Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Argentina: ¿más represión y menos democracia?

El aumento exponencial de las protestas sociales ante el plan de "déficit cero" aprobado por el Congreso, hacen temer un aumento de la represión y un recorte del espacio democrático. La mayoría de la población reclama un cambio de rumbo, pero la dirigencia política, sindical y corporativa no atina a elaborar un proyecto alternativo coherente.

Paradojal situación la de Argentina. De "niño mimado" de los organismos financieros internacionales, el país ha pasado en menos de un año a ser la manzana podrida, el marginal sin remedio a quien es preferible evitar. Las despectivas declaraciones de Paul O´Neill, titular del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, al semanario británico "The Economist"1, que tuvieron amplia repercusión en la prensa internacional (y por supuesto en la de Argentina), reflejan no sólo las posiciones de al menos un sector de la actual administración estadounidense, sino también algo más profundo: en las actuales circunstancias Argentina es, a corto o mediano plazo, realmente "insalvable" y cualquier ayuda no hará sino postergar la caída.

Desde el punto de vista de los especuladores internacionales y locales, las grandes compañías instaladas en el país y los organismos financieros internacionales; es decir de los inspiradores y beneficiarios de la política económica actual al menos desde finales de la década de los ochenta (aunque el verdadero iniciador fue José Alfredo Martínez de Hoz, ministro de Economía de la dictadura militar, desde 1976), es necesario acudir a la represión, porque a todas luces la sociedad ya no tolera más ajustes económicos. La fulgurante reacción popular al anuncio de un drástico plan de ajuste, que obligó en marzo pasado a renunciar a su cargo al ex ministro de Economía Ricardo López Murphy apenas quince días después de haber asumido el cargo, se reitera ahora ante el nuevo ministro, Domingo Cavallo. Luego de ensayar unos breves pasos de baile heterodoxo, Cavallo acabó yendo más allá que López Murphy, al proponer a la desesperada -ante el frenazo brutal de las inversiones extranjeras, el cierre del crédito internacional y la caída de la recaudación fiscal como consecuencia de una recesión que dura ya tres años- un plan llamado de "déficit cero". Es decir, que el Estado argentino sólo gastará lo que logre recaudar. Después de haber "honrado sus compromisos internacionales" (intereses de la deuda externa, esencialmente), pagará a sus empleados, pensionados y proveedores estrictamente en función del excedente. Los jubilados, por ejemplo, recibieron sus haberes de agosto con una quita del 13%. En septiembre, ya se verá, según las cuentas del Estado…

Estas medidas acrecentaron las manifestaciones de los "piqueteros" (grupos de ciudadanos sin empleo ni protección social, que han decidido manifestar bloqueando rutas y calles principales en forma pacífica), provocaron una huelga nacional y numerosas huelgas parciales. El pasado 8 de agosto, casi 50.000 personas, convocadas por el gremio nacional de maestros y otras organizaciones sindicales y políticas, se congregaron ante la sede del gobierno para expresar su repudio a la política económica y social. Los maestros de la provincia de Buenos Aires, la más importante del país, han anunciado que no impartirán clases hasta que no cobren sus salarios. Todo parece indicar que la protesta crecerá en tono e intensidad, sobre todo si el próximo mes, tal como estima la mayor parte de los analistas, los recortes salariales son más amplios.

La única manera de sostener el actual modelo económico (que garantiza el valor de los activos y la transferencia de ganancias en dólares gracias a la llamada "ley de convertibilidad": un peso igual a un dólar USA), será entonces más represión y, en consecuencia, menos democracia2. Sobre el primer punto ya se han pronunciado taxativamente Eduardo Escasany, presidente de la Unión de Bancos Argentinos; Enrique Crotto, presidente de la Sociedad Rural Argentina y, de manera elíptica, periodistas de nota como Mariano Grondona, del diario "La Nación", y la ministra de Trabajo Patricia Bullrich3. El clamor de los "sectores dominantes" por una actitud más firme del gobierno y las fuerzas de seguridad ante "piqueteros", huelguistas y protestones de distinto origen, se hace imperioso.

