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Recuadros:

India, en busca del poder

El conflicto de Cachemira es funcional al gobierno indio del Partido Bharatiya Janata, tanto en su frente interno, donde los investigadores señalan la existencia de un sistema institucionalizado de tumultos, como en su política exterior, dirigida a incrementar su potencia. El acercamiento entre Estados Unidos e India iniciado por el entonces presidente Clinton en 1994 está hoy en su mejor momento, después de que durante la Guerra Fría la Unión Soviética suministrara armas a India y Estados Unidos a Pakistán.

Aunque tradicionalmente reivindica una “política exterior ética”, India lleva adelante de hecho una cínica política de potencia, regida por una ávida búsqueda de ventajas a corto plazo, que podría provocar algún día una catástrofe regional y, quizás, una pesadilla nuclear a nivel mundial. Nueva Delhi sostiene que el conflicto en Cachemira, que ya provocó 60.000 víctimas y desencadenó dos grandes guerras, es enteramente obra maligna de Pakistán (ver recuadro). En realidad, se trata de una rebelión de la mayoría musulmana cachemir (que rechaza tanto a la política india como a la de los grupos islamistas)1. Realpolitik obliga, el gobierno rechaza cualquier mediación internacional y sólo confía en negociaciones bilaterales, ya que busca, ante todo, demostrar su fuerza.

Nada muy nuevo, por otra parte. India se apoderó de dos tercios de Cachemira en 1949, invadió Goa en 19612 y multiplicó las sangrientas intervenciones en Sri Lanka, entre 1987 y 1990.

El conflicto actual en Cachemira resulta provechoso para el poder, que lo utiliza permanentemente como instrumento en su política interior3. Cabe recordar que el actual gobierno de coalición, dirigido por Atal Bihari Vajpayee del Partido Bharatiya Janata (PBJ), estuvo seriamente implicado en las masacres de Gujurat, producidas en marzo de 2002, que costaron la vida de decenas de hindúes y de cientos, e incluso miles de musulmanes. Según una investigación, “los hechos indican la existencia de una red organizada y sugieren un sistema de motines institucionalizado”, que favorecen indudablemente al PBJ4. Ahora bien, éste hizo desaparecer de la portada de los periódicos ese hecho espantoso, agitando un puño vengador tras el ataque perpetrado por la guerrilla cachemir contra el Parlamento indio, en diciembre de 2001.

La crisis actual es de hecho una triste ilustración de lo que los especialistas denominan “la teoría de la diversión a través de la guerra”. Con su habitual concisión, Arundathi Roy señala al respecto: “Para los gobiernos indio y paquistaní, Cachemira no representa un problema, sino por el contrario, una eterna solución con resultados espectaculares”5. A menudo, los terroristas son los mejores amigos de un gobierno que vacila. Sin duda, Vajpayee no es tan insensato como para creer en su propia retórica belicosa, contrariamente a lo que sucede con algunos de sus partidarios, sumergidos en las tinieblas de la ignorancia6.

Con este peligroso juego, Vajpayee espera además obtener beneficios estratégicos en el escenario internacional. El hecho de que emisarios estadounidenses de alto rango, desde hace semanas presentes en la región, intenten afanosamente “detener la mano armada de India” y exigir que Pakistán sofoque a los grupos militantes cachemires, no debe disgustarle. Más aun cuando, desde el 11 de septiembre, puede contar con una cooperación militar más estrecha de Washington, que ve en India un aliado, desde luego rebelde, pero importante en la lucha antiterrorista y, a largo plazo, un potencial contrapeso para China. Los atentados de Nueva York y Washington dieron efectivamente un nuevo impulso a las relaciones bilaterales, que ya habían mejorado de manera considerable, tras el fin de la división del mundo en dos bloques.

El presidente Clinton había iniciado el acercamiento durante una cumbre en 1994, seguida un año más tarde por la visita a Nueva Delhi del secretario de Estado para la Defensa de Estados Unidos, William Perry. En el año 2000, la visita de Clinton durante cinco días fue un éxito en el plano de las relaciones públicas. Desde el 11 de septiembre, bajo el gobierno de George W. Bush, se produce un acercamiento más concreto en el terreno militar: Estados Unidos levantó las sanciones aplicadas luego de los ensayos nucleares de 1998, intensificó los patrullajes conjuntos con la Marina india en el Estrecho de Malaca (150 durante los primeros seis meses de este año, contra 25 en 1998), realizó maniobras terrestres conjuntas en el mes de mayo y aprobó la venta de computadoras de gran poder, ostensiblemente destinadas al programa espacial civil de India. Según el jefe del Estado Mayor de la Armada de Estados Unidos, general Richard Myers, el “nivel de cooperación militar bilateral no tiene precedentes”7.

