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Redistribuir para afianzar la recuperación

El autor describe las limitaciones del proceso argentino de reactivación económica, que se sustenta en una fuerte devaluación del peso, que confirió mayor competitividad exterior a algunas ramas de la industria, y en la caída del salario real. Ambos factores aumentaron la tasa de ganancia de empresas que por ahora sólo se sirven de su capacidad ociosa. Frente a este “modelo” de corto plazo, se requiere una política de reindustrialización abarcadora y de largo aliento, basada en un shock distributivo y en los mercados interno y regional.

El esquema de "dólar alto" vigente en el país es presentado como el "modelo de la producción y el trabajo". Sus defensores destacan que como resultado directo del shock devaluacionista post convertibilidad, el sector manufacturero local y, por esa vía, el conjunto de la economía argentina han ingresado en un sendero de crecimiento y de generación de puestos de trabajo que permitirá revertir el cuadro de inequidad distributiva heredado del "modelo de los '90". Ello, por dos razones básicas: primero, por un proceso virtuoso de sustitución de importaciones por producción local; segundo -y fundamentalmente- por el incremento en las exportaciones de bienes industriales.

De allí que para los "hacedores de política" del país y para amplios sectores del poder económico local, la vigencia de un tipo de cambio real elevado parece ser una condición necesaria y suficiente para obtener esos resultados. Esto explica por qué, hasta el presente, la única "política" concreta hacia el sector industrial ha sido la maxidepreciación del peso y por qué, más allá de la implementación de ciertas medidas -menores, atento a la magnitud y las características de la desindustrialización ocurrida en las últimas décadas 1-, se puede afirmar que aún no existe una estrategia de desarrollo productivo en general, ni una industrial en particular.

Si bien las evidencias disponibles parecen dar razón a quienes sostienen el actual "modelo" -sea en el campo académico, político o empresarial- vale la pena analizar ciertos rasgos distintivos. Un rápido análisis de la evolución de los principales indicadores industriales en los últimos dos años indica que:

a) El importante crecimiento de la producción manufacturera registrado desde mediados de 2002 se explica, en lo sustantivo, por un proceso de recuperación con respecto a niveles sumamente reducidos, y se asienta en la creciente utilización de capacidad ociosa instalada. En 2003 la producción sectorial se incrementó alrededor de un 17% (entre 1998 y 2002 había acumulado una caída del 30%) y la utilización de la capacidad instalada se ubicó en promedio en el 65%, cuando en 2002 había sido del 56%.

b) Luego de la brusca contracción del empleo fabril de los '90 y en el primer año de vigencia del nuevo "modelo", la expansión productiva derivó en un aumento en la ocupación (5%) y, con mayor intensidad, en las horas trabajadas por los obreros ocupados (12%), lo cual expresa que la recuperación manufacturera reciente se dio en paralelo a un incremento en la duración media de la jornada laboral (el año pasado la relación horas trabajadas/obreros ocupados se expandió algo más de un 6%).

c) Puesto que la producción sectorial creció mucho más que la ocupación, hubo un importante aumento de la productividad laboral: un incremento del 11% en 2003, después de haber registrado en 2002 una caída cercana al 1%.

d) El aumento de los precios domésticos minoristas y mayoristas resultante de la maxidevaluación 2, produjo una caída significativa en los ingresos reales de los asalariados del sector y, más aun, en los costos medios salariales. Los incrementos registrados en estas dos variables a partir del segundo trimestre de 2003 (derivados de aumentos salariales otorgados por el gobierno y de cierta contención del proceso inflacionario), se produjeron luego del profundo deterioro experimentado en los meses posteriores al abandono de la convertibilidad: en 2002, el salario medio industrial cayó en términos reales un 19%; los costos salariales disminuyeron un 36%.

e) El aumento de la productividad y la rebaja de los costos salariales incrementaron notablemente el margen bruto de rentabilidad empresaria; en otras palabras se produjo una nueva y fenomenal transferencia de ingresos desde los trabajadores industriales hacia los capitalistas del sector. En 2003, el excedente captado por el empresariado manufacturero (en especial, por las fracciones más concentradas que controlan los sectores que han liderado la expansión fabril reciente) se incrementó en promedio "apenas" un 9% luego de haber aumentado casi un 60% en 2002.

