Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Industrias a la sombra del muro

La construcción del muro que separa a Palestina de Israel reavivó un proyecto surgido tras los acuerdos de Oslo pero abortado por la Intifada: la construcción de parques industriales a lo largo de la Línea Verde. La iniciativa, que cuenta con el apoyo de inversores palestinos, permitiría a empresas israelíes reducir sustancialmente sus costos de producción y aprovechar la seguridad que brinda la barrera. Negocios son negocios.

En Irtah, una aldea cercana a Tulkarem, los granjeros aún pueden ver sus tierras desde sus casas situadas sobre la colina, pero desde hace un año no pueden acceder a ellas. Las fosas, los muros y los alambrados que materializan la llamada barrera "de separación" se lo impiden. Pero eso no es todo. El ejército israelí amenaza con confiscar sus 500 dunams 1 perdidos. Sea como fuere, hay algo que es casi un hecho: el destino de esas tierras está sellado. Una zona industrial se construirá allí, a ambos lados de la barrera, con la ayuda de las autoridades israelíes y de empresarios palestinos. Los campesinos, privados de tierras, no tendrán otra opción que trabajar en las fábricas. Su salario mínimo será de apenas la tercera parte del vigente en Israel.

Tulkarem no es una excepción. Desde luego, la construcción de la "barrera" está lejos de concluir: 200 kilómetros de los 700 previstos. Pero el ministro de Industria, Comercio y Trabajo israelí, Ehud Olmert, pugna por la construcción de una cadena de parques industriales a lo largo del muro. Algunas ramas del ejército -especialmente las que se ocupan de la vigilancia de los territorios palestinos- consideran a este proyecto la continuidad del muro. "Ya verán, esto será muy lindo", señala el comandante de la coordinación militar de Tulkarem, al inspeccionar la puerta en el muro (que penetra aproximadamente 3 kilómetros dentro del territorio palestino). "Construiremos aquí una zona industrial y todo marchará mejor. La población y la Autoridad palestinas necesitan lugares semejantes", afirma Gabi Bar, Director General de Asuntos de Medio Oriente del Ministerio de Industria. Pero la inseguridad impide la construcción de este tipo de zonas en Naplús: mejor establecerlas a lo largo de la "barrera".

La idea en sí no es novedosa. Tras los acuerdos de Oslo en 1993 funcionarios israelíes y palestinos convinieron la creación de nueve parques industriales a lo largo de la Línea Verde 2, en Cisjordania y Gaza. De Jenín al norte a Rafah en el sur, éstos darían trabajo a unos 100.000 palestinos. Este proyecto fue postergado por causa de la Intifada. Durante los primeros días del levantamiento una multitud de palestinos encolerizados quemó el embrión de parque israelí -bautizado "Retoños de la paz"- cerca de Tulkarem. La zona industrial de Erez, que bordea la barrera del mismo nombre, sobre la frontera entre la Franja de Gaza e Israel, sufrió los continuos ataques de combatientes palestinos.

Con sus altibajos, estos dos parques continúan sin embargo funcionando: unos 4.500 palestinos trabajan en Erez, 500 en los "Retoños" de Tulkarem, pero hasta ahora nadie había pensado en construir una nueva zona industrial sobre la Línea Verde. La construcción del muro resucitó esta vieja idea.

Del lado palestino, el muro agravó el desempleo, de por sí muy elevado (45% en Cisjordania, 60% en la Franja de Gaza). Es que los 120.000 palestinos que trabajaban en Israel antes del año 2000, legal o ilegalmente, ya no pueden ir allí. Por añadidura, miles, incluso decenas de miles de campesinos ya no tienen acceso a sus tierras, que se encuentran del lado "israelí" de la barrera: de facto, ya no tienen empleo. Cínicamente, podría decirse que el muro encarna dos elementos necesarios para el éxito de los parques industriales palestino-israelíes: seguridad (para los hombres de negocios israelíes) y empleo (para los obreros palestinos).

Olmert lo afirma claramente: "Las zonas industriales resolverán al mismo tiempo el problema del desempleo palestino y el del costo elevado de la mano de obra para los industriales israelíes -que actualmente se trasladan a Extremo Oriente- y sin ningún riesgo, ya que los palestinos no cruzarán la Línea Verde" 3. En diciembre de 2003, durante una conferencia en Jerusalén en la que participaba Saeb Bamya -alto funcionario del Ministerio de Economía Nacional palestino- el ministro expuso una visión cercana a aquella, casi olvidada, de Shimon Peres sobre el "nuevo Medio Oriente": "No permitiré que la política interfiera en el desarrollo de las relaciones económicas con nuestros vecinos palestinos", señaló Olmert, olvidando que fue el gobierno israelí el que había interrumpido todas las relaciones oficiales con la Autoridad Palestina a mediados de 2001 4.

En enero de 2004, Olmert fue invitado a una conferencia organizada por Stef Wertheimer, un célebre industrial israelí que lanzó un programa para construir 100 parques industriales en Medio Oriente. Según este último, "es preferible ocupar a la gente con trabajo que dejarla librada al terrorismo".

