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Crisis mundial y movimientos sociales

¿Regular el capitalismo? ¿Quién lo dijo? ¿Carlos Marx? No señor; Marx sólo demostró que el capitalismo cumpliría en algún momento su ciclo histórico, para dejar luego paso al socialismo. ¿Quién lo dice entonces? ¿Le Monde diplomatique? Eso no es nuevo… Sí señor, el Dipló lo dice en todo el mundo desde hace años y va incluso bastante más allá, pero como usted dice, eso no es nuevo1. Lo nuevo es que ahora (“ahora” quiere decir después de los escándalos Enron y otros y de las brutales caídas que vienen sufriendo las bolsas mundiales) lo dicen2, o comienzan a decirlo, grandes medios internacionales que durante más de dos décadas cantaron loas al neoliberalismo, a la globalización neoliberal, a la “nueva economía” (ver página 25), a la “contabilidad creativa”3 y propagaron el “fin de la historia” y otras inteligentes pamplinas para consumo de ciudadanos de a pie demasiado volcados al trabajo cotidiano como para entender esas complejidades y destinadas a enmascarar lo que ha sido la fase de concentración y acumulación más salvaje e irracional de la historia del capitalismo.

Se abre un período nuevo. Cruel, difícil y cargado de amenazas, pero también de alentadores signos. La fase de desconcierto que siguió al fracaso de la Unión Soviética, la gran esperanza progresista mundial del siglo XX, sólo ha durado dos décadas. El capitalismo, frenados sus esenciales impulsos durante setenta años, sacó los dientes apenas caído el muro de Berlín y como aquel personaje de El submarino amarillo, el inolvidable filme de The Beatles, comenzó a devorar sin piedad todo lo que se movía a su alrededor. Ahora que casi no queda vida en su entorno, puede que, como aquel personaje, abra grande, grande su bocaza, tanto que ésta dé una vuelta completa y ¡plop!, se devore a sí mismo.

Pero cuidado, las metáforas se expresan en pocas palabras y un filme dura un par de horas, pero los sistemas productivos en la historia, siglos. Pasarán muchas cosas antes de eso y, entretanto, hay que vivir. Una de las cosas que pueden pasar es un crack internacional de proporciones4, seguido de una larga recesión. Otra, la que está pasando: como siempre en su corta historia, el capitalismo resuelve sus crisis destruyendo. Primero las democracias, luego economías enteras competidoras, por último una gran guerra, o varias, muchas, sucesivas pequeñas guerras. Respecto a la democracia, el Consenso de Washington, que la consideraba esencial para América Latina, ya olvidó ese capítulo5; además, en todo el mundo se reproduce el repudio a las dirigencias políticas a causa de las desigualdades y la corrupción e incluso en Estados Unidos ya hubo un fraude en las últimas elecciones presidenciales y está en marcha un preocupante recorte a libertades que han sido emblema y verdadero motivo de orgullo para ese país6, (ver pág. 22). Ya existen muchos signos de guerra comercial, de los cuales no es el menor la serie de medidas proteccionistas tomadas por Estados Unidos y la Unión Europea y, el último, el fast track (vía rápida) negado sistemáticamente durante dos mandatos a Bill Clinton y acordado en un periquete a George W. Bush para acelerar la construcción del Area de Libre Comercio para las Américas (ALCA). Cómo hará Bush para seguir protegiendo su mercado y lograr que se abran del todo los mercados latinoamericanos sólo se explica por el recorte o supresión de las democracias: vista la ola de descontento y resistencia popular a las políticas neoliberales, sólo gobiernos dictatoriales o democracias de fachada podrían firmar e intentar garantizar semejante acuerdo7. En cuanto a las guerras, basta pensar en los colosales aumentos dispuestos en el presupuesto de Defensa de Estados Unidos, en su negativa a integrar el Tribunal Penal Internacional y a firmar otros acuerdos pacificadores, en la definición de “eje del mal” para Irán, Irak y Corea del Norte, en la autorización a la CIA para asesinar a Saddam Hussein, en el Plan Colombia…

Poco más de dos décadas de neoliberalismo han provocado más desigualdades e injusticias en menos tiempo que en cualquier otro período de la historia. Esas políticas, combinadas con los extraordinarios avances científicos y tecnológicos aplicados a la producción de bienes y servicios, han acabado por crear una crisis mundial de sobreproducción (o de demanda), que está en la base de la recesión mundial (pocos mercados saturados; el resto necesitados pero insolventes) y en la fuga hacia adelante que constituyó la “nueva economía”. El capitalismo se reitera a sí mismo, pero lo que ahora está empezando a fallar es su corazón.

