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La batalla por el Banco Central argentino

El neoliberalismo finge creer que lo mejor para un país es que su Banco Central sea "independiente". Es decir, independiente del gobierno, que queda así con las manos atadas para ejecutar la política económica votada por los ciudadanos. Lo esencial de las presiones actuales del FMI sobre el gobierno argentino apuntan a conservar el poder sobre el Banco Central y la impunidad de sus funcionarios. Se trata de una batalla clave, porque sin poder sobre la propia moneda, ningún gobierno lograría alterar la actual economía de renta, de matriz neoliberal.

Apenas unas horas después de la caída de las Torres Gemelas, el 11-9-01, la Reserva Federal hizo el primer anuncio oficial de Estados Unidos. Comunicó a la ciudadanía y al mundo que el sistema financiero estaba abierto, en operaciones y que sus ventanillas responderían por cualquier necesidad de dinero. Se ve con claridad en este ejemplo el rol de un Banco Central frente a una emergencia: nada de “independencia”, sino una reacción política inmediata en defensa del interés nacional. Contrasta esta actitud con la historia reciente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), o la de su actual presidente, Alfonso Prat Gay, quien en su afán por defender a los actuales directivos afirmó que “si bien no saben nada de economía real, son muy buenos en política monetaria”1… ¡como si pudiesen concebirse separadas!

Porque la moneda es un lazo social, antes que un hecho económico2. En las sociedades contemporáneas, la moneda no es una simple mercancía más, apenas un medio para comprar y vender a los precios de mercado, sino que su función es coordinar los intereses privados y formar los valores que permitan la devolución a cada uno del fruto de su actividad dentro de la división del trabajo. La moneda es la deuda que la sociedad tiene con cada uno de sus miembros: su gestión define entonces el nivel de ingresos, el famoso “reparto de la torta”.

Ambas teorías reflejan políticas divergentes. La “moneda-mercancía” preconiza la libertad de los mercados financieros, la desregulación y la neutralidad de la moneda. En esta óptica, la globalización financiera sólo puede ser perturbada por carencias de liquidez, provocadas por la falta de confianza. En cambio, la “moneda-deuda” busca regular los mercados para administrar los conflictos entre agentes privados (deudores y acreedores) en función de sus vínculos con la economía productiva. Las soluciones de política económica requieren sistemas de pagos y unidades de cuenta, que son establecidos por los bancos centrales nacionales (no existe ningún sistema internacional). No se trata de un mero debate teórico. Revela la función fundamental de los bancos centrales, que actúan como un eje de las relaciones sociales.

En los hechos, el manejo de los instrumentos de política económica propios de un Banco Central confiere gran parte del poder. Quien establece la tasa de interés, el tipo de cambio, el crédito y la emisión monetaria controla la base de los mecanismos económicos. Es un lugar estratégico, ya que si bien no alcanza para ejecutar un programa económico, puede impedir la ejecución de políticas alternativas. De allí que la primera exigencia del FMI y de los grupos financieros internacionales y locales es la “independencia” del BCRA, lo que significa su feudalización, con la creación de una nobleza financiera con justicia propia. Así lo demuestran el reclamo por inmunidad (modo elegante de decir impunidad) de sus directores y ejecutivos, como la duración en los cargos. Por cierto, no se trata de una oscura conspiración, sino del ejercicio del poder que da el predominio financiero y de los medios para conservarlo. Las autoridades del Banco Central no responden a ninguna legitimidad electoral. Como el sector financiero es hegemónico en esta etapa de la globalización, en los hechos ellos son los que gobiernan. Así de simple.

Los bancos centrales de los países actúan dentro de este contexto. El caso de Argentina es extremo, porque cumplió al pie de la letra las disposiciones del FMI3. El establishment financiero, integrado por el FMI, los bancos transnacionales y locales funcionó a la perfección. Tanto, que la ley de convertibilidad dejó casi sin atribuciones al BCRA: a la caja de conversión le bastaba con el mercado y la voluntad del ministro Domingo Cavallo. Los resultados son bien conocidos. Recién en 2002 la autonomía del BCRA vuelve a la discusión, pues recobra facultades monetarias. Para el sector financiero es esencial controlar el BCRA, donde existe ahora en el directorio una mayoría menemista (la Corte Suprema de Justicia no es una excepción), completada por una alta burocracia salida de las cuevas del CEMA (fundación ultraliberal orientada por el ex ministro Roque Fernández).

