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Dirigentes aislados de los estudiantes

La estéril ocupación del Rectorado de la Universidad de Buenos Aires (UBA) resultó emblemática de la manera actual de hacer política en esa casa de estudios. Ante la indiferencia -o peor, la abierta oposición- de la abrumadora mayoría del estudiantado, muchos de los pretendidos "dirigentes estudiantiles" reproducen las peores prácticas de la política tradicional que, sin embargo, creen combatir.

La admisión era dolorosa, pero inevitable. “Cómo vamos a decidir un programa político, si no representamos a nadie”. Con tres horas de atraso sobre el cronograma anunciado, la Comisión de Programa Político del Primer Congreso Abierto de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA) había iniciado el debate con loas a “la revolución en curso en Argentina” y algunas chicanas intrascendentes entre distintas agrupaciones. Pero los rostros de los presentes no lograban disimular su decepción. Sólo cerca de cincuenta militantes estudiantiles se encontraban el 15 de septiembre pasado en el aula Ernesto “Che” Guevara de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA), para discutir las cincuenta y nueve consignas incluidas en el documento de base. Ya de madrugada, alrededor de 800 militantes participaron de la asamblea general de cierre. Los estudiantes de la UBA –más de 250.000– estuvieron ausentes, pero también faltaron militantes de otras agrupaciones de izquierda, de Franja Morada (FM) e incluso de las agrupaciones independientes que integran la conducción de la FUBA.

El Congreso, que proponía “por primera vez (a todos los estudiantes de la UBA) decidir los lineamientos políticos de la Federación, su plan de lucha y la coordinación con los sectores populares”, incluyó una jornada con distintos talleres sobre la problemática nacional, de la que participaron cerca de tres mil personas. Resulta significativo que sólo un taller estuviera mínimamente vinculado a la universidad1.

Divisiones y fracturas

A un año de las elecciones que llevaron al Frente 20 de Diciembre –coalición de agrupaciones independientes y de izquierda– a arrebatarle la presidencia de la FUBA a FM, tras 18 años de hegemonía de la agrupación juvenil de la Unión Cívica Radical (UCR), la dirigencia estudiantil se encuentra dividida, encerrada en su propia dinámica y alejada de los estudiantes. Atrás quedaron la euforia inicial, los “acuerdos profundos” y las esperanzas de renovación para abrir mecanismos de participación a los estudiantes2. Parece incluso díficil la reedición del Frente ante el nuevo congreso de la FUBA, que debería celebrarse a fines de este mes. Agustín Vanella, militante de MST-Izquierda Unida y actual presidente de la FUBA, cree que “existen grandes posibilidades de que se vuelva a dar. El balance fue bueno en líneas generales y hay algunas contradicciones que habría que intentar resolver para la próxima gestión. Faltó un trabajo en común más a fondo (…) y el año próximo habrá que trabajar sobre todo en ese sentido, incluso en ponernos de acuerdo en un programa político para la gestión”.

Pero no todos están de acuerdo. Hernán Scorofitz, del Partido Obrero (PO), presidente del centro de estudiantes de Psicología, opina que “ellos (los independientes) representan el rechazo a la organización de estudiantes y trabajadores; son el reflejo de un sector conservador de la sociedad y quieren restringir su acción al campo académico. Nosotros queremos transformar el país y sumarnos a los reclamos de los piqueteros, trabajadores y asambleístas”3. Los independientes sostienen que para transformar la realidad, el movimiento estudiantil debe partir de su especificidad y apropiarse del proceso de producción de conocimiento. Iván Heyn (TNT), presidente de la FUBA durante el primer cuatrimestre de 2002, afirma que “existe una diferencia de caracterización muy fuerte (entre independientes e izquierda). Nuestra apuesta es reconstruir el movimiento estudiantil, mientras que del otro lado, el problema es ponerle una dirección, una orientación a ese movimiento. No se consiguió el objetivo, que era lograr una participación masiva de los estudiantes (…) porque no llegamos como resultado de una articulación fuerte, sino de acuerdos políticos que tenían que ver más que nada con desplazar a otra fuerza. No tenemos un programa político claro, no tenemos objetivos coincidentes. Nuestra experiencia no fue buena, sino que al contrario nos desgastó mucho en una pelea sin sentido, aislada de la realidad de los estudiantes”.

Ese aislamiento se materializó en la escasa movilización de los estudiantes –aun ante la posibilidad de un nuevo recorte presupuestario que pondría en serio peligro el funcionamiento de las universidades públicas para el 20034– y en el alto grado de abstención observado en las últimas elecciones para renovar las conducciones de los centros de estudiantes de las trece facultades de la UBA. En promedio, votaron sólo tres de cada diez alumnos5. En parte, la abstención puede explicarse por un desinterés generalizado, pero refleja ante todo un rechazo a la partidización de la política universitaria, a prácticas clientelísticas y violentas y a centros de estudiantes identificados como meros “gestores de fotocopiadoras”, donde las consignas entierran el debate franco sobre la universidad y el rol mismo del movimiento estudiantil.

