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Las paradojas de las finanzas islámicas

Nacidas en los años 70, las instituciones financieras islámicas operan en más de setenta y cinco países. Su desarrollo se correspondió paradójicamente con el despertar del islam político, al que sobrevive gracias al impulso de la mundialización financiera.

Las instituciones financieras islámicas "pesan" alrededor de 230.000 millones de dólares, es decir, cuarenta veces más que en 19821. En la actualidad, y a semejanza del Citibank que desde 1996 había establecido su propia filial islámica en Bahrein, la mayoría de las grandes instituciones financieras occidentales se ha embarcado en este tipo de actividades, en forma de filiales, de "ventanillas islámicas" o de productos financieros destinados a una clientela musulmana. Como símbolo de la integración del sector financiero islámico en la economía global, existe incluso un "índice Dow Jones del mercado islámico".

Este fenómeno puede parecer paradójico, dado que hay quienes consideran que el islam es incompatible con el "nuevo orden mundial" instaurado después del fin de la guerra fría2. En el momento de las finanzas globalizadas, ¿cómo explicar que instituciones que rechazan la "usura" puedan integrarse en un sistema basado en el interés, y que técnicas puestas al día con el despertar del islam político conozcan su edad de oro justamente cuando el islam político pierde aliento?3.

En los setenta cobra forma un sector financiero islámico modernizado, en la encrucijada del ascenso del pan-islamismo y del boom petrolero. En efecto, la guerra de los Seis Días (junio de 1967) marcó el principio del declive del movimiento nasserista, panárabe y laico, y abrió el camino a la hegemonía regional de Arabia Saudita, bajo la bandera del pan-islamismo. En 1970, la creación de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), que reunía a los países musulmanes, puso al día los preceptos económicos del islam, y proliferaron los institutos islámicos de investigación económica.

En 1974, en la cumbre de Lahore, en el torbellino de la cuadruplicación de los precios del petróleo, la OCI decidió crear el Banco Islámico de Desarrollo. Sita en Yedda, esta institución estableció los jalones de un sistema de ayuda mutua basado en principios islámicos. En 1975, el Dubai Islamic Bank fue el primer banco privado islámico que vio la luz. Se creó una asociación internacional de Bancos islámicos para establecer normas comunes y defender intereses comunes. En 1979, Pakistán se convirtió en el primer país que decretó la islamización del sector bancario; en 1983 lo siguieron Sudán e Irán.

A partir de aquí la adaptación de una tradición precapitalista a las necesidades de la sociedad contemporánea fue competencia de los juristas musulmanes. Pues si bien la religión se mostraba favorable al comercio (profesión ejercida por el profeta Mahoma), condenaba en cambio los beneficios generados por la actividad financiera "pura". El Corán declara, por ejemplo, que los beneficios obtenidos mediante el comercio, a pesar de sus aparentes similitudes, son fundamentalmente diferentes de los generados por los préstamos (2:275). El islam prohibe en particular la riba. El término, traducido en general por "usura", significa literalmente "aumento". Pero su interpretación siempre se ha prestado a controversia: para algunos, la riba se refiere a todas las formas de "interés fijo"; para otros, la palabra designa sólo el interés excesivo. Aunque ciertas autoridades religiosas -incluido el actual jeque de Al Azhar en Egipto- hayan proclamado el carácter lícito de determinados tipos de interés, muchos ulemas siguen sosteniendo una interpretación restrictiva.

La tradición islámica, sin llegar a negar el principio de remuneración del dinero prestado, se opone sin embargo al carácter "fijo y predeterminado" del interés, con lo que esto implica en materia de equidad y de potencial explotación del prestatario. El islam predica más bien el reparto equitativo de los riesgos y beneficios4. En los primeros tiempos del islam, la forma de financiación aplicada corrientemente consistía en asociar al prestamista con el prestatario; un comerciante acomodado financiaba una operación desarrollada por un empresario, y compartía en igualdad de condiciones beneficios y pérdidas. Esta forma de economía asociativa -que inspirará el sistema de comandita en el derecho francés- es fruto de una lógica similar a la del capital-riesgo popularizado por la "nueva economía".

