes, la tendencia es imparable. “Es más barato transportar bienes por carretera desde México a Estados Unidos que por mar desde China, pero la diferencia salarial entre China y México es tan grande, que la producción se orienta hacia China”6.

Lo que ocurre con las “maquiladoras” mexicanas es un emblema de la globalización tal como la proponen Estados Unidos y los demás países desarrollados que van a su estela. Se trata de una fuga hacia adelante del capitalismo, impulsada por la tendencia declinante de la tasa de ganancia7, que se expresa en la constante presión sobre la variable de ajuste más sensible –el salario– y en la captura, absorción y posterior destrucción de porciones de mercado allí donde se encuentren. El prodigioso desarrollo científico y tecnológico agrava esa tendencia al aumentar la parte orgánica del capital (relación maquinaria/fuerza de trabajo) de las empresas, en detrimento del empleo. Bajos salarios y alta tasa de desempleo generan así la actual crisis internacional de demanda, que en lugar de resolverse con una mejor distribución del ingreso que aumente y consolide los mercados, dispara una competencia destructiva entre países y empresas e impulsa al capital hacia la especulación8, sin impedir por eso la decadencia global del sistema, tal como se refleja, entre otros indicadores, en la tendencia a la baja bursátil: “ha sido la crisis de las economías desarrolladas y los excesos de la ‘nueva economía’ los que sí están bajando definitivamente a las grandes bolsas mundiales de su pedestal”9.

La política del actual gobierno de Estados Unidos es en este sentido sintomática y preocupante en extremo, puesto que se basa en un aumento exponencial de los gastos de defensa y seguridad, apostando a que el llamado aparato militar-industrial impulse la economía, con el consiguiente aumento de la tensión internacional y la multiplicación de conflictos, muchos de ellos artificialmente dimensionados: las armas sólo tienen demanda cuando hay guerras en puerta. Por otra parte, y al mismo tiempo que propone tratados de libre comercio, Estados Unidos aumenta los subsidios agrícolas y el proteccionismo industrial, “perjudicando a las naciones pobres”10. Esta fuga hacia adelante se da en un contexto de especulación y corrupción extrema, que conduce a quiebras, pérdida de empleo, ahorros y planes jubilatorios a millones de personas en los propios países desarrollados, de las que el caso Enron11 “fue sólo el primero y el más grande (…) mientras grandes corporaciones como Enron o Xerox iban a la quiebra, Merrill Lynch y J. P. Morgan les seguían contando a su clientela historias rosadas sobre el seguro repunte de las acciones”12. Esas son las empresas y países que califican a otros países y deciden su futuro…

En términos políticos, esta situación se traduce en grave inestabilidad internacional, peligro para las democracias y un recorte a las libertades individuales de tal magnitud que en muchos países ha despertado la alarma de los sectores más lúcidos13. El objetivo de esta estrategia es la amalgama entre terroristas, narcotraficantes y opositores a este tipo de globalización14, como puede verse con claridad en la represión desatada contra los manifestantes en Barcelona y Génova, en la feroz oposición y campaña difamatoria contra los gobiernos de Cuba y Venezuela, en el grosero “Plan Colombia” o en la lista de países “delincuentes” establecida de modo arbitrario por Estados Unidos.

En América Latina, unas décadas de neoliberalismo extremo y políticas dictadas por el Fondo Monetario Internacional han conducido a crisis generalizadas, endeudamiento, empobrecimiento extremo, enajenación de las riquezas naturales e industrias rentables, destrucción de industrias nacionales, grave retraso educativo, sanitario (ver págs. 26 a 31), científico y tecnológico, pérdida de poder de los Estados y deterioro e inestabilidad institucional. Ante el creciente repudio de las sociedades, a este modelo sólo le queda el recurso a la represión masiva, lo que acabaría con las democracias en la región.

Las “democracias desarrolladas” se han tornado hostiles, además de avariciosas, hacia el resto del mundo. Al menos mientras continúe su fuga hacia adelante, jugarán a “cuanto peor, mejor”, como parece ser el caso de la actual actitud del FMI hacia Argentina, cuya crisis terminal acabaría con el Mercosur, un proyecto que suscita cada vez mayor adhesión (ver pág. 7

y es alternativo al ALCA.

Es cuestión de elegir entre seguir siendo víctimas de la lógica destructiva que guía a Estados Unidos y sus aliados o plantarse firmemente con un proyecto alternativo propio. Para América Latina no hay otro ni mejor horizonte que América Latina.

  1. Juan Jesús Aznárez, “México pide cambios estructurales para prosperar”, El País Negocios, Madrid, 23-6-02. Puesto que las importaciones crecieron mucho más rápidamente que las exportaciones, el déficit comercial de México fue de 10.000 millones de dólares en 2001; será de 11.300 millones este año y se prevé de 14.300 millones para 2003. Las cifras respectivas de cuentas corrientes son -17.700; -17.500 y -20.400 millones.
  2. De los 280.000 grandes millonarios latinoamericanos, 90.000 son mexicanos. Ana Barón, “Aumentó el número de ricos en América Latina”, Clarín, Buenos Aires, 19-6-02.
  3. Juan Jesús Aznárez, “Cae en picado la popularidad de Fox…”, El País, Madrid, 24-6-02.
  4. Juan Jesús Aznárez, “México teme un estallido similar…”, El País, Madrid, 22-6-02.
  5. Ibid, nota 1.
  6. Mary Jordan, “Mexican workers pay for their success: with labor cost rising, U.S. factories are now departing for Asia”, International Herald Tribune, París, 21-6-02.
  7. Jorge Beinstein, La larga crisis de la economía global, Corregidor, Buenos Aires, 1999. Los fundamentos teóricos de la tendencia declinante de la tasa de ganancia capitalista y de los problemas actuales del sistema fueron enunciados y demostrados por Carlos Marx en El Capital.
  8. Michel Chossudovsky, “Les férments corrosifs de la récession mondiale”; “Faillites du système libéral” y “Une frénesie speculative qui ébranle les économies réelles”, Le Monde diplomatique, París, enero de 1993, julio de 1995 y diciembre de 1997 respectivamente.
  9. Luis Aparicio, “Un ‘crash’ a cámara lenta desde marzo del año 2000”, El País, Madrid, 25-6-02.
  10. “White House drift”, editorial de The Washington Post, 17-6-02. Ver también “El comercio libre, un camino con muchos atajos”, un servicio de The New York Times reproducido por Clarín, Buenos Aires, 23-6-02.
  11. Tom Frank, “Las mil y una estafas de Enron”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, febrero de 2002.
  12. Paul Samuelson, “Una reactivación suave”, Clarín, Buenos Aires, 23-6-02.
  13. “Assault on civil liberties”, editorial de The New York Times, 11-6-02. Los editoriales y artículos de esta orientación son numerosos, algunos firmados por intelectuales como Gore Vidal y John Berger. Un grupo de académicos, intelectuales y artistas estadounidenses, encabezados por Noam Chomsky, Edward Said, Martin Luther King III y Ed Asner, denunciaron en un manifiesto la “guerra sin límites” de George W. Bush. El País, Madrid, 15-6-02.
  14. Nicolas Boursier, “L’obsession sécuritaire gagne plusieurs Etats, l’Espagne en tête”, Le Monde, París, 22-6-02.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 37 - Julio 2002
Páginas:2,3
Temas Estado (Justicia), Geopolítica, Mercosur y ALCA, Políticas Locales
Países Argentina