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El Imperio y América Latina

El mundo es más peligroso hoy que en tiempos de la Guerra Fría, cuando el desastre nuclear pendía sobre la cabeza de todos. Entonces, el miedo al exterminio mutuo garantizó cuatro décadas de cierta racionalidad internacional, prosperidad económica y desarrollo democrático, entendido éste como ampliación de las libertades políticas y avances importantes en la igualdad económica y social. Aunque esto fue válido sobre todo para los países desarrollados, también en lo que se conoce como Tercer Mundo hubo avances: América Latina conoció el mayor período de prosperidad de su historia y en Asia y Africa tuvo lugar el proceso de descolonización. No se trata de idealizar esa época, sino de ponerla en perspectiva: se avanzaba, a trompicones y desparejo pero se avanzaba, hacia la libertad y la igualdad.

Liberada de contrapesos y ataduras desde la implosión de la URSS en 1991, la primera potencia mundial en todos los órdenes, Estados Unidos, teoriza y sobre todo practica ahora su condición de Imperio (ver páginas 18 a 27) gobernada por un grupo de ex empresarios “chiflados”1, varios de ellos sospechosos de estafa en sus anteriores funciones y llegados al poder mediante un probable fraude electoral en el Estado de Florida.

Este inquietante liderazgo se produce al cabo de dos décadas de desenfreno neoliberal, durante las cuales aumentaron de manera exponencial las desigualdades en el mundo y en cada país –incluso en los desarrollados– y en el momento preciso en que las consecuencias del modelo se manifiestan en el corazón del sistema: casos Enron, Worldcom y otros; caída de las bolsas, síntomas de recesión prolongada e incluso de una probable depresión2.

Cunde la alarma en el planeta, no sólo porque la profecía de Huntington sobre un choque entre las civilizaciones occidental e islámica puede verse cumplida a causa del apoyo irrestricto de Estados Unidos a la política de Ariel Sharon en Oriente Medio y a sus amenazas de invadir Irak (su principal aliado, Arabia Saudí, está retirando masivamente fondos de los bancos estadounidenses), sino también porque su prepotencia internacional y decisiones comerciales la están enfrentando incluso con la Unión Europea y, a término, nuevamente con Rusia.

Los europeos no sólo están preocupados por una eventual invasión a Irak (el canciller alemán Gerhard Schröder la calificó de “aventura”, ver pág. 40), sino por el unilateralismo de Bush y su equipo en todos los órdenes: el aumento desmesurado del presupuesto de defensa; las “medidas perfectamente proteccionistas que ese gran liberal ha decretado unilateralmente hace unos meses para enfrentar la competencia europea”3; el rechazo a ratificar el Protocolo de Kyoto sobre el recalentamiento del planeta; su oposición a la Corte Internacional de Justicia para evitar que sus ciudadanos resulten juzgados en el extranjero (lo que desvela no solo sus intenciones de actuar fuera de sus fronteras, sino las de hacerlo al margen de las leyes y convenciones internacionales), sumadas a las descaradas presiones sobre sus aliados4; su declarado propósito de llevar adelante “guerras preventivas” haciendo caso omiso a la Carta de Naciones Unidas, que las prohíbe, y dejando de lado incluso a sus aliados europeos en la OTAN5.

En cuanto a Rusia, el unilateralismo estadounidense hace revivir el nacionalismo panruso y amenaza con romper la entente cordiale anudada en tiempos de Bill Clinton. Aunque sigue declarando que su país es un “aliado estratégico” en la lucha contra el terrorismo, el presidente Vladimir Putin no ha vacilado en firmar un acuerdo económico y de cooperación con Irak e Irán y en recibir en Vladivostok, por segundo año consecutivo, al presidente de Corea del Norte, Kim Jong-il. Esos tres países fueron señalados por George W. Bush como “el eje del mal”6.

En el filo de la cornisa

La paz y estabilidad mundiales se ven así amenazadas, y también las democracias. El aumento de la pobreza, de las desigualdades y de la corrupción, las crecientes dificultades del capitalismo para proveer empleo y la prolongada recesión (Japón lleva diez años inmerso) provocada por una crisis de demanda7 han aumentado la inseguridad, el desprestigio de la política y el desinterés de los ciudadanos por los asuntos públicos. Fresco aún el recuerdo de las atrocidades e incompetencia de las dictaduras, en América Latina el apego al sistema democrático se mantiene muy elevado8 a pesar del agravamiento de la situación económica y social9. El caso más notable es Argentina, donde un 65% de la población prefiere la democracia a “cualquier otro sistema de gobierno” a pesar del estrepitoso fracaso de su dirigencia. Pero si se analizan bien los datos y se proyectan al futuro, el optimismo se atenúa. En 13 países sobre 17 este apoyo ha disminuido desde 1996 (en Argentina, del 71 al 65%, pasando por una caída al 58% en 2001); en algunos países importantes es muy bajo (37% en Brasil) y, sobre todo, han crecido el descontento hacia las privatizaciones y el apoyo a la intervención del Estado en los asuntos económicos, tendencias que de adquirir expresión política chocarían con la política imperial. Por algo así Estados Unidos ya apoyó abiertamente en abril pasado un golpe de Estado en Venezuela10 y podría apoyarlos en otros países11.