Prueba de ello es la acentuación de la derrota de FM, asociada a la gestión del ex-rector Oscar Shuberoff y fuertemente afectada en el año 2001 por denuncias en contra de militantes que se apropiaron de subsidios destinados a jefes de familia desocupados. A los cinco centros de estudiantes que perdió en 2001, se le sumaron este año las derrotas en Derecho, en Odontología, en Medicina y en Farmacia y Bioquímica. Desde FM afirman que la agrupación se recuperará en el mediano plazo, señalan la expulsión de los militantes involucrados en el desvío de los planes laborales y destacan el “debate reflexivo, altamente autocrítico y de un marcado tono refundador” llevado a cabo en su XXIII Congreso Nacional, en febrero pasado. Entre sus principales conclusiones, la agrupación juvenil crítica duramente a la UCR, reivindica “la característica altamente democrática del movimiento estudiantil argentino” y sostiene la necesidad de una “refundación partidaria y renovación dirigencial (…) desde una perspectiva (…) centralmente ideológica, ya que los jóvenes radicales también estamos atravesados por prácticas políticas incompatibles con nuestro pensamiento”.

Sin embargo esta “profunda autocrítica” interna no parece haberse realizado de cara al conjunto de la comunidad estudiantil y menos aun extendido a las prácticas cotidianas de la agrupación. En septiembre de 2001 FM rechazó el triunfo de TNT en las elecciones para renovar el Centro de Estudiantes de Económicas (CECE) –maneja una suma cercana a los 3 millones de pesos anuales6– avalada por una mayoría de los miembros de la junta electoral y se negó a desalojar sus instalaciones, que mantuvo ocupadas a lo largo del año. Puesto que ambas agrupaciones se atribuyeron el triunfo, funcionaron dos centros de manera simultánea. A esta situación se sumaron graves denuncias sobre intimidaciones, persecuciones, destrozos, robos y agresiones físicas, reconocidas por una resolución del Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Económicas, que señala “un proceso sistemático de violencia y persecución contra estudiantes de esta Facultad” y sendas resoluciones en las que, por un lado, se suspende preventivamente por 60 días a Marcelo Pablo Yacobitti, hermano de Emiliano Yacobitti (FM), presidente de la Federación Universitaria Argentina (FUA), y por otro, se prohíbe el ingreso a la Facultad a “la persona cuyo nombre sería Lucas Cipcic (…) que no es alumno de la Facultad de Ciencias Económicas” y que “junto con estudiantes de la agrupación estudiantil Franja Morada, se encontraba el día domingo 6 de octubre de 2002 en la Facultad (…) realizaron ese día un asado y bebieron alcohol, sin autorización de las autoridades de la Casa (…) luego de ello, procedieron a tirar sillas, romper los vidrios del espacio cedido a la agrupación estudiantil TNT, y con un caño desordenaron todos los bienes ubicados en su interior”7.

Finalmente, este año FM rechazó la convocatoria de la “Multisectorial por la Democracia Universitaria”, integrada, entre otros, por Nora Cortiñas (Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora), Marta Maffei (CTERA), la juventud de la CTA y Silvina Hualpa, secretaria general de la FUA, por “elecciones únicas transparentes”, y realizó sus propios comicios, boicoteados por TNT, la Corriente Estudiantil Popular Antiimperialista (CEPA) y el PO. FM se atribuyó la victoria con el 44,53% de un total de 12.361 votos. Sin embargo, desde TNT afirman que varias de las listas fueron inventadas y que no votaron más de 3.000 alumnos. Esas elecciones no han sido reconocidas por la FUBA –amenazando la realización de su próximo congreso– y podrían provocar una fractura en la FUA. Un documento firmado por Silvina Hualpa, Rodolfo Kempf (CEPA) y Miguel Ramos –éstos últimos secretarios de Organización y de Derechos Humanos de la FUA, respectivamente– declara que “la elección (…) es ilegal e ilegítima porque se realiza sin la convocatoria de la Comisión Directiva a conformar la junta electoral” y repudia “al presidente de la FUA y a la agrupación Franja Morada ya que abre un cauce para la fractura de la FUA”8.