Lo que antecede indica que el "boom industrial" del último tiempo se asienta sobre una débil generación de empleo, asociada a una mayor explotación de los obreros en actividad; a salarios muy reducidos (tanto se los considere en términos de poder adquisitivo como, más aun, de costos empresarios) y a una creciente regresividad distributiva entre trabajo y capital. En otras palabras, si bien es cierto que en el contexto macroeconómico se ha producido un cambio ostensible, la trayectoria fabril post convertibilidad parece sostenerse sobre pilares semejantes a los del "modelo de los '90" 3, con lo que la contribución del sector a la resolución de los dos problemas más acuciantes del país -la hiperdesocupación y la inequidad distributiva 4- ha sido hasta ahora mínima.

Conviene además realizar algunos señalamientos acerca de las dos "fuentes de crecimiento" del modelo: la "salida exportadora" y la "sustitución de importaciones".

Respecto de la primera, sus esperados impactos positivos sobre el tejido productivo doméstico se ven condicionados por una multiplicidad de fenómenos. Por un lado, por la vigencia de un escenario internacional caracterizado por un alto grado de inestabilidad y por la instrumentación, por parte de los países "centrales", de políticas de neto corte proteccionista (entre las que pueden mencionarse, a simple título ilustrativo, la imposición de diversas barreras arancelarias y para arancelarias y los subsidios a la producción agroindustrial en Europa y en Estados Unidos). Por otro, por el hecho de que los bienes que componen la "oferta exportadora" del sector manufacturero argentino presentan un bajo dinamismo en el mercado mundial y, en general, una tendencia secular a la caída en sus precios (a lo cual cabe adicionar las fuertes fluctuaciones que suelen experimentar en el corto plazo), al tiempo que están expuestos a bruscas oscilaciones de la demanda 5. Hay que agregar que más de dos tercios de las exportaciones están controlados por menos de un centenar de empresas que, en la generalidad de los casos, son propiedad de grandes grupos económicos de capital nacional y extranjero fuertemente transnacionalizados, tanto en términos productivos como financieros (no obstante, se presentan como la "burguesía nacional", legítima interlocutora del gobierno).

Debe también tenerse en cuenta que las exportaciones fabriles están altamente concentradas en unos pocos bienes, la mayoría de ellos muy próximos a la "frontera natural"; con escasas vinculaciones con el resto de la trama fabril; funciones de producción altamente intensivas en el uso del "factor capital" y un importante coeficiente de importaciones. Esto plantea serias dudas sobre la posibilidad de que esas exportaciones puedan convertirse en el motor que traccione al conjunto de los sectores económicos en términos productivos y de creación de empleo.

La sustitución de importaciones, por su parte, se ve condicionada en el mediano y largo plazo por la concurrencia de distintos elementos. Primero, por la brusca contracción de los ingresos populares en general y de los asalariados en particular, derivada del shock devaluacionista y de largos años de vigencia de neoliberalismo extremo 6. Esto ha afectado de manera significativa la dimensión del mercado interno, el principal destino de la producción generada en el sector industrial, sobre todo en aquellos mercados en los que predominan las pequeñas y medianas empresas.

En segundo lugar, por el hecho de que, como se mencionó, los sectores en los que se han venido registrando incrementos en los ritmos de producción, ligados a un proceso de sustitución de importaciones (tales los casos de ciertas ramas textiles y metalmecánicas), contaban con importantes niveles de capacidad ociosa instalada, de lo cual se infiere el reducido efecto multiplicador que dicha expansión supone en materia de inversiones y de creación de empleo.

