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Cómo presionar al gobierno israelí

Una resolución justa y pacífica del conflicto israelí-palestino es la clave para que el mundo árabe no se inflame luego de la invasión a Irak. Pero ¿cómo presionar al gobierno israelí para que deje de violar los derechos de los palestinos y negocie seriamente la paz? El boicot a productos israelíes propuesto por asociaciones solidarias con palestina -que ha abierto un áspero debate en Francia- no parece el camino más feliz. En cambio, cabría la revisión de convenios de asociación entre la Unión Europea e Israel, propuesta por varias universidades francesas.

En medio de los preparativos de la guerra anglosajona contra Irak, el siguiente dato pasó inadvertido: a fines de febrero de 2003, el número de víctimas de la segunda Intifada y de su represión superó los 3.000 muertos –el 75% palestinos– es decir, dos veces más que durante los tres años de la primera Intifada.

Esta estadística macabra apela a otras: las de los heridos, casas destruidas, olivos arrancados, tierras confiscadas, campesinos expulsados, sin olvidar las tasas de desempleo y desnutrición… En resumen, desde la reconquista casi total de Cisjordania, en la primavera de 2002, la represión llevada a cabo por Ehud Barak se transformó, bajo Ariel Sharon, en una verdadera guerra contra los combatientes palestinos, pero también contra los civiles y las infraestructuras indispensables para (sobre) vivir…

Imaginar que israelíes y palestinos sabrán poner fin, por sí solos, a esta terrible escalada, es dar la espalda a la principal lección de medio siglo de conflicto: la intervención de la “comunidad internacional” –política, diplomática y sobre el terreno, para proteger a las poblaciones– constituye la condición sine qua non de una salida.

Salvo que se considere que el fin justifica los medios, teoría que –como es sabido– ha desencadenado horrores, nada puede justificar, ni moral ni políticamente, los atentados kamikazes que reivindican el Hamas y la Jihad islámica, o las brigadas vinculadas al Fatah. ¿Pero cabe poner en el mismo plano, por un lado, a grupos que manipulan la desesperación de los palestinos y a una autoridad palestina carente de medios para impedir que causen daño y, por el otro, a un Estado y un ejército presas de una verdadera furia destructiva?

Para eliminar de raíz todo embrión de Estado palestino, el gobierno israelí pisotea tanto la Cuarta Convención de Ginebra como las resoluciones de las Naciones Unidas, sin olvidar la letra y el espíritu de los diferentes acuerdos de Oslo. Para detenerlo, resulta pues tanto legítimo como necesario ejercer el máximo de presion sobre su gobierno. ¿Pero cómo?

¿Estrategia de boicot?

Algunas asociaciones solidarias con Palestina lanzaron un boicot contra los productos israelíes, en primer lugar –explica, por ejemplo, el Comité de Llamamientos para una Paz Justa en Medio Oriente (CAPJPO)– “los de marcas más conocidas de Jaffa y de Carmel (numerosas frutas, legumbres y jugos de fruta especialmente)”1. Aunque motivado por las mejores intenciones, este accionar merece varias observaciones:

- El boicot sería “reclamado por algunas agrupaciones de pacifistas israelíes”. Cuando tratamos de verificar esto, el resultado fue que los principales movimientos en cuestión lo desaprueban, incluso Taayush (Vivir juntos) y Gush Shalom (Bloque por la paz). Uri Avnery, fundador de este último, señalaba: “Quiero conquistar a la opinión pública de Israel sumándola a la causa de la paz. Tengo mucho miedo de que el boicot contra Israel en general no distinga entre el Israel ‘bueno’ y el Israel ‘malo’, entre los que quieren la guerra y los que quieren la paz. Poner a todos en la misma bolsa es contraproducente y puede llevar a la gente a caer bajo la influencia de los extremistas”2.

- En Francia, este tipo de acción nunca movilizó a nadie salvo a los convencidos, desde el boicot contra Coca Cola durante la guerra de Vietnam a aquel contra Dadone durante el plan social de la primavera de 2001. Incluso el rechazo a las naranjas Outspan sólo tuvo un impacto limitado. Debe recordarse que la muerte del apartheid comenzó cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas decidió, en 1977, sancionar a Pretoria.

- Aun siendo masivo, un boicot contra las frutas y legumbres israelíes apenas afectaría a Tel Aviv: los productos agrícolas representan solamente el 2,2% de las exportaciones israelíes, y el 6,4 % respecto de las ventas a la Unión Europea3. Los demás están, esencialmente, fuera del alcance de los consumidores.

- ¿Cómo pasar por alto los peligros inherentes a una acción semejante? La CAPJPO es consciente de ello, e insiste en la necesidad de lanzar el boicot “sobre bases justas y sanas (…) a fin de evitar los riegos de derrape (boicot judío en lugar de boicot israelí, listas extravagantes de productos a boicotear) que no dejarían de producirse si no actuáramos”4.

