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Recuadros:

La indecente rehabilitación de Leni Riefenstahl

Los cien años de Leni Riefenstahl fueron objeto de una amplia cobertura mediática internacional, que exaltó su talento de cineasta y su energía vital. Pero sobre todo, al difundir las protestas de la cineasta en cuanto a su apoliticismo y su exclusiva preocupación estética, la campaña tendió a ocultar su consciente apoyo al régimen de Hitler.

El 22 de agosto de 2002, Leni Riefenstahl alcanzó la edad de 100 años. Acontecimiento tal, que de un extremo del mundo a otro los medios internacionales se hicieron eco. Este paso de marcha fue acompasado con el estreno de su último film: Impresiones submarinas. Y nos vimos bombardeados por estereotipadas fórmulas de circunstancias, que presentaban a la flamante centenaria como a una “joven eterna”, una “figura mítica”, una “leyenda viviente”, una “aventurera fabulosa”…

En las numerosas entrevistas que concedió después de la guerra, así como en sus Memorias de 1987, la ex consejera de Hitler se desvive por autojustificarse. Es cierto que desde 1932 el Führer la fascinó y que creyó en la política nacionalsocialista. Pero ella nunca fue racista, nunca trabajó para la propaganda nazi, ignoraba todo acerca de la represión contra los antifascistas, los judíos, los gitanos, y su única preocupación fue siempre la Belleza.

Pero su centenario dio la oportunidad de publicar en Alemania dos libros de autores jóvenes sobre su vida (ver recuadro). Con las pruebas en la mano, destruyen la verosimilitud de su apoliticismo y de sus aspiraciones exclusivamente artísticas. Entre sus bajezas, se cuentan las felicitaciones que envía a Hitler y sus pedidos de dinero a Goebbels. Pero los autores relatan dos de sus contratiempos, que dan testimonio de su arribismo de un modo aun más sugestivo.

Para la realización de La luz azul, su primera película, de 1931, había pedido al teórico de cine y escritor húngaro Béla Balász, emigrado a Alemania, que la ayudara a terminar su guión. A principios de 1933, como sigue sin cobrar ese trabajo y está instalándose en Moscú, Balász le reclama lo adeudado. ¿Cómo reacciona ella? El 11 de diciembre de 1933, confiere “plenos poderes” al dirigente nazi Julius Streicher, el más virulento antisemita, con quien acaba de trabar amistad durante el rodaje en Nuremberg de La victoria de la fe. Le confía la misión de dirimir el “reclamo” formulado por “el judío Belà Balász” (sic).

Como se ve, el litigio estaba en buenas manos. No conforme, la cineasta, que tuvo la idea de difundir nuevamente La luz azul en 1938, aprovechó la copia nueva para eliminar la mención de la colaboración de Balász como coguionista. La película, de cuya ficha desaparece también el nombre de su productor, Harry Sokal, otro “judío”, se convierte así hasta su tercera copia, de 1953, en “una leyenda de la montaña, contada y puesta en imágenes por Leni Riefenstahl”.

El otro caso se relaciona con Bajos países. En octubre de 1940, y luego en septiembre de 1941, como su guión requería españoles, los reemplazó por gitanos seleccionados en un campo de Maxglan, cerca de Salzburgo. Riefenstahl siempre negó haber estado en Maxglan. Por este tema, después de 1945 inició dos procesos por difamación, y los ganó. Pero está lejos de haber conseguido lavarse de ese modo de la sospecha de infamia.

El día de su centenario, las autoridades judiciales de Frankfurt anunciaban que la asociación de los gitanos de Colonia había presentado una denuncia en su contra. Motivo: agravio a la memoria de las víctimas raciales del nazismo. En abril de 2002, en una entrevista otorgada a un periodista del diario Frankfurter Rundschau, Riefenstahl había sostenido que el grupo de gitanos utilizados para Bajos países no había sufrido ninguna pérdida. Pero según los impulsores de la denuncia, más de la mitad de esos gitanos, condenados a trabajos forzados, fueron deportados a Auschwitz, donde murieron.

¿Debería la Historia dejar finalmente en paz a Leni Riefenstahl? En todo caso, la celebración de su centenario se parece demasiado al apogeo de una rehabilitación. En 1966, pese a las protestas de las asociaciones judías, se organizó una retrospectiva de sus películas en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. En 1973, en Telluride, Colorado, fue la invitada de honor del primer festival “feminista” de cine. Razón esgrimida: se rendía homenaje a la artista, no a la persona que había podido adoptar determinadas posiciones políticas. De ahí en más, los rituales de reconocimiento del “genio” de la cineasta marcharon sobre rieles. El éxito de su libro de fotos sobre la tribu sudanesa de los nubas le aportó una enorme publicidad. Exasperada por “la profusión de artículos y respetuosas entrevistas en los diarios y la televisión”, la ensayista estadounidense Susan Sontag denunció el carácter fascista de su estética.