¿Altruismo? ¿Deseo de paz? "¿Por qué creen que la zona industrial de Erez sigue siendo atractiva para 200 fábricas, que permanecieron allí pese a los ataques terroristas? -pregunta Gabi Bar, del Ministerio de Industria-. El motivo más importante es el bajo salario de los trabajadores: aproximadamente 1.500 shekels (310 dólares), comparado con los 4.500 shekels (950 dólares) de salario mínimo en Israel. Además, los empleadores no están sujetos allí a la legislación laboral de Israel". Bar precisa sin embargo que existe un proyecto que apunta a crear "enclaves palestinos" en territorio israelí, en los cuales las leyes laborales israelíes no se aplicarían. Pero la Histadrut, el gran sindicato israelí, rechaza toda forma de apartheid entre obreros israelíes y palestinos.

Pero los israelíes bien podrían tener otra razón para invertir a lo largo del muro. La fábrica más grande de la zona industrial cercana a Tulkarem, Geshuri, se especializa en pesticidas y otros productos químicos. Hasta 1985 se encontraba cerca de la ciudad costera de Netanya. Pero los vecinos se quejaron de los malos olores que emanaban de ella. De ahí la decisión de trasladarla a otro lugar, en Cisjordania. La Autoridad Palestina exigió, sin éxito, que Geshuri estuviera lejos de Tulkarem. Raanan Geshuri, director general de la fábrica, invitó a quien lo deseara a comprobar por sí mismo que la fábrica era segura. Pero si no convenció a sus vecinos israelíes de Netanya, existen pocas posibilidades de que logre persuadir a los de Tulkarem... Como él, muchos industriales israelíes podrían verse tentados a trasladar algunas de sus fábricas contaminantes hacia las zonas donde las leyes medioambientales israelíes, muy estrictas, no se aplicarán.

Bar insiste en el hecho de que, a pesar de todo, los palestinos ganarán con la construcción de estos parques: "De todas maneras, un palestino gana más en Erez que en Gaza". Sin duda tiene razón. Según el informe de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), desde marzo de 2004 aproximadamente el 40% de los palestinos sufre de inseguridad alimentaria (en otras palabras, padece hambre) y el 60% vive por debajo de la línea de pobreza, estimada por las organizaciones internacionales en 2,1 dólares diarios. Los palestinos no pueden sino alegrarse de trabajar para alimentar a sus familias. ¿Pero en qué condiciones?

Abdel-Malek Jaber, un hombre de negocios, dirige la Palestinian Estate Development Management Company 5 (PIEDCO), actor esencial en la creación de las zonas industriales. Cercano -según dice- al ministro palestino de Industria Maher Al-Masri, Jaber se dedica a recolectar los fondos necesarios para la construcción de estos dos primeros parques, única solución para salvar la economía palestina, pero útil también para la reactivación de Israel. Porque ambas están inextricablemente ligadas: en 2001, un año después del comienzo de la Intifada, el 86% de las importaciones de los territorios palestinos provenía de Israel y el 64% de sus exportaciones se destinaba a este país; la Autoridad Palestina es el tercer socio comercial de Israel después de la Unión Europea y Estados Unidos.

"Para que la tasa de desempleo en Palestina se mantenga en su nivel actual, de por sí elevado, la economía palestina deberá desarrollarse a un ritmo del 7% al 8% anual, lo que es imposible -explica Jaber-. Debemos pues ir más lejos y es por eso que recurro a la idea de los parques industriales en la frontera. Israel es un país desarrollado, integrado a la economía mundializada. Sólo podemos sacar provecho de ello. Avanzamos a una velocidad de 100 kilómetros por hora hacia el infierno. Quiero pues darle esperanzas al pueblo."

Sus dos primeros parques se construirán en Jalama, al norte de Jenín, y frente a la aldea de Irtah. Jaber señala que "compró tierras privadas a palestinos" y que ya tiene vistas otras cerca de Belén. Planea construir otros dos parques: uno en Rafah, al sur de la Franja de Gaza; otro en Tarkumia, cerca de Hebrón (Al-Khalil), al sur de Cisjordania. Cada uno generará al menos 15.000 empleos y el proyecto global podrá crear 100.000 (la población activa de Cisjordania se calcula en 560.000 personas).

Maquillar la horrible realidad

Los inversores parecen ya interesados. "No gastaría 40 millones de dólares si no tuviera ningún cliente", asegura Jaber, quien espera que dentro de dieciocho meses comience a funcionar el primer parque. Según sus cálculos, los costos de producción serían un 70% inferiores a los de Israel, debido a los bajos salarios y los módicos alquileres. Jaber hace todo lo posible para que los israelíes se sientan seguros. "No soy ingenuo. Para que estos parques puedan funcionar, será necesario celebrar acuerdos diferentes en materia de seguridad."

