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Frustraciones de la “primavera de Damasco”La llegada al poder en Siria de Bachar El Assad, tras la muerte de su padre Hafez, en junio de 2000, abrió una luz de esperanza sobre un eventual proceso de democratización del país. Pero la censura y la persecución y el clientelismo políticos parecen favorecer, en el actual contexto regional, una nueva entronización del régimen. Mientras tanto, la oposición se organiza en el exterior, sobre todo en el Líbano.A la muerte de Hafez El Assad, el 13 de junio de 2000, después de 30 años de poder absoluto, la sociedad civil, los opositores al régimen e incluso algunos baasistas creyeron en la democratización del sistema político. La personalidad y juventud de su hijo Bachar, sucesor designado del qaïd, su voluntad de modernización y de lucha contra la corrupción suscitaron una gran esperanza. Por cierto, mucha gente quedó azorada por la rapidez con que se concluyó la sucesión1 y rechazaron la manera en que el nuevo poder subrayaba la “excepción siria”, que impediría al país poner en práctica la democracia. Pero al mismo tiempo, la insistencia del nuevo Presidente sobre el respeto a la opinión pública aceleró el movimiento de protesta y los reclamos por más democracia y respeto por el derecho de las personas. “Hay que volver a dar la palabra al pueblo. Que el Parlamento vuelva a tener el poder de control del Estado. Sin ese retorno a los principios republicanos, Siria seguirá siendo lo que es hoy: un régimen totalitario, una República hereditaria”. Mediante esta declaración de junio de 2000, Riyad Turk, jefe del Partido Comunista-Mesa Política, liberado tras más de 15 años de prisión, se afirma como la figura emblemática de la “primavera de Damasco”2. Durante un año, una serie de peticiones –emanadas de grupos tan distintos como una agrupación de “99 intelectuales”, abogados, sirios en el extranjero o Hermanos Musulmanes con base en Londres– aparecen en la prensa árabe no-siria para reclamar el fin del estado de emergencia, vigente desde la llegada al poder del Baas en 1963, el retorno al estado de derecho, el pluripartidismo y la liberación de todos los presos políticos. Paralelamente, algunos muntadayat (foros de discusión organizados en departamentos) se abren en Damasco y en la mayoría de las grandes ciudades del país cosechando un gran éxito. Personalidades políticas independientes, universitarios y también una gran cantidad de ciudadanos comienzan a expresar allí, en público y bajo la atenta mirada de algunos miembros del Baas, sus críticas a la corrupción, al acaparamiento del poder por los dignatarios del régimen y sus hijos; o bien llaman al multipartidismo, a respetar el derecho de expresión y piden la liberación de los prisioneros políticos. Finalmente, en septiembre de 2001, después de haber lanzado una primera advertencia sobre las fronteras que no deben franquearse3, el régimen envía a prisión a diez militantes por la democracia, entre ellos a Riyad Seif, diputado independiente, y a Turk. A fines de agosto de 2002, todos los militantes reciben condenas que oscilan entre los dos y diez años de prisión por “atentar contra la Constitución, incitar a la sedición armada y a la discordia religiosa, socavar el sentimiento patriótico y propagar información falsa”. Mensaje a la sociedad civilAlgunos observadores extranjeros sostienen que Seif fue encarcelado después de entregar un informe al Parlamento, donde denunciaba irregularidades relacionadas con la creación de dos monopolios de telefonía móvil, SyriaTel e Investcom, cuyo principal accionista es Rami Makhlouf, primo de Bachar El Assad. En realidad, Seif ni siquiera había citado a este último, pero había destacado que Siria era uno de los pocos países en el mundo donde el Estado no había ganado nada por la venta de las licencias de telefonía móvil y donde las sociedades actuantes no estaban siquiera sometidas al impuesto a las empresas… Según Haïssam Maleh, presidente de la Asociación de Derechos Humanos en Siria (ADHS), contra quien fue emitida recientemente una orden de detención, “con esos arrestos, el poder quiso enviar un mensaje claro a la sociedad civil. Sin embargo no había nada que temer de ese movimiento; en Siria nadie cree que el régimen vaya a ser derribado por la fuerza. Pero el miedo es doble: por un lado el del pueblo