Tercero, por las dificultades que enfrentan las empresas que operan en el ámbito nacional para acceder a líneas de crédito tendientes a aumentar el capital de trabajo 7. Esto plantea interrogantes sobre el financiamiento de la necesaria expansión de la capacidad tecno-productiva instalada a partir del momento en que se acceda a niveles de plena utilización o, en otras palabras, con qué recursos se va a evitar la aparición de "estrangulamientos" por el lado de la oferta 8. Esta situación es particularmente perjudicial para las empresas de menor tamaño, ya que las de grandes dimensiones tienen la capacidad de "fondearse" en el mercado financiero internacional, son importantes generadoras de divisas y en algunos casos cuentan con cuantiosos recursos en el extranjero que podrían repatriar (es el caso de aquellas controladas por los principales grupos económicos del país) 9.

El cuarto factor que condiciona la sustitución de importaciones es el desmantelamiento del tejido productivo local, producto del tipo de liberalización comercial implementada durante el decenio pasado (y, en ese marco, el carácter fuertemente importador de la matriz productiva doméstica) y la ausencia de voluntad política para modificar la estructura arancelaria vigente por otra compatible con un nuevo perfil productivo y para regular el comportamiento de los grandes agentes económicos en lo que se vincula con la fijación de precios. En ese contexto, la vigencia de un "dólar alto", más que contribuir a sustituir importaciones, muy posiblemente conducirá, sobre todo si se consolida la recuperación de la actividad manufacturera y se mantienen las restricciones crediticias mencionadas, a un incremento en los precios de buena parte de los productos industriales (lo cual potenciará la inflación y la caída del salario real, con efectos negativos sobre la demanda interna y el nivel de actividad fabril) y, asociado a ello, a la profundización de la crisis de un amplio espectro de empresas, en especial las más pequeñas.

Cuellos de botella

La recuperación de la producción industrial que se registra en el país desde mediados de 2002 ha generado un incremento considerable en las compras al exterior, particularmente importante en dos rubros clave para el sector fabril: maquinaria y equipo y bienes intermedios. Este dato no debe soslayarse porque, por un lado, refleja la desarticulación del tejido manufacturero local verificada en los últimos años y, por otro, alerta sobre un tema sumamente relevante: en ausencia de una radical redefinición del grado de apertura de la economía y de la estructura arancelaria, así como de una política activa de reconstrucción de encadenamientos productivos (cuyos logros, por cierto, no se visualizan sino en el mediano y largo plazo) y de un shock distributivo, más temprano que tarde se generarán presiones tanto por el lado de las divisas -para pagar las importaciones- como por el de los precios de los bienes finales, por el costo de los insumos y/o de los bienes de capital involucrados en el proceso productivo.

Por otra parte, si bien los precios domésticos (minoristas y mayoristas) crecieron en forma considerable desde el fin de la convertibilidad, lo hicieron menos que el tipo de cambio, lo cual no se relaciona con la aplicación de políticas de control de precios u otras similares, ni con el hecho de que se logró avanzar con éxito en la sustitución de importaciones en ciertos eslabones estratégicos de las distintas cadenas productivas, sino fundamentalmente con el "techo" fijado por la contracción de la demanda interna y por la crisis económico-social.

De todas estas consideraciones se desprenden ciertas dudas en cuanto a la validez de uno de los principales argumentos utilizados por los defensores del "modelo de dólar alto": que la maxidevaluación de la moneda nacional es "la" condición para encarar un proceso de crecimiento sostenido de la economía en general y de su sector manufacturero en particular, que permita reducir de manera significativa la elevadísima tasa de desocupación existente y, por esa vía, la inequidad distributiva. Al respecto, de lo expuesto se infiere que la sustitución de bienes importados por manufacturas de origen local se enfrentará con importantes "cuellos de botella" tanto por el lado de la oferta como por el de la demanda. Por su parte, la "salida exportadora" basada casi exclusivamente en la política cambiaria difícilmente contribuya a la consecución de los objetivos mencionados, pero sí a viabilizar un salto cuantitativo en el proceso de acumulación y reproducción ampliada del capital de las distintas fracciones integrantes de la elite exportadora de la actividad fabril, en el marco de una matriz distributiva regresiva.