Los teóricos de las finanzas islámicas consideraban que tal sistema se adaptaba mejor a las necesidades económicas del mundo islámico así como a las exigencias morales de la religión. En efecto, mientras que la banca clásica privilegia a los dueños de capitales o de bienes susceptibles de ser hipotecados, la actividad financiera asociativa da su oportunidad a empresarios dinámicos pero poco afortunados. El sistema permitiría igualmente integrarse en los circuitos económicos productivos a quienes por razones religiosas preferían hasta aquel momento el atesoramiento. De este modo, el islam añadió una dimensión caritativa a la actividad financiera: gracias a la gestión de "fondos de zakat"5, así como a sus propias donaciones, los Bancos debían luchar contra la pobreza y la exclusión.

Este nuevo sistema financiero se fundaba en dos principios de finanzas asociativas: mudaraba (comandita) y musharaka (asociación). Otros instrumentos "neutros" como la murabaha (en la que el Banco desempeña el papel de un intermediario comercial, mediante la compra de las mercancías necesarias para sus clientes, mercancías que revende a cambio de un beneficio) debían cumplir una función transitoria: permitir que los Bancos generasen beneficios en espera de la generalización del uso de las finanzas de participación. La remuneración de los depósitos también se basaba en el principio de reparto de las pérdidas y las ganancias: las cuentas de ahorro se remuneraban (o no) en función de los beneficios del establecimiento; "cuentas de inversión" destinadas a financiar colocaciones específicas se remuneraban en función del resultado obtenido por esas colocaciones.

Pero las finanzas de cooperación resultan decepcionantes: ni las infraestructuras financieras ni la mentalidad se prestaban a ellas. Escarmentados por los fracasos, muchos establecimientos se distanciaron de las ambiciones originales. A falta de inversiones lucrativas en sus países de origen, colocaron una parte importante de sus fondos en Occidente. Su predilección por los "bienes reales" (inmobiliario, mercado de materias primas…) expuso a un buen número de Bancos a pérdidas considerables. Los instrumentos "neutros", que sólo hubieran debido desempeñar una función transitoria, se perpetuaron.

En muchos sentidos, sólo un lenguaje destinado a disfrazar la existencia del interés diferenciaba a los bancos islámicos de sus análogos convencionales. Su imagen se vio también perjudicada por el hundimiento de las compañías de inversión islámicas en Egipto en 19886, así como por unos cuantos escándalos. Algunos consideraron entonces que las finanzas islámicas no eran en definitiva sino un episodio efímero asociado al boom petrolero.

En realidad, se encontraban entonces a punto de experimentar un crecimiento muy fuerte. Dado que mientras tanto grandes conmociones habían transformado el mundo de las finanzas internacionales y el del islam: mutaciones ideológicas y desregulación, por una parte (globalización de las finanzas, nuevos productos financieros, etc.); cambios políticos, económicos, demográficos y sociales, por otra (impacto de la revolución iraní, guerra del Golfo, derrumbe de la Unión Soviética y emergencia de nuevos Estados islámicos, fluctuaciones del mercado petrolero, aumento del poder de los "tigres asiáticos", aparición de una burguesía devota musulmana, etc.).

Pero el sector financiero islámico alcanzó su verdadero auge sólo al precio de una revisión actualizadora de sus principios y de sus prácticas. Mientras que el primer ijtihad (esfuerzo de interpretación) se caracterizó por el legalismo y el aspecto escolástico, el segundo se centró en recuperar el espíritu o la "economía moral" del islam, teniendo en cuenta los principios que durante mucho tiempo permitieron al islam adaptarse a las culturas más diversas: la urf (aceptación de las costumbres locales), la darura (necesidad) y la maslaha (interés general).

Las redes financieras islámicas, antaño monolíticas y dominadas por las monarquías petroleras del Golfo (en particular, Arabia Saudita) reflejan actualmente la diversidad del mundo musulmán. Hasta los países que procedieron a la islamización total de sus sistemas económicos poseen aparatos dispares nacidos de circunstancias geopolíticas o económicas y de interpretaciones religiosas diferentes. Los instrumentos que conocen ahora el crecimiento más importante son a menudo los que en los años setenta se consideraron ilícitos (el seguro o takaful) o bien de uso todavía limitado (los sicav). De este modo, en paralelo con el crecimiento en el mundo del sector financiero de sicav éticos o socialmente responsables, los fondos invertidos en empresas o en sectores cuyo carácter lícito ha quedado establecido7 son los que drenan hoy el ahorro de los musulmanes. Instituciones financieras islámicas operan en más de setenta y cinco países.