y por otro el del régimen, que teme por sus privilegios”. Las fuerzas que condujeron “la primavera de Damasco” tenían, por lo demás, contornos difusos y carecían sobre todo de una base popular. Y., ex miembro del Partido Comunista de Turk, observa escéptico la borra de su café; prefirió una cita en un lugar público, porque los departamentos de los opositores están las más de las veces vigilados. Luego de haber pasado interminables años en prisión, tiene una mirada amarga sobre la situación: “Los jóvenes son moldeados por el Baas desde el jardín de infantes hasta la universidad. La nueva generación, en el mejor de los casos, piensa en realizar buenos estudios; en el peor, en enriquecerse por todos los medios posibles. En Siria no se puede hablar realmente de oposición, sino de una ‘actitud opositora’ consistente en llamar a la ‘glasnost’ y a la modernización. Sus distintas corrientes son como tribus que mantienen trato entre sí pero no proponen un proyecto federativo. Y fracasó en la conquista de los jóvenes, tal vez porque sigue utilizando el mismo vocabulario político desde los años ’50 y ’60”. Esta juventud urbana se parece a la de las grandes ciudades europeas: notebooks y ropa sport son atributos propios de los damascenos, que desde hace poco sitiaron la tradicional Medina, repleta ahora de cybercafés, restaurantes instalados en antiguos palacios y discotecas atiborradas los jueves por la noche, víspera del fin de semana musulmán. Las chicas salen en grupos, las colegialas abrazan a sus noviecitos en lugares públicos y, aquí y allá, se ven mujeres con velo fumando en plena calle. Según confía un diplomático, en las esferas de poder todo volvió a la situación inicial: “El estilo presidencial no ha cambiado, aunque haya menos retratos del Presidente en las calles. Antes de su ascenso al poder, se veía a Bachar El Assad por todas partes, con toda naturalidad. Actualmente no sólo no se lo ve más, sino que se mantiene completamente impenetrable para su pueblo en cuanto a los asuntos internos: ninguna entrevista en los medios sirios, ningún discurso por televisión…” Por lo demás, el antiguo sistema político nunca desapareció. Se asemeja más que nunca a una joumloukia4. Para confirmar su entronización, Bachar El Assad debió reunir al Congreso del partido, que no sesionaba desde 1985. El Baas, en un primer momento tentado por la “primavera”, se agrupó en torno a ciertos dignatarios, por miedo a perder sus privilegios de partido “guía” de Siria. Única novedad: algunos allegados al nuevo presidente (8 de los 36 ministros) ocupan puestos importantes desde el punto de vista económico, pero no desde el político. Assad hijo permitió la introducción de una nueva ley sobre la prensa (inmodificada desde 1949), que autoriza la edición de nuevas publicaciones pero que sigue siendo muy restrictiva: los diarios que cuestionen la “unidad” o la “seguridad” nacional pueden ser prohibidos, la publicación de noticias falsas se castiga con penas de 1 a 3 años de prisión y una multa que puede llegar a los 18.000 dólares. Para este universitario damasceno, “la nueva ley institucionaliza la censura. Los hijos de los caciques del régimen son los únicos que sacan partido de ella, por sus lazos con el poder y su influencia económica”. De hecho, todas las publicaciones nuevas están dirigidas por formaciones políticas subordinadas al Baas, tanto por amigos o familiares de Bachar, como por hijos de dignatarios del régimen. Esta nueva prensa se mostró incluso bastante más dura respecto del caso de Seif y los otros presos políticos que la prensa oficial. En cuanto a la corrupción, el diplomático europeo constata, no sin una pizca de cinismo, que “detrás de cada hombre de negocios hay un general al acecho. Aquí la corrupción es endémica. Por ejemplo, cada coronel tiene derecho a un aprovisionamiento de gasoil. ¿Qué hace con él? Lo revende a bajo precio a los taxistas… La mayoría de los poderosos no piensan más que en hacer dinero; poco les importa que sea dentro de una economía socialista o capitalista. Pero cuando hayan comprendido que se puede ganar más dentro de un sistema capitalista, entonces tal vez piensen en la democracia”. En un país donde el desempleo afecta como mínimo al 20% de la población activa, donde los jóvenes entre 15 y 35 años ascenderán dentro de dos años a algo más de 8 millones de