Resistencia mundial

De Seattle a Génova, de Viena a Lima, de Seúl a Buenos Aires o Pretoria, las desigualdades y el vaciamiento de las democracias, el desmantelamiento de los Estados y de los servicios sociales, la destrucción ecológica (ver págs. 34 y 40) están provocando un saludable, prometedor, creciente y heterogéneo movimiento mundial de resistencia. Desde el primer Foro Social Mundial de Porto Alegre, trabajadores, desocupados, campesinos con y sin tierra, ecologistas, estudiantes, indígenas, mujeres, pequeños y medianos industriales y comerciantes, que conforman una multitud de movimientos de distinto signo y orientación política (a veces ninguna: sólo la necesidad, o un impulso ético, moral, humanitario), confluyen en busca de propuestas alternativas. Saben, la mayor parte en carne propia, que el mundo debe cambiar o se precipitará hacia la catástrofe; lo importante ahora es definir cómo. El por momentos caótico arco de proposiciones políticas, ecológicas, de género, etc. reconoce un único hilo conductor, que une en filigrana a esos grupos: la democracia, la horizontalidad, la participación. Se trata de un dato que habrán de tener muy en cuenta los candidatos a reemplazar a las perimidas dirigencias políticas actuales y, al mismo tiempo, una excelente base común de trabajo. Su debilidad: las dificultades para articular tantas diferencias en un programa común, una falencia que en ciertos países y circunstancias podría acabar conduciendo a los sectores realmente necesitados a apartarse hacia la derecha.

En América Latina, la crisis económica y social ha agrandado y multiplicado estos movimientos y ambos factores han conducido al debilitamiento e inestabilidad de la mayoría de los gobiernos. Tambalean los de Paraguay y Argentina; los del mexicano Vicente Fox y el peruano Alejandro Toledo pasan por sus horas más bajas y enfrentan revueltas populares; en Guatemala ha recrudecido la violencia; en Bolivia se formó una suerte de coalición de centroderecha extremadamente frágil para que Gonzalo Sánchez de Losada asuma la presidencia, como respuesta al prodigioso crecimiento electoral del dirigente campesino Evo Morales (ver pág. 14); Uruguay está al borde de la bancarrota, Colombia, de una intervención extranjera en su guerra civil (ver pág. 18)… Estos desarrollos acaban de ser verificados, en medio de la impotencia general, por los presidentes sudamericanos reunidos en Guayaquil en julio pasado8.

Además de Cuba, cuya empecinada resistencia anticapitalista paga el precio de algunas libertades esenciales, pero está demostrando que sus principios y objetivos sociales son los correctos, sólo la Venezuela de Hugo Chávez intenta por el momento una alternativa, soportando la brutal reacción de su burguesía y la presión de Estados Unidos en la más cruda soledad9 (ver pág. 15). Pero en octubre próximo habrá elecciones en Brasil y Ecuador, en marzo en Argentina y pronto en Uruguay. En todos estos países, la oposición antineoliberal, democrática, progresista, tiene excelentes chances. ¿Sabrán aprovecharla las distintas tendencias, elaborando programas comunes que les permitan llegar al poder y transformar las cosas, o la tradicional dispersión y sectarismo de las izquierdas dejará una vez más el camino expedito a los populismos o gobiernos “fuertes” de derechas?

  1. Marc Laimé y Akram B. Ellyas, "Nueva economía, antiguas convulsiones", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, mayo de 2000. Para consulta de la lista completa de los artículos publicados ver "Indice temático" en los números de julio de 2000, 2001 y 2002 y el CD "Archivos completos".
  2. "Reguler la capitalisme" (editorial), dentro del dossier "Pourquoi le capitalisme est malade", Le Monde, París, 19-7-02. Los artículos en esta dirección comienzan a ser innumerables, en todos los medios internacionales. Para citar algunos que, con matices, expresan la misma alarma y parecidas soluciones: Joaquín Estefanía, "La enfermedad moral del capitalismo", El País, Madrid, 28-7-02 y "American capitalism takes a beating", The Economist, Londres, 13/19-7-02. En Argentina, entre otros, Ana Barón, "Frente a la crisis, se debate en EE.UU. el futuro del capitalismo", Clarín, Buenos Aires, 28-7-02.
  3. Iñígo de Barrón, "La contabilidad creativa es el puro engaño", reportaje al presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores de España, El País, Madrid, 28-7-02.
  4. Las comparaciones de la crisis actual con la de 1930 son cada vez más frecuentes y, por cierto, nada arbitrarias. Néstor Restivo, “Los números de un derrumbe espectacular en Wall Street”, Clarín, Buenos Aires, 28-7-02.
  5. 5 Miguel Bonasso, “¿La democracia pasó de moda?”, y Pablo Rodríguez, “Retrato de familia en crisis”, Página/12, Buenos Aires, 24-3-02 y 28-7-02, respectivamente.
  6. 6 Entre numerosos artículos, “Assault on civil liberties” (editorial), The New York Times, 11-6-02. También edición 2002 del Informe Anual de Amnesty International, Londres.
  7. 7 “En Perú, las recetas del FMI no le gustan a la gente”, The Economist, reproducido por La Nación, Buenos Aires, 23-6-02, y Carlos Gabetta, “El suicidio a través del ALCA”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2002.
  8. 8 Pablo Rodríguez, ibid.
  9. 9 Maurice Lemoine, “Golpe de Estado abortado en Caracas”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, mayo de 2002.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 38 - Agosto 2002
Páginas:3
Temas Movimientos Sociales