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¿Liberales, los medios de Estados Unidos?

La principal distorsión instalada por los medios de derecha en Estados Unidos consiste precisamente en difundir la idea de que en ese país los grandes medios son favorables al liberalismo radical. Sin embargo, un análisis más pormenorizado muestra que no es así. Los conservadores lo saben, pero los acusan de radicales para obtener aun más concesiones para sus propios fines.

En Estados Unidos, el debate sobre la orientación política de los medios se articula esencialmente en torno a dos polos. La derecha estima que los grandes medios de información, aunque en manos de multinacionales como Disney (ABC), General Electric (NBC) o America Online (CNN) están al servicio de tesis de izquierda. Los periodistas, como David Broder, ícono moderado de la comunidad periodística de Washington, responden que “en el cuerpo de un periodista común no hay suficiente ideología como para llenar un dedal”1. La idea de que por razones de propiedad, economía, clase social de los periodistas o presión externa (por ejemplo la de los anunciantes), los medios podrían estar mejor dispuestos hacia causas conservadoras que hacia puntos de vista adversos, se considera inconcebible.

Pero para afirmar que los medios estadounidenses son de izquierda, hay que ser un amante de la ficción. Si la mayor parte de los electores de derecha lo creen de buena fe, los más maliciosos saben que el hecho de presentarse como víctimas constituye una buena forma de hacerse oír mejor, o de impedir que se hagan oír sus adversarios. En ocasiones lo admiten. Siendo presidente del partido republicano, Richard Bond se lamentó, en la elección presidencial de 1992: “Creo que sabemos quién es el favorito de los medios en este escrutinio –y no creo que sea George Bush”2. Pero durante la misma consulta, Bond reconoció: “Hay un poco de estrategia de nuestra parte (cuando criticamos a los medios). Observe a cualquier entrenador en un partido y verá que siempre intenta presionar al árbitro para que conceda a su equipo un poco más de lo permitido”3.

William Kristol, uno de los pensadores y propagandistas neoconservadores más influyentes, también confesó: “Lo admito. Los medios de izquierda nunca fueron muy poderosos y la indignación respecto al tema sirvió más que nada de excusa a los conservadores en sus fracasos”. Pero eso no impide que Kristol, en procura de abonados para un periódico financiado por Rupert Murdoch –cuyas opiniones políticas no son un misterio para nadie4– haga oír su queja: “El problema con la política y el modo en que los medios se refieren a ella, es que están demasiado orientados hacia la izquierda. No cesan de glorificar los fracasos de la izquierda, de apoyar a sus candidatos y causas”.

En un estudio publicado en 1999 por la revista universitaria Communications Research, cuatro expertos examinaron la incidencia de los análisis que retoman la fórmula “medios progresistas” (liberal media). Recogieron doce años de estudios de opinión sobre el tema. ¿Conclusión ? El número de estadounidenses que invoca ese argumento se multiplicó por cuatro. Sin embargo, nada confirma esta percepción. Los consumidores de información responden sobre todo “a la cobertura en aumento de las acusaciones de favoritismo por la izquierda, que provienen cada vez más de los candidatos y representantes del partido republicano”5.

La derecha moldea a los árbitros. Y la cosa funciona. La expandida creencia en ese mito se funda en la ignorancia de la extensión e influencia de los medios conservadores. En efecto, si se suma la difusión o penetración de Fox News, las páginas editoriales de The Wall Street Journal, The New York Post, The Washington Times, The Weekly Standard, National Review, American Spectator, Human Events, la opinión dominante de los comentaristas, de Rush Limbaugh y de las radios con formato de talk show6, se obtiene buena parte de los medios. Pero esos apoyos partidarios, a menudo poco fiables, surten también el efecto de modelar el universo de la prensa en su conjunto, lo cual les confiere un poder y una influencia que excede su difusión, considerable, no obstante.

Tomemos el caso de Fox News. Cuando el canal inició su actividad en 1996, bajo la dirección de Roger Ailes, responsable de la campaña electoral (particularmente sucia) de George H. Bush en 19887, los conservadores se regocijaron ruidosamente. El think tank Heritage Foundation, poblado de activistas de ultra-derecha, llegó a recomendar a su personal que dejara de mirar ese canal en las computadoras de sus escritorios por miedo a provocar la parálisis del sistema informático. George W. Bush, por entonces gobernador de Texas y candidato a la elección presidencial, grabó una elogiosa propaganda de la emisión de Tony Snow, ex asistente de su padre en la Casa Blanca, convertido en comentarista de Fox. Alababa allí su “impresionante reconversión al periodismo”.

Un punto de vista “patriótico”

Para la derecha, la orientación de Fox es de incalculable valor. Al mismo tiempo que moviliza a los conservadores, inclina aun más a la derecha al sistema de la información en su conjunto. En tal sentido, en noviembre de 2000 Fox desempeñó un papel crucial, a través de su experto electoral John Ellis, primo de George W. Bush, cuando el canal de Murdoch creó la impresión de que en Florida la suerte ya estaba echada. El reclutamiento de John Ellis por parte de Fox no constituyó un caso aislado. Cuando justo antes de la elección los medios descubrieron que Bush había disimulado una condena por conducir ebrio (tipo de tema sobre el que por lo común los periodistas se abalanzan…), la presentación de Fox se pareció al trabajo de un agregado de prensa ansioso por enterrar de inmediato una noticia comprometedora. “No da para más que una nota a pie de página”, indicó uno de los comentaristas de Fox, Morton Kondracke, demócrata neoconservador. “Una insignificancia” opinó John Fund de The Wall Street Journal. “Sí, estoy de acuerdo, es una insignificancia”, concluyó en el transcurso de la misma emisión Mara Liasson, periodista de la National Public Radio.

Y el programa en cuestión prefirió consagrarse al tema elegido para el contraataque republicano: ¿No sería el equipo de Albert Gore, el candidato demócrata, el que habría orquestado el trascendido? Tony Snow evocó entonces, sin la más mínima prueba, los “rumores” sobre la implicación del presidente Clinton en ese asunto. Sólo faltaba predecir que la revelación provocaría un incremento de la simpatía por Bush. Al exponer los ataques republicanos contra el presidente Clinton, Fox no había recurrido a ese tipo de análisis que invoca la exasperación del público estadounidense frente al ensañamiento de los parlamentarios.

En Fox News, tal favoritismo se convirtió en norma. Uno de los comentaristas de política internacional es Newton Gingrich, ex presidente republicano de la Cámara de Representantes. Una discusión sobre Ronald Reagan puede perfectamente reducirse a un diálogo entre seis amigos del ex presidente de Estados Unidos o miembros de su administración. El tratamiento por Fox de la guerra de Afganistán no escapó a esta regla: el periodista Geraldo Riveira, no contento con haber viajado al lugar de los hechos arma en mano y clamando su esperanza de matar él mismo a Ben Laden, declaró durante la emisión que se encontraba en el campo de una batalla… de la que estaba a más de trescientos kilómetros de distancia. En cuanto a Ailes, dueño del canal, no dudó en ofrecer, por medio de una nota, sus opiniones a George W. Bush, a cuyo padre había asesorado: “La opinión pública estadounidense está dispuesta a mostrarse paciente, pero únicamente si está convencida de que Bush empleará las medidas más duras”.

La mayor parte de los periodistas también privilegió el punto de vista “patriótico”. Así pues, se manifestaron favorables al ejército al tiempo que hostiles o inquietos frente a un enemigo que no vacilaba en agredir a los periodistas, y a veces de un modo atroz8. Por añadidura, los periodistas son intimidados por una acusación, heredada de la guerra de Vietnam, según la cual serían “antiamericanos”. En el caso de Fox News y la CNN, se los previno incluso explícitamente contra ese riesgo…

Una simple comparación entre el tratamiento de la información de los medios estadounidenses, británicos y europeos demuestra lo absurdo de semejante sospecha. El 30 de diciembre de 2001, treinta bombas estadounidenses alcanzan la aldea Niazi Kala (también llamada Qalaye Niaze) en el este de Afganistán y matan a decenas de civiles. La información es considerada importante por la prensa británica. Los titulares no dan lugar a equívocos: “Estados Unidos acusado de matar a más de cien aldeanos durante un bombardeo” (The Guardian, 1-1-02); “Cien aldeanos asesinados en un bombardeo estadounidense” (Times, 1-1-02). En el mismo momento, The New York Times decide titular “Un dirigente afgano apoya sin entusiasmo el bombardeo estadounidense” (2-2-02). Debemos recordar que The New York Times es uno de los principales blancos de la derecha conservadora cuando acusa a la prensa de antiamericanismo.

Incluso en el clima nacionalista posterior al 11 de septiembre de 2001, Fox News consiguió destacarse. Los presentadores y periodistas de este canal cuya audiencia media, aun modesta (poco más de un millón de espectadores), superó recientemente a la de CNN, compiten en cuanto a quién injuriará más a Ben Laden y sus “esbirros”. Nada importan para la Fox los estragos de las incursiones aéreas de Estados Unidos sobre Afganistán. “Estamos en guerra. Que haya gente que muere, ¿es realmente una noticia?”, explicó Brit Hume.

Respecto a Irak, la prensa manifiesta la misma ausencia de espíritu crítico. Cuando Hans Blix presentó su primer informe al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, The Washington Post retransmitió la posición de la Casa Blanca sin cambiar una coma. Un editorial dice lo siguiente: “Blix da cuenta, con gran mesura, del catálogo agobiante de mentiras, omisiones y evasiones perpetradas por Irak desde que el Consejo adoptó la resolución 1441 cuyo objetivo era ofrecer a Saddam Hussein una ‘última oportunidad’ de renunciar a sus armas de destrucción masiva. (…) En lugar de ceder a las demandas de los inspectores y ofrecer a Irak una oportunidad suplementaria, el Consejo debería atenerse a la resolución que adoptó por unanimidad hace tan sólo once semanas”9. Que fuera de la administración Bush hayan sido pocos los que interpretaron así el informe de Blix prácticamente no tiene importancia.

Justo antes de hacer saber que no se presentaría como candidato a la Casa Blanca en 2004, Albert Gore recordó algo evidente, en una entrevista con The New York Observer: “En este país hay voces institucionales que están enteramente en manos del partido republicano (…) Fox News Network, The Washington Times, Rush Limbaugh… y muchas de esas voces están financiadas por multimillonarios ultra-conservadores que no paran de hacer negocios con las administraciones republicanas y el resto de los medios”.

Semejante comentario causó indignación, pese a su trivialidad. Howard Kurtz, periodista de The Washington Post, especialista en prensa y conductor del único programa de crítica a los medios de CNN, estimó que Gore no era más que un paranoico: “Parece que lloriqueara. A menos que busque así consentir a sus partidarios, un poco como la derecha protesta por la tendencia de los medios en su contra”. Antes de concluir: “Gore debe estar resentido porque su libro no se vende más, a pesar de los miles de programas de televisión en los que participó junto a su mujer”.

Dentro de la muy aleatoria hipótesis del triunfo de la izquierda demócrata, los medios no pueden volver ingobernable a Estados Unidos. Pero pueden legitimar comportamientos poco democráticos que irían en ese sentido. Ya lo hemos observado cuando tuvo lugar el procedimiento de destitución del presidente Clinton. Lo vimos una vez más en ocasión de los múltiples recuentos de boletas luego de la última elección presidencial estadounidense. La guerra no debería arreglar nada.

  1. David Broder, Beyond the Front Page, Simon and Schuster, Nueva York, 1987.
  2. Como resultado de una elección triangular, el padre del actual presidente fue derrotado por el demócrata William Clinton.
  3. The Washington Post, 20-8-1992.
  4. Interrogado sobre la guerra en Irak, Rupert Murdoch explicó: “Yo creo que Bush tiene razón. No se puede retroceder más. Me parece que actúa de un modo muy correcto y moral. (…) Lo mejor que podría salir de todo eso para la economía mundial sería un barril de petróleo a veinte dólares” (Newsweek, 17-2-02).
  5. “Elite Cues and Media Bias in Presidential Campaigns: Explaining Public Perceptions of a Liberal Press”, Communications Research, Minesota, Nº 26, 1999.
  6. Véase “La gauche dans son ghetto, la droite à la radio”, Le Monde diplomatique, París, octubre de 1994.
  7. Serge Halimi, “Dans les bas-fonds de la campagne électorale américaine”, Le Monde diplomatique, París, diciembre de 1988.
  8. Daniel Pearl, de The Wall Street Journal, fue torturado y masacrado, y sus verdugos filmaron la escena. Sin embargo, Daniel Pearl había demostrado su independencia con la publicación (junto a Robert Block), el 31-12-1999, de una notable investigación sobre la magnitud de las campañas propagandísticas de la OTAN durante la guerra de Kosovo.
  9. 28 de enero de 2003.
Autor/es Eric Alterman
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 45 - Marzo 2003
Páginas:10,11
Traducción Lucía Vera
Temas Mundialización (Cultura), Neoliberalismo, Periodismo
Países Estados Unidos