Vasallo del establishment

Durante la convertibilidad, el BCRA fue diligente vasallo del establishment financiero, y actuó en contra del interés nacional. No cumplió con su tarea elemental, que consiste en facilitar los medios para impulsar el proceso productivo. Apenas vigilaba el cumplimiento de algunos indicadores, mientras dejaba la economía real librada a las tropelías que cometían los bancos, en especial con sus tasas de interés usurarias para familias y pymes, y sus negocios de toda índole.

No sólo fue una política nefasta. Además, estuvo mal hecha desde el punto de vista “técnico”. La primera aberración es la libertad total del movimiento de capitales, que provocó una enorme fuga: entre 1992 y 2000 se transfirieron al extranjero 56.467 millones de dólares y las propiedades de argentinos en el exterior aumentaron en 46.848 millones; en 2001 salieron capitales por 15.686 millones de dólares y los bienes en el exterior de residentes en Argentina se incrementaron en 12.510 millones4. A ellos se suman otros 8.574 millones salidos entre enero y junio de 20025. La pérdida de reservas fue impresionante: en dos años, desde principios de 2001 hasta diciembre de 2002 disminuyeron en 16.687 millones de dólares; se pasó de 26.908 millones al 31-12-00 a 14.915 millones a fin de 2001 y a 10.221 millones en diciembre de 20026.

El segundo error grueso es el régimen bimonetario aplicado. Es ruinoso recibir y dar créditos en dólares sin constituir las reservas necesarias o exigirles seguros de cambio a los depositantes. ¿De dónde iban a salir los dólares para su devolución si se devaluaba? Los resultados están a la vista.

Un tercer desatino fue el tratamiento de privilegio otorgado a los bancos internacionales, que condujo a una extranjerización de la actividad bancaria. En septiembre de 2002, sobre un total de 58.672 millones de pesos de depósitos, los porcentajes eran: 43,7% para la banca extranjera, 41,3% para la pública y 15% para la privada nacional. Debe recordarse que en el decenio de 1980, la banca extranjera tenía alrededor del 17% de los depósitos. Lejos estamos de Mariano Fragueiro7, para quien el crédito público es una atribución indelegable del Estado y uno de los pilares de la soberanía nacional.

Un cuarto desastre fue la enorme transferencia de ingresos efectuada a favor del sector financiero, que obtuvo ganancias usurarias con sus actividades normales, en especial con la diferencia entre lo que los bancos pagan por los depósitos y lo que cobran por los préstamos, además de las comisiones exorbitantes que embolsan por otros servicios. Los plazos fijos a 30 días rendían 9,01% en promedio y el crédito se otorgaba al 17,5% (con estabilidad de precios); así, los bancos se quedaban con 37,50 pesos por cada 100 pesos que prestaban. Esta es una diferencia notable, ya que el volumen de depósitos remunerados alcanzaba los 80.550 millones de pesos en todo el sistema y los movimientos en el mes significaban unos 3.600 millones8. Por otra parte, durante 2002 el BCRA otorgó a los bancos redescuentos por 17.276 millones de pesos, suma casi igual a la circulación monetaria (17.391 millones).

Es por eso que, ahora, el seguro de cambio concedido a los bancos para que paguen las deudas en dólares en el exterior (contraídas no sólo por ellos, sino por sus subsidiarias y empresas asociadas), resulta un privilegio injustificable. Cuando el gobierno decidió compensar a los banqueros por la pesificación asimétrica (los créditos a 1 peso =1 dólar; y los depósitos a 1,4 pesos por dólar), emitió para ellos 14.400 millones de pesos en bonos Boden 2007; pero ahora además les permite suscribir bonos públicos en dólares a 10 años pagando 1,40 pesos por dólar, utilizando los Boden que ya les ha otorgado. Así les regala a los banqueros 5.345 millones de dólares más9 que deberán pagar los argentinos.

Otra responsabilidad del BCRA consiste en supervisar la liquidación de las divisas provenientes del comercio exterior. Pues bien: durante el decenio de 1990 consintió que las empresas petroleras conservaran en el exterior el 70% del valor de sus exportaciones, de acuerdo con el decreto 1589/89 del presidente Carlos Menem. Este decreto, que sigue cumpliéndose, es incompatible con la ley de emergencia económica y los controles cambiarios, y significa 2.800 millones de dólares anuales; el secretario de Energía anunció que el Poder Ejecutivo va a ratificarlo10.

La Comisión Investigadora del Senado de la Nación que estudió la actuación del BCRA enumera otras irregularidades. Señala que el BCRA no investigó el lavado de dinero. Otra transgresión es el no cumplimiento del artículo 10 del decreto 214/02, que ordenaba a las entidades financieras depositar en el BCRA todos los billetes en dólares estadounidenses u otras monedas extranjeras convirtiéndolas a pesos con la equivalencia 1,40 pesos por dólar11.

Garantía de dominación

En la actualidad, los banqueros ejercen el poder, aunque sin la insolencia de los tiempos de la convertibilidad, ni tal vez las mismas libertades. De allí que conservar la conducción del BCRA es considerado como un objetivo estratégico mayor. Es la oportunidad de continuar con los negocios12, como la próxima renegociación de la deuda externa, con comisiones que oscilan entre los 500 y los 1.000 millones de dólares. También es el reaseguro de que la política monetaria responderá a sus intereses, sin importar el color ni las intenciones del gobierno que resulte electo por la ciudadanía. La inmunidad, la permanencia, en síntesis, la intangibilidad de los directivos del BCRA es la garantía de la dominación del sector de la renta financiera sobre la producción, sin importar quién gobierne: si se trata de continuar con la política de endeudamiento perpetuo, velarán por su cumplimiento y la servidumbre del país; si se plantea un modelo alternativo en lo económico, pondrán todos los obstáculos imaginables en nombre de la “seriedad técnica” y la “seguridad jurídica”.

No es una cuestión menor. Porque en medio del tembladeral político y económico, es preciso tener claro que no es posible encarar el cambio que la sociedad reclama con este régimen de Banco Central, independiente de la sociedad y fiel vasallo del sistema financiero local e internacional.

  1. Página/12, Buenos Aires, 11-12-02.
  2. Para los aspectos teóricos, véase Michel Aglietta, Problèmes posés par la régulation monétaire internationale, France, Conseil d’analyse économique, Gouvernance mondiale, La Documentation Française, París, 2002.
  3. El 6-10-1998, el presidente Menem fue invitado a dirigirse a los delegados a la Asamblea Anual del FMI y del Banco Mundial, junto con el presidente William Clinton, como un reconocimiento al mejor alumno del FMI. El 21-4-1999, el Director Gerente del FMI, Michel Camdessus, dijo: “El programa de convertibilidad y la caja de conversión en Argentina han servido a Argentina muy bien. (…) En consecuencia, creo que es correcto para Argentina seguir adelante con su política presente. De hecho, los apoyamos para hacer eso” (www.imf.org).
  4. Ministerio de Economía argentino, Dirección Nacional de Cuentas Internacionales (www.mecon.gov. ar/cuentas/internacionales).
  5. Se trata de cifras oficiales del Ministerio de Economía. Las correspondientes a 2001 resultan de sumar los saldos del balance de pagos del sector privado no financiero (-12.265 millones de dólares) y errores y omisiones (-3.421 millones de dólares). La estimación para 2002 se basa en el informe del INDEC sobre el balance de pagos de los dos primeros trimestres de 2002 (www.mecon.gov.ar/cuentas/internacionales).
  6. BCRA, Informe Monetario Diario, varios números (www.bcra.gov.ar).
  7. Mariano Fragueiro, Cuestiones Argentinas y Organización del Crédito, Solar/Hachette, Buenos Aires, 1976, primera edición en 1850.
  8. Carlos Scavo, “Una globalización predatoria”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, octubre de 2001.
  9. Claudio Zlotnik, Página/12, Buenos Aires, 13-12-02.
  10. Página/12, Buenos Aires, 14-12-02.
  11. Senado de la Nación, Informe de la Comisión Especial Investigadora de Entidades Financieras y toda otra sujeta al control del Banco Central de la República Argentina, Buenos Aires, agosto de 2002.
  12. Claudio Zlotnik, “El FMI hace de vocero de los bancos”, Página/12, Buenos Aires, 18-12-02.
Autor/es Alfredo Eric Calcagno, Eric Calcagno
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 43 - Enero 2003
Páginas:10,11
Temas Mundialización (Economía), Neoliberalismo
Países Argentina