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Le Monde y "le Diplo"

La publicación en Francia de La Face cachée du Monde (La otra cara de Le Monde), causó extraordinario revuelo, debido a la virulencia de los ataques contra uno de los más prestigiosos y respetados periódicos del planeta. Le Monde se basta por supuesto a sí mismo para defenderse, pero el director de Le Monde diplomatique explica a sus lectores la historia y la actualidad de los lazos que unen a ambas publicaciones.

La polémica desatada por el libro de Pierre Péan y Philippe Cohen hizo que un cierto número de lectores nos pidiera que aclaráramos nuestra relación con el diario y su dirección.

Ambos periódicos fueron fundados por la misma persona, Hubert Beuve-Méry. Originalmente, a partir de su fundación en 1954, nuestro mensual tenía como público al mundo de las embajadas. Dirigido por François Honti, estaba fundamentalmente redactado por los periodistas del servicio exterior del diario Le Monde, cuya línea editorial compartía.

Eso comenzó a cambiar en 1973, cuando Claude Julien fue designado al frente de Le Monde Diplomatique y recurrió a colaboradores exteriores al diario, instaurando de hecho una línea redaccional diferente. Las ventas aumentaron.

Sin embargo, el mensual seguía estando bajo control de Le Monde, del que era un simple servicio más. Su responsable tenía el título de “jefe de redacción”, pero el director oficial era el mismo del diario… Los periodistas de “le Diplo” –por entonces sólo dos– formaban parte de la Sociedad de Redactores de Le Monde1. Ésta eligió en 1980 a un periodista de Le Monde Diplomatique, Claude Julien, como sucesor de Jacques Fauvet en la dirección de Le Monde. Pero aún antes de asumir sus funciones, Julien se vio impedido de acceder a su nuevo cargo. Fue la época de mayor tensión en las relaciones entre Le Monde y “le Diplo”.

Para preservar nuestra autonomía redaccional y protegernos de las ambiciones de ciertos jerarcas, Jacques Fauvet, antes de dejar su cargo, elevó a Claude Julien a la categoría de “director” de Le Monde Diplomatique.

Eso significaba que, en el seno de la misma empresa, existían a partir de entonces dos títulos: Le Monde y Le Monde Diplomatique, con redacciones totalmente separadas. Tal no era el caso de otras publicaciones –Le Monde de los Filatelistas o Le Monde de la Educación, por ejemplo– que dependían jerárquicamente del director del diario. Desde entonces, los sucesivos directores de Le Monde siempre respetaron nuestra línea editorial.

Pero el equipo de “le Diplo” no se contentó con esa frágil autonomía. A lo largo de toda la década de 1980 se esforzó por controlar su gestión. Poco a poco las cuentas de Le Monde Diplomatique fueron objeto de una administración separada. Se instituyó incluso un Consejo de Orientación, que hacía las veces de Consejo de Administración.

A comienzos de la década de 1990, Le Monde Diplomatique, cuyas ventas habían aumentado notablemente, se encontró en una situación paradójica: su redacción era independiente y también su gestión, pero seguía integrado en el seno de una empresa, como una especie de enclave autónomo.

Lanzamos entonces la batalla por la filialización. Nuestra tesis sostenía que para preservar nuestra independencia y clarificar las relaciones con Le Monde era necesario crear una empresa filial diferente. Por entonces, ningún director del diario accedió a esa reivindicación, excepto el actual, Jean-Marie Colombani. Durante su campaña en las elecciones internas de 1994 por la dirección de Le Monde lo había prometido, y una vez electo, a pesar de la hostilidad de la mayoría de las sociedades accionarias de Le Monde, cumplió con su promesa.

Jean-Marie Colombani aceptó ceder hasta el 49% del capital de la nueva sociedad, Le Monde Diplomatique S.A. a dos accionistas: la asociación Gunter Holzman (que reúne al personal de “le Diplo”) y la Asociación de Amigos de Le Monde Diplomatique. En conjunto, ambas asociaciones poseen el 49% de las partes, es decir, mucho más que una minoría con capacidad de bloqueo (33,34%), lo que impide toda decisión que no cuente con la aprobación de las mismas sobre dos temas susceptibles de afectar la independencia del medio: la reforma de sus estatutos y el aumento del capital.

En efecto, nuestros estatutos precisan que el Consejo de Vigilancia sólo puede elegir el director de “le Diplo” entre los candidatos propuestos por la asociación Gunter Holzman. Por lo tanto, son los miembros de ésta –es decir, el personal del periódico– quienes eligen a su director.

Desde 1996 nuestros análisis fueron muy diferentes a los de Le Monde en numerosos temas. A veces –como durante la guerra de Kosovo– los puntos de vista eran francamente opuestos. No nos hemos privado de expresar en nuestras columnas las reservas que nos inspiraba, por ejemplo, el proyecto de cotización en Bolsa2 y los riesgos que implicaba la incesante ampliación de tamaño del grupo Le Monde3. La dirección del grupo siempre respetó nuestro derecho a la crítica.

  1. La Sociedad de Redactores de Le Monde posee una parte del capital accionario. Entre sus atribuciones figura la de proponer al director de la publicación.
  2. Le Monde diplomatique, París, octubre de 2001.
  3. Le Monde diplomatique, París, diciembre de 2002.
Autor/es Ignacio Ramonet
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 46 - Abril 2003
Páginas:36
Traducción Marta Vassallo
Temas Periodismo
Países Francia