La inserción del sistema financiero islámico en la economía global abunda en paradojas. El hecho de que las finanzas de los años noventa generen la mayor parte de sus beneficios a partir de comisiones y de la tarifación de los servicios (y no, como en otros tiempos, a partir del diferencial de interés entre créditos y depósitos) permitió eludir los debates teológicos relativos a la riba. Por otra parte, la ola de innovación financiera subsiguiente a la desregulación posibilitó la concepción y venta de todo tipo de "productos islámicos". Por ejemplo, una obligación podía descomponerse permitiendo la venta por separado de cada uno de sus dos componentes (el "principal" y el "interés").

Además, la decadencia del banco comercial clásico sumada al éxito de los bancos de inversiones y las sociedades de capital-riesgo, justificaban el acierto de la idea de finanzas participativas. Por otra parte, el acercamiento entre el sector financiero y la industria, así como la fusión de las especialidades de las finanzas, recreaban las condiciones del mundo de los "banqueros sin bancos", que prevaleció durante la edad de oro del islam.

La evolución política del mundo musulmán puso en primer plano ciertos aspectos (el derecho a la propiedad privada y a la libre empresa, la importancia de los contratos o de la caridad privada) que demostraban que esta concepción del islam era compatible con el "consenso de Washington". Entonces podía invocarse la religión para desregular, privatizar o reducir los servicios públicos. Algunos gobiernos, Malasia y Bahrein por ejemplo, utilizaron esta interpretación para modernizar el sistema financiero, rechazar otras formas de islamismo o enfrentarse a clases rentistas retrógradas y a un sector privado refractario al ajuste estructural8. Como lo indica una reciente encuesta del Financial Times, en muchos países islámicos las instituciones islámicas suelen ser las más dinámicas e innovadoras9.

Pero en definitiva, el atractivo del sector financiero islámico se explica sobre todo por los excesos del sector financiero global10. Para las clases medias que emergen en un contexto de crecimiento del pietismo, la alternativa resulta muy clara. Si hay que elegir entre las finanzas convencionales, que se han secularizado cuando no "amoralizado", y un sistema financiero ético controlado por la religión (y basado en el principio de que las actividades económicas son beneficiosas mientras se ejercen en un marco moral estricto), la decisión es tanto más fácil cuanto más aumenta la cantidad de productos islámicos y de instituciones que los ofrecen.

  1. http://www.islamicbanking-finance.com
  2. Samuel Huntington, The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order, Simon and Schuster Touchstone, Nueva York, 1997.
  3. Olivier Roy, L´Echec de l´Islam politique, Seuil, París, 1992.
  4. Durante mucho tiempo, las tradiciones cristiana y judía tuvieron las mismas reservas. Ver Rodney Wilson, Economics, Ethics and Religion: Jewish, Christian and Muslim Economic Thought, New York University Press, 1997.
  5. La limosna legal, que con la profesión de fe, la oración, el ayuno y la peregrinación, es uno de los "cinco pilares" del Islam.
  6. Ver Michel Galloux, Finance islamique et pouvoir politique: le cas de l´Egypte, Presses Universitaires de France, París, 1997.
  7. Esos fondos evitan invertir en las empresas muy endeudadas, donde la gestión se considera aventurada y poco ética, así como en sectores como la bebida, el armamento o el juego. Véase: http://islamicbanking-finance.com/funds.
  8. Ver Georges Corm, "A quand l´ajustement structurel du secteur privé dans le monde arabe?", Le Monde diplomatique, diciembre de 1994.
  9. Roula Khalaf, "Dynamism is held back by state control", Financial Times, 11-4-2000.
  10. Léase "La derive des nouveaux produits financiers", Le Monde diplomatique, junio de 1994
Autor/es Ibrahim Warde
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 27 - Septiembre 2001
Temas Mundialización (Economía), Islamismo