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Niños explotados

El secretario de Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan, inauguró la Cumbre de la Infancia, celebrada el pasado mes de mayo, reconociendo el fracaso de la entidad en la defensa de los derechos de la niñez 1. Más de 200 millones de niños menores de 15 años trabajan en el mundo, en su mayoría en los países en desarrollo, donde constituyen por su bajo costo laboral una condición para la competitividad de sus países de origen, para sus exportaciones e ingresos. El trabajo infantil se ve vinculado en muchos casos a formas de tráfico y esclavitud.

Más de 211 millones de niños de 5 a 14 años de edad están obligados a trabajar en todo el mundo. Para sensibilizar a la opinión pública sobre este fenómeno universal que concierne sobre todo a los países en vías de desarrollo2, pero que también implica a los países ricos, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) decidió el 12 de junio de 2002, en Ginebra, crear el “primer día mundial contra el trabajo infantil”3.

La imagen que se tiene de la infancia suele ocultar la realidad que viven los niños, que en muchos países se sigue pareciendo a esas pesadillas que en el siglo XIX describían las alucinantes novelas de autores como Charles Dickens, Victor Hugo, Héctor Malot o Edmondo D’Amicis4.

Y la mundialización liberal no mejoró las cosas. En efecto, “en un mundo donde la libre circulación de capitales y mercancías está globalmente garantizada, las industrias de los países del Sur sólo pueden mantener su lugar en el mercado aprovechando al máximo el único terreno en el que siguen siendo ampliamente competitivas: el bajo costo de su mano de obra”5. De no contar con la mano de obra infantil, sensiblemente peor pagada que la de los adultos, muchos países verían derrumbarse su competitividad, reducirse sus exportaciones y caer de manera dramática sus ingresos en divisas.

Las empresas multinacionales suelen figurar entre las que aprovechan esa explotación de los menores de edad. Entre ellas, las tabacaleras (Philip Morris, Altadis), las bananeras (Chiquita, Del Monte) y las que comercian cacao (Cargill). En Malawi, por ejemplo, donde la industria tabacalera es la primera fuente de empleo, decenas de miles de niños son explotados en la cosecha y el secado de las hojas de tabaco. En Ecuador, niños de 7 a 8 años trabajan en las plantaciones de banana doce horas diarias. En Costa de Marfil, primer productor mundial de cacao, miles de niños esclavos estarían siendo utilizados para trabajar en las plantaciones.

Este tema de los niños esclavos y del tráfico de que son objeto, ocupó la portada de los diarios en abril de 2001, al descubrirse que un barco de bandera nigeriana –el Etireno– que había partido de Benin, transportaba decenas de niños para ser vendidos como esclavos en Gabón. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), más de 200.000 niños y adolescentes son víctimas de ese tráfico, comprados y vendidos, en África Central y del Oeste.

Incluso en los países ricos, cerca de 2,5 millones de niños de menos de 15 años –a los que hay que sumar 11,5 millones de adolescentes entre 15 y 17 años– trabajan, a menudo en condiciones lamentables y peligrosas, en la agricultura, la construcción, la industria textil y las fábricas de calzado: 120.000 en Estados Unidos, 200.000 en España, 400.000 en Italia y más de 2 millones en Gran Bretaña…

Para analizar esa dramática situación de los menores, doce años después de la Cumbre Mundial sobre los Niños, organizada por las Naciones Unidas en Nueva York en septiembre de 1990, una nueva Cumbre de la Infancia se desarrolló en mayo pasado en la sede de la ONU, con la participación de unos 500 menores venidos de más de cien países. La reunión fue inaugurada por Kofi Annan con una cruda confesión: “Hemos fracasado lamentablemente en la protección de los derechos esenciales de los niños”.

Hay que decir que las cifras son abrumadoras. Más de 500 millones de niños viven con menos de un dólar diario. Ellos son los más severamente afectados por la miseria, que los marcará para toda la vida con secuelas fisiológicas y físicas. Más de 100 millones de niños no van a la escuela, debido a la pobreza o a discriminaciones. Cada año mueren 11 millones de niños menores de 5 años, es decir, 30.000 por día, o uno cada tres segundos…

A causa de conflictos, entre 1990 y 2000 más de un millón de niños perdieron a sus padres o fueron separados de sus familias; más de 300.000 fueron reclutados como soldados; más de 2 millones fueron masacrados en guerras civiles; más de 6 millones resultaron heridos, mutilados o discapacitados para toda la vida; 12 millones quedaron sin techo; y unos 20 millones fueron echados de sus casas…

Para colmo, cada año más de 700.000 niños son víctimas del tráfico de personas, retenidos contra su voluntad y en condiciones de esclavitud debido, según la ONU, “a la demanda de mano de obra barata y a la creciente demanda de niñas y varones para el comercio sexual”6.

El destino de las niñas es particularmente deplorable, pues son objeto de todo tipo de discriminaciones. Así, sobre los 100 millones de menores no escolarizados que hay en el mundo, 60 millones son niñas. A causa de su sexo, entre 60 y 100 millones de niñas fueron víctimas de feticidios, infanticidios, desnutrición y mala atención médica. Más del 90% de los empleados domésticos –la ocupación más frecuente entre los menores que trabajan– son niñas de entre 12 y 17 años. En ciertas regiones de África y de Asia el porcentaje de seropositividad al virus del sida es cinco veces mayor entre las niñas que entre los varones.

Ante semejante escándalo, hay que volver a escuchar el llamado lanzado con voz firme, en nombre de todos los niños explotados del mundo, en mayo pasado en el recinto de la ONU, frente a 70 jefes de Estado y a cientos de ministros de 189 países, por Gabriela Azurduy, una niña boliviana de 13 años: “Somos víctimas de todo tipo de explotaciones y de abusos, somos los niños de la calle, somos los niños de la guerra, somos los huérfanos del sida, somos las víctimas, y nadie oye nuestra voz. Todo esto debe terminar. Queremos un mundo digno de nosotros…”

  1. Ana Moreno, “Un paso atrás en la defensa de los derechos de la niñez”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, junio de 2002.
  2. Casi el 95% de los niños que trabajan vive en los países pobres del Sur, la mitad de ellos en Asia. Sin embargo, en relación a la población mundial, África cuenta con la mayor proporción de niños trabajadores: el tercio de los niños africanos, según los criterios de la OIT.
  3. Le Monde, París, 13-6-02.
  4. Escritor italiano, 1846-1908, autor de Corazón (1886), emocionante diario imaginario de un niño.
  5. Bernard Schlemmer (bajo la dirección de), L‘Enfant exploité, Karthala, París, 1996.
  6. El estado mundial de la infancia 2002, Unicef, Ginebra.
Autor/es Ignacio Ramonet
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 37 - Julio 2002
Páginas:40
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Desarrollo, Derechos Humanos, Estado (Justicia), Educación, Salud