En 1993, para los 90 años de Riefenstahl, la cadena franco-germana Arte, había difundido una apología de Ray Müller de tres horas. En su catálogo de venta figuran seis videos, es decir alrededor de doce horas de imágenes, cuyo objetivo es dar a conocer la obra de una de “las personalidades más importantes y controvertidas de la historia del cine”. El 15 de agosto, los telespectadores franceses pudieron ver un programa nocturno de Thema, cuidadosamente preparado por Alexandre Bohr para la cadena alemana ZDF. Con algunos momentos memorables…

Frente a los estantes de archivos conservados por Leni Riefenstahl, al ver un legajo sobre los gitanos que trabajaron como extras en Bajos países, la periodista Sandra Maischberger le pregunta: “¿Por qué guarda todos estos documentos?” Respuesta: “Porque también ha habido elementos negativos en mi vida…” ¿Confesión de culpabilidad? En absoluto: la cineasta se limita a evocar las molestias del proceso que debió iniciar contra quienes, según su parecer, la difamaban. Los telespectadores no se enteran de nada más. Veinte segundos en total. Lo de los gitanos queda allí.

Las declaraciones sobre el nazismo y sobre las películas que rodó a partir de 1933 son igualmente expeditivas. El triunfo de la voluntad no tiene nada de política, dice Riefenstahl. Lo mismo en 1936 con Olympia, su película en dos partes sobre los Juegos Olímpicos, que sólo se decidió a hacer en virtud de un pacto con Hitler: de allí en más, se le concedería la libertad de consagrarse a sus proyectos personales. En síntesis, es preciso ver en ella a una víctima del nazismo.

Durante el programa de Thema, lo peor es el ocultamiento completo del contexto histórico en que se desarrolló su carrera. Contrariamente a lo que ella alega, todas sus películas de la época nazi fueron financiadas por las instituciones oficiales, y todas, con excepción de Bajos países, que quedó inconclusa en 1945, recibieron el aval del Ministerio de Propaganda.

Catalogar a estas películas como obras maestras artísticas es un insulto a los grandes pioneros del cine mundial. Se minimizan los medios de que disponía la realizadora, así como los logros anteriores del cine alemán, que ella integró a la maquinaria de la propaganda nazi. ¿Cuál es su aporte personal? Un estetismo construido con un arsenal retórico de procedimientos: sublimación de los criterios clásicos de belleza, exaltación de la fuerza y la energía, virtuosismo de los poderes de sugerencia y seducción…

Arte se limitó a difundir dos películas que no habían sido filmadas bajo el Tercer Reich. Las limitaciones del talento de Leni Riefenstahl no hacen sino evidenciarse mejor. La luz azul, que no tuvo el éxito que le adjudican sus hagiógrafos, es más que nada kitsch neorromántico. En cuanto a Impresiones submarinas, su última criatura, basada en la fascinación que ejerce la supuesta belleza de los peces, es un movimiento continuo de imágenes que debería resultar muy eficaz para dormir a los niños.

No. El reconocimiento de los valores culturales no es compatible con la amnesia. Por mucho que Riefenstahl haya proclamado, para justificar las tomas de sus camarógrafos en los fondos marinos, que su intención es promover la protección de la naturaleza, falló gravemente en cuanto a la primordial protección de los seres humanos como para que se le otorgue, así sea en su vejez, la aureola de una “conciencia humanista”.

Si es digna de admiración, no lo es por su vida ni por sus películas. Lo es por su vitalidad, su voluntad, su resistencia física y por tener la suerte de haber superado, siempre sólida y sin que sus facultades mentales se hayan debilitado, la barrera de los cien años. ¿Pero acaso esto amerita un concierto mediático a los cuatro vientos?

Libros para leer

-Charles Ford, Leni Riefenstahl, La Table Ronde, París, 1978 ; Glenn B. Infield, Leni Riefenstahl et le Troisième Reich, Cinéma et idéologie 1930-1946, Le Seuil, París, 1976; Leni Riefenstahl, Mémoires, Grasset, París, 1997. Susan Sontag volvió a publicar su ensayo de 1974 “Fascinant fascisme” en su recopilación Sous le signe de Saturne (Le Seuil, París, 1985, traducción de Robert Louit y Philippe Blanchard). Véase también la excelente Histoire du cinéma nazi, de Francis Courtade y Pierre Cadars, Eric Losfeld, París, 1972. Los dos libros que acaban de publicarse en Alemania: Jürgen Trimborn, Riefenstahl, Eine deutsche Karriere, Biographie, Aufbau Verlag, Berlín, 2002; Lutz Kinkel, Die Scheinwerferin Leni Riefenstahl und das “Dritte Reich”, Europa Verlag, Hamburgo, 2002.

NdlR: no nos fue posible localizar las posibles versiones en español de estas obras.


Autor/es Lionel Richard
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 40 - Octubre 2002
Páginas:34
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Cine, Genocidio