Hay otras razones para inquietarse, además de los pésimos antecedentes históricos de Estados Unidos en la región. El italiano Paolo Flores D’Arcais llamó “democracias realmente existentes” (en alusión al socialismo “realmente existente”, como se denominaba al experimento en la ex URSS) a las vigentes en el neoliberalismo y advirtió que “… la respuesta a la completa antítesis de la democracia que es el totalitarismo comunista no puede ser, pura y simplemente, la democracia occidental realmente existente, ya que ésta es la primera en vivir un eclipse. No ya por ser puramente formal, sino porque hasta su carácter jurídico y representativo se está convirtiendo en ficción”12.

Es por todo esto que América Latina se encuentra en un momento crucial de su historia, un filo de cornisa en el que de un lado está el destino de factoría colonizada y el autoritarismo; del otro la democracia cabal, la soberanía y el desarrollo a través de la integración. La crisis es grave en todos los órdenes, pero al mismo tiempo se han acumulado importantes factores para resolverla de manera positiva. En primer lugar, no necesita recursos externos de ninguna clase, dispone de desarrollo humano suficiente y de todo lo que la naturaleza es capaz de brindar. Pero el elemento verdaderamente novedoso es la conciencia de sus posibilidades en capas cada vez más amplias y variadas de su población, la reiterada certeza de que sus intereses deben ser defendidos y ampliados afirmando la soberanía y, a partir de allí, diversificando alianzas. No es casual que en varios países (Brasil, Uruguay, Argentina, Ecuador, Bolivia) los poderosos movimientos sociales y las fuerzas políticas emergentes expresen ya no tanto la diferencia derecha-izquierda como la afirmación republicana, igualitaria, soberanista, cultural, regional. En un contexto inestable y peligroso como el actual, lo más importante es sobrevivir como nación. Por distintas razones, Colombia y Argentina son dos ejemplos de países en riesgo de desintegración13.

Los enfrentamientos y la competencia mundial por mercados constituyen una oportunidad para sociedades dotadas de instituciones sólidas, dirigentes honestos y eficaces y estrategias claras. Este es el desafío.

En cuanto al Imperio, es previsible que la actual administración genere una crisis política. Pero ya sea que esa gran nación saque a un Adriano o a un Marco Aurelio de sus entrañas o mantenga al frente al vaquero Bush, no debe olvidarse que el Imperio Romano sobrevivió aún dos largos siglos al emperador que quiso nombrar cónsul a su caballo.

  1. Este calificativo fue proferido por Arthur Schlesinger Jr., historiador estadounidense galardonado con dos premios Pulitzer y ex asesor del presidente John F. Kennedy. “La guerra preventiva”, El País, Madrid, 27-8-02. Otros comentarios los califican de “arrogantes”, “ignorantes”, “políticamente amateurs”, etc. William Pfaff, “War talk reveals U.S. hawks as policy amateurs” y “Pushing South America toward default”, International Herald Tribune, París, 6 y 20-8-02, respectivamente.
  2. Cecilia Jan, “La economía mundial toma un mal rumbo”, El País, Madrid, 25-8-02.
  3. André Fontaine, “L’Amérique et les demeurés”, Le Monde, Paris, 24-8-02. También “Steps before war”, editorial de The New York Times, 12-8-02; Patrice de Beer, “Europe-Etats-Unis, l’incompréhension”, Le Monde, Paris, 4-8-02 y Patrick E. Tyler “US plans to invade Iraq raises alarms”, International Herald Tribune, París, 23-7-02, entre muchos otros.
  4. Enric González, “EE.UU. suprimirá la cooperación militar con los países que no den inmunidad a sus tropas”, El País, Madrid, 11-8-02.
  5. Schlesinger Jr. y Fontaine, artículos citados.
  6. Natalie Nougayrède, “La Russie multiplie les signes de coopération avec les pays critiqués par les Etats-Unis”, Le Monde, París, 24-8-02.
  7. Steven Perlstein, “A bount of supply in America is paid for with lost jobs”, The Washington Post, 26-8-02.
  8. “Democracy clings on in a cold economic climate”, The Economist, Londres, 17/23-8-02, citando una exhaustiva encuesta de Latinobarómetro (Santiago de Chile).
  9. Manuel Délano, “América Latina cae por la cuesta de la recesión”, y Fernando Gualdoni, “Deudas privadas, problemas públicos”, El País, Madrid, 25 y 11-8-02 respectivamente.
  10. Maurice Lemoine y otros, dossier “Lecciones desde Venezuela”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, mayo de 2002.
  11. Declaraciones de Mark Weisbrot, del Center for Economic and Policy Research de Washington, en Página/12, Buenos Aires, 25-8-02.
  12. Paolo Flores D’Arcais, El desafío oscurantista, Anagrama, Barcelona, 1994.
  13. En el caso de Argentina, se multiplican interesadas campañas mediáticas para crear consenso para la venta de parte de su territorio. Véase Larry Rohter, “Some in Argentina see secession as the answer to economic peril”, The New York Times, 27-8-02.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 39 - Septiembre 2002
Páginas:3
Temas Mundialización (Cultura), Militares, Terrorismo, Desarrollo, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Nueva Economía, Derechos Humanos, Estado (Política), Geopolítica