personas, o sea, cerca de la mitad de la población, y donde el Producto Bruto Interno por habitante asciende a más de 1.000 dólares5, el gobierno apunta sobre todo al tema de la reforma económica para hacer olvidar la ausencia de democracia. ¿Pero de qué reformas se trata y a qué velocidad se ponen en práctica? A pesar de la Ley Nº 28 sobre la creación de bancos privados, votada en 2001, se ha aplazado la apertura del primer establecimiento privado, previsto para el 2002. El Consejo Supremo de la Moneda y el Crédito, que administrará al Banco Central y las actividades bancarias públicas y privadas aún no ha sido creado, y será necesario además que los bancos candidatos pasen por dos etapas preliminares, de tres meses cada una. La inversión privada, autorizada en 1991, no termina de activarse, y los extranjeros, por su parte, no representan más del 1% de esta. Por cierto, ¿cómo aventurarse en un país donde la justicia parece tan vasalla del régimen, incluso en el campo de los negocios?6. Issam Al-Zaïm, ministro de Industria considerado como perteneciente al entorno de Bachar El Assad, y ex miembro del Partido Comunista, afirmó el 11 de julio pasado que las reformas económicas pueden avanzar firmemente sin que se modifique nada a nivel político, siendo China el modelo a seguir… Por otra parte, y pese al control que Siria ejerce sobre el Líbano, éste se convirtió, sobre todo desde hace dos años, en un terreno de relativa libertad de expresión para la oposición siria. El diario libanés An-Nahar (prohibido en Siria), pero sobre todo Al-Moulhaq, su suplemento cultural dirigido por el escritor y hombre de teatro Elias Khoury, ofrecen frecuentemente sus páginas a la oposición siria. Para Khoury, “desde antes de la muerte de Hafez El Assad, ciertos intelectuales que manifestaban sus opiniones en el Líbano habían transgredido los tabúes sobre Siria. Ahora, su margen de expresión se convirtió en una lucha que puede dar sus frutos, ya que forma parte de la lucha por la democracia libanesa”. El 5 de julio pasado tuvo lugar en Hamra, principal arteria de Beirut, una sentada de la izquierda libanesa y algunos cristianos de la oposición para pedir la liberación de Turk. El contexto regional, con la Intifada palestina, la elección de Ariel Sharon y los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, ubicaron al país “del lado malo de la barrera”7. El rebrote de tensión ofrece al régimen un pretexto para negarse a la apertura democrática. Pero el enfrentamiento regional da también a la oposición la posibilidad de expresar, indirectamente, sus críticas. Así fue como a partir del sitio de Jenín por el ejército israelí, en la primavera boreal de este año, se organizaron sentadas durante 42 días frente a la sede de la ONU en Damasco, en el distinguido barrio de Abu Rumané, sin que ninguna consigna ni afiche haga referencia a la política oficial del régimen. El movimiento llegó a reunir a 5.000 personas. Así lo comenta un intelectual: “El poder no podía prohibir, dado que las manifestaciones pro-palestinas en principio son bienvenidas, ni dejar hacer, ya que el partido no las tomaba en sus manos y amenazaban con desembocar en críticas contra la inacción del régimen frente a los hermanos de Palestina. Decidió entonces neutralizar a los manifestantes por otros medios: haciendo venir ómnibus llenos de centenares de jóvenes pertenecientes al Baas y a los Moukhabarat (Servicios de Inteligencia) y ahogando la manifestación dentro de esa multitud”. En Damasco, la vieja guardia tomó la delantera. Una amnistía de los prisioneros sirios, que Patrick Seale, biógrafo de Hafez El Assad, menciona como uno de sus deseos8, sería no sólo moralmente necesaria sino igualmente útil para la imagen del país. Pero Bachar El Assad da la impresión de actuar como si, pase lo que pase, tuviera treinta años de poder por delante. E incluso si la época de las detenciones masivas ha quedado atrás, la forma en que el hijo de Hafez gestiona la protesta tiende a mostrar que una de las consignas del tiempo de su padre (Assad lil abad wa baad al abad: “Assad hasta la eternidad y después de la eternidad”) ha adquirido el sentido de una oscura profecía. Sin embargo, como bien dijo el dramaturgo sirio Saadallah Wannous, fallecido en 1997, los sirios “están condenados a la esperanza”.
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