Un “peón” en el tablero mundial

La evolución con respecto a los años de la Guerra Fría es asombrosa. En aquella época, los “halcones” estadounidenses demostraron una miopía increíble con su intento de manipular a India como a un peón en el tablero de ajedrez de su gran juego anticomunista mundial. Esto los llevó con frecuencia a equivocarse en cuanto a la realidad de los intereses regionales. Antes de la independencia, Nehru y Gandhi se habían ganado la simpatía del pueblo estadounidense y Estados Unidos había hecho presión sobre Gran Bretaña para que concediera la independencia a India.

Más tarde, mientras se intensificaba la Guerra Fría, Nehru estableció su política de neutralidad tendiente a mantener “relaciones cordiales” con los dos bloques, actitud que disgustaba mucho al secretario de Estado estadounidense, John Foster Dulles; pero la neutralidad de Nehru fue en principio más bien favorable para Occidente, aun cuando el líder indio consideraba que Estados Unidos exageraba sobre la amenaza comunista y le reprochaba que provocase inútilmente una carrera armamentista en el sur de Asia. La venta de armas estadounidenses a Pakistán, a partir de 1953, hizo que India se inclinara en favor de la Unión Soviética.

Por entonces, la cuestión de Cachemira complicaba la estrategia estadounidense como la complica en la actualidad. Eisenhower quería resolver el problema, pero no logró ningún resultado. John Fitzgerald Kennedy nada intentó al respecto. En cuanto a Lyndon B. Johnson, quien simpatizaba con el dirigente paquistaní Ayub Khan, se negó a vender aviones F-104 a India. En cambio, entregó a Pakistán una cantidad impresionante de estos aviones de combate, en 1961. Como era de esperar, India se abasteció con los Migs de la Unión Soviética, que sólo buscaba eso. India se irritó particularmente cuando los paquistaníes utilizaron su equipamiento militar estadounidense en la guerra de 1965, un combate rápido y sangriento que comenzó con la infiltración en Cachemira de miles de guerrilleros entrenados en Pakistán.

Sin duda, otro importante motivo de fricción fue la cuestión de las armas nucleares. En 1966, Indira Gandhi denunció el Tratado de no-proliferación nuclear que, según ella, imponía reglas estrictas a los “pobres”, mientras los “ricos” hacían cualquier cosa menos reducir sus arsenales8.

India no se equivocaba al desconfiar de las intenciones de Estados Unidos. Para llevar a cabo su acercamiento con China, el presidente Richard Nixon utilizó en gran medida los favores del dictador militar paquistaní Yahya Khan, de manera que el presidente estadounidense no tuvo interés alguno en ejercer presión sobre Pakistán durante la guerra de 1971. El acercamiento con China significaba también que Estados Unidos no ayudaría a India en caso de un ataque chino. Ese mismo año, Indira Gandhi firmó entonces un tratado de amistad con la Unión Soviética, asegurándose de no comprometerse demasiado y dejando abierta la puerta diplomática a un eventual acercamiento de las relaciones entre India y Estados Unidos9. La Unión Soviética se convirtió en su primer socio comercial. En 1974, con un ensayo nuclear que le valió sanciones, India pretendió afirmarse con respecto a China y Pakistán.

En 1979, Estados Unidos otorgó nuevamente su ayuda militar al general Zia ul Haq, dictador paquistaní, con el fin de reforzar la resistencia afgana. Por su parte, Indira Gandhi se negó a condenar la intervención soviética en Afganistán, y se atrevió a compararla con ciertas acciones estadounidenses no muy brillantes en Centroamérica. Las relaciones entre India y Estados Unidos estaban entonces en su nivel más bajo.

En el fondo, Estados Unidos no esperaba demasiado de India. En su lista de prioridades regionales, India se ubicaba después de China y Pakistán. Un embajador estadounidense declaró en 1975, sin cuidado alguno, que “el interés de Estados Unidos en India es esencialmente humanitario y cultural”10. Y Daniel Patrick Moynihan, por entonces embajador estadounidense ante la ONU, señaló con tono irritado que excepto la democracia, India sólo tenía para ofrecer “enfermedades contagiosas”…

Acercamiento estratégico

Ante la caída de Rusia en el vertiginoso mundo de la posguerra fría, India estableció vínculos más sólidos con Estados Unidos, a fin de contrarrestar las influencias china y japonesa en la región. Las nuevas reformas económicas impuestas en julio de 1991, tras la política de gastos desenfrenados de Rajiv Gandhi y la súbita alza de los precios del petróleo, generada por la guerra del Golfo, hicieron que India se entregara a los designios del Fondo Monetario Internacional (FMI), mientras los inversores estadounidenses se frotaban las manos11. El jefe del Partido del Congreso indio, Narasima Rao, y el gobierno favorecieron la apertura del comercio. La inversión directa de Estados Unidos pasó de 128 millones de dólares en 1991, a 544 millones en 1993, año en el que el Departamento de Comercio de Estados Unidos declaró a India “principal mercado emergente”. Estados Unidos se convirtió en su primer socio comercial y en su primera fuente de inversiones extranjeras.