Si se sigue renunciando a diseñar e instrumentar un plan de reindustrialización del país sobre nuevas bases de sustentación económico-social, las principales características del nuevo escenario macroeconómico difícilmente contribuyan a revertir la aguda crisis manufacturera de los últimos años, ni su principal manifestación: su carácter asimétrico, dados sus impactos heterogéneos sobre los distintos actores fabriles. Nuevamente, habrá numerosos perdedores (los trabajadores, muchas pequeñas y medianas empresas y algunas grandes -las más relacionadas con el mercado interno-) y unos pocos ganadores: los grupos económicos locales y algunos conglomerados y firmas transnacionales ligados a la exportación y a unos pocos "nichos sustitutivos".

De este modo, más que viabilizar la reindustrialización del país, el esquema "industrializador" impulsado por la "burguesía nacional" y avalado por buena parte del sistema político, acabará operando como una traba para desandar los procesos de desarticulación productiva, concentración de la producción y centralización del capital, crisis ocupacional, deterioro de los salarios y distribución regresiva del ingreso iniciados a partir de la última dictadura militar y consolidados a lo largo de las sucesivas administraciones democráticas.

Reconstrucción industrial

A comienzos de los años '80, uno de los representantes más lúcidos del pensamiento estructuralista latinoamericano, refiriéndose a los supuestos que están detrás de un "modelo" como el de "dólar alto" vigente en Argentina, señaló: "el criterio de eficiencia que inspira esos modelos tiene un carácter estrictamente microeconómico, de corto plazo y hace abstracción de las consideraciones de carácter social. En efecto, en esa perspectiva es eficiente aquella industria capaz de competir, actualmente, en los mercados internacionales, independientemente de cuáles sean las consecuencias que la aplicación de ese criterio tenga para efecto de crecimiento económico en su conjunto, para el nivel de bienestar de la población, el grado de equidad o el de autonomía interna en las decisiones correspondientes. Si ese criterio conduce a eliminar una parte importante de la industria y permite exclusivamente la supervivencia de aquellos rubros basados en recursos naturales generosos, o bien en el hecho de que dadas las características físicas del producto resulta incosteable su importación, es algo que no afecta la vigencia del criterio. La tesis central es que independientemente de cuáles sean los efectos negativos que provoque la aplicación de este criterio en el corto plazo... a mediano plazo se estará gestando una estructura productiva que finalmente logrará resultados exitosos que terminarán difundiéndose en el conjunto de la sociedad. Este criterio no sólo hace abstracción de la dimensión social, sino además del hecho de que el factor determinante para la competitividad internacional a largo plazo es, precisamente, el proceso de aprendizaje, inclusive si éste se refiere al procesamiento de recursos naturales; máxime si en estos casos no se incluyen recursos de carácter estratégico o de escasez mundial tan elevada, que los precios tiendan, al menos por un tiempo, a compensar la carencia de competencia técnica en otros ámbitos de la actividad productiva del país. Entre las actividades que resultan fuertemente dañadas con la aplicación de este criterio figuran precisamente las de investigación, reflexión, capacitación y la búsqueda de soluciones originales a los problemas propios, ya que se trata de actividades que en el corto plazo tienen, evidentemente, una rentabilidad menor que la que proporciona, por ejemplo, la importación de aquellos bienes que el país ya no estará en condiciones de producir ‘eficientemente' de acuerdo con la aplicación de este criterio y de todas aquellas expresiones de ‘modernidad' con las cuales aún no se contaba" 10.

En definitiva, si se considera que es difícil que a mediano y largo plazo se puedan sostener los altos ritmos de crecimiento de la producción y, por esa vía, del empleo fabril verificados en el transcurso del año pasado; que la vigencia de bajos salarios constituye una condición básica del "modelo de dólar alto" y de la "salida exportadora" ligada al mismo, cabe preguntarse si no es momento de empezar a discutir cómo hacer para lograr un proceso de reconstrucción de la industria local que revierta el sendero desindustrializador y concentrador de las últimas décadas y que se asiente sobre crecientes niveles de inclusión económica y social; es decir, sobre bases diametralmente distintas a las que caracterizan tanto al "modelo de los '90" como al de "la producción y el trabajo".