Díficil diálogo

Asimismo, la toma del Rectorado de la UBA por parte de estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales –en su mayoría militantes– es un emblema del abismo existente entre la militancia y el estudiantado. En base a reclamos legítimos9, reconocidos por toda la comunidad académica, incluido el rector Guillermo Jaim Etcheverry, un grupo reducido de estudiantes ocupó la sala del Consejo Superior del Rectorado por más de 40 días, contando en los momentos de mayor concentración con unos 500 alumnos, cuando la Facultad tiene más de 25.000 estudiantes. Por momentos, la toma fue sostenida por un número extremadamente reducido de alumnos, mientras la Facultad seguía funcionando con normalidad, aunque se debieron realizar varias evacuaciones por amenazas de bomba.

Los alumnos acusaron al rector de rechazar el diálogo. Sin embargo, un consejero superior estudiantil que narra la reunión del Consejo Superior que derivó en la toma, rechazando las acusaciones de violencia pronunciadas por el rector en una solicitada, muestra ciertas características de lo que se entiende por “diálogo”. Según cuenta Leonardo Zayat (SLM), luego de que el rector declarara estar preocupado por el tema del edificio, el consejero estudiantil Eduardo Malach (MST) pidió por el desprocesamiento de dos estudiantes acusados de quemar urnas y otros destrozos, tras lo cual los estudiantes presentes intervinieron con el cántico “No le damos tregua: edificio o guerra”. En ese momento el consejero Franco (profesores) indicó que también existían problemas en otros edificios, a lo que el coro respondió “Queremos fecha, la puta que lo parió”. Luego solicitó la palabra la presidenta del Centro de Estudiantes de Sociales, Laura Pouso, apoyada nuevamente por el coro: “Que hable Laura, la puta que lo parió”. Hubo entonces una serie de votaciones muy confusas para decidir si se le permitía hablar, pero al intentar realizar una tercera votación para dirimir las diferencias entre cantidad de votos y presentes, “la sesión se desbanda. La presidenta del Centro dice algunas palabras en voz alta, algunos consejeros profesores intentan abandonar la mesa pero se lo impiden, hay forcejeos y empujones y vuelan dos huevos, uno mancha el traje de (Bruno) Cernuschi (decano de Ingeniería) y otro la cabeza de Jaim, quien se retira a su despacho. Desde ese momento los estudiantes de Sociales permanecen en la sala del Consejo Superior”, concluye Zayat10.

Hubo incluso un intento de acercamiento por parte del rector, quien por medio de dos allegados hizo llegar una propuesta de acuerdo a los alumnos. Laura Pouso reconoce que ésta “fue desconocida de plano por algunos sectores, en una asamblea”. A esa altura, las disputas por el protagonismo y por la conducción del centro de estudiantes, cuyas elecciones debieron postergarse para el año próximo, se confundían con los reclamos. Finalmente, tras 40 días, los representantes del Movimiento Refundación de Sociales (MRS), que conduce el centro de estudiantes, optaron por desconocer la negativa de la Asamblea Permanente de Sociales, integrada en sus últimas reuniones por alrededor de 100 militantes y realizaron un plebiscito entre 2.970 alumnos de Sociales para decidir si continuaban con la toma. Alrededor del 70% avaló el desalojo, mientras que un 5% optó por mantener la toma y un 20% se abstuvo. Entonces, el 26 de noviembre pasado, los militantes del MRS se retiraron. Pero el plebiscito, que no se encontraba en los planes de los alumnos al iniciarse la medida de fuerza, pareció más bien una vía de escape para una situación sin salida. Al cierre de esta edición, militantes del PO, el MST y el PTS que continuaban en el Rectorado, decidieron “levantar la toma hasta el año que viene”.

Etcheverry, quien a lo largo de todo el conflicto se negó a negociar hasta que se levante la medida de fuerza, cumplió con uno de los reclamos. El 7-11-02, el Consejo Superior decidió aumentar de 450 a 1.000 las becas de ayuda económica que entrega la UBA, que serán financiadas con fondos provenientes de los 200.000 pesos mensuales que ahorró el Rectorado, al reducir los cargos políticos de 115 a 16.

Sin embargo, el rector mantiene una deuda con el conjunto de la comunidad académica. Al iniciar su mandato, señaló como uno de sus objetivos principales realizar una gestión “lo más participativa posible” e institucionalizar reuniones de la Asamblea Universitaria dos o tres veces al año, para “discutir los grandes problemas de la universidad”. El debate sigue esperando y también ha sido postergada la asamblea que debe reformar el estatuto de la UBA, que data de 195611.

Serios límites

Una de las condiciones impuestas para levantar la toma consistía en un compromiso de parte del Consejo Superior de no intervenir la dirección de la carrera de Sociología, acéfala de marzo a septiembre, debido a los reclamos de estudiantes, que sosteniendo la consigna “un hombre, un voto” decidieron realizar una elección propia en la que votaron alrededor de 1.200 personas con escasa participación de graduados y menor aun de docentes. La elección dio ganador al docente y dirigente del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), Christian Castillo. Mientras los reclamos de elección directa –que sostienen particularmente algunas agrupaciones de izquierda– se extendían a las facultades de Filosofía y de Psicología, el Consejo Directivo de la Facultad de Sociales aprobó el nombramiento de Castillo aceptando la propuesta del decano Federico Schuster de nombrar codirector al profesor Miguel Ángel Forte. Pero muchos profesores rechazan la intromisión de categorías que consideran externas al ámbito académico y vulneran los principios de cogobierno que rigen a la universidad desde la Reforma de 1918. Sin dudas deben renovarse los mecanismos de decisión. Un importante número de profesores se encuentra excluido del gobierno universitario por no estar concursados. Igualmente cabe preguntarse: ¿qué rol cumplen y a quiénes representan hoy los graduados? ¿Deben ser incorporados los no docentes? En cualquier caso, la consigna “un hombre, un voto” terminaría licuando de hecho la representación de los claustros y podría incrementar el rol de aparatos partidarios que en su interior hacen un culto de la verticalidad, instalando absurdas campañas proselitistas.

Un artículo firmado por María Pía López, Horacio González, León Rozitchner, Rubén Dri, entre otros profesores y docentes de Sociales, afirma que “lo que se presentó como una revitalización política de la universidad tuvo serios límites (…) bajo la lengua de la revolución se obtuvo el poder burocrático y académico de Sociología (…) no basta cambiar el objeto para que un saber se vuelva relevante. Un saber que se interrogue a sí mismo es la misión última de la universidad si quiere concebirse como un ámbito radicalizado de cambio: una radicalidad que surge de una actitud interna hacia su propio lenguaje y su conciencia y no de un credo preestablecido”12.

Lamentablemente, el debate y la crítica parecen cuestiones ajenas al movimiento estudiantil. Alan Iud, de la agrupación independiente NBI (Derecho) afirma que “en los espacios institucionales que son la federación y los centros, no se discute política; están vacíos de contenido”. Laura Pouso, por su parte, reconoce que “cuesta ser sincero con los debates, cuesta mucho generar espacios, reflexionar en conjunto con los distintos sectores (…) Muchas veces se entra en la lógica de ganar esa asamblea, esa reunión, y se aborta la posibilidad de pensar niveles de construcción y de síntesis entre los distintos sectores”.

Paradójicamente, el movimiento estudiantil, un actor central para el progreso y la democracia en Argentina, que supo ganarse el reconocimiento internacional, parece haber asimilado las peores costumbres de la dirigencia política argentina y ser incapaz de transformarse a sí mismo.

  1. El taller en cuestión estuvo dedicado al tema “Pasantes universitarios y flexibilización laboral”.
  2. P. Stancanelli, “Los estudiantes vienen marchando”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, marzo de 2002.
  3. Raquel San Martín, La Nación, Buenos Aires, 30-10-02.
  4. Javier Lorca, Página/12, Buenos Aires, 8-11-02.
  5. Los porcentajes de participación fueron: Filosofía y Letras, 52,9%; Veterinaria, 12,9%; Agronomía, 22,6%; Ingeniería, 18%; Ciencias Exactas, 25,2%; Medicina, 27,5%; Farmacia y Bioquímica, 29%; Psicología, 34,6%; Arquitectura, 40%; Derecho, 40%; Odontología, 37,3%. Las elecciones en Ciencias Sociales fueron postergadas para el año que viene; en Económicas, no han sido reconocidas por varias agrupaciones.
  6. Emiliano Yacobitti afirma que esa suma es exagerada y ronda en realidad los 980.000 pesos.
  7. Resoluciones 626/Varios del Consejo Directivo de la FCE y, 1025/Varios y 1026/Varios del Decano de la FCE. Respectivamente, 24 y 10-10-02.
  8. “FM necesita fracturar la FUA”, Buenos Aires, 4-11-02.
  9. Las autoridades de Sociales señalan la necesidad de contar con 40.000 m2 –actualmente las dos sedes suman 16.000– un 50% más de aulas y un aumento de 2.500.000 pesos en el presupuesto. La Nación, Buenos Aires, 21-8-02.
  10. www.slm.org.ar
  11. Página/12, Buenos Aires, 6-4-02.
  12. Idem, 12-11-02. Por un error no figuró David Viñas.
Autor/es Pablo Stancanelli
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 42 - Diciembre 2002
Páginas:8,9
Temas Desarrollo, Neoliberalismo, Estado (Política), Políticas Locales, Educación
Países Argentina