El PBJ quiere que en adelante India sea reconocida como potencia predominante en el sur de Asia y sueña con una sede permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Piensa poder alcanzar sus objetivos a través de una estrecha relación con Washington. Pero aunque hayan estrechado fuertes vínculos, Estados Unidos debe equilibrar su política, dado que necesita más que nunca de un Pakistán estable. Este último ya casi no participa en las operaciones antiterroristas, prioridad actual de Estados Unidos, debido al problema en Cachemira y al peligro de la guerra.

Asimismo, Estados Unidos necesita cooperación de China, aun cuando en algunos sectores de la derecha estadounidense siguen considerando a Beijing como un rival estratégico que en el corto o mediano plazo habrá que contener. Finalmente, quiere lograr la interrupción de la producción y exportación de materias fisibles. De ahí que reanude negociaciones con India, para convencerla de firmar tratados sobre la no-proliferación, el control de la tecnología misilística y la suspensión de los ensayos nucleares, algo que India se niega amablemente a hacer.

Aún estamos lejos de la alianza estratégica que algunos desean en Nueva Delhi. Para Rusia es una buena noticia: en un futuro cercano, será el principal proveedor de armas de este país.

  1. Roland-Pierre Paringaux, “Le Cachemire à l’heure afghane”, Le Monde diplomatique, París, enero de 2002.
  2. El Estado indio más pequeño. Hasta 1961, colonia portuguesa.
  3. Indira Gandhi en 1984, al igual que su hijo y sucesor Rajiv en 1991, pagaron con sus vidas sus maniobras políticas de aliento a movimientos extremistas opositores entre los Sikhs y los Tigres tamules, respectivamente, con el fin de dividir a la oposición. Ver Barbara Crossette, India Facing the Twenty-First Century, Indiana University Press, Bloomington, 1993.
  4. Ver Ryaz Ahmad, “Gujurat Violence: Meaning and Implications”, The Economic and Political Weekly, Bombay, 18-5-02; y Jan Breman, “Communal Upheaval as Resurgence of Social Darwinism”, The Economic and Political Weekly, 20-4-02.
  5. The London Observer, 2-6-02.
  6. Ver Ashley Tellis, India’s Emerging Nuclear Posture, Oxford University Press, Nueva Delhi, 2001.
  7. “US and India Finding New Common Ground and Friendship”, The New York Times, 10-6-02.
  8. Según algunos críticos, el hecho de que Estados Unidos haya negado su ayuda al sur de Asia en el desarrollo de sus programas nucleares civiles, obligó a Pakistán e India a recuperar su combustible irradiado e incrementar su dependencia con respecto al plutonio.
  9. James Heltzman y Robert L. Worden, India: A country study, Library of Congress, Washington D.C., 1996, 3ª edición.
  10. Lloyd Rudolph y Susanne Hoecher Rudolph, The Regional Imperative: The Administration of US Foreign Policy Towards South Asian States Under Presidents Johnson and Nixon, Humanities Press, Atlantic Highlands, New Jersey, 1980.
  11. Selig Harrison y Geoffrey Kemp, India & America after The Cold War, informe del Carnegie Endowment Study Group, Washington D.C., 1993.

Serie de conflictos

Agosto de 1947: Independencia de India y creación de Pakistán.

1947-1948: Primera guerra indo-paquistaní. Cachemira se divide en dos partes,

una controlada por Pakistán y la otra por India.

17 de diciembre de 1961: India se apodera de Goa, último territorio portugués

en India.

Agosto de 1965: Segunda guerra indo-paquistaní sobre la cuestión de Cachemira.

1971: Tercera guerra indo-paquistaní y creación de Bangladesh.

1987-1990: Intervención militar en el conflicto de Sri Lanka entre tamules

independentistas y cingaleses.

1989: Insurrección armada en Cachemira.

1998: Ensayos nucleares en India y Pakistán.

Mayo-junio de 1999: Operativo del ejército indio en Cachemira.

13 de diciembre de 2001: Atentado suicida de un guerrillero cachemir contra

el Parlamento indio.


Autor/es Kurt Jacobsen, Sayeed Hasan Khan
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 37 - Julio 2002
Páginas:24,25
Traducción Gustavo Recalde
Temas Armamentismo, Militares, Geopolítica
Países India