El actual contexto local y la situación internacional hacen pensar que la definición de un "programa orgánico de reconstrucción industrial" de Argentina -enmarcado, obviamente, en una determinada estrategia nacional de desarrollo- debería organizarse en torno de las siguientes prioridades: a) maximización en materia de impacto ocupacional y mejoramiento significativo de la pauta de distribución del ingreso existente, con la consiguiente "ampliación" del mercado interno; b) dinamización de las economías regionales; c) minimización del efecto sobre las importaciones (la reforma arancelaria -así como la tributaria- no parece estar incluida en la agenda gubernamental); d) impulso al incremento de las exportaciones no tradicionales (en particular, las de productos diferenciados con alto contenido de ingeniería local); e) recuperación nacional de capacidad científica y tecnológica; f) impulso a la conformación de cadenas de valor y a la generación de crecientes niveles de integración nacional de la producción; g) fomento a la reconstitución del entramado local de pequeñas y medianas empresas; h) aprovechamiento del importante poder de compra de las prestatarias privadas de servicios públicos; e i) integración latinoamericana 11.

  1. Se entiende por desindustrialización al proceso que ha venido transitando el sector manufacturero local desde la dictadura militar de 1976 en adelante. Muy esquemáticamente, se caracteriza por una reducción en el peso relativo de la industria en el conjunto de la actividad económica (tanto en términos productivos como de empleo) y por una ostensible "simplificación productiva". Esta última se refleja, entre otras cosas, en: la consolidación de una matriz productiva muy dependiente de las importaciones; la creciente gravitación de unas pocas ramas ligadas a la explotación de ventajas comparativas naturales y el profundo retroceso experimentado por un número considerable de actividades con elevado desarrollo tecnológico e ingenieril (muchas de las cuales, como la elaboración de bienes de capital, son claves para la articulación de todo sistema industrial).
  2. Según información oficial, entre diciembre de 2001 y fines de 2003 los precios al consumidor se incrementaron un 46% y los mayoristas un 122%. INDEC: "INDEC informa", varios números.
  3. D. Azpiazu, E. Basualdo, y M. Schorr: "La reestructuración y el redimensionamiento de la producción industrial argentina durante las últimas décadas", Instituto de Estudios y Formación de la Central de los Trabajadores Argentinos, Buenos Aires, agosto de 2000.
  4. De allí que no sea casual que en la actualidad la desocupación alcance a alrededor del 14% de la Población Económicamente Activa y la subocupación al 16%, que la pobreza abarque a cerca del 50% de la población urbana (muchos de las cuales son ocupados) y que más de un 20% de los argentinos se encuentre debajo de la "línea de indigencia" (www.indec.mecon.gov.ar).
  5. Se trata, básicamente, de la agroindustria, algunos derivados del petróleo y unos pocos commodities (fundamentalmente, del complejo siderúrgico).
  6. Según una estimación realizada en el Área de Economía y Tecnología de la FLACSO, en la actualidad el salario promedio vigente en Argentina es aproximadamente un 60% más reducido que a comienzos de los años setenta.
  7. Esto se vincula tanto con tasas de interés elevadas, como con la ausencia de criterios de evaluación de préstamos en el sector financiero doméstico según la calidad de los proyectos, y no de acuerdo al patrimonio del solicitante.
  8. Las limitaciones existentes en materia crediticia también condicionan la "salida exportadora" (por lo general, los proyectos de inversión con vista a la exportación suelen requerir elevados "costos hundidos").
  9. E. Basualdo, "Las reformas estructurales y el Plan de Convertibilidad durante la década de los noventa. El auge y la crisis de la valorización financiera", Realidad Económica, Nº 200, Buenos Aires, 2003.
  10. F. Fajnzylber, La industrialización trunca de América Latina, Nueva Imagen, México, 1983.
  11. M. Schorr, Industria y nación. Poder económico, neoliberalismo y alternativas de reindustrialización en la Argentina contemporánea, Edhasa, Buenos Aires, 2004.
Autor/es Martín Schorr
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 62 - Agosto 2004
Páginas:10,11,12
Temas Desarrollo
Países Argentina