Sobre la naturaleza de éstos acuerdos, Gabi Bar se muestra más explícito. "La condición fundamental es que la seguridad de estos parques esté garantizada exclusivamente por los israelíes. Porque si una fábrica está ubicada en un sector vigilado por nosotros mismos, podremos decir que esta fábrica está situada en Israel. Sus mercaderías necesitarán ser menos controladas que las de una fábrica establecida en Naplús." La responsabilidad en materia de seguridad es uno de los principales cambios con respecto a los proyectos previos a la Intifada. En esa época, según el profesor Reuven Horesh, ex director general del Ministerio de Industria bajo el gobierno de Barak, los palestinos debían asumir la entera responsabilidad de las zonas; simplemente se transfería la tecnología de Israel a Palestina. De ahora en más, los israelíes tendrán la total responsabilidad de la seguridad, aun cuando la tierra y la administración sigan siendo palestinas. "Semejantes declaraciones no nos ayudan", confía Jaber, con un dejo de irritación en su voz, consciente de la "sensibilidad" palestina.

Es que ese es el meollo del problema: al igual que el muro, estos parques industriales figurarán entre las innumerables acciones unilaterales de los israelíes impuestas a los palestinos o serán el resultado de una verdadera cooperación. La primera opción parece la más probable. Las señales no engañan: el 29 de febrero pasado el Ministerio del Interior israelí anunció a los campesinos de algunas aldeas al noroeste de Jenín, por intermedio de un diario árabe, la confiscación, al cabo de quince días, de unos 6.000 dunams de sus tierras "con el fin de corregir la organización regional de la zona industrial de Shahak". En otras palabras, se confiscará a sus propietarios nuevas tierras palestinas con el fin de ampliar esta zona, situada del lado "israelí" del muro, pero en el interior de los territorios ocupados en 1967.

Gabi Bar no está al corriente de estas órdenes de confiscación. Pero admite el "gran interés" que representa para Israel la ampliación de esta zona industrial y los "primeros contactos" establecidos con los palestinos en ese sentido. Los granjeros de las aldeas de Silat Al-Harithia y Tura A-Sharkia aseguran que nadie les habló de ello; los funcionarios palestinos les dijeron simplemente que no saben nada.

Lo mismo sucede cerca de Tulkarem. Faiz A-Tanib, miembro de la Unión de Granjeros, señala que campesinos de Irtah y Farun recibieron una carta de las autoridades militares anunciándoles la confiscación por parte del ejército de los 500 dunams que poseen del lado "israelí" de la barrera. Antes, unas cincuenta familias vivían de estas tierras; ahora, como consecuencia del muro, ya no obtienen ningún beneficio de ellas. Sin duda la zona industrial de Tulkarem se establecerá sobre esos 500 dunams, al pie de la colina que corona Irtah. Los responsables del ejército se lo han dicho a los campesinos. Y, según A-Tanib, hombres de negocios palestinos proponen adquirir o arrendar algunas de estas tierras. El nombre de la PIEDCO, la compañía de Jaber, fue mencionado. "¿En qué nos beneficiará la construcción de una zona industrial?", se pregunta A-Tanib. "Se priva de sus tierras a cincuenta familias para que otras cincuenta trabajen en fábricas. Eso no sirve para nada."

Así, los parques industriales parecen ser una nueva etapa unilateral en las relaciones palestino-israelíes. Gabi Bar lo desmiente, afirmando que si se construyera unilateralmente uno de estos parques sería inmediatamente atacado. Pero agrega que podría celebrarse un acuerdo a nivel local, sin involucrar a la Autoridad Palestina. Jaber piensa también que la instalación de zonas no implica necesariamente un acuerdo político entre Israel y la Autoridad. Espera sin embargo su rápida celebración: ¿acaso no modificó la Autoridad Palestina la ley sobre inversiones extranjeras, con el fin de que nada las limite en las zonas industriales?

Jefe de Iniciativa Nacional Palestina, un nuevo movimiento de izquierdas, el doctor Mustafa Barghuti se muestra mucho más escéptico: "Estos proyectos no funcionaron durante el período que siguió a los acuerdos de Oslo y menos funcionarán ahora. Se trata de maquillar la horrible realidad. A estos hombres de negocios palestinos no les preocupa el desempleo de sus conciudadanos: les preocupa el suyo. Este proyecto sólo contempla el punto de vista israelí: porque consolidará el apartheid 6, en el que los palestinos sólo pueden ser un pueblo de esclavos. Pero esto no sucederá". 

  1. Un dunam equivale a la décima parte de una hectárea.
  2. Nombre dado a la línea de armisticio entre Israel y Jordania antes de la guerra de 1967.
  3. Maariv, Tel-Aviv, 22-9-03.
  4. The Jerusalem Post, Jerusalén, 16-12-03.
  5. Sociedad de Desarrollo de la Zona Industrial Palestina.
  6. Leila Farsakh, "De Sudáfrica a Palestina, ¿un apartheid israelí?", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2003.
Autor/es Meron Rapoport
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 60 - Junio 2004
Páginas:23,24
Traducción Gustavo Recalde
Temas Desarrollo, Geopolítica
Países Israel, Palestina