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Combatir el fuego con nafta

La toma de rehenes en un teatro de Moscú por un comando checheno y el drástico final que le puso el gobierno de Vladimir Putin marcan por una parte la evolución de la guerra en Chechenia, donde los atropellos del ejército ruso contra la población civil han incrementado las corrientes independentistas; por otra, conspiran contra la apertura de negociaciones de paz entre el poder ruso y los separatistas.

“Liberar y exterminar”, este título de Vlast1 condensa bien la política de las autoridades rusas en ocasión de la captura como rehenes de varios cientos de civiles en Moscú por parte de un comando checheno el 23 de octubre pasado. El balance del operativo fueron 128 muertos entre los rehenes, cinco a tiros, los demás asfixiados por el gas utilizado en el momento del ataque. Del lado de los chechenos 41 muertos, entre ellos 19 mujeres, en su enorme mayoría de menos de 30 años, rematados por “una bala de control”.

El desarrollo de las negociaciones y el ataque suscitan múltiples preguntas. Las autoridades optaron por el silencio, y la Duma rechazó en dos oportunidades la creación de una comisión parlamentaria. A la pregunta sobre por qué los miembros del comando no hicieron saltar las cargas de explosivos, el diario Komersant del 1º de noviembre transmite la opinión de varios expertos y de miembros de servicios especiales: los dispositivos para hacer estallar las dos bombas principales situadas en el centro de la sala de espectáculos aparentemente no estaban armados. El diario añade que en el momento del ataque, en la sala se encontraban fundamentalmente las mujeres del comando. Los hombres, entre ellos los dos principales responsables, Mosvar Baraev y Abubakar, estaban en otra habitación. Cosa que confirman las macabras imágenes que difundieron ininterrumpidamente todas las cadenas rusas de tv en la mañana del 26 de octubre.

La otra pregunta, que corre el riesgo de quedar sin respuesta, se refiere al proyecto mismo del comando. En todo caso la ejecución de todos los chechenos2 en el lugar mismo de los hechos, atestigua la voluntad de las autoridades rusas de no hacerse cargo de presos, que en el curso de un proceso, aun a puerta cerrada, podrían resultar inoportunos. Diversos testimonios inducen a pensar que no se trataba necesariamente de una operación suicida, y que el comando quería entrar en negociaciones.

En cualquier caso, estos trágicos acontecimientos trajeron brutalmente a la memoria la olvidada guerra de Chechenia. En primer lugar a la sociedad rusa, que si bien no apoya activamente la guerra, manifiesta una total indiferencia. Ahora, el contexto creado por la toma de rehenes resulta desfavorable a la emergencia de una sensibilidad contraria a la guerra. Así, la Conferencia por la paz en Chechenia, organizada en Moscú a principios de noviembre, fue boicoteada por gran parte de quienes al principio habían dado su acuerdo.

La guerra que irrumpió en Moscú atestigua una evolución en profundidad de la situación en Chechenia, donde el ejército ruso saquea, viola y extorsiona a la población civil. Los “operativos de limpieza” cotidianos afectan en primer lugar a los jóvenes: desde octubre de 1999 un oficial ruso declaraba que todo varón mayor de 12 años era un terrorista en potencia…Tal como subrayaron algunos observadores, entre ellos Ruslan Jasbulatov, opositor de la guerra3, estas exacciones incesantes hacen de los jóvenes un semillero para los combatientes independentistas, mientras las corrientes islámicas radicales se están convirtiendo en mayoritarias.

La toma de rehenes de Moscú marca un vuelco. A fines de octubre varios periodistas, entre ellos Ana Politkovskaia, indicaban que la diáspora chechena en Rusia ya era impotente para impedir operativos en el territorio ruso. Izvestia del 26 de octubre publicó un reportaje titulado “La revuelta de las viudas”: en diferentes aldeas chechenas, mujeres y hombres que han perdido a sus familiares se declaraban dispuestos a tomar el relevo del comando Baraev.

A la caza de chechenos

Pero frente a este ascenso de las corrientes islámicas radicales, se registra en el campo independentista la aparición de un “campo de la paz”. El Congreso mundial checheno reunido en Copenhague el 30 y 31 de octubre reunía a representantes de la diáspora chechena procedentes de países occidentales pero también de Rusia –es significativa la presencia de Jasbulatov, que siempre se desmarcó nítidamente de los independentistas– como asimismo enviados del presidente Aslan Masjadov. Los únicos ausentes eran los islamistas radicales. El 10 de noviembre miembros influyentes de la diáspora chechena en Rusia eran recibidos a su pedido por el presidente Vladimir Putin, para insistir en la urgencia de iniciar negociaciones de paz. Por último, Novaya Gazeta publicaba el 12 de novimbre el facsímil de un documento firmado por Aslan Masjadov, donde éste renovaba su condena de la toma de rehenes, declaraba su ruptura con Chamil Bassaev y anunciaba su decisión de hacerlo comparecer ante un tribunal de la república de Ichkeria.

En cuanto al poder ruso, repite incansablemente la línea dura que aplicó durante los acontecimientos de fines de octubre. La Duma y la Cámara Alta adoptaron enmiendas a las leyes sobre prensa que limitan las libertades y también sobre la lucha contra el terrorismo que dejan las manos libres al poder.

En Moscú, pesquisas y detenciones arbitrarias afectan a la comunidad chechena. El 9 de noviembre, Svetlana Ganuchkina, de la asociación de ayuda a los refugiados Grajdanskoe Sodejstvie y miembro del comité por los derechos de la persona ante el presidente de la Federación Rusa, denunció la multiplicación de medidas que afectan a los chechenos que viven en Moscú: los niños son expulsados de las escuelas, las familias de sus viviendas, los obreros son despedidos. Esta política fue objeto de críticas en el seno mismo del establishment político ruso. Alexei Arbatov, diputado y presidente de la Comisión de defensa de la Duma4 reconoce que ahora la mayoría de la población en Chechenia es favorable a los independentistas, y añade: “Debemos reconsiderar la política llevada a cabo los tres últimos años en Chechenia en el plano militar, económico y político. Por lo demás, hasta el ministro de defensa Serguei Ivanov calificó recientemente lo que pasa en Chechenia como una guerra, mientras que el término oficial es el de operativo antiterrorista. Esto indica que los acontecimientos están fuera de todo control”.

  1. Suplemento de Komersant, Moscú, 5-11-02.
  2. Cabe también preguntarse si no hay un vínculo entre la vaguedad cultivada durante mucho tiempo en torno de la cantidad exacta de los miembros del comando, la decisión de incinerar sus cuerpos, y la importante cantidad de “desaparecidos”. Se sabe que al menos un espectador, alumno de una escuela militar, fue abatido por error; su cuerpo se encontró en la morgue de la cárcel Lefortovo entre otros destinados a la incineración.
  3. Le Monde, París, 4-11-02.
  4. Entrevista al diario Komsomolskaia Pravda, Moscú, 9-11-02.
Autor/es Denis Paillard
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 42 - Diciembre 2002
Páginas:21
Traducción Marta Vassallo
Temas Conflictos Armados, Terrorismo
Países Rusia