En cuanto a la democracia, los síntomas de deterioro son variados y comienzan a ser alarmantes. Por ejemplo, la dirigencia política, que logró ponerse de acuerdo para votar la ley de "déficit cero" fue más lejos aún: según la misma ley, los ciudadanos ¡no podrán reclamar ante la justicia! Es decir que el Poder Legislativo pretende anular las funciones del Judicial e impedir el derecho constitucional de los ciudadanos de peticionar ante las autoridades, en este caso ante una quita arbitraria -en la medida en que no consensuada con las organizaciones gremiales y corporativas- de los salarios, pensiones y deudas del Estado a proveedores. En otro orden, algunos dirigentes políticos, como Marta Oyhanarte, dirigente del Partido Acción por la República (cuyo máximo líder es Cavallo), han lanzado la idea de posponer las elecciones legislativas previstas para el próximo mes de octubre.

La única esperanza

Luego de la visita a Buenos Aires del número dos de la economía estadounidense, John Taylor (un "duro" de los que sostienen que no debe ayudarse a los países en dificultades con su deuda, dicho sea de paso), todas las esperanzas del gobierno se centran en un nuevo "salvataje" de los organismos financieros internacionales, monitoreado por Estados Unidos. El gobierno se aferra a las promesas de ayuda del presidente de ese país, George Bush. Pero aunque no es descartable que finalmente Estados Unidos impulse una ayuda financiera a través del Fondo Monetario Internacional que permita superar el riesgo de un default al menos por lo que resta del año, debe tenerse en cuenta que la actual administración estadounidense está hegemonizada por conservadores que, respecto a la deuda de los países emergentes, sostienen que las ayudas del FMI deben cesar y que cada cual debe hacerse cargo de sus responsabilidades. En otros términos, que si un país debe quebrar, que quiebre; y que si aquellos prestamistas que asumieron operaciones de alto riesgo deben perder, pues que pierdan. También Paul O´Neill sostiene estas posiciones. Junto a Taylor y Alan Greenspan conforma que el trío de mayor peso en la política económica de la actual administración.

En cualquier caso, ¿qué puede pasar con Argentina? "Un país que tiene 160.000 millones de deuda, que baja la recaudación (fiscal), que tiene un 17% de desocupados, un 15% de subempleados y lleva tres años de recesión, es un país que se dirige hacia el default", sostiene un destacado economista4. Esta opinión es compartida, aunque con matices, por la mayoría de los economistas no comprometidos con los sucesivos gobiernos argentinos desde la dictadura militar, en 1976. Parece evidente -en todo caso es la opinión de la mayor parte de los analistas- que incluso con una ayuda internacional que solucione la crisis de coyuntura, la sombra del default tornará a ennegrecer el panorama a corto plazo, puesto que la crisis es estructural.

¿Pero es posible cambiar de modelo económico? El problema de la oposición es que aunque la mayor parte de la población y de las organizaciones estudiantiles, sindicales y corporativas apoyarían un giro de 180 grados, no consiguen articular una propuesta política coherente, capaz de alterar el rumbo de la economía. Las cada vez más numerosas protestas sociales no tienen traducción política. Representados por dirigentes políticos y sindicales desprestigiados, cuando no corruptos y beneficiarios del actual estado de cosas, los ciudadanos se encuentran desamparados.

Es probable entonces que Argentina sólo alcance a vislumbrar un futuro distinto al cabo de una crisis económica, social e institucional grave. O que este modelo cristalice a pesar de todo y el país vaya deslizándose hacia una economía de penuria, a la manera de los países africanos… Todo es posible en "la dimensión desconocida" que es hoy por hoy Argentina. Las elecciones legislativas del próximo mes de octubre pueden representar no obstante un momento bisagra, en la medida en que dirán de algún modo hasta qué punto la dirigencia política es capaz de renovarse y, sobre todo, cual es la actitud de la sociedad civil.

Siempre que de aquí a entonces la crisis económica y social no se haya precipitado.

  1. O´Neill afirmó que los argentinos están como están "porque quieren; y llevan 70 años así": que el país debe apañarse sólo, sin más ayuda internacional. The Economist, Londres, 24-7-01
  2. Ver dossier "Una Argentina que muere, otra que bosteza", por Alfredo Eric Calcagno, Eric Calcagno, Carlos Gabetta y José Sbatella en Le Monde Diplomatique edición Cono Sur, agosto 2001.
  3. Susana Viau, "Música para sus oídos", Página 12, Buenos Aires, 8-8-01.
  4. Eric Calcagno, en 3Puntos, Buenos Aires, 9-8-01.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 26 - Agosto 2001
Temas Desarrollo, Neoliberalismo, Derechos Humanos, Movimientos Sociales, Políticas Locales
Países Argentina