- Los defensores incondicionales de Israel, por su parte, no se equivocan al respecto. En su intento de asimilar toda crítica al gobierno israelí al antisemitismo, le dan a la cuestión del boicot un lugar destacado en sus campañas. Aunque tengan que inventarlo cuando no existe…

“No al boicot, no a la vergüenza del boicot”, exclama Bernard-Henri Lévy, antes de leer un texto de Claude Lanzmann, el realizador de Shoah y de Tsahal, que evoca la “connotación siniestra de la palabra boicot”5. Lo que los cientos de personas reunidas, ese 6 de enero de 2003, en la Facultad de Ciencias de Jussieu ignoran (o quieren ignorar), es que la resolución aprobada el 16 de diciembre por el consejo directivo de la Universidad de París-VI no llama de ninguna manera al boicot contra las universidades israelíes, sino a la “no renovación del convenio de asociación Unión Europea-Israel”. La resolución solicita a los universitarios israelíes “tomar clara y rápidamente posición” sobre la situación de los universitarios y de los estudiantes palestinos y “utilizar todos los medios de que disponen para ayudar a unos a ejercer su profesión y a otros a estudiar”. Encarga finalmente a su presidente “entablar relaciones con las autoridades universitarias israelíes y palestinas, a fin de obrar en el sentido de la paz”6.

El corazón del debate

Mientras tanto, las universidades Paul Valéry de Montpellier-III y Pierre Mendès-France de Grenoble (y, más recientemente, París-VIII) le pisaron los talones a París-VI, que el 27 de enero aprobó una nueva resolución. Considerando “la ola de agitación desatada por su moción” y “a fin de eliminar toda ambigüedad y evitar toda interpretación errónea”, la resolución “afirma su oposición a cualquier moratoria o boicot en las relaciones entre universidades y universitarios”; solicita que “el convenio de asociación entre la Unión Europea y el Estado de Israel sea renegociado para ser extendido a la parte palestina”; desea que la Unión Europea “vele por el cumplimiento de las partes de todas las cláusulas del contrato”; y se pronuncia a favor “de los proyectos de cooperación recíproca (…) con las universidades israelíes y palestinas”. El ministro de Educación francés, Luc Ferry, por su parte, declara: “Este antisionismo de extrema izquierda derrapa a veces y desculpabiliza pulsiones políticas desagradables. Es lo que sucedió, creo, en París-VI”7.

En la Universidad de Tel Aviv, Etienne Balibar, profesor emérito de París-X, puso los puntos sobre las íes el 3 de enero pasado: “Nunca ha sido mi intención (ni la de los impulsores del llamado, según creo) confundir el pedido de moratoria en las relaciones privilegiadas entre Estados con un boicot contra los individuos o una negativa a participar en actividades colectivas en el marco de las instituciones a las cuales pertenecen. Sería evidentemente absurdo ‘romper los puentes’ y aislar a quienes admiramos precisamente por el coraje con el cual se distancian de la política actual de su país”.

En el corazón del debate –y del combate– figura pues efectivamente el convenio de asociación entre la Unión Europea e Israel8. Firmado el 20 de noviembre de 1995 en el marco de la alianza euro-mediterránea y vigente desde el 1º de junio de 2000, establece especialmente un régimen de libre intercambio. Por añadidura, convierte a Israel en el único Estado no europeo asociado al Programa europeo de investigación, desarrollo técnico y demostración (PRCD): los investigadores israelíes pueden “participar en todos (sus) programas específicos”, y la Unión Europea financia 498 proyectos comunes, en los cuales participan universidades, centros de investigación, empresas e individuos…

En su artículo 2, el convenio de asociación estipula que “las relaciones entre las partes, al igual que todas las disposiciones del presente convenio, se basan en el respeto a los derechos humanos y los principios democráticos, que guían su política interior e internacional y constituyen un elemento esencial de este convenio”. Por eso, a partir de 1996, las bases de las ONG francesas en favor de Palestina se movilizaron para lograr la prórroga condicional de la ratificación del convenio por el Parlamento francés. Cuando, en 1999, la victoria de Ehud Barak sobre Benyamin Netanyahu incluyó el convenio en el orden del día, las asociaciones exigieron que su ratificación estuviera condicionada al estricto respeto del artículo 2, tal como precisaron los parlamentarios franceses, en coincidencia con el ministro de Relaciones Exteriores. Desde la ocupación brutal de Cisjordania empezó una nueva batalla por la suspensión del tratado. Ya se obtuvo una importante victoria, el 10 de abril de 2002, cuando en plena operación Rempart, el Parlamento europeo solicitó, por amplia mayoría, a la Comisión y al Consejo Europeo, “la suspensión del convenio de asociación euro-mediterráneo Unión Europea-Israel”.

¿Se justifica semejante exigencia? La gravedad de la situación en el territorio es suficiente para responder: es necesario poner fin a los terribles sufrimientos que el ejército de ocupación, con el pretexto de erradicar el terrorismo, inflige a la población palestina. Ahora bien, el nuevo gobierno israelí persiste en recurrir a la fuerza en vez de a la negociación deseada por el “Cuarteto” (Estados Unidos, ONU, Unión Europea y Rusia). Las condiciones que Ariel Sharon y a fortiori sus aliados ponen a la aceptación de la “hoja de ruta” –que conduce supuestamente a la creación, de aquí a 2005, de un Estado palestino– equivalen a un rechazo. Al no haber convencido al primer ministro israelí de que actúe, es lógico que la Unión Europea recurra a presiones que, por otra parte, no se priva de ejercer sobre la Autoridad palestina…

¿Resulta eficaz la suspensión de los acuerdos con Israel, aun siendo justificada? Concretamente, no significaría el cese del comercio entre los Quince e Israel, sino el levantamiento temporal de las ventajas aduaneras acordadas a este último. Igualmente, el congelamiento del convenio de cooperación científica suspendería el financiamiento de los proyectos en curso. Se trataría, tanto en un caso como en el otro, de una presión considerable, al ser estas ventajas literalmente vitales para la economía israelí, que realizó con los Quince –estos últimos cinco años– el 44% de sus importaciones y el 28% de sus exportaciones.

Más aún cuando Israel se debate en una crisis muy grave. Su crecimiento, del 6% en 2000, se tornó negativo: -0,9% en 2001 y -1% en 2002. Perdió aproximadamente la mitad de sus inversiones extranjeras directas: 11.000 millones de dólares en 2000, 6.000 millones de dólares en 2002. Su deuda externa aumentó del 35% del Producto Bruto Interno en 2000, al 40%. En cuanto a su deuda pública, ascendió del 93% del PBI a fines de 2000, al 105% a fines de 2002. Resultados: la tasa de desempleo supera el 11%, la inflación aumenta (0% en 2000, 7% en 2002) y más del 20% de los israelíes (30% niños) viven por debajo de la línea de pobreza9. Difícilmente, en estas condiciones, su gobierno, amenazado con una suspensión del convenio, podría negarse durante mucho tiempo a manifestar, en los hechos, su voluntad de aplicar finalmente el artículo 2.

Aun siendo justificada y eficaz, ¿no corre una presión semejante el riesgo de predisponer en contra a los israelíes? La experiencia inmediata de la posguerra del Golfo (1991) muestra que no es así, al contrario. El gobierno de derecha y de extrema derecha de Itzhak Shamir, frente a la llegada masiva de judíos de la URSS, había solicitado un préstamo de 10.000 millones de dólares, para cuya obtención necesitaba una garantía de las autoridades estadounidenses. El presidente George Bush (padre) aceptó, con la condición de que el primer ministro israelí se comprometiera a participar, con sus vecinos árabes (incluidos los palestinos), en la conferencia de Madrid, y a detener la colonización de los territorios ocupados. Brutalmente expresada por el secretario de Estado James Baker, esta exigencia, lejos de alimentar el nacionalismo, contribuiría, en junio de 1992, a la victoria de Itzhak Rabin…

Tratándose de la Unión Europea, merecen recordarse dos precedentes. De enero a noviembre de 1988, el Parlamento europeo se negó a aprobar tres nuevos protocolos financieros con Israel, con el fin de inducir a este último a permitir que los productores palestinos exporten directamente sus productos agrícolas a la Unión Europea, donde se beneficiarían teóricamente con tarifas preferenciales: Israel autorizaría finalmente el tránsito de estas exportaciones. El 18 de enero de 1990, el Parlamento europeo solicitó la suspensión parcial de la cooperación científica hasta que se reabrieran las escuelas y universidades palestinas cerradas: Israel cedería… por un tiempo.

En resumen, mientras el boicot corre el riesgo de incitar a los israelíes al repliegue, puesto que los confunde en una misma reprobación, las presiones sobre su gobierno para obligarlo a respetar los derechos personales y, en general, el derecho internacional, pueden confluir con los esfuerzos de los movimientos pacifistas para dar cuerpo a una nueva perspectiva.

Este es el Talón de Aquiles de Ariel Sharon.

  1. Info-CAPJPO, 18-08-02.
  2. Entrevista realizada en París, febrero de 2003.
  3. Statistical Abstract of Israel 2002 (www.cbs.gov.il/ shnaton53/shnatone53.htm).
  4. Info-CAPJPO, 18-08-02, Op. cit.
  5. Despacho de Agence France Presse, Paris, 6-1-03.
  6. Esta cita y las siguientes, relativas al “caso” París-VI, han sido extraídas de la página www.solidarite- birzeit.org
  7. Entrevista en Le Monde, París, 6-2-03.
  8. europa.eu.int/comm/external_relatios/israel/intro/ index.htm
  9. www.dree.org/israel/
Autor/es Dominique Vidal
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 46 - Abril 2003
Páginas:26,27
Traducción Gustavo Recalde
Temas Justicia Internacional
Países Estados